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martes, 25 de agosto de 2020

LA HORA DE LOS HIPÓCRITAS. Petros Márkaris

 


Si me paro un poco a pensar, no sé que me gusta más de Petros Márkaris: su forma de narrar o la creación de un personaje como Kostas Jaritos. Sin duda alguna ambos van unidos, o lo que es lo mismo, forman parte de una misma premisa que me hace realizar una segunda pregunta: qué me gusta más de Kostas Jaritos, las investigaciones en que se ve envuelto o la crónica de Atenas en particular y de Grecia en general.

Y es que acompañar a Jaritos en cualquiera de sus "aventuras- investigaciones" es realizar un viaje por una de las ciudades más fantásticas y características del Mediterráneo. La capital de Grecia no solo es el centro de sus operaciones, es el latir constante de un pueblo que, por muchas similitudes, a los españoles se nos antoja muy similar al nuestro. Con el comisario hemos sentido, y de qué manera, los avatares sufridos en su país durante la crisis del 2008, las consecuencias que tuvo en todos los escalafones de la sociedad y cómo los griegos, cada uno a su manera, fueron superando los obstáculos que les iban apareciendo en el día a día. De hecho seguir la saga en orden de aparición, sobre todo desde aquel año fatídico, nos ha permitido comprobar la evolución y ha servido para contestar a muchas de las preguntas que la crisis trajo consigo de forma mucho más sencilla que lo han tratado de hacer los economistas. No resulta extraño, en este sentido, que algunos de sus títulos, en especial la llamada trilogía de la crisis: Con el agua al cuello (2011), Liquidación final (2012) y Pan, educación y libertad (2013); sirvieran a muchos profesores de economía para explicar a sus alumnos qué supuso la mencionada crisis de 2008. No hay que olvidar tampoco una posible cuarta parte con Hasta aquí hemos llegado (2015).

Con Kostas Jaritos siempre tenemos dos historias dentro de la misma novela, ambas íntima e inseparablemente unidas, la familiar y la profesional. Con la primera nos hace partícipes de la vida dentro de su casa, con su familia y sus amigos, de manera que somos uno más en todo tipo de reuniones, banquetes (la parte gastronómica que encabeza su mujer Adriani es tan suculenta como cualquiera de sus investigaciones), decisiones y la visión particular que cada uno tiene de la vida. Una familia mediterránea donde todos tienen cabida y, lo que es más importante, voz y voto, pues desde los actos más simples hasta los comentarios más intrincados afectan al desarrollo de los acontecimientos. Por supuesto que la parte profesional, en la que el comisario nos muestra su valía y la de sus hombres y, lo que es más importante, cómo late el corazón de Atenas, pues gracias a sus idas y venidas, a sus paseos a pie y en coche, queda perfilada la geografía urbana y humana de la ciudad.

De nuevo los crímenes serán la manera que el comisario tiene de ver y enfrentarse a la realidad. Una realidad ajena a las estadísticas y los puntos de vista que desde Europa se tiene del país Heleno. Y de la misma forma que nos hace uno más en el núcleo familiar y de amistad, de hecho vemos como Jaritos acaba de ser abuelo, seguimos con él, paso a paso, el desarrollo de la investigación en que se ve inmerso, el asesinato de un empresario hotelero. La acompañaremos en todo momento, desde la visita al lugar del crimen, o mejor de los lugares, hasta los interrogatorios a testigos, las reuniones con sus superiores y colaboradores; de tal manera que en más de una ocasión cometeremos la osadía de querer indicar quién o quienes pueden tener algo que ver con ellos. Y es que Márkaris tiene la capacidad de introducirnos en el juego en todo momento, de no sentirnos una pieza inoperante, al contrario, somos indispensables para que la narración, y con ella los acontecimientos, se sucedan en el orden correcto.

Y todo lo logra de manera sosegada, sin carnaza ni sangre por todos lados. Sí, claro que hay muertos, pero no se dedica a explicar con detalle, salvo lo estrictamente necesario, cómo estos aparecen. Con pocas palabras, en apariencia sencilla y, sobre todo, apoyado en un soberbio dominio de los diálogos (hay que agradecer al traductor, Ersi Marina Samará Spiliotopulu, su sobresaliente trabajo) el autor crea una novela que atrapa desde sus primeras páginas. Llena de humor y con un ritmo ascendente -capaz también de crear momentos de sosiego y calma cuando esta es necesaria-, su lectura se hace casi irrefrenable, de tal manera que el lector tiene la misma prisa que los protagonistas en descubrir al culpable de los crímenes



domingo, 5 de julio de 2020

EL MAL DE CORCIRA. Lorenzo Silva



Cada libro de Lorenzo Silva que recibo me produce una fuente de alegría que solo pueden entender quienes queden atrapados por la manera de comunicar de un escritor. Lo mismo da que se trate de un ensayo o de una novela, de un libro de viaje o un cómic. Eso sí, para que voy a ocultarlo, si se trata de una novela, y encima protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, solo quiero que el mundo se detenga para poder sumergirme en su lectura.
Sí, sabía que el libro tenía que salir en abril y que la pandemia, como con muchos otros títulos, lo había retenido, pero lo que no esperaba era el volumen que iba a tener: ¡540 páginas! Y encima en tapa dura. La excitación al sacarlo de la caja solo es comparable con el placer de comenzar su lectura, de volver a encontrarme con una historia que, seguro, me iba a permitir participar en ella.
Para mi sorpresa descubro que de inmediato, desde la primera página la acción comienza de manera trepidante, con un acontecimiento que te hace apretar los dientes. Y pronto, como solo Lorenzo Silva es capaz de dibujar, los hechos devienen de manera totalmente diferente. No solo estamos ante el desarrollo de las pesquisas en busca de desentrañar un crimen, sino que estas se multiplican de manera incierta.
Para colmo el autor por fin nos acerca al pasado de Bevilacqua, a esos primeros pasos como Guardia Civil en el País Vasco en los años álgidos del terrorismo de ETA. Por medio de elipsis temporales el autor nos irá llevando a medida que avanza el libro del pasado al presente, de una narración de los acontecimientos sucedidos en la lucha contra ETA a la investigación que trata de aclarar el asesinato a golpes de un excondenado  por terrorismo en una playa de Formentera.
Veinticinco años, diez novelas, más libros de relatos, han tenido que pasar para conocer el pasado de Bevilacqua, para tener entre manos las novela más ambiciosa y extensa, en la que logra, como siempre, mostrar a la perfección el ambiente y los escenarios en que transcurre la novela, en el que da vida a un buen número de personajes que nos acercan a unos momentos concretos de nuestra historia más reciente y a tratar de señalar unas heridas que, poco a poco, pueden curarse. Lorenzo Silva, como nos tiene acostumbrados, no solo hecha mano del manual del buen narrador, sino que gracias a una completa documentación y el acercamiento a las personas que en ambos bandos vivieron los acontecimientos, es capaz de trasladarnos escenas, hechos y sentimientos. Aunque, no hay que olvidar que estamos ante una novela y siempre, por mucho que nos acerque a la verdad, esta está tratada de manera subjetiva.
Una novela impresionante, que no necesita imágenes impactantes (ni siquiera cuando narra atentados o acciones de la Guardia Civil se ensaña con la violencia que generaron) para lograr una historia llena de interés, que nos abre la mente, el pensamiento y los sentimientos del subteniente Bevilacqua y en la que volvemos a ver a la sargento Chamorro, a la cabo Salgado, a Arnau, Pereira... Pero también a otros y otras Guardias Civiles que cobran una importancia fundamental en las distintas investigaciones.
Por cierto, es de señalar el perfecto retrato que hace el autor de la importancia de las Guardias Civiles en la resolución de los casos, tanto en el pasado como en el futuro.
Ver otras obras del autor en este blog:  Los cuerpos extraños, La marca del meridiano.

lunes, 15 de junio de 2020

LA NENA. Carmen Mola



No suelo mirar la imagen de los escritores que  llevan los libros en las solapas. De hecho, salvo los más reconocidos, a nivel internacional, de pocos tengo su fotografía almacenada en mi memoria; pero claro, cuando la escritora, o el escritor, es española y, desde el primer momento sabemos que es un seudónimo, es normal que la curiosidad se amplíe con comentarios de quienes se han sentido atrapados en las novelas protagonizadas por Elena Blanco.
A nadie se le escapa, a estas alturas, que la aparición de Carmen Mola fue un soplo de aire fresco en el panorama de la la literatura española, e incluso europea (comparable con Lemaitre y de Dazieri, con los que comparte  algo más que género literario). Un soplo que poco a poco se convirtió en viento y ahora en vendaval, cientos y cientos de seguidores se sumaban cada semana a un fenómeno que no ha parado de aumentar a medida que aparecían nuevos libros. Por supuesto que La novia gitana tuvo una aparición fulgurante, los lectores y los libreros estábamos encantados tanto por la manera de narrar y la fuerza de los personajes, como por la trama que construía la enigmática escritora. El hecho  de que desde el primer momento se supiese que era un nombre falso le permitió obtener una publicidad complementaria, pero una vez superada la etapa inicial, a pesar de que todos seguimos hablando de quién está detrás de él, lo único que pedimos es que los miembros de la Brigada de Análisis de Casos sigan prestando su servicio a la sociedad.
Elena Blanco, Ángel Zárate, Chesca, Buendía, Mariajo y Orduño hicieron las delicias de los amantes del género, formando un equipo tan llamativo como reconocible. Cada uno de ellos se hacía necesario en todo el momento por su importancia en las investigaciones, pero también por la personalidad de cada uno.
La Red Púrpura supuso la confirmación esperada, semana a semana se sumaban más y más seguidores a una saga que se anunciaba su tercera entrega.
La Nena se ha hecho esperar, más si cabe por los acontecimientos de los últimos meses, y pocos hemos podido aguantar su lectura para llegar a casa, todos teníamos que descubrir la dirección de los acontecimientos una vez cerrados los hechos del libro precedente.
Aún con esa especie de desconfianza que se genera en los lectores la tercera entrega de una saga (hay un convencimiento general de que la tercera parte suele superar a la segunda y que esta no solía estar a la altura de la primera), máxime cuando aún no se han borrado los ecos del final de La Red Púrpura, pero queda demostrado que Carmen Mola no ha estirado la historia hasta el extremo, que no ha querido aprovecharse, que todo continúa porque es como tiene que suceder.
La Nena, como sus predecesoras, engancha y atrapa hasta límites insospechados, la tensión que aparece en sus páginas obligan a que el ritmo de la lectura se compagine con el de los latidos del corazón ante lo que está a punto de suceder. Y es que Carmen Mola logra transmitir el eco de los sonidos, la amargura de los sabores y la acidez de los olores, pues logra que el lector perciba, en todo momento, las sensaciones físicas que viven los protagonistas. Por supuesto que hay imágenes de una crudeza impactante, de esas que casi obligan a apartar la vista del libro, pero apenas son rápidas pinceladas de los hechos, pues en ningún momento se recrea el ellas. Eso sí, pasados unos días, cuando aún permanecen ciertas imágenes, el lector tiene la sensación de que el narrador ha dedicado más espacio y más detalles que los que realmente ha utilizado.
No, Carmen Mola no deja indiferente a nadie, por el universo que ha construido, por los personajes que lo pueblan y, por encima de todo, por lograr un ambiente que hace que en la lectura de sus libros se ejerciten la mayor parte de los músculos del cuerpo. Y es que somete a la misma tensión al lector que quienes recorren como protagonistas las páginas de sus libros.

viernes, 5 de junio de 2020

CON EL AGUA AL CUELLO. Donna Leon



Al menos durante los últimos siete años Donna Leon me ha acompañado durante mis viajes. Fuera donde fuese parte de mi mente me volvía a llevar a Venecia de la mano del comisario Guido Bruneetti. La figura del comisario, sus compañeros y familia, las tramas certeras y reconocibles, sin necesidad de grandes crímenes ni escenas sangrientas, la particularidad de la ciudad italiana y el humor e inteligencia de los diálogos y descripciones han sido siempre el inicio de una nueva aventura apenas el avión despegaba.
Salvo quizá los tres últimos años, no seguía un orden preciso en la lectura de los libros, al contrario, escogía uno al azar y se convertía en esa compañía excelente, en ese entretenimiento perfecto para que los momentos más monótonos del viaje se hiciesen cómodos y distraídos.
Bunetti me ha atrapado de tal manera que no solo me creo capaz de reconocer buena parte de los edificios y canales de Venecia sin poner en ella nunca los pies, sino que me hago a la idea de la forma de ser y actuar de sus habitantes.
Es cierto que repasando mentalmente los distintos títulos recuerdo algunos a los que me costó un poco más acceder, como si la historia flojease un poco. Pero incluso estos los recuerdo con una sonrisa, con el recorrido vital del protagonista y la especial manera que posee de ver la vida y de relacionarse con los demás, en especial con su familia. Una cena en casa del comisario, con Paola de anfitriona, sería una delicia para los amantes de la literatura, la historia y las buenas conversaciones. Puede que Raffi y Chiara, los hijos de ambos, aportaran juventud y frescura, pero no los echaría de menos, aunque sí en este libro en el que apenas aparecen mencionados.
Donna Leon vuelve a meternos en una historia actual (me gustaría que los editores no nos aclarasen en la portada el tema que se aventura en la lectura cuando ya esta está avanzada), que sucede en Italia como bien podría suceder en nuestro país, que nos acerca a lo oscuro del alma humana, a su manera de obtener beneficio económico sin importar las consecuencias.
Como en las últimas novelas la investigación comienza de manera circunstancial, casi como por accidente, pero la perseverancia y destreza de Brunetti nos permiten pasar un muy buen rato. Y es que no hay que olvidar que junto a la actualidad de la historia que narra Donna Leon, de la importancia de sus personajes y de unos diálogos inteligentes y certeros, sus novelas son sumamente entretenidas, de una lectura ágil y sugerente. El humor asoma por todos los lados, ya sea por la  personal filosofía de Brunetti, por el trato de este con todos los actores secundarios de la novela, o por los ritos gastronómicos que aparecen a diario.
La autora no necesita grandes titulares para crear una novela notable, apenas unas pinceladas, una llamada de teléfono y una visita, son la antesala de una investigación detallada y minuciosa, en la que nos convertimos en observadores privilegiados. Brunetti nos hace partícipes de su humanidad, de la gestión que hace en todo momento de nuestro tiempo, de la importancia de hacer cada cosa en su momento y de no dejarse engañar por los falsos cantos de sirena.
Una novela que vuelve a mostrar, sin tapujos, la latente corrupción de Venecia, extensible al resto de Italia, de los problemas que impiden que un progreso mayor de la nación, pero también la forma característica de los habitantes que suelen diferenciarse repetidamente de los del resto de país.
¿Y Brunetti qué? sigue creciendo y aunque está claro que es una de las figuras más importantes de la literatura policíaca actual, no deja se sorprender en cada una de sus apariciones.
Ver otras novelas en este blog: Muerte entre líneas, El huevo de oro y La tentación del perdón.

domingo, 24 de mayo de 2020

PROGENIE. Susana Martín Gijón




El inicio de cada temporada viene marcada por títulos y autores sugerentes en los que las editoriales ponen buena parte de sus esperanzas de cara al final de cada campaña, generalmente Navidad y las distintas Ferias del Libro. 
Susana Martín Gijón era la apuesta de Alfaguara en su colección Negra, una colección que ha ido dando grandes títulos que siguen presentes en las librerías y despertando la atención de nuevos lectores. Y aunque no suele ser fácil sobrevivir en un mes de enero, -quien más o quien menos tiene, en el periodo de regalos como es Navidad, un buen número de libros acumulados- poco a poco, sin hacer mucho ruido, Progenie ha ido demostrando que es un buen ejemplo del género negro tan en auge en nuestro país.
Martín Gijón no es nueva en él, ya hizo las delicias de los lectores con una trilogía notable (Más que cuerposDesde la eternidad Vino y pólvora) y el descubrimiento de un personaje inolvidable como es la oficial de policía Annika Kaunda, no me quiero olvidar del periodista Bruno Scorza.
Con Progenie Susana Martín Gijón no solo ficha por una de las grandes editoriales de nuestro país, sino que refuerza su maestría a la hora de crear personajes como Camino Vargas, jefa accidental del Grupo de Homicidios de Sevilla (espero que sea la antesala de más investigaciones) y el resto de su grupo, empezando por el gigantesco Pascual Molina y siguiendo por Lupe, Fito y Teresa. Unos personajes que harán las delicias de los amantes de la novela policíaca, la autora ha sabido manejar la personalidad e impulso de cada uno de ellos, transmitiendo la imagen de todos sin excepción. Por supuesto que Camino y Pascual serán los principales artífices del seguimiento de la trama, en especial la primera, pero todos los demás, incluso el superior a quien sustituye Camino, son imprescindibles para que la dinámica de la novela confluya adecuadamente.
Martín Gijón nos traslada a Sevilla, a una ciudad que se palpa y siente con apenas unas sencillas descripciones, sobre todo de aquellos barrios en los que transcurre la novela. No es ajena a los problemas que azotan a la ciudad andaluza, extensible a cualquier otra ciudad española, haciendo de la lectura algo reconocible, actual y vital.
Con capítulos cortos y una narración lineal, Progenie es una novela de fácil lectura. La tensión e intriga comienza prácticamente desde la primera página y no abandona hasta la última, el lector se verá atrapado por los acontecimientos y el ritmo frenético, por el seguimiento de la investigación y la propia personalidad de los protagonistas. Y, por si todo esto fuese poco, Susana Martín Gijón sabe salpicar la trama con unas pizcas de humor que en vez de desvirtuar la historia, acentúa, aún más si cabe, el interés de quien está viviendo la trama como mero espectador. De hecho no son raras las sonrisas ni los intentos de advertencia a los protagonistas para que sus pesquisas cambien de dirección. De manera acertada o errada, se verá al finalizar la lectura.

miércoles, 15 de abril de 2020

EL ÚLTIMO BARCO. Domingo Villar



No sé cuántos meses ha pasado El último barco en mi mesilla -ni en la pila de libros sin leer, ni en la estantería, ni siquiera sobre la mesa de trabajo, en la mesilla-, donde dos o tres libros me acompañan los últimos minutos del día. Meses sin decidirme a empezar a leer, a volver a sentir la compañía de Leo Caldas. A pesar de llevar diez años esperándolo, cierto respeto, o miedo a defraudar a un escritor que me ganó con solo dos libros escritos.
Sí, miedo a leer el libro con unos ojos distintos a los que tenía cuando conocí a Domingo Villar a través de La playa de los ahogados, a que el tiempo transcurrido haya cambiado al lector que hay en mí y no sea capaz de tener las mismas sensaciones de entonces.
Y es que si algo me dejó la lectura de aquella novela, y la posterior Ojos de agua, es que me encantaría compartir mesa y mantel con su protagonista. Disfrutar de una tertulia relajada y serena sentados en el Eligio o en cualquier taberna que se precie. Sí, ya sé que es poco serio y creíble pensar en compartir mesa con un personaje de ficción, pero eso solo lo pueden pensar quienes no son capaces de sumergirse en una historia como la que nos cuenta Domingo Villar (Por supuesto que a él también le hago partícipe del deseo de comer juntos), de acompañar al inspector Caldas por las calles de Vigo y alrededores, por sus playas, tabernas y puertos.
Más de setecientas páginas, se dicen pronto, en las que no sobra nada. Faltan, eso sí, asesinatos, bandas criminales, acción trepidante, intriga internacional. Pero es que no son necesarios. Domingo Villar construye una historia que atrapa, en la que entras como uno más, como un miembro al que se tiene en cuenta en todo momento y que puede mostrar siempre su opinión.
Y es que estamos ante una verdadera novela policíaca en el verdadero sentido de la palabra. Pues son el ya mencionado Caldas y el agente Rafael Estévez -imprescindible y cuya presencia refresca y asienta la historia-, no solo los protagonistas de la novela, sino quienes nos abren la puerta para que entren todos los demás y nos enseñen los espacios en que transcurre.
Leo Caldas recupera ese espíritu investigador clásico que no deja ninguna pista sin atender, por insignificante que parezca, que se equivoca, pero que sigue indagando ante cualquier indicio que se le presenta. Tenaz, astuto, ordenado y sagaz, invita al lector a participar en una investigación en toda regla, atando los cabos y echando mano de todos los compañeros, sean o no policías, que pueden ayudar a resolver la trama. Todos los personajes son importantes, por eso cada uno de ellos tiene su espacio y su atención, sin necesidad de muchos detalles el lector es capaz de percibir, incluso de hacer un retrato robot, de cada uno de ellos.
Una novela cristalina y ordenada, con una estructuración que roza la perfección y en la que los diálogos, inteligentes y acertados, son de lo más importante, hasta tal punto que en ellos se encuentran más detalles que en las propias descripciones. Magnífica y genial.

sábado, 28 de marzo de 2020

KM 123. Andrea Camilleri


Hace 11 meses recorría Sicilia en un viaje que bien se podía interpretar como el de la búsqueda de Andrea Camilleri y su Vigata. El rastro del creador de Montalbano estaba presente en muchos de los escenarios recorridos y las imágenes de muchas lecturas iban apareciendo a medida que se sumaban los kilómetros. El carrusel de las confusiones (La giostra degli scambi) se me convirtió en mi compañero de viaje -aunque habría que decir compañeros, pues tanto la traducción al español como el original en italiano me llevaban de la mano por las carreteras de la isla-, intentando descubrir en cada pueblo, en cada calle y en cada rostro lo que el maestro agrigentino me había enseñado en sus muchos libros.
Camilleri ya estaba enfermo, tenía 93 años, pero acababa de llegar, apenas un mes antes, a las librerías su última novela: Km 123. Como fueron varios los libros protagonizados por Montalbano los comprados, este último título quedó a la espera.
Una espera que no se retrasó mucho, pues pocos meses después, tres para ser exactos, la Editorial Destino lo editaba en España, lo que lo convertía en una especie de homenaje al escritor.
No, el Km 123 no se refiere a ninguna carretera siciliana, sino al kilómetro mencionado de la Vía Aurelia de Roma y en el que Camilleri despliega toda su maestría como escritor y guionista. Hasta tal punto que esta novela de enredos, este rompecabezas de lectura fácil y dinámica, se puede leer de una sentada, casi sin pestañear.
Pero hay algo que te frena, que te obliga a leer con más parsimonia, saboreando cada detalle, cada frase, cada personaje que narra su propia visión, intentando que nada se te escape y seas capaz de entender los juegos de palabras y el doble sentido de muchas de ellas. Eso sí, junto a la intriga que produce el puzle de la propia historia, está la perfecta ironía, casi cinematográfica, que despide cada una de sus páginas y esa sensación de estar junto al escritor y no saber, si éste se ríe de ti o contigo.
Una narración inteligente, capaz de dar la vuelta a los acontecimientos con cambiar el timbre de la voz. Y es que son muchas las voces que nos "cuentan" la historia, tantas como personajes que la componen, dibujando tantas escenas como cada uno es capaz de madurar con sus palabras, sin necesidad de narrador que trate de jugar con el lector.
Camilleri vuelve a mostrarnos el mejor camino para leer, el juego inteligente que forman sus palabras y con ellas una trama ingeniosa y divertida. Con una sonrisa en los labios y el asombro marcado en el rostro es fácil de imaginar el espíritu del escritor siciliano que, no conformándose con la novela escrita y trabajada (aunque parezca una narración corta, o incluso un relato, denota la maestría de quien pule y enluce el texto, exprimiendo la literatura para que lo superfluo no llegue al lector), sino que aporta, con un fantástico epílogo, un alegato en favor de la novela negra.
"Defensa de un color" es un homenaje de Camilleri a la novela policíaca que en Italia están asociadas al "giallo" (amarillo), ya que el editor Mondadori, ya en 1929, creó una colección dedicada al género. Un texto en el que despliega una profunda admiración por todos aquellos que, a lo largo de la hitoria de la literatura, han regado con sus textos llenos de misterio e intriga.

domingo, 22 de marzo de 2020

LA ESTRATEGIA DEL COCODRILO. Katrine Engberg


   No estoy acostumbrado a recibir regalos en forma de libros, y menos que estos hayan sido adquiridos en mi librería, así que cuando esto se produce saboreo sus páginas en honor de quien me los ha regalado, sabiendo es importante.
Lo primero que debo señalar es que a pesar de la amplia selección de novela nórdica que ha llegado a nuestras librerías en los últimos años (a Dinamarca se le incluye dentro de este baremo) no recuerdo haber leído a escritores daneses en los últimos años salvo Sissel-Jo Gazan. Ni anteriormente, pues salvo Sven Hassel-mantenía las nacionalidades alemana y española, además de la danesa-, cuyos libros sobre la Segunda Guerra Mundial poblaban las bibliotecas, y las casas, hace cuarenta años y, por supuesto, Hans Christian Andersen, pocos son, al menos de manera consciente, los libros de autores daneses que han llegado a mis manos.
La estrategia del cocodrilo pertenece a la colección Maeva Noir, por lo tanto no hay que pensar mucho para percatarse del género al que pertenece la novela, lo que, junto con las cuatro primeras páginas que componen el prólogo, resulta muy sugerente para el lector que busca unos momentos entretenidos. No voy a negar que antes de nada debo apartar los prejuicios que tengo -salvo contadas excepciones y que fácilmente se pueden comprobar en este blog- con los escritores y escritoras de novela negra escandinavos. No porque no me gusten sus tramas y sus desarrollos, ni siquiera por el problema que a veces suponen los nombres propios y los topónimos, sino por esa especie de moralina que intentan mostrar los autores, por esa necesidad de abordar, a veces con excesivas demostraciones de la realidad, los problemas que padecen en sus diferentes sociedades.
Sí, es cierto que en La estrategia del cocodrilo también se abordan una serie de problemas que provocan los embarazos no deseados en los más jóvenes, pero también que la autora no trata de evangelizar ni llenar de ejemplos, sino que forma parte de la propia trama del libro. Incluso la problemática personal que parece suelen llevar siempre consigo las fuerzas de seguridad de los países escandinavos son, en esta ocasión, apenas insinuadas en las figuras de los inspectores Jeppe y Anette, en especial el primero que aún no se ha recuperado de una dolorosa separación.
Katrine Engberg, de quien no creo se haya publicado más obras en España, construye una muy buena novela, enganchando al lector con unos acontecimientos sencillos, pero inquietantes, mostrando unas cartas que incitan a sentarte en la mesa y jugar. Deja los subterfugios para más tarde, cuando los acontecimientos se van complicando, pero sin abandonar en ningún momento la sinceridad. Como lector odio que las casualidades resuelvan las intrigas, que las coincidencias inexplicables aclaren las dudas de los protagonistas, que la insignificancia de una palabra solucionen el embrollo en el que se ha metido el escritor; no me gusta, nada, que el narrador juegue conmigo como si mi edad fuese muy inferior a la suya, al contrario, disfruto cuando el escritor me invita a ser partícipe del juego, cuando visualizo todo los que está aconteciendo en la novela. No pretendo alterar nada de lo que en ella está sucediendo, al contrario, me gusta poder advertir, insinuar, equivocarme, aparcar por unos instantes el libro e imaginar que puede suceder después.
Y todos estos deseos son los que Katrine Engberg me permite conseguir en su novela, pues atrapa sin brusquedad, te va metiendo en la historia poco a poco, sin importarte en ningún momento no ser capaz de recordar el nombre de los barrios, las calles y las plazas de Copenhague. Y, lo que es más importante, te mantiene en vilo durante toda la lectura, sin cansancio ni altibajos, impidiéndote dejar, apenas unos minutos, las páginas del libro. No he tenido la conciencia de estar enganchado a él, pero tenía la extraña necesidad de conocer cómo iban a descubrirse los distintos acontecimientos que, como debe ser normal, no voy a mencionar.
Gracias Maite por el regalo de esta lectura.

viernes, 1 de junio de 2018

LA TENTACIÓN DEL PERDÓN. Donna Leon


Cada caso del comisario Brunetti es como volver a ver a la familia tras un largo periodo invernal. Hasta tal punto que al finalizar su lectura he notado la ausencia de Raffi y Chiara, los hijos del comisario, y la poca presencia de Paola, su mujer. Es cierto que la historia no los hace necesarios, pero me he acostumbrado tanto a sus diálogos y a sus apariciones durante los momento de "descanso del guerrero", que era inevitable tenerlos presentes durante muchos momentos, en especial en aquellos en los que Brunetti se siente más desbordado por los acontecimientos. Incluso otro personaje imprescindible como es Vianello, la mano derecha del comisario, tiene menos presencia que en las anteriores entregas. Será la también comisaria Claudia Griffoni la que ocupe buena parte del espacio perdido y quien se hará imprescindible para el desarrollo de la historia.
Donna Leon vuelve a trasladarnos a la Venecia actual en la que se conjugan el agobio del turismo masivo y la corrupción generalizada que azota a toda Italia. Y lo hace con sencillez, con la naturalidad con la que las soportan los protagonistas; así que es fácil hacerse una idea de los problemas que tienen que aguantar los ciudadanos en general y los miembros de la policía en particular.
Gracias a Brunetti recorremos sus canales y sus calles, ese día a día que se aleja, y mucho, de las guías turísticas. Los palacios habitables, las casas, los bares, los restaurantes y los edificios públicos son escenarios habituales por los que transitan los personajes. Y como siempre, no vamos a encontrar crímenes sangrientos ni grandes grupos delictivos, sino sucesos corrientes en los que se ven involucradas las fuerzas del orden.
Con una escritura ágil y sin artificios la escritora sitúa al lector en la historia con una naturalidad impactante, hasta tal punto que se ve inmerso en plena trama casi sin percatarse. Aún no se ha despejado ninguna incógnita, ni siquiera está clara la situación que investiga Brunetti y, sin embargo, ya conocemos los pasos dados por los protagonistas en los últimos días, como si los hubiésemos seguido en secreto. Y es que Donna Leon ha logrado que todos sus personajes, da los mismo que aparezcan por primera vez o sean acompañen varias de sus novelas. tienen una fuerza especial, una intensidad vital que parece escaparse de las páginas del libro.
En La tentación del perdón logra, además, mantener la tensión narrativa durante toda la lectura, aunque, para qué negarlo, poco importa el resultado de las investigaciones, sino cómo estas se llevan a cabo. Eso sí, queremos que la justicia, encarnada en la figura del comisario, triunfe siempre, a pesar de que este no esté tan seguro de ello y que los años le hayan creado un poso de incertidumbre hacia la propia sociedad que defiende.
Una novela entretenida, que mantiene al lector sujeto en todo momento a la narración sin que esta pierda intensidad y que seguro atrapará tanto a seguidores de la serie como aquellos lectores que accedan a esta por primera vez.
Para ver más entradas de la autora en este blog: Muerte entre líneas  y El huevo de oro.

miércoles, 18 de abril de 2018

VIENTOS DE CUARESMA. Leonardo Padura


Hace pocas fechas aparecía por fin la última de las novelas de Leonardo Padura La transparencia del tiempo. Así que era la compañía perfecta para un viaje a La Habana, pero al ser novedad, su peso y tamaño no lo presentaban como la mejor de las compañías. Había pues que buscar alguno de sus anteriores trabajos y qué mejor que hacerlo con la segunda entrega del todavía teniente investigador Mario Conde (la primera había sido Pasado Perfecto), Vientos de cuaresma.
Con ella no solo volví a sumergirme en una novela policíaca con reminiscencias a Hammett, Chandler, Sciascia y Vázquez Montalbán, sino que de inmediato tuve ante mí la ciudad de La Habana. Con su hermosura y decrepitud, con su pasado y su presente y, por encima de todo, la nostalgia de cada uno de sus rincones.
Y es que Mario Conde recupera las más destacadas características de la novela negra, desde su propio personaje: desinhibido, vividor, desordenado, con las adicciones políticamente incorrectas que suponen el alcohol, el tabaco y, como no, el sexo. Hasta los escenarios por lo que se mueve y los personajes que poco a poco se van asomando y que adquieren un protagonismo que sirve siempre para que el propio Conde crezca a medida que se suman las páginas.
Amistad, música  (también el ron  el tabaco y las  mujeres ), y con la dosis de intriga necesaria para atrapar al lector ávido de historias interesantes y bien contadas, componen un trabajo bien hilvanado, con la presencia justa de cada uno de sus componentes. Sin olvidar, claro está, el apartado gastronómico que acerca al lector a la exquisitez de los platos, sin olvidar en ningún momento, la escasez y falta de suministro de algunos ingredientes, así como el racionamiento en la isla.
Padura no solo te acerca a La Habana Vieja, a sus personajes y sus circunstancias, sino que te introduce en el día a día de una ciudad con vida que se resiste a perder parte de su esencia. Su manejo del lenguaje, del ritmo narrativo y de cada uno de los personajes, hasta los que parecen menos representativos, le permitió crear una historia de grandes dimensiones, aunque su tamaño parezca decirnos lo contrario.
Conde, el Flaco Carlos, Josefina, Manolo, Karina y cada uno de los múltiples actores de Vientos de cuaresma son la antesala de lo que ha sido,  en parte es, Cuba, de sus ansias y sus desvaríos, de su pasado y su presente. No hay que olvidar que han pasado más de quince años desde su publicación, pero aún así es fácil descubrir que comparten el mismo aroma y la misma musicalidad, por no hablar del aire cálido del sur que sopla durante la primavera cubana y que, como todas las variaciones climáticas, afectan a los habitantes que las padecen.
Una novela de un escritor con mayúsculas (Premio Café Gijón 1995,  Premio Dashiell Hammett 2005, Premio Raymond Chandler 2009, Premio Nacional de Cuba 2012 y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, entre otros) que no solo construye novelas, como Vientos de cuaresma, llenas de intriga y vitalidad, sino que perfecciona el arte de la escritura de tal manera que en ellas se descubren los más destacados componentes de la literatura en castellano.

lunes, 19 de febrero de 2018

TIEMPOS OSCUROS. John Connolly


No recuerdo muy bien en qué novela de John Connolly descubrí a Charlie Parker, ni siquiera sé cuáles son las que me faltan por leer. Parker es uno de esos personajes que entran a hurtadillas y que, no sabes cómo, se quedan de manera peremne en tu memoria, hasta tal punto que cualquier nuevo (o viejo) libro en el que aparece su nombre produce en ti una atracción tal que te es imposible mantenerte al margen.
Y es que Connolly, John, por supuesto, ha logrado crear una nueva manera de vivir la novela de misterio, de leer una historia llena de interrogantes en las que es inevitable posicionarte y buscar en tu propia memoria acontecimientos, dudas y pensamientos que te son propios. Está claro que, como no se cansa de decir su autor, no estamos ante una novela negra, policíaca; hay algo más, algo que la hace distinta y que, como decía antes, te atrapa de manera continuada y, por qué no decirlo, especial. No hay duda que mucho tiene que ver la educación católica que compartimos; a pesar de sus muchas diferencias Irlanda y España han mantenido, durante muchos años, una visión católica de la ética, la vida, el perdón, la pena y la muerte, así que no resulta extraño compartir muchos de esos elementos que, al menos en algunos momentos de la vida, se asemejan de manera notable.
Por supuesto que Charlie Parker es un personajes diferente, con unos antecedentes personales que no son ajenos a otros ex-policías (su mujer y su hija fueron asesinadas), pero que el percibe de una manera especial, construyendo una novela en las que lo real y lo sobrenatural se conjugan para construir una historia particular. Quizá la mejor descripción la hace el propio autor al tachar su novela de misterio en el sentido religioso de la palabra.
Es cierto que en esta entrega, la que hace la nada despreciable número quince, lo sobrenatural se hace mucho más presente y que se aleja a pasos agigantados de la novela policíaca tradicional, pero Parker sigue siendo ese detective que se postula en el lado más complejo, más difícil, que supone luchar de manera denodada contra esas fuerzas del mal que se hacen omnipresentes a lo largo de toda la narración.
Pero eso sí, Parker sigue siendo ese hombre leal, inteligente, que busca, por encima de todo, la justicia, que usa su soledad y su sufrimiento para esclarecer cada uno de los enigmas que se le plantean continuamente. Y claro, vuelven, como no podía ser de otra manera, a acompañar al protagonista Angel y Louis, dos personajes totalmente atípicos, pero que se hacen imprescindibles en la novela.
Una novela adictiva, violenta, que te sumerge en un universo propio que te impulsará a buscar más novelas de la serie y en la que todo formará parte de tu propia realidad, incluso aquellos episodios en los que en otra historia los catalogarías como fantasía. Un verdadero disfrute para los amantes del misterio y quienes busquen pasar un rato atrapado en una historia absorbente. 

lunes, 6 de febrero de 2017

TATUAJE. Manuel Vázquez Montalbán


Ocho meses sin publicar en el blog son muchos meses, y no porque no existieran lecturas gratificantes que me incitaran a escribir, que las hubo, e incluso se escribieron; pero no veía el momento de publicarlas.
Ha tenido que ser la reedición de un clásico de la literatura española del siglo XX para sentir la necesidad de expresar la satisfacción de una lectura, o mejor podríamos hablar de relectura. 
Puede que sean diecinueve o veinte los años, allá por el 1997, los que llevaba sin leer a Vázquez Montalbán, al menos a su personaje Carvalho, justo cuando se publicó una edición conmemorativa  de los 25 años del detective gallego-barcelonés (Un ejemplar de esta edición de "Asesinato en el Comité Central" lo tengo en mi biblioteca con el lujo de estar firmada por el autor con las palabras: "...este libro casi profético"). Pero la nueva colección me atrajo sobremanera y me dispuse a volver a leer, al menos, los primeros ejemplares de la saga.
Ninguna elección ha sido más acertada, al menos en los últimos meses. No solo he disfrutado de su lectura, de sus descripciones, de su manera de narrar y mostrar cada uno de los escenarios y acontecimientos, sino que me he sentido trasladado a la propia historia, buscando, como hacía tiempo que no sucedía, un minuto para continuar con la lectura.
No voy a descubrir a estas alturas la figura de Vázquez Montalbán, de hecho ya fue premiado en vida con numerosos galardones; desde el Planeta, el Premio Nacional de Narrativa. el Prix International de Lettérature Policière o el Premio Nacional de las Letras Españolas. Pero sí a mostrar la satisfacción de una lectura convincente, entretenida y ágil. Una novela que mantiene su frescura inicial, amena, ya que no se pierde en moralinas ni demostraciones de conocimientos vacuos que en nada benefician a la trama.
Por supuesto que los 43 años no han pasado en balde y muchas de sus referencias forman parte de nuestra historia y nuestra memoria. La Barcelona de los años 70 del siglo pasado, en este caso incluso el Ámsterdam de aquella década, difiere mucho de la actual, pero ya en las primeras páginas nos vemos involucrados en la época. Vázque Montalbán sabe, como nadie, dibujar con precisión lada uno de los escenarios en los que se mueve Carvalho, sin necesidad de llenar páginas y páginas en descripciones pormenorizadas.
El autor nos describe personas y lugares con las palabras justas, con esa precisión de quien quiere seguir la historia segundo a segundo, intentando no perder el mínimo detalle. Sí, claro que hay momentos en los que, además de la propia intriga, se va creando el propio personaje, sus fobias y filias. Pero todo sucede en su justa medida, desde el disfrute gastronómico o la quema de libros cuando corresponde. Incluso esta acción que en otro personaje podría parecer casi sacrílega, en Pepe Carvalho se siente como necesaria, así como aquellas reflexiones que suelen acompañarle.
Una novela fresca, amena, que mantiene al lector pegado al libro en todo momento, que hace sonreír gracias a la fina ironía que maneja, en especial en algunos diálogos, sin que ello nos aparte del principal reto a que se ve sometido el detective. En este caso poner rostro al cuerpo desfigurado que se ha encontrado en la playa.
Un monumento a la novela negra, o al menos lo que algunos entendemos como novela negra y de intriga, con aroma a los clásicos del género, no faltan los guiños e incluso las menciones; perfectamente escrita, habría que dedicar un espacio entero al perfecto uso del lenguaje, y que en la actualidad resultaría políticamente incorrecta, además en todos los sentidos. 
Vázquez Montanbán nos introduce, sin pudor alguno, en pleno Barrio Chino, tal y como se entendía en el siglo pasado, claro está, en medio de la prostitución, en un mundo donde la violencia es pan de cada día y donde cada persona ocupa su lugar en la sociedad. La novela se convierte en un perfecto fresco de lo que era la sociedad y la política catalana de la época.

domingo, 31 de enero de 2016

ROSY & JOHN. Pierre Lemaitre


No lo puedo negar, me he vuelto un "lemaitreadicto". Me sedujo Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013), me turbó Vestido de novia y me atraparon Irène y Alex, además de presentarme a un personaje tan especial como es el comandante Camille Verhoeven. Así que a la espera de la aparición de la tercera entrega, Camille, bien sonaba una breve novela, de poco más de 150 páginas, que contaba no solo con el mismo protagonista, sino que sucedía en el tiempo justo después de los sucesos de Alex.
Así que en el momento que llegó a mis manos tenía bien claro que iba a imponerse a las lecturas que tenía en esos momentos. Con pausa y los nervios necesarios para que la emoción no me hiciese perder la realidad comencé una lectura calmada, atenta y llena de sensaciones.
De nuevo volví a sentir esa atmósfera opresiva que tanto caracteriza al escritor francés, una atmósfera que esta vez parece desaparecer tras los primeros acontecimientos. Aunque, eso sí, también tuve que aguantar la respiración en varias ocasiones ante lo que iba a suceder.
Fiel a su estilo, Lemaitre atrapa prácticamente desde la primera frase (no niego que la sugestión tenga también algo que ver), intuyendo el lector que algo de graves proporciones está a punto de suceder, como si se escuchase de fondo una música rítmica que poco a poco va ganando intensidad, logrando que el espectador-lector vaya inquietándose aún más.
Vuelven a ser los personajes uno de los puntales principales de la narrativa, cada uno de ellos se asoma en su justa medida y son ellos y sus actitudes las que van marcando los tiempos de la propia lectura, acelerando y reduciendo para que el lector tome el aire suficiente y se prepare para ese final que se presenta inquietante. Y esto sucede casi desde la primera página, su pequeño tamaño nos remite casi de inmediato a la fatalidad de un inminente desenlace.
Eso sí, aquí encontramos un Camille Verhoeven mucho más calmado, que apenas logra impregnarse del desconcierto general, sigue calculando cada uno de los movimientos de Jean-John, observando con detenimiento cada gesto y cada respuesta. Ingenuidad, maldad, osadía o locura; la mente con la que se tiene que enfrentar el comandante es esta vez más enigmática y desconcertante.
El lector es testigo en todo momento de los hechos narrados, de los pasos que dan las fuerzas de seguridad para resolver el alarmante caso que tienen entre manos. Acompañará a Camille, y su insustituible Louis, a lo largo de tres días narrados casi al instante, siendo consciente de que el tiempo corre en su contra y notando como el tiempo pasa inexorablemente.
Una novela de intriga, con la tensión suficiente como para que resulte imposible apartarse de sus páginas. Algo más que un puro entretenimiento, aunque este esté asegurado, una narración que muestra más de lo que cuenta, que inyecta en el lector imágenes que son ajenas al texto pero que, inevitablemente, este construye en su subconsciente.

viernes, 1 de mayo de 2015

EL EFECTO MARCUS. Jussi Adler-Olsen



Que disfruto con la saga del Departamento Q lo dice el hecho de haber leído todas las entregas y, además, en el orden en que fueron publicadas. Desde la aparición de La mujer que arañaba las paredes hasta esta quinta entrega las peripecias del inspector Carl Morck y sus ayudantes Assad y Rose me han hecho disfrutar de tal manera que, desde el momento que he tenido noticias de la aparición de otra de las novelas no he visto la hora de tenerla en mis manos, aparcando las lectura que tenía entre manos para sumergirme en el nuevo caso.
Los chicos que cayeron en la trampa, El mensaje que llegó en una botella y Expediente 64, junto con la primera y esta última entrega, completan una serie de lecturas totalmente adictivas, en las que de principio a fin te sientes involucrado y parece que acompañes a los protagonistas en cada una de sus páginas.
No voy a negar que esta última novela me ha resultado más extraña, lo que no quiere decir nada en su contra, ni mucho menos, teniendo en cuenta la cantidad de acontecimientos que suceden hasta que nuestros personajes principales, el trío de policías que conforman el Departamento Q, aparecen. La novela avanza a buen ritmo y parece que la historia nada tiene que ver con Morck y los suyos. Pero resulta raro tener en tus manos la novela y no comprobar, casi desde el inicio que está pasando por la cabeza del protagonista, sobre todo cuando tras la anterior aventura algo, que por supuesto me niego a contar, había sucedido.
A pesar de esto, que posiblemente solo aparece en la mente de quien tiene muy presentes las entregas anteriores, ya desde las primeras páginas la historia, o mejor dicho, las historias te absorben de inmediato y no cuesta nada vislumbrar los escenarios que se van dibujando, ya sea en las selvas de África Central o en las calles de Copenhague.
No hay duda que Jussi Adler-Olsen se ha convertido en algo más que un creador de novelas policíacas de misterio y un narrador de éxito tanto dentro como fuera de su país, gracias a los temas escogidos se ha convertido en un referente en hacer autocrítica sobre la propia sociedad danesa, hasta tal punto que no resulta extraña la reflexión y la posible traslación de situaciones a cualquier otro país europeo. En esta ocasión no solo nos acerca al mundo de la corrupción política y el robo de fondos destinados al tercer mundo, sino que nos sumerge en el mundo de la inmigración ilegal y de las bandas de jóvenes que son usados para delinquir en Copenhague.
La perfecta recreación de la sociedad danesa (de los errores y aciertos que en ella se producen a diario) y sus escanarios, la fuerza con que aparecen reflejados cada uno de los personajes (en especial, claro está los tres miembros del departamento Q y del joven Marcus que da nombre al título) y la vertiginosidad de la trama, crean una novela que deja sin aliento, que atrapa de una manera casi enfermiza. Hasta tal punto que en algunas de las persecuciones tienes que frenar tus ansias de gritar y alertar al acosado.
Una novela policíaca con mayúsculas, con malos (y malísimos) y buenos, con intriga y suspense, con la psicología necesaria para ver humanidad y arrepentimiento en lo más oscuro de la sociedad, con secuencias que harán la delicia de quien quiera llevarlas al cine. Una novela que invita a leer y olvidarse de todo lo que sucede alrededor. Jussi Adler-Olsen logra superar cualquiera de sus anteriores novelas, cosa que en las primeras páginas se antoja imposible, creando caminos que el propio lector, o la vida futura de los protagonistas, deberá recorrer y analizar, dejando que se produzca una interesante batalla entre la imaginación y el deseo de lo no contado.  

domingo, 19 de abril de 2015

EL SILENCIO DE LOS CLAUSTROS. Alicia Giménez Bartlett



Una vez tuve en mis manos la última obra de Alicia Giménez Bartlett, Crímenes que no olvidaré, tenía bien claro que me iba a acompañar en mi próximo viaje. Pero al ver su contenido, nueve investigaciones breves en las que Petra Delicado hacía de las suyas, se presentó ante mi un enorme dilema: eran los relatos los mejores compañeros en un largo viaje en avión para que este se hiciese más llevadero o convenía tener entre manos una historia larga, que me atrapase lo suficiente como para soportar lo mejor posible la incomodidad del trayecto.
Varios fueron los títulos elegidos, pero fui incapaz de olvidarme de la posible presencia de Petra Delicado y Fermín Garzón. Sobre todo cuando la reciente obtención del Premio Pepe Carvalho había relanzando, en bolsillo, todas las aventuras de la comisaria de Barcelona. No lo dudé un instante, sería El silencio de los claustros el primero de los libros elegido.
Antes de comenzar a leer se aparecieron ante mí muchas de las imágenes vividas por la comisaria y el subcomisario, no entendería una sin el otro, al menos sería un reto de Alicia al que me costaría mucho subirme. Imágenes sin un orden concreto, vuelvo a reconocer que no he seguido orden alguno a la hora de leer los libros de la saga (si se puede llamar así) y no me ha alterado para nada su lectura, no solo porque cada uno es una historia lo suficientemente importante como para centrarse en lo que sucede, sino porque la destreza de la escritora radica en eso, en logra atraparte en la vida de Petra tanto a nivel personal como profesional sin necesidad de conocer nada más de ella.
Y atrapa, claro que atrapa la historia, y lo hace de tal manera que, como lector, hay muchos momentos en que te sientes como un verdadero pelele, un espectador del que los acontecimientos hacen lo que quieren, te llevan de aquí para allá sin que opongas ningún tipo de resistencia. No puedes evitar dejarte llevar por el propio curso de la investigación, pones tus ojos y tu imaginación en la dirección que lo hacen los policías nacionales, sientes la misma desazón cuando los pasos parecen llevarte a un callejón sin salida, cuando todo parece que se estanca. Y, de la misma manera, sientes fluir la adrenalina cuando la pista parece fiable y el camino se presenta despejado.
Vuelven a ser los personajes, no solo Petra y fermín, sino todos aquellos que van apareciendo, los que doten a la lectura de una fuerza tan real que  consigue que te impliques, que olvides por momentos todo lo que es ajeno a la novela.Pateas Barcelona, frecuentas los bares, acudes a los monasterios y formas parte de los interrogatorios en los que participan los protagonistas, pero hay más, acudes en silencio a la casa de Petra, participas en su vida fuera de la comisaría y la investigación.
Y es que la autora sabe, como nadie, crear los ambientes y situar en ellos la trama, sea la que sea, es capaz de situar a cada uno de sus personajes en todo momento, de manera que siempre tienes en tu mente donde anda cada uno, como se menean y, lo que es más difícil, lo que pueden decir los silencios, los gestos o las indicaciones. Porque Alicia Giménez Bartlett maneja con tal maestría el lenguaje que logra que este descubra más de lo que parecen decir las propias palabras.
Y claro, como no podía ser de otra manera, logra transmitir la tensión y la intriga. Esta última porque no puedes apartar tu mente de los acontecimientos, no puedes evitar buscar en cada frase, en cada actitud de cualquiera de los que se asomen a las páginas del libro, esa pista que permita resolver el caso, no tratas de ponerte en la piel de los protagonistas, formas parte de ellos y sientes desgana, cansancio, inquietud, rabia y preocupación a medida que va sucediéndose la investigación. Y tensión porque sientes como tu propia respiración se acelera o relaja al ritmo que manda la narradora, la propia Petra Delicado.
Una novela llena de giros, de idas y venidas, de aciertos y dudas, de ese suspense y misterio que logra que te aísles de todo y te centres en una lectura cómoda y atractiva, no sintiendo en ningún caso que las páginas pases con o sin velocidad, sino sintiendo como se está más lejos o más cerca de resolver los enigmas que se plantean desde el inicio: un asesinato y un robo de lo más extraño.

lunes, 9 de marzo de 2015

VESTIDO DE NOVIA. Pierre Lemaitre



Cuando en mayo del pasado año apareció Nos vemos allá arriba, la primera novela de Pierre Lemaitre publicada en España, muchos lectores acudimos a ella más por tratarse de una novela sobre la Primera Guerra Mundial que por estar avalada por el Premio Goncourt. Éramos conscientes del vacío existente de lecturas sobre ese periodo, sobre todo si nos atrevíamos a compararlas con las de la Segunda Guerra Mundial. Aunque, todo hay que decirlo, según fue avanzando el año fuimos descubriendo que teníamos en mente muchas más lecturas de las que recordábamos: Sin novedad en en frente, El buen soldado Svejk, Los cuatro jinetes del Apocalipsis...
Su lectura no solo nos mostró un narrador sobresaliente que lograba hacer presente la Gran Guerra a través de sus consecuencias, sino un escritor que conseguía construir una gran historia y hacerla accesible a los lectores. A medida que avanzaba la lectura el lector era consciente de formar parte de algo más que una simple y sencilla novela de entretenimiento, estaba dentro de una historia descomunal y lograba, con notable facilidad, no perder detalle.
No fue extraño que, con estos antecedentes, cuando Lemaitre publicara, apenas cinco meses después, su segunda novela en nuestro país, muchos acudiéramos tras la estela del gran escritor que había demostrado que era. 
En principio llamaba mucho la atención, sobre todo para los que desconocíamos su trayectoria literaria en Francia, su país, que ahora se nos presentase una novela negra, una narración que no tenía nada que ver con su anterior trabajo. Poco a poco aparecieron entrevistas, artículos en los que nos mostraban a un Pierre Lemaitre al que le caracterizaban las novelas inmersas en este género literario. Incluso, para satisfacción de algunos entre los que me encuentro, demostraba su disgusto cuando se le nombraba (la ignorancia aporta este tipo de atrevimientos) como el "Steig Larsson" francés.
Y es que Vestido de novia nada tiene que ver con las novelas del escritor sueco. Ni sus personajes, ni su trama, ni su lenguaje, ni siquiera el tamaño de sus libros, nada permite señalar parecido alguno entre ambos escritores. Incluso me atrevería a decir, seguro que hay quien me tache a mí también de osado, que forman parte de géneros distintos, por muy difícil que sea separar aspectos que puedan tener en común.
Clasificar la novela de Lemaitre cono novela negra en muchos momentos que me resulta difícil, incluso extraño, aunque según van pasando los meses después de su lectura hay sensaciones tan contrapuestas que bien pudiera ser así como todo lo contrario. Lo que sí es una novela de suspense, de tensión contenida, una novela que atrapa como si de una argolla se tratara, que no logras quitártela de la cabeza por mucho que abandones su lectura. Una novela que logra crear en el lector una sensación de angustia que casi te obliga a dejar la lectura tantas veces como no puedes evitar cogerla apenas unos segundos después.
Sí, son muchas y frecuentes las novelas en las que el lector se ve implicado y sometido a los movimientos y acciones de los protagonistas. Pero pocas en las que la implicación resulta angustiosa, inquietante, hasta tal punto que en muchas ocasiones el propio lector se siente descolocado y perdido, como si el mundo que va construyendo dentro de la novela variase a medida que lo hacen las páginas. 
Ese es uno de los grandes logros de Lemaitre, sorprender al lector, conseguir en apenas trescientas páginas que se llene de dudas, que se sienta perdido sin abandonar la novela. Todo ello, claro está, con un soberbio dominio de la situación, con un perfecto uso del lenguaje (en nuestro caso mérito de los traductores) y con una puesta en escena tan cinematográfica que es difícil cerrar los ojos y no imaginar todo el escenario que se presenta en cada momento.
Seguir a Sophie en las tres partes en que se divide la novela no resulta fácil, y es ahí donde radica el mérito del escritor, de lograr, al menos durante unos segundos, que el lector pierda el norte y tenga que tomar aire para situarse, para poner los pies en el suelo de la novela y que esta no resulte lineal y previsible.  Dudar de quién es la voz que estamos escuchando, qué hay de realidad o inventiva o de parte de quién nos situamos son solo algunas de las opciones que se nos dan, que no es poco.
  

domingo, 11 de enero de 2015

A QUÉ ESPERAN LOS MONOS... Yasmina Khadra



Cualquier anuncio de una nueva novela de Yasmina Khadra suelo recibirlo con la alegría de una agradable lectura, aunque con la incógnita de si esta seguirá estando a la altura de las anteriores. No puedo evitar sentir ese miedo a que se rompa el encanto de aquellos autores que siempre me han ofrecido una buena obra, por eso no suele resultar extraño que sus nuevos trabajos pasen meses apilados esperando el momento oportuno para ser leídos.
La espera esta vez no ha sido larga, había algo en la novela que me atraía con un magnetismo especial, no sé si el título o la sensación de volver a leer una novela de intriga con tintes policíacos. Sí, desde las primeras páginas uno se siente sumergido en una historia llena de misterio, de esas que atrapan y se van desgranando con lentitud, exiguiéndote una paciencia que consigue que la lectura se acompase con imágenes claras y concisas del entorno en que suceden los acontecimientos. Pero hay algo que la hace diferente, que te demuestra que Yasmina Khadra (pseudónimo de Mohamed Moulessehoul) escribe de forma diferente, que sus libros siempre aportan algo más que un simple entretenimiento.
A qué esperan los monos... como prácticamente todas sus novelas anteriores tiene mucho de denuncia. Sí, claro que es una novela de ficción y tan bien escrita que el lector queda atrapado desde el inicio, pero antes que señalarla como novela negra, género al que parece pertenecer, sería más fácil enclavarla dentro del género de la novela política ya que a lo largo de sus páginas el autor dedica sus esfuerzos en denunciar la corrupción existente en Argelia. Una corrupción que parece atrapar todo el sistema del país norteafricano y que abarca los ámbitos más variopintos como el económico, el político, e incluso el religioso.
Con la precisión que le caracteriza Khadra convierte cada página en un fresco en el que aparece dibujada una parte de la sociedad argelina, construyendo una historia tan real que hay momentos en los que parece estés leyendo una noticia veraz, hasta tal punto que pasas la página esperando descubrir una entrevista que aclare lo que hasta el momento ha sucedido. Logra, además, crear la tensión suficiente para que toda tu atención se centre en lo que en ese momento se está narrando, aunque sin poder evitar que cientos de imágenes aparezcan en tu mente intentando completar el puzzle cuyas piezas van apareciendo tras cada palabra.
Una novela inquietante, de lectura ágil y con sorprendentes giros que ponen a prueba la pericia del lector para atar los cabos a la misma velocidad con que son narrados. Una lectura para mirar a ambos lados y comprobar que todo está como tú lo imaginabas antes de ponerte a leer.

Otras obras de Yasmina Khadra:
Morituri (1997), Los corderos del señor (1998), Doble blanco (1998), El otoño de las quimeras (1998), Lo que sueñan los lobos (1999), El escritor (2001), Las golondrinas de Kabul (2002), Trilogía de Argel (2002), La prima K (2003), La parte del muerto (2004), El atentado (2005), Las sirenas de Bagdad (2006), Lo que el día le debe a la noche (2008), La ecuación de la vida (2012), Los ángeles mueren por nuestras heridas (2013).

lunes, 29 de diciembre de 2014

VIAJO SOLA. Samuel Bjork



La narrativa negra nórdica desembarcó hace unos años en nuestro país con un buen número de autores y novelas que han logrado catalogarla como un subgénero dentro de la narrativa policíaca. Steig Larsson, Jussi Alder-Olsen, Camila Läckberg, Johan Theorin, Jo Nesbo, Asa Larsson, Mari Jungstedt, Arnaldur Indridason y un buen número ocuparon durante al menos un par de años las preferencias de muchos lectores del género. Aunque descubrí alguno como Alder-Olsen -sigo pensando que Henning Mankell, siempre que esté en sus manos Wallander, está muy por encima de los demás-, muchos de los más reconocidos me dejaron indiferente en muchas de sus novelas.
Así que cuando el pasado mes de octubre llegó a las librerías españolas la novela de un autor desconocido en nuestro país, no lo coloqué entre mis preferencias. Sobre todo por que a la enorme carga publicitaria que me hacía desconfiar, se unía el últimamente recurrente tema del secuestro de niñas. Me conformé con echar un vistazo a la información que la editorial destinaba a su lanzamiento.
Pero claro, como nunca digo "de este agua no beberé", hace quince días me pareció la mejor lectura para un viaje en autobús, una compañía cómoda y entretenida que me hiciese más distendido el recorrido.
Dicho y hecho, apenas comencé a leer me sentí atrapado por la novela, por la manera de narrar de Samuel Bjork, perdonen que no sea capaz de escribir la o al lenguaje noruego atravesada por una barra, por unos personajes que descubrían mucho más de lo que acontecía en la novela y por una trama perfecta, inteligente y sugerente.
No voy a decir que estuve esperando el viaje de regreso para rematar la lectura, pero casi, y es que tanto Holger Munch como Mia Krugüer, los protagonistas de la novela, me hicieron sentir cómplice de sus pesquisas, de sus diálogos y de sus similitudes y diferencias. Hasta tal punto que he llegado a sentir pánico cuando las cosas no sucedían como se esperaba, cuando ciertos lances de la trama se escapaban a lo lo que parecía iba a ocurrir. Por no olvidar al importante número de secundarios a los que acertadas pinceladas me permitían dibujar y ponerles cara y voz dentro de mi imaginación.
Y es que Samuel Bjork ha sabido, en todo momento, construir unos sucesos tan visuales que apenas cierra los ojos el lector parece imaginar todo lo que está aconteciendo, incluso lo que va a suceder a continuación, como si todo se estuviese observado en una gran pantalla y nada quedara fuera del encuadre.
Aunque lo mejor, lo que más destacaría sería la trama orquestada a la perfección. Una trama que además de atrapar te va invitando a ir más allá, a recorrer otros caminos además de los que muestra la pareja de policías protagonistas. Sabes durante la lectura que hay algo que se te escapa, que tiene que existir algo más que la simple correlación de los sucesos, pero quieres seguir leyendo con moderación para que nada se escape. Y todo está tejido a la perfección, no hay una puntada sin hilo, ni historias superfluas que lo único que consiguen es aumentar el número de páginas, ni falsos posibles culpables que intentan despistarte.
Logra, además, transmitir la tensión, los momentos en los que el termómetro sube hasta lo inimaginable con un cambio brusco en la manera de narrar, en lograr que cuando los protagonistas estén al filo de la navaja el lector sienta el peligro, el agobio, la sensación de falta de aire que consigue que el pecho sienta cada latido, cada segundo como si fuera el más importante.
Por si todo fuera poco no se conforma con rematar la historia de manera convincente, sin coincidencias e "inspiraciones" increíbles a la que tanto nos está acostumbrando la mayor parte de los escritores de novela de intriga actuales, sino que el último cuarto del libro es memorable, conjugando las historias que se han ido sumando a lo largo de la novela de manera casi magistral y dejando un sabor de boca tan bueno que tienes deseos de pregonar que por fin has encontrado una novela del género negro que cumple a la perfección todos los requisitos.

jueves, 28 de agosto de 2014

LOS CUERPOS EXTRAÑOS. Lorenzo Silva



Son varios los meses que tengo junto a mí, casi sin tocar, Siete ciudades en África: historia del Marruecos español, como esperando el momento oportuno para penetrar en ese mundo del Magreb que compartimos Lorenzo Silva y yo, aunque en se refugie en el norte y yo lo haga en las arenas interminables del sur. Es como me costase acceder a esa parte del Marruecos que aún desconozco, como si me diese miedo aventurarme en un espacio poblado de recuerdos de abuelos y bisabuelos.
Pero claro, al buscar unos días el sol y el calor de las playas de Agadir (en un verano castellano en el que ambos han estado ausentes), no puedo evitar meter en la maleta la última novela del escritor madrileño, la última entrega de mis guardias civiles favoritos Bevilacqua y Chamorro.
Hay autores, y sus personajes, de los que no te puedes desprender, por mucho que escuches, leas o imagines un contenido de distinta calidad, sabes que no tardando vas a buscar en sus páginas las vivencias, aventuras, de quienes forman parte de tu propia memoria, como si los personajes ficticios se hubiesen hecho realidad hace tiempo. Tenía presente varias voces que señalaban que Los cuerpos extraños no era la mejor novela de la serie, que no estaba a la altura de las anteriores.
No voy a pararme a pensar, por que tampoco me importa, cuáles son los títulos por los que me decantaría, pero tengo que afirmar que este último título está a la altura de los mejores, que logra mantener, y en más de un caso superar, la atención en todo momento, que consigue que dibujemos en nuestra mente cada uno de los espacios en los que se mueven los protagonistas.
Serán estos, el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, quienes nos lleven en volandas por sus propias indagaciones, que nos hagan partícipes de cada uno de sus movimientos y sus actos. Hasta tal punto que llega un momento en el que parecemos uno más del grupo y estamos esperando recibir las órdenes oportunas para entrar en acción.
No hay que olvidar la importancia que tienen los actores secundarios de la novela, en especial los guardias civiles Arnau y Salgado, ya que no solo nos permiten tener visiones diferentes de la historia, sino que cada vez más van aportando su sello personal.
Pero si algo destaca en las novelas de Lorenzo Silva, en especial las que pertenecen a esta serie, son los diálogos. El autor domina como nadie los enfrentamientos verbales, haciendo importante hasta la conversación más intrascendente, lo que conlleva una lectura ágil, divertida e imaginativa. Juegos de palabras, dobles sentido e ironía, se suceden con tal velocidad que el lector pasa de la diversión al asombro como lo hace de línea, invitando, en más de una ocasión, a frenar la lectura para deleitarse con las expresiones de los rostros de aquellos que van apareciendo.
Es cierto que la actualidad de los temas que envuelven las tramas de la serie son ya suficientemente atractivos, pero el instinto del brigada y la precisión de Chamorro hacen que las novelas sean algo más que relatarnos unos acontecimientos. Silva no se conforma, como por desgracia cada vez está más de moda, con jugar con la similitud de escenarios y personajes (lo cual no implica que no los busquemos), con dedicar buena parte del espacio narrativo a poner al lector en antecedentes basados en la realidad, sino que nos muestra un caso más al que tienen que enfrentarse los miembros de la Guardia Civil.
Una novela que seduce, como lo hacen los protagonistas, que atrapa, que logra ir más allá de lo narrado, que consigue implicarnos y para la que no necesitamos descanso alguno. Estamos ante esa lectura entretenida que nos hace sonreír, aislarnos de nuestro entorno y disfrutar de  cada una de sus páginas, mirando de vez en cuando hacia los lados esperando encontrar a cualquiera de los personajes que aparecen en ella.
Aunque quizá la mejor manera de definir Los cuerpos extraños es señalando que Lorenzo Silva vuelve a ser Lorenzo Silva, y que Bevilacqua y Chamorro siguen siendo los mismos.

lunes, 4 de agosto de 2014

MUERTE ENTRE LÍNEAS. Donna Leon



Con Donna Leon, o mejor dicho con Guido Brunetti, siento tal complicidad que no necesito empezar a leer para meterme en la historia. El hecho simple y sencillo de coger uno de sus libros me pone en situación y cientos de imágenes empiezan a agolparse en mi mente como si hubiese cerrado su anterior historia hace unos breves segundos. Creo que menos La palabra se hizo carne, que me dejó cierto regusto amargo, todas sus novelas en las que el comisario veneciano es el protagonista me han hecho pasar unos ratos estupendos. No digo inolvidables por que suena muy pedante, pero es cierto que sus idas y venidas, sus compañeros de trabajo, su familia, tienen un hueco importante en mi memoria de lector y cada vez que aparece un nuevo libro lo dejo aparcado para el siguiente momento especial, sí, casi recuerdo dónde he leído cada una de las aventuras de Brunetti, incluso (esto no sé si es correcto decirlo, al menos políticamente correcto) quienes recibieron como regalo cada uno de sus libros.
Y es que con Donna Leon, y Brunetti, casi sé que tengo asegurado un entretenimiento, un disfrute de la historia y los acontecimientos que se van sucediendo. Incluso en más de una ocasión el juego gastronómico que atesoran buena parte de sus páginas ha hecho mella en mí segregando más jugos gástricos de los que en ese momento eran asimilables. Hasta tal punto que no han sido una ni dos las veces que me he visto obligado a dejar de leer para buscar una alimento que saciase los sonidos estridentes de mi estómago. Por si fuera poco, cada uno de los personajes que transitan por los libros de Brunetti, perdón, de Donna Leon, se hacen entrañables u odiosos, de tal manera que sus rostros se dibujan en más de una ocasión como si su imagen hubiese sido algo más que una mera descripción.
Además, en esta ocasión el comisario debe enfrentarse al robo de un buen número de joyas literarias, de libros antiguos que han sido robados en una biblioteca privada. Las buenas dotes del protagonista, la inteligencia que despiden cada uno de sus movimientos y ese mundo tan personal y carismático al que nos invita a entrar logra que desde las primeras páginas nos veamos incrustados en la propia historia. Sí, es cierto que esto suele suceder con la frecuencia que acudamos a escritores de cierto peso, pero es que Donna Leon logra que caminemos junto a Brunetti, que comamos en su mesa, que nos estrujemos el cerebro para mantener una conversación con su mujer y estar a su altura, que nos contengamos a la hora de estar frente a sus superiores.
Una historia que se va creando a medida que el protagonista nos va abriendo las puertas que el mismo cruza, que se va desenredando a cada página que pasa. Sin dejar, eso sí, de mostrarnos la realidad de una ciudad como Venecia y de un país como Italia. Hasta tal punto que la autora no duda en ningún momento en señalar los defectos de la administración y de los propios ciudadanos, haciendo que la novela cuente con el valor añadido de su actualidad.
Un libro perfecto para disfrutar de una lectura cómoda y agradable en cualquier momento y lugar, con una prosa ágil y directa, precisa, que no duda en llevarnos por distintos vericuetos si con eso vamos a ser capaces de entender mejor las distintas situaciones que se le van presentando al comisario Brunetti.