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QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...
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jueves, 23 de abril de 2020

DÍA DEL LIBRO 2020


Hoy es el día grande para los amantes de los libros, la fiesta por excelencia para quienes hemos encontrado en la lectura algo más que un simple entretenimiento. El Día del Libro se convierte en esa expresión personal de nuestros gustos y nuestros deseos, la necesidad de compartir nuestro disfrute con otros, de que los demás saboreen, al menos durante unos instantes, la saludable compañía de un libro.
Pero hoy es un Día del Libro atípico, inimaginable apenas un par de meses, en el que nos es imposible salir de casa y compartir la felicidad de ver títulos y autores en nuestras calles, de comprobar que somos muchos los que sentimos la dicha de vivir una vida que no es la nuestra, de sentir la alegría y la tristeza que no me pertenece, de viajar sin equipaje por mundos desconocidos. 
Pero aún así, hoy es un día especial, incluso he escuchado hace unos minutos por la radio que la lectura ha sido uno de los acompañamientos más importantes durante este confinamiento, incluso entre aquellas personas que no se consideran lectores habituales, pero reconocen que han encontrado, de nuevo, en los libros esa vida que ahora les estaba vedada.
Recomendaciones, consejos, frases y felicitaciones corren hoy por nuestras redes de comunicación como nunca lo habían hecho, necesitamos expresar lo que el Libro es y significa, necesitamos seguir leyendo, buscando entre las palabras el significado de aquello que no conocemos, pero que tampoco necesitamos conocer. Queremos leer para seguir sintiéndonos vivos, para descubrir, al menos durante unos momentos, aquellos caminos inciertos, inquietantes, pero que nos seducen y nos hacen más soñadores, mas inquietos, más humanos.
Un Día especial, hoy más que nunca, en el que los libros que nos apetecen, los que añoramos y los que parece están escritos para cada uno de nosotros, se desperezan y quieren que los tengamos entre nuestras manos. Pero también es el Día para recuperar aquellos que nos dijeron algo, releer las historias que vivimos y, sobre todo, echar la vista a nuestro alrededor y descubrir aquellos que se quedaron a medio vivir porque no eran entonces su momento. ¿Y si es ahora?
¡Feliz Día del Libro!

viernes, 17 de abril de 2020

UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR. Luis Sepúlveda



   Leer las noticias estos días de confinamiento tienen el peligro de sentir el dolor por las cifras que se barajan, por los números que parecen hacernos inmunes ante la pérdida de vidas humanas y la tragedia que eso significa. Y cuando los números dan paso a los nombres no podemos por menos que recordar lo que han significado para nosotros.
Descubrí a Luis Sepúlveda gracias a que mi madre dejó, creo que a propósito, Un viejo que leía novelas de amor sobre mi mesilla, con la sana intención de curarme mi falta de atención hacia los escritores sudamericanos que no se apellidasen García Márquez.
Y no solo lo consiguió, sino que me abrió la puerta a un escritor fantástico, con una fuerza narrativa tan propia como subyugante, tan divertida como sugerente y tan limpia que uno no puede dejar de dar gracias por poder leerlos. Cuando luego descubrí que en algunos institutos era lectura obligatoria, como también lo era en otros Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, recuperé la fe en los profesores de literatura (reconozco que yo los tuve muy buenos).
Si hay algo que admiro de los escritores, de algunos escritores, es que sean capaces de escribir novelas, en el amplio sentido de la palabra, sin tener que estirar y estirar la historia, de contar de manera muy sencilla las cosas; de conseguir con breves pinceladas que los lectores seamos capaces de reconocer los lugares y personajes que hacen la historia.
Luis Sepúlveda ha conseguido eso y mucho más, pues ha logrado también que nos divirtamos con la novela, que tomemos conciencia de muchas cosas y, lo que es más importante, nos posicionemos en qué lugar queremos ocupar.
Así que no he podido por menos hoy que echar mano en la estantería de la vida de Antonio José Bolívar Proaño. He conocido como fue su mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, al doctor Rubicundo Loachamín, a los indios shuar (mal llamados jíbaros) y otros vivos y muertos que completan una historia sugerente, verde amazónica, tierna y divertida, muy divertida. La lectura, relectura de Un viejo que leía novelas de amor  es ágil  y un deleite para los sentidos, un verdadero cúmulo de sensaciones que te obligan a leer despacio, saboreando cada frase, admirando la manera en que Luis Sepúlveda es capaz de comunicar, de lograr trasladarte a El Idilio y sus cercanías, su selva, sus ríos, su vida, sus gentes...
Y debo reconocer que la pena se ha trasmutado en placer por vivir de nuevo esta historia, de viajar, sentir la humedad, el calor, la vida.
GRACIAS LUIS.

viernes, 3 de abril de 2020

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL




 Hoy día 2 de abril, coincidiendo con la fecha de nacimiento de Hans Christian Andersen, se celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Una fecha perfecta para recuperar lecturas que despertaron en nosotros algo más que divertimento y para preocuparnos de que los pequeños que están a nuestro alrededor obtengan, cuanto menos, la posibilidad de tener en sus manos la posibilidad de leer y mejor si pueden elegir.
No siempre somos conscientes de la importancia de una buena lectura para los niños, más ahora que existe una cantidad inmensa de posibilidades, una gran cantidad de escritores, diseñadoras, ilustradores y editoriales que ofrecen un mundo nuevo en cada libro y el verdadero regalo de que los niños puedan disfrutar leyendo y viviendo unas aventuras que son suyas desde el momento en que abren la primera página, o incluso antes, si ya tienen abierta la imaginación y son capaces de dejarse atrapar por las ilustraciones de las portadas.
Las Librerías y las bibliotecas, es una lástima decirlo en un día en que es imposible acudir a ellas, están llenas de libros clásicos y novedades para todas las edades, con una selección que hace años resultaba inimaginable. Basta dedicar unos minutos, dejar que los niños jueguen, abran, observen, toquen y elijan, para que la elección pueda llevarles a escoger el libro adecuado. Eso sí, en muchos casos necesitan un asesoramiento que es fácil de conseguir, pues siempre hay profesionales dispuestos a ayudar tanto a los pequeños como a los mayores que los acompañan.
Y no olvidéis estos últimos, que en vuestra mano está que dichas lecturas puedan ser adecuadas, de vosotros depende el que puedan elegir con total libertad, sin dejarse influir por los falsos cantos de sirenas que aportan en la actualidad libros firmados por niños muy jóvenes a través de las nuevas tecnologías o, lo que es peor, personajes infantiles cuyos libros nunca aparecen firmados.
Basta, en muchas ocasiones, que seamos los adultos los que dediquemos también unos minutos a comprobar qué leen y que deberían leer los niños. Es fácil, cómodo y satisfactorio, pues las editoriales que trabajan el libro infantil y juvenil lo hacen de la mano de muy buenos profesionales, generalmente amantes de la lectura y con una selección muy interesante. Así que lean esos libros y disfruten como mejor les apetezca, pues muchos nos sacarán más de una sonrisa, de una lágrima o cientos de sensaciones que creíamos olvidadas. 
Todos tenemos nuestras lecturas de infancia y adolescencia, libros que en muchas ocasiones todavía se encuentran en las habitaciones que ocupábamos en casa de nuestros padres. Libros que en poco se parecen a los que ahora pueblan las librerías, pero que, en muchas ocasiones, comparten mucho más que los nombres de los escritores. A mi cabeza me vienen imágenes, e incluso frases (puede que el tiempo las haya distorsionado tanto que no se parezcan en nada al original) de los libros que eran entonces mis preferidos, los de aventuras de los grandes clásicos: Julio Verne, Emilio Salgari, Mark Twain, Robert Louis Stevenson... 
Los he vuelto a leer después, con nuevos formatos y traducciones y reconozco que han sido nuevas lecturas, que muchas veces me parecían diferentes al original que creía tener en la cabeza, con más detalles y escenas diferentes. Ya se sabe que la memoria es muy selectiva.
Pero ahora, hoy, ¿qué libro recomendaría? Son muchos los que para los más pequeños se me aparecen en la cabeza desde La vaca puso un huevoLa oveja que vino a cenar, El monstruo de colores, Elmer, hasta El lobo en calzoncillos, mi último gran descubrimiento y es que, debo confesarlo, me divierte, y mucho, leer y releer los libros de los más pequeños. Y, claro está, aunque se trata de un libro para todas la edades, El Principito, por lo que es, lo que significa y lo que me aporta tras cada lectura.
Aunque si hoy tengo que recomendar un libro no es el otro que El roto de Lagarto, un libro que con una sensibilidad especial nos lleva de la mano por esos momentos en los que uno, más en estos que nos ha tocado vivir, siente un roto, un vacío por la pérdida de algo o de alguien verdaderamente importante.

Un libro infantil para todas las edades, de 3 a 103 años de edad rezaba en algún sitio, que ha hecho emocionarse a adultos curtidos y a atender a niños con muy pocos años. Y es que Cristina Rojo, la autora y María José de Diego, la ilustradora en tela,  han construido un libro bello y conmovedor que atrapa desde la primera imagen, desde la primera palabra, hasta la última. Un libro que despide ternura en todas sus páginas y que, por desgracia, cuenta ya con los últimos ejemplares en librerías perdidas. Y para que nadie pueda acusarme de nada, tengo que decir que me enamoró de tal manera nada más verlo que fui uno de los culpables de su edición a través de Millán y Las Heras Ediciones.
   

   

lunes, 23 de abril de 2018

Día del Libro


Para los que amamos los libros y la lectura hoy es nuestro día. Un día de celebración en el que recuperar historias, aventuras, viajes y memorias de quienes se han atrevido a trasladar sus inquietudes al papel. Pero sobre todo el día en que debemos celebrar la dicha de vivir la libertad que produce un buen libro.
A pesar de los varapalos, que tanto en nuestro país como en otros de nuestro ámbito literario, de la tan mencionada crisis económica, del cierre de numerosas librerías y del abandono al que, con demasiada frecuencia, se somete a la cultura, el mundo editorial en castellano goza de muy buena salud. Cada semana encontramos un buen número de textos que nos llaman a voces para que recalemos en sus páginas y hagamos nuestras las vivencias que en ellos se esconden. Pero también aparecen tesoros que se encuentran semiocultos entre las estanterías y las mesas de las librerías y las bibliotecas. Hay que perder el miedo, y las excusas, para acudir de vez en cuando (la frecuencia demuestra el interés que tenemos en el cultivo de nuestra propia esencia) y rebuscar, tocar, sentir las historias que se ocultan levemente y que solo están esperando nuestro rescate y posterior disfrute.
Sí, todas las personas nos hemos contagiado de la prisa por vivir, del reto que supone ocupar todos los minutos que no nos roba el sueño, por eso con demasiada frecuencia no nos paramos a disfrutar de esos momentos que nos pertenecen y que deberíamos elegir nosotros mismos, al menos aquellos que gozamos de la libertad suficiente para hacerlo. Y no hay mejor manera que hacerlo con un libro de nuestra elección, un libro que nos atrape, nos cambie el humor, nos acelere y, por qué no, nos llegue a encender, lo mismo da el sentido que adquiera la llama.
Se han dicho muchas, muchas cosas, sobre el libro -más en estos días en que los correos electrónicos y los wasaps emiten consignas literarias-, sobre sus aportes y beneficios, sobre lo que puede suponer, y de hecho supone, la lectura de cada libro, de los momentos que aporta y de la regeneración de sustancias beneficiosas en nuestro organismo. Pero hay algo que a nadie se le debe escapar, la lectura debe ser un ejercicio personal y satisfactorio, un placer solitario que nos aparte de modas e indicaciones vacías, cada cual debe elegir lo que en cada instante desea leer, con qué disfrutar y que aventuras, o desventuras, desea vivir.
Todo libro está escrito para un lector o lectora concreto, incluso para una situación concreta, que sea el  nuestro solo lo podemos elegir cada uno de nosotros, aunque siempre es bien recibida una apreciación, un consejo, un recuerdo (hay que tener siempre presentes a nuestros libreros) y no tener miedo, nunca, a dejar, al menos durante un tiempo, aquellas lecturas que no nos aporten nada, que nos aburran hasta producir en nuestra lectura un sufrimiento que no merecemos. Puede que exista otro momento, así que más vale apartarlas y probar más tarde, hay demasiados libros por leer que no merece la pena perder el tiempo en aquellos que no estén escritos para nosotros.
Eso sí, cada vez que encontremos el que nos merecemos, debemos agarrarlo con fuerza y disfrutar de cada página, de cada frase, de cada palabra y volver a él todas las veces que sea necesario, sin olvidar que existen, muy cerca de nosotros, muchos más preparados para ofrecernos las mismas sensaciones.
¡Feliz Día del Libro!

lunes, 24 de abril de 2017

FERMÍN HERRERO. Premio de la Critica 2017


   Siempre espero con impaciencia el regalo que me corresponde el Día del Libro. Es un día especial para los amantes de la lectura y en el que no vale cualquier cosa para salir al paso. Por mi parte, el seguir enamorado del libro como el primer día, me ha hecho ser muy exigente y no conformarme con poco y buscar, con paciencia, la excelencia. Seguro que hay muchos lectores que saben de qué estoy hablando, pues no son pocos los que van seleccionando sus preferencias, para ellos y para los demás, desde los meses anteriores.
       Que a nadie se le escape que la Fiesta del Libro (y de los Derechos de Autor) es un día importante y señalado, y lo debería ser más para las instituciones si quieren que nuestro nivel cultural no pierda espacio frente a nuestros vecinos (no, no hablo de educación reglada, esa es otra cuestión).
       Y resulta que este año me encuentro con el mejor regalo que se pueda esperar en el Día del Libro: el Premio de la Crítica para Fermín Herrero, nuestro poeta, mi poeta. El jurado ha señalado “su claridad de expresión y su estética limpia y sencilla”, pero hay más, muchos más detalles que la poesía de Fermín no esconde, regala en cada verso, en cada palabra.
       De larga trayectoria poética, extensa en un tiempo en el que los poetas se refugian en la prosa para sobrevivir a los lectores, cuando en 2014 nos regaló “La Gratitud”, que obtuvo el Premio Gil de Biedma y al año siguiente el de la Crítica de Castilla y León, muchos temimos el fin del poeta. No tanto porque sucumbiese al influjo de los premios, sabíamos que estaba acostumbrado, sino porque había alcanzado un nivel difícilmente superable y se preveía un futuro incierto para sus versos.
       Pero hete aquí que el poeta soriano (en todas las noticias hacen eco de su origen) ha conseguido, de nuevo, deslumbrarnos con otro poemario lleno de emoción y vida. Un libro en el que logra describir la tierra, nuestra tierra, el alma y el hombre; y que alberga en cada verso esa conciencia de su propio origen que a todos nos ha subyugado.
     No hace muchos días le escuchábamos decir que “la poesía deber ser clara y difícil”, algo que ha demostrado a lo largo de sus trece poemarios y que en “Sin ir más lejos” logra culminar. Fermín ha ido puliendo sus versos de tal manera que ha logrado transmitir la austeridad y sobriedad de la tierra de sus orígenes, la sencillez y humildad de sus gentes. Deslumbrar con lo pequeño, con las palabras justas, abandonando lo rimbombante y viajando a lomos de encabalgamientos que atrapan a los lectores de poesía hasta sumergirnos en un espacio que nos permite, o incita, “fundirnos con lo elemental”.

       Gracias a Fermín Soria sigue siendo tierra de poetas, pero también de campesinos, de hombres y mujeres, de vida. Tierra en la que hay trigos color de cera, viento taciturno en los cipreses, neblinas al amanecer reptando entre los pinos, trigos en flor, bandas de perdices apeonando entre los tomillares, helechos que tapizan los pinares… 

lunes, 22 de febrero de 2016

UMBERTO ECO



Umberto Eco ha sido uno de esos escritores ante los que no he podido nunca permanecer indiferente, sobre todo en su faceta de novelista. A nadie se le escapa la importancia que tuvo en una generación de lectores -entre los que me encuentro- El nombre de la rosa. La agilidad de su trama, la perfecta descripción de personajes y escenarios y la inteligencia de cada uno de sus diálogos, abrió la puerta a una narrativa que combinaba a la perfección la historia con la intriga y el misterio. Pero sin duda alguna lo que más destacaba era la sensación de ser capaces de entretenernos y disfrutar de una novela de notable complejidad. Y claro, su exitosa adaptación cinematográfica ayudó mucho a que el nombre del escritor adquiriera una notabilidad destacada.
La complejidad de El péndulo de Foucault  no restó un ápice su importancia, aunque sí dejó la aureola de que sus trabajos iban encaminados hacia lectores exigentes. No resultó pues extraño que los lectores descubriéramos entonces su verdadera esencia de semiólogo y filósofo antes que de novelista. Así que su siguiente obr  La isla del día antes se convirtió en todo un estandarte de quienes buscaban algo más que una novela de entretenimiento y la reflexión del paso del tiempo y la complejidad del destino del hombre convertían al novelista en todo un clásico de la narrativa destinada a un público intelectual.
Con Baudolino su faceta de semiólogo quedó plenamente marcada, pero siguió demostrando que además de su lado humanista podía permitir que muchos lectores se atreviesen a buscar sin complejos lecturas muy distintas a las que solían ocupar las listas de los éxitos del momento.
La misteriosa llama de la reina Loana, El cementerio de Praga se sumaron a otras obras de carácter más académico y que han permitido que Umberto Eco fuese todo un referente en el mundo de la semiótica, de los procesos de la comunicación y de diversas interpretaciones de los modelos literarios. Sin olvidar, claro está, el estudio de la cultura popular, en especial en su comparación con la oficial y la elitista.
No hay que olvidar su último trabajo, Número cero, en el que mostraba los peligros de la comunicación en manos del poder, cuando la información solo sirve para atacar y mostrar un punto de vista en aras de crear líneas de opinión y desacreditar a la oposición.
El pasado día 19 Umberto Eco, uno de los más importantes humanistas de los siglos XX y XXI falleció en Milán, pero nos dejó un enorme legado en libros, estudios y frases que ocupan lugares preeminentes en el mundo de la cultura. Yo me quedo con esta: "El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás".

jueves, 12 de marzo de 2015

XIII PREMIO DE LA CRÍTICA DE CASTILLA Y LEÓN. LA GRATITUD, Fermín Herrero


El XIII Premio de la Crítica de Castilla y León que organiza el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua ha fallado hoy en Ávila y ha recaído en el poemario La Gratitud de Fermín Herrero Redondo.
Al premio optaban diez obras finalistas de la Comunidad de Castilla y León entre las que se encontraban seis obras de narrativa: La puerta de los pájaros, de Gustavo Martín Garzo; El viento en las hojas, de José A. González Sainz; Tierra violenta, de Luciano G. Egido; Mientras nieva sobre el mar, de Pablo Andrés Escapa; Alabanza, de Alberto Olmos  y La vida mitigada, de Tomás Sánchez. Un ensayo: Indies, hipsters y gafapastas: historia de una dominación cultural, de Victor Lenore. Una obra de teatro: Rukelli, de Carlos Contreras. Y dos poemarios: In memoriam, de Eduardo Fraile y La gratitud, de Fermín Herrero.
Este último ha obtenido por mayoría el Premio que viene a completar un elenco de autores de la talla de Luciano González Egido, Antonio Gamoneda, Raúl Guerra Garrido, Oscar Esquivias, Adolfo García Ortega, Juan Manuel de Prada, Luis Mateo Díez, Abel Hernández, Javier Villán, Antonio Colinas, Olegario González de Cardenal, José María Merino y José Antonio Abella.
La gratitud es un poemario que viene a rematar, que no finalizar, la trayectoria inapelable de uno de los poetas más representativos del panorama literario actual en castellano. Un poemario con mayúsculas que huele a tierra, a campo. Un canto a la relación del hombre con la tierra, un reflejo de lo que somos nosotras, de esa herencia genética de la que formamos parte. Fermín Herrero ha querido homenajear a la palabra que da título al libro, a esos sentimientos y actitudes que parece se han perdido en nuestra sociedad.
Estamos ante un poeta en el más estilo clásico del término, no tanto porque haya bebido la poesía de los clásicos y la domine, sino porque ha querido ir más allá, profundizando en la sencillez y puliendo el poema hasta el final, desgranando cada verso para que quede latente esa austeridad que tanto recuerda al campo castellano.
Claro que hay una mirada continuada al pasado, pero no abandona el presente, ni mucho menos el pasado, para atesorar en cada poema la esencia misma de la tierra, de ese espacio que tan bien el poeta conoce. Será esa mirada precisa y concisa, esa percepción de lo que hay, hubo y habrá en la tierra que el ha mamado la que vertebra un poemario que permite al lector lograr que afloren todos sus sentimientos a medida que pasan los poemas. Y es que La gratitud trasciende la propia lectura, retrotrae al lector hacia su propia memoria y a la de los que le precedieron, convirtiéndose en el mejor y más claro exponente de los que es la tierra, castellana en primer lugar (la herencia del poeta es innegable y universal posteriormente. De lo cercano, visible y familiar, a lo ajeno y general, convirtiendo el libro e una reflexión de la tierra, de la vida y del ser humano.

Otras obras del autor:
Anagnórisis (1995), Echarse al monte (1997), Paralaje. Los hijos secos (2000), Un lugar habitable (2000), El tiempo de los usureros (2003), Tierras Altas (2006), Endechas del consuelo (2006), De la letra menuda (2009), Tempero (2011), De atardecida, Cielos (2012), Furtivo de los días (2014) e Inmediaciones (2014)

miércoles, 16 de julio de 2014

GIORGIO FALETTI



El sábado pasado me despertaba con esa noticia que nunca quieres que se produzca, el fallecimiento de alguien a quien sientes cercano a pesar de las muchas distancias que te separan. Es cierto que desconocía casi todo sobre él, ni siquiera conocía que era presa de una larga enfermedad, pero sus libros habían logrado que lo sintiese como algo más que un escritor encerrado en su mundo creador.
Cómico, cantante, actor, pintor, compositor, guionista y escritor. Un conjunto de profesiones que permitían que aflorase un talento descomunal que asumía todo tipo de riesgos para llevar a cabo todo su potencial creativo. La música y la televisión lo encumbraron en Italia, su país, llegando a convertirse en uno de esos personajes tan queridos que parecían ser miembros de la familia.
Está claro que todo su baremo intelectual queda patente en su forma de narrar, de lograr que el lector se embriague del universo creado por Faletti en cada una de sus novelas.
Descubrirlo a principios de siglo con una novela de intriga, de esas que atrapan desde el principio, que pasan de mano en mano hasta que las hojas pierden cualquier atisbo de su color original, de esas que logran que no solo se pierda la noción del tiempo, sino que pospones todo lo que no sea imprescindible para seguir leyendo. Yo mato logró encumbrar al escritor en nuestro país sin estridencia,  a pesar que las cifras de sus ventas en Italia lo convirtieron de inmediato en todo un fenómeno literario.
Tras El tercer lado de los ojos, Fuera de un evidente destino y Yo soy Dios, llegó hace apenas dos años la soberbia novela Apuntes de un vendedor de mujeres, un regalo para los lectores que lograba nos transportáramos con enorme facilidad al Milán de los años 80. Una novela multigénero que nos presentaba a uno de esos personajes, Bravo, que difícilmente se olvidan y se suma de inmediato a la memoria colectiva. Con una prosa directa y exquisita que consigue que en la misma página pasemos de lo más sordido a la ternura más emocionante.
Por si fuera poco no hace mucho apareció en nuestro país Tres actos y dos partes, una novela breve acerca del mundo del fútbol y esas segundas oportunidades que todos tenemos en la vida 


domingo, 20 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ



Nada más llegar a España, después de unos días ajeno a todo tipo de informaciones, me encuentro con la noticia del fallecimiento de Gabriel García Márquez. Una noticia que no por esperada deja de afectarme menos.
Y es que las palabras de Gabo han sido compañeras de muchas noches de insomnio, logrando que la llegada del amanecer se adelantase de manera casi mágica. Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, Relato de un naúfragoVivir para contarla, e incluso la última Memoria de mis putas tristes, siguen estando en la estantería a la altura del hombro, desde el sillón,  de manera que pueda cogerlos en todo momento sin tener que girarme, empezando a vislumbrar los escenarios antes incluso de saber que libro iba a llenar el vacío de la vigilia.
Y es que el realismo mágico del escritor colombiano reúne todos los componentes de esa literatura eterna, sentida y vivida de la primera a la última página, en la que el lector se convierte en un miembro más de ese elenco soberbio de personajes que conforman el universo más envolvente de la literatura en lengua castellana. 
La narración nostálgica, el lirismo de las descripciones, la ensoñación de los escenarios y sus personajes e incluso los silencios en los que parece las escenas se detienen han logrado, y siguen haciéndolo ahora mismo, que Nicolás Ricardo, José Arcadio, Tranquilina, Melquíades,  Santiago, Aureliano, Fermín,  Luis Alejandro y otros tantos que alargarían, nunca en exceso, cualquier tipo de reflexión, forman parte de mi memoria como si todos ellos se hubiesen cruzado en más de un momento en mi camino.
Como no cerrar los ojos e imaginar esos momentos inigualables, esos instantes eternos en los que la pluma de García Márquez no dejaba de regalar emociones, de hacernos escuchar la lluvia torrencial, las carreras de los niños y los recuerdos de los más mayores. Esos recuerdos que han ido llenando las páginas de sus libros aumentando así esa memoria, esta vez colectiva, de aquellos que hemos tenido la suerte de vivir sus historias.
"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla" eran las palabras que antecedían a esas memorias que componían Vivir para contarla, unas memorias que a muchos dejó insatisfechos, pero que a otros muchos nos volvió a ofrecer ese universo tan fantástico que había ido creándose con sus novelas. Y es que Macondo es algo más que un escenario literario, es ese territorio mítico del que formamos parte todos los lectores y que sigue hoy tan presente como aquel 1954 en que apareció por primera vez en el cuento Un día después del sábado. Como no dejarse llevar por la evocación de cientos de imágenes nada más escuchar o leer ese topónimo que, como el propio García Márquez decía, tiene una fuerte resonancia poética.
Sí, se nos ha ido el hombre, el escritor, el fabulador, el recuperador de la memoria, pero nos quedan sus palabras, sus libros, esa magia literaria que a muchos nos dice cada día que merece la pena leer para vivir unas historias emocionantes.
Cualquiera de sus obras merecen estar en nuestros bibliotecas particulares para poder acceder a ellas siempre que lo necesitemos. Y es que Gabriel García Márquez y su literatura tienen la particularidad de evolucionar con nosotros, de manera que volver a leer de nuevo nos ofrece visiones y sensaciones nuevas, como si lo que tuviésemos en nuestras manos fuese una historia nueva, que nada tiene que ver con aquella que leímos en su día.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

SEÑORAS Y SEÑORES. Juan Marsé



Hay novelistas, grandes novelistas, que cuando cambian de registro y se acercan al mundo de los apuntes, las columnas de opinión, o al entorno periodístico, no demuestran la destreza narrativa propia de sus libros. Sí, claro que tienen seguidores y sus opiniones son tenidas en cuenta, pero esos textos, generalmente de pequeño tamaño están muy por debajo de la calidad que atesora su pluma.
No es el caso de Juan Marsé, o al menos no lo es si nos atenemos a los retratos que encontramos en este libro, esos retratos aparecidos en las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado (salvo dos últimos que merecen ser tenidos muy en cuenta) y que, en su mayor parte, siguen estando de actualidad.
No sé muy bien porqué, seguro que por su aporte de cercanía en el tiempo, no me pude resistir a comenzar el libro por el final, por el último de los textos con que Marsé logra ilustranos. Los dos últimos, además de ser los más actuales (dedicados al Artur Mas y María Dolores de Cospedal), son los que más espacio dibuja el autor en sus descripciones. Y puedo asegurar que son esos dos solos los que me despertaron el deseo irrefrenable de leer los otros cuarenta y uno, de descubrir no tanto la visión del autor de Últimas tardes con Teresa o Rabos de lagartija, sino la perspectiva con es capaz de mostrarnos los retratados.
Y es que Juan Marsé , con un perfecto dominio del lenguaje y el trazo firme de su narrativa nos acerca a cada una de las 43 figuras sin necesidad de ver más imágenes que las que ofrece sus palabras. Ese lenguaje ácido, cáustico nos adentra en el mundo de la descripción perfecta, capaz de recoger los guiños, los gestos y las manías de esos personajes a los que el autor ha sabido trasladar, antes a las revista "Por Favor" y el diario "El País", y ahora a este pequeño libro.
Con un perfecto manejo de la ironía, un poco de pasión y una buena dosis de mala leche Marsé nos hace disfrutar con cada una de las imágenes que nos ofrece, haciéndonos pasar del asombro a la sonrisa en la misma línea. Además nos ofrece una notable lección de la forma correcta de escribir, aquellos que quieran aprender (algunos aún estamos a tiempo) tienen en cada retrato una buena lección. Y si no, compruébenlo ustedes mismos:

  "La boca musculosa y risueña, el mentón sólido, la nariz recta, los ojos oscuros y burlones, las cejas espesas. El diseño de la cara no es dulce, y sin embargo, la expresión lo es. Resabios de un temperamento reflexivo y burlón configuran el gesto y la mirada."

O en este otro:

   "El maxilar cuadrado y ligeramente popeyesco va siempre un paso por delante de la mirada estreñida: el paso largo y la vista corta, he aquí un problema para cualquier conductor de multitudes, sobre todo si maneja un timón más decorativo que funcional."

El primero nos acerca al rostro de Carmen Maura, mientras en el segundo las facciones dibujan a un Artur Mas al que, como dije antes, dedica más espacio que a los anteriores retratados y retratadas.




miércoles, 24 de julio de 2013

AVELINO HERNÁNDEZ



Ayer, 22 de julio, hace diez años, Avelino Hernández fallecía en Mallorca. Comprometido con la cultura, el mundo rural, la naturaleza, cultivó como pocos la amistad, prueba de ello es que siguen siendo muchos los que acuden a las presentaciones de las múltiples reediciones de sus libros. Autor de más de cuarenta títulos, narrador y contador de historias, han servido para acercarnos al mundo rural de la segunda mitad del siglo XX y rescatar del posible olvido tradiciones y términos casi en desuso.
Con una notable capacidad para comunicar, con un espíritu afable y de una bonhomía sobresaliente, logró que los más pequeños se interesasen por sus historias, bien a través de los libros bien como oyentes de las múltiples historias que siempre le acompañaban. Una vez había un pueblo, Silvestrito y El Valle del Infierno acercaban, y siguen haciéndolo hoy en día, al universo de la Castilla rural, a un entorno en el que la despoblación se ha cebado y con ella la pérdida de maneras de vivir y sentir la propia existencia.
Con un lenguaje claro, preciso, con las frases justas, Avelino lograba que los niños acudiesen a sus libros casi con avidez y no dudaran, una vez leídos estos, en acudir a sus padres y abuelos para saber más de esos pueblos que les habían acompañado en su infancia y juventud. Gracias a él muchos, hoy ya hombres y mujeres maduros, descubrieron formas de trabajar, utensilios y términos que los pueblos agrícolas atesoraban y que los avances técnicos se han encargado de apartar del lenguaje cotidiano.
Se me escapó mi perro Canuto, la boina asesina del contador de cuentos, 1943, Eva y Tania, Conspiración en el Parque del retiro, Y Juan salió a luchar contra el telediarioCarol, que veraneaba junto al mar, Aquel niño y aquel viejo y Amigos, son solo algunos de los títulos con los que los jóvenes lectores descubrían el amor, el respeto y un buen número de valores sin apenas darse cuenta.
Aunque, sin duda alguna, uno de los más destacados logros de Avelino Hernández sea el de lograr que esta literatura, la denominada infantil y juvenil, penetrara con enorme facilidad entre los adultos, que disfrutasen como los propios niños y que leyesen sus libros con el mismo interés con que lo hacían estos.
Numerosos han sido también los libros de viajes, aquellos que nos acercaban a los lugares que él mejor conocía: Soria, donde la Vieja castilla acaba, La sierra del Alba, Crónicas del Poniente Castellano, Viaje a Serrada, Myo Cid en tierras de Soria, Itinerarios por Madrid, Invitación a Soria y muchos más entre los que cabría destacar varias guías sobre Soria y provincia. Libros en los que el autor se convierte en un compañero que no se conforma con señalar los puntos de interés, sino que trasmite la historia, las leyendas y la propia esencia del lugar que describe, haciendo que quienes en él habitan sean los verdaderos protagonistas.
No hay que olvidar que gracias a sus viajes nacieron libros que nos acercaban a pueblos en peligro. La historia de San Kildán y El día en que lloró Walt Whitman dan buena prueba de ello. Libros para todas las edades ya que cada cual logra verlos de manera particular.
Una casa en la orilla de un río, Los hijos de Jonás y La señora Lubomirska regresa a Polonia colocaron a Avelino entre los grandes narradores del inicio de este milenio. Con una prosa fuerte, directa y llena de energía, el autor construye historias con mayúsculas y deja sin habla a quienes acceden a su lectura.
Catálogos de arte, estudios sobre desarrollo rural, prólogos, libros en colaboración con otros escritores, completan esa biblioteca fascinante y que hoy está tan presente como lo era hace unos cuantos años. Muchos más libros se han ido editando desde su fallecimiento, muchos de ellos inéditos, y que siguen demostrando que su manera de contar está viva. 


lunes, 24 de junio de 2013

JAVIER TOMEO



Recibo la noticia del fallecimiento de Javier Tomeo justo cuando tenía entre mis manos sus Cuentos completos publicados por Páginas de Espuma. Sabía de su enfermedad, incluso de su ingreso hace unas semanas, pero a nadie le gusta que uno de sus autores más entrañable desaparezca.
Y es que Tomeo tenía ese algo distinto que le hacía ser un narrador especial -no sé si por su singular forma de narrar, o por todos los seres que nacieron de su pluma-, un narrador que lograba, libro a libro, lectores fieles que esperaban con impaciencia cada nueva obra suya.
Ajeno a modas comerciales y con una prolífica trayectoria creció como escritor de novelas baratas bajo el seudónimo de Frantz Keller, pero fue con Amado monstruo, en 1985, cuando se mostró como el escritor que es. Atrás quedaban El cazador (1967), El unicornio (1971) y El castillo de la carta cifrada (1979), pero empezaba a gestarse ese escritor especial, inclasificable, con una imaginación desbordante que nos acercó a un universo de seres deformes y monstruosos del que ya no podíamos separarnos.
Luego llegaron El cazador de leones (1987), Bestiario (1988), Preparativos de viaje (1991), La agonía de Proserpina (1993), La mirada de la muñeca hinchable (2003), Los nuevos inquisidores 2004), El cantante de Boleros (2005) y un buen número de títulos más a los que hay que sumar numerosas obras de teatro que siguen poniéndose en escena en buena parte de Europa.
Hay quien le consideraba un escritor de culto, restringido a lectores concretos, pero más como un elogio que como una crítica, ya que su prosa sencilla y directa, lograba traspasar incluso las armaduras de quienes se veían predispuestos a no sentirse a gusto rodeado de los seres que el escritor aragonés mostraba en sus novelas. Sus imágenes kafkianas y surrealistas invitaban al disfrute de la lectura y atrapaban al lector gracias al perfecto dominio del humor y de los mundos llenos de excesos.
Pero quizá me quedo con una de las frases que parecían acompañarle siempre: "Dios puso a los animales en el mundo para humanizar a los hombres". Y es que con Tomeo las bestias tenían voz propia y eran quienes mejor señalaban los defectos del ser humano. 

jueves, 6 de junio de 2013

TOM SHARPE



Me dispongo a tomar un café y mi móvil suena con insistencia, un amigo me ha
dejado un mensaje: "ha muerto Wilt". No me hace falta saber nada más, Tom Sharpe, a sus 85 años ha fallecido en Llafranc (Girona) y deja huérfanas muchas de las conversaciones en las que sus personajes eran protagonistas. Conversaciones que recuperaban esos episodios delirantes a los que sometía a sus personajes. Y es que, como él no se cansaba de repetir, "me puse a escribir en tono de farsa a ver qué salía".
Y en 1971 aparece Reunión tumultuosa una novela irresistible en la que el humor casi brutal empieza a señalar el camino de uno de los escritores de lengua inglesa que mejor ha sabido mantener viva la ironía y momentos desternillantes que hacen aflorar las lágrimas solo de pensar en ellos.
Admirador de Wodehouse y Waugh logrará en 1976 tal éxito con Wilt que se convertirá en uno de los autores británicos más aclamados por los lectores (ya habían aparecido Exhibición impúdica, Zafarrancho en Cambridge y El temible Blott) y cada una de sus obras era esperada con verdadera impaciencia. Las tribulaciones de Wilt (1979), ¡Ánimo Wilt (1984), Wilt no se aclara (2004) y La herencia de Wilt (2010) siguieron demostrando que la figura de Henry Wilt había calado hondo en los lectores de todo el mundo.
La gran pesquisa (1977), El bastardo recalcitrante (1978), Vicios ancestrales (1980), Una dama en apuros (1982), Becas flacas (1995), Lo peor de cada casa (1996) y Los Gropes (2009) completan, junto con dos libros de relatos que creo no se han publicado aún en nuestro país, una trayectoria literaria tardía, publicó su primera novela a los 43 años, de gran talento, que no deja indiferente a nadie.
Brillante, ácido, irónico e inteligente Tom Sharpe es uno de los grandes del conocido "humor británico"  y cualquiera de sus obras demuestran la calidad de su escritura, el acierto de sus descripciones y el perfecto dominio de un ritmo narrativo que ha logrado que sus novelas sigan siendo leídas y admiradas.

martes, 23 de abril de 2013

DÍA DEL LIBRO



Hoy ha sido un día muy intenso, un día en el que las palabras han salido a la calle. Así que permitidme que únicamente mencione la fiesta que supone para los que amamos los libros que estos nos busquen de una manera distinta a como lo hacen el resto de los días.
Ha sido una delicia comprobar como hoy los Amigos de Avelino Hernández hemos sacado sus libros y hemos vuelto a sentir como sigue siendo un autor que conecta con los lectores, que sus historias siguen vigentes hoy.
Observar como niños y mayores acudían alegres a ver los libros, a tocarlos, a olerlos, a sentir cuál era el que  iba a ser su próxima lectura es una verdadera delicia.
Ha sido, como todos los 23 de abril, un día especial, diferente y lleno de momentos intensos. Yo por mi parte he recibido La librería encantada de Christopher Morley. Ya os contaré algún día lo que me ha parecido. Espero que vuestro libro sea el adecuado. ¡Feliz Día del Libro!

miércoles, 10 de abril de 2013

JOSÉ LUIS SAMPEDRO



No leí a José Luis Sampedro hasta finales de los ochenta del siglo pasado cuando llegó a mis manos en forma de regalo La sonrisa etrusca, que no solo me ganó como lector, sino que abrió mis horizontes a lecturas que hasta entonces no me habían llamado nada la atención. Un par de años después fue La vieja sirena la que me atrapó, la culpable de que Sampedro estuviese siempre en un lugar preeminente en mi biblioteca.
Pero reconozco que ya desde las primeras entrevistas de las que tengo memoria descubrí a un hombre que se salía de lo común, que se mostraba ajeno al  éxito de sus novelas, alguien dijo que parecía pasar de lado por el mundo de la literatura y no creo que  nadie le pueda llevar la contraria. Ha sido un hombre que ha dejado huella allá donde iba o allá donde se le escuchaba o leía. Un hombre íntegro, un humanista lleno de humanidad.
Luego supe que pasó un año crucial de su infancia en Cihuela, en Soria, donde las lecturas fueron responsables de buena parte de su unión con la literatura. Incluso supe después que fue un pionero en la formulación y defensa del enfoque estructural para el análisis económico. 
Pero todo eso ha quedado en estos últimos años en su segundo plano al mostrar su permanente compromiso intelectual y social, un compromiso ciudadano que hizo que pusiese su voz y su experiencia docente y literaria al servicio de la población que en este país empezaba a demostrar su descontento.
 Porque Sampedro fue un luchador con conocimiento de causa, sus palabras han estado siempre llenas de contenido y sabiduría. A pesar de la edad, las cataratas y la sordera, en ningún momento se aisló del mundo, al contrario, tomó la posición que creía justa para señalar el malestar de un amplio sector de la ciudadanía. Supo conectar con quien le quiso escuchar para aportar soluciones, demostrando que su lucidez le acompañó hasta el último momento. 
Un luchador y un narrador genial, ya digo que como economista apenas puedo definirlo, que ha dejado verdaderas joyas a la literatura española (no hay que olvidar que ocupaba desde 1990 un sillón en la Real Academia de la Lengua) y un pensador que ejerció siempre un humanismo crítico, señalando con rotundidad la decadencia moral y social de Occidente, del neoliberalismo y el capitalismo.


sábado, 9 de marzo de 2013

XI PREMIO DE LA CRÍTICA DE CASTILLA Y LEÓN. EL RÍO DEL EDÉN, José María Merino



El XI Premio de la Crítica de Castilla y León que organiza el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se ha fallado hoy en Ávila y ha recaído en la obra El río del Edén de José María Merino.

Al premio han optado diez obras finalistas de la comunidad entre las que se encontraban siete libros de narrativa, dos de poesía y una de teatro. Dichas obras son seleccionadas por los miembros del jurado del Instituto, entre los que nos encontramos críticos literarios y profesores universitarios.
Las obras finalistas de narrativa eran las siguientes: Morir bajo dos banderas, de Alejandro M. Gallo, un homenaje a los soldados republicanos que perdieron la guerra y se alistaron en la Legión Extranjera francesa para luchar contra el nazismo y que nos ofrece a partes iguales el clima bélico y los sentimientos personales de sus protagonistas; Qué escribes, Pamela, de Enriqueta Antolín, un juego literario que nos muestra a todos los miembros de una familia en crisis mediante un juego de alusiones subyugante; Jesús Ferrero aporta El hijo de Brian Jones, la búsqueda vital de un hijo hacia su padre, el que fuera fundador de los Rolling Stones, una narrativa de gran fuerza que hace partícipe al lector de todos los acontecimientos; Me hallará la muerte, de Juan Manuel de Prada, cuya crítica podéis encontrar en este blog; Boa Morte, del soriano Julio izquierdo, una serie de relatos que nos sitúan en un espacio rural reconocible, pero sin recurrir a los tópicos que han acompañado la literatura castellana de los últimos sesenta años, pues aquí hay señas que se identifican con el paso del tiempo y el propio siglo XXI; Y que se duerma el mar, de Gustavo Martín Garzo, una novela de gran lirismo que vuelve a acercarnos a los personajes de los evangelios, en concreto a la Virgen María; y el título de José María Merino, El río del Edén.
Canción errónea, de Antonio Gamoneda y Figuras de la fábula de Luis Javier Moreno son los dos títulos de poesía. Y completa las diez obras la obra de teatro de José Luis Alonso de Santos Los conserjes de San Felipe.

La obra ganadora, tras larga deliberación de todos los miembros del jurado, ha sido la mencionada El río del Edén, una obra espléndida que nos ofrece al mejor Merino, un escritor que siempre logra que parezca fácil lo difícil. Con un lenguaje sencillo y preciso que logra situar al lector en el ambiente en el que se mueven los personajes, Daniel y su hijo Silvio.
 El autor domina como nadie el propio ritmo narrativo, consiguiendo que la obra vaya in crescendo desde la primera página.
De grandes valores humanos, el hijo del protagonista tiene Síndrome de Down, se aleja completamente de todos los tópicos y nos regala una historia de gran profundidad Psicológica.
De nuevo encontramos en la obra de José María Merino la presencia de la naturaleza, esta vez enclavada en  el Alto tajo, en un paraje idílico. Hay que tener presente que estamos ante uno de los más destacados dominadores de la fusión del lenguaje en la naturaleza, el río como símbolo de vida y transcurrir del tiempo.
Mantiene un simbolismo marcado a lo largo de toda la narración haciéndola muy polisémica, ya que permite que todo tipo de lectores accedan a ella sin complejo y penetrando de inmediato en la historia.
Es también destacable la ausencia de un elemento clave que dirigiese el libro, aunque se oculta el impacto de un amor perdido, todo cobra vida a medida que se va fraguando la propia historia de los protagonistas.

viernes, 22 de febrero de 2013

HOMENAJE A MACHADO



      Y cuando llegue el día del último viaje,
  y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
  me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
  casi desnudo, como los hijos de la mar.

       


Hoy es el día indicado para rebuscar en la estantería y coger alguna de las poesías de Antonio Machado, mejor, sin duda alguna, si son las poesías completas de la Colección Austral, y rendimos un pequeño homenaje al poeta sevillano en el aniversario de su muerte.
El día 22 de febrero de 1939, Miércoles de Ceniza, a las tres y media de la tarde Don Antonio Machado fallecía en la ciudad francesa de Collioure. Así que bien vale esta fecha para celebrar la poesía del autor de Campos de Castilla y disfrutar  de uno de los poemarios más representativos de la literatura en lengua castellana.
Machado logra transmitirnos la esencia misma de la poesía, pero también de la vida, conjugando en unas obras completas su respeto a la tradición y a la innovación. Culto y letrado, viajero y amante de la naturaleza supo reflejar en cada uno de sus versos todas sus pasiones, el amor que sentía por todo lo que se presentaba ante él. Sufrió por el hombre, por la tierra y por esa España a la que tanto amaba y por la que eligió el exilio.
Pero son sus poemas, además de artículos, reflexiones y cartas, las que hoy siguen presentes en nuestras bibliotecas y como decía Ian Gibson "cantó como nadie la añoranza de lo que no pudo ser, de lo que se llevó el aire" (Ligero de equipaje, 2006).
Siguen siendo sus versos desnudos, sus poemas herederos del 98, quienes mostraron una poesía directa y sincera, siendo su poesía "un diálogo de un hombre con su tiempo" y demostrando que, por encima de todo, había esperanza.
Qué mejor final para este día que el último verso encontrado en el bolsillo de su abrigo:

                                                                                 Estos días azules y este sol de la infancia.