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martes, 25 de agosto de 2020

LA HORA DE LOS HIPÓCRITAS. Petros Márkaris

 


Si me paro un poco a pensar, no sé que me gusta más de Petros Márkaris: su forma de narrar o la creación de un personaje como Kostas Jaritos. Sin duda alguna ambos van unidos, o lo que es lo mismo, forman parte de una misma premisa que me hace realizar una segunda pregunta: qué me gusta más de Kostas Jaritos, las investigaciones en que se ve envuelto o la crónica de Atenas en particular y de Grecia en general.

Y es que acompañar a Jaritos en cualquiera de sus "aventuras- investigaciones" es realizar un viaje por una de las ciudades más fantásticas y características del Mediterráneo. La capital de Grecia no solo es el centro de sus operaciones, es el latir constante de un pueblo que, por muchas similitudes, a los españoles se nos antoja muy similar al nuestro. Con el comisario hemos sentido, y de qué manera, los avatares sufridos en su país durante la crisis del 2008, las consecuencias que tuvo en todos los escalafones de la sociedad y cómo los griegos, cada uno a su manera, fueron superando los obstáculos que les iban apareciendo en el día a día. De hecho seguir la saga en orden de aparición, sobre todo desde aquel año fatídico, nos ha permitido comprobar la evolución y ha servido para contestar a muchas de las preguntas que la crisis trajo consigo de forma mucho más sencilla que lo han tratado de hacer los economistas. No resulta extraño, en este sentido, que algunos de sus títulos, en especial la llamada trilogía de la crisis: Con el agua al cuello (2011), Liquidación final (2012) y Pan, educación y libertad (2013); sirvieran a muchos profesores de economía para explicar a sus alumnos qué supuso la mencionada crisis de 2008. No hay que olvidar tampoco una posible cuarta parte con Hasta aquí hemos llegado (2015).

Con Kostas Jaritos siempre tenemos dos historias dentro de la misma novela, ambas íntima e inseparablemente unidas, la familiar y la profesional. Con la primera nos hace partícipes de la vida dentro de su casa, con su familia y sus amigos, de manera que somos uno más en todo tipo de reuniones, banquetes (la parte gastronómica que encabeza su mujer Adriani es tan suculenta como cualquiera de sus investigaciones), decisiones y la visión particular que cada uno tiene de la vida. Una familia mediterránea donde todos tienen cabida y, lo que es más importante, voz y voto, pues desde los actos más simples hasta los comentarios más intrincados afectan al desarrollo de los acontecimientos. Por supuesto que la parte profesional, en la que el comisario nos muestra su valía y la de sus hombres y, lo que es más importante, cómo late el corazón de Atenas, pues gracias a sus idas y venidas, a sus paseos a pie y en coche, queda perfilada la geografía urbana y humana de la ciudad.

De nuevo los crímenes serán la manera que el comisario tiene de ver y enfrentarse a la realidad. Una realidad ajena a las estadísticas y los puntos de vista que desde Europa se tiene del país Heleno. Y de la misma forma que nos hace uno más en el núcleo familiar y de amistad, de hecho vemos como Jaritos acaba de ser abuelo, seguimos con él, paso a paso, el desarrollo de la investigación en que se ve inmerso, el asesinato de un empresario hotelero. La acompañaremos en todo momento, desde la visita al lugar del crimen, o mejor de los lugares, hasta los interrogatorios a testigos, las reuniones con sus superiores y colaboradores; de tal manera que en más de una ocasión cometeremos la osadía de querer indicar quién o quienes pueden tener algo que ver con ellos. Y es que Márkaris tiene la capacidad de introducirnos en el juego en todo momento, de no sentirnos una pieza inoperante, al contrario, somos indispensables para que la narración, y con ella los acontecimientos, se sucedan en el orden correcto.

Y todo lo logra de manera sosegada, sin carnaza ni sangre por todos lados. Sí, claro que hay muertos, pero no se dedica a explicar con detalle, salvo lo estrictamente necesario, cómo estos aparecen. Con pocas palabras, en apariencia sencilla y, sobre todo, apoyado en un soberbio dominio de los diálogos (hay que agradecer al traductor, Ersi Marina Samará Spiliotopulu, su sobresaliente trabajo) el autor crea una novela que atrapa desde sus primeras páginas. Llena de humor y con un ritmo ascendente -capaz también de crear momentos de sosiego y calma cuando esta es necesaria-, su lectura se hace casi irrefrenable, de tal manera que el lector tiene la misma prisa que los protagonistas en descubrir al culpable de los crímenes



domingo, 5 de julio de 2020

EL MAL DE CORCIRA. Lorenzo Silva



Cada libro de Lorenzo Silva que recibo me produce una fuente de alegría que solo pueden entender quienes queden atrapados por la manera de comunicar de un escritor. Lo mismo da que se trate de un ensayo o de una novela, de un libro de viaje o un cómic. Eso sí, para que voy a ocultarlo, si se trata de una novela, y encima protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, solo quiero que el mundo se detenga para poder sumergirme en su lectura.
Sí, sabía que el libro tenía que salir en abril y que la pandemia, como con muchos otros títulos, lo había retenido, pero lo que no esperaba era el volumen que iba a tener: ¡540 páginas! Y encima en tapa dura. La excitación al sacarlo de la caja solo es comparable con el placer de comenzar su lectura, de volver a encontrarme con una historia que, seguro, me iba a permitir participar en ella.
Para mi sorpresa descubro que de inmediato, desde la primera página la acción comienza de manera trepidante, con un acontecimiento que te hace apretar los dientes. Y pronto, como solo Lorenzo Silva es capaz de dibujar, los hechos devienen de manera totalmente diferente. No solo estamos ante el desarrollo de las pesquisas en busca de desentrañar un crimen, sino que estas se multiplican de manera incierta.
Para colmo el autor por fin nos acerca al pasado de Bevilacqua, a esos primeros pasos como Guardia Civil en el País Vasco en los años álgidos del terrorismo de ETA. Por medio de elipsis temporales el autor nos irá llevando a medida que avanza el libro del pasado al presente, de una narración de los acontecimientos sucedidos en la lucha contra ETA a la investigación que trata de aclarar el asesinato a golpes de un excondenado  por terrorismo en una playa de Formentera.
Veinticinco años, diez novelas, más libros de relatos, han tenido que pasar para conocer el pasado de Bevilacqua, para tener entre manos las novela más ambiciosa y extensa, en la que logra, como siempre, mostrar a la perfección el ambiente y los escenarios en que transcurre la novela, en el que da vida a un buen número de personajes que nos acercan a unos momentos concretos de nuestra historia más reciente y a tratar de señalar unas heridas que, poco a poco, pueden curarse. Lorenzo Silva, como nos tiene acostumbrados, no solo hecha mano del manual del buen narrador, sino que gracias a una completa documentación y el acercamiento a las personas que en ambos bandos vivieron los acontecimientos, es capaz de trasladarnos escenas, hechos y sentimientos. Aunque, no hay que olvidar que estamos ante una novela y siempre, por mucho que nos acerque a la verdad, esta está tratada de manera subjetiva.
Una novela impresionante, que no necesita imágenes impactantes (ni siquiera cuando narra atentados o acciones de la Guardia Civil se ensaña con la violencia que generaron) para lograr una historia llena de interés, que nos abre la mente, el pensamiento y los sentimientos del subteniente Bevilacqua y en la que volvemos a ver a la sargento Chamorro, a la cabo Salgado, a Arnau, Pereira... Pero también a otros y otras Guardias Civiles que cobran una importancia fundamental en las distintas investigaciones.
Por cierto, es de señalar el perfecto retrato que hace el autor de la importancia de las Guardias Civiles en la resolución de los casos, tanto en el pasado como en el futuro.
Ver otras obras del autor en este blog:  Los cuerpos extraños, La marca del meridiano.

lunes, 15 de junio de 2020

LA NENA. Carmen Mola



No suelo mirar la imagen de los escritores que  llevan los libros en las solapas. De hecho, salvo los más reconocidos, a nivel internacional, de pocos tengo su fotografía almacenada en mi memoria; pero claro, cuando la escritora, o el escritor, es española y, desde el primer momento sabemos que es un seudónimo, es normal que la curiosidad se amplíe con comentarios de quienes se han sentido atrapados en las novelas protagonizadas por Elena Blanco.
A nadie se le escapa, a estas alturas, que la aparición de Carmen Mola fue un soplo de aire fresco en el panorama de la la literatura española, e incluso europea (comparable con Lemaitre y de Dazieri, con los que comparte  algo más que género literario). Un soplo que poco a poco se convirtió en viento y ahora en vendaval, cientos y cientos de seguidores se sumaban cada semana a un fenómeno que no ha parado de aumentar a medida que aparecían nuevos libros. Por supuesto que La novia gitana tuvo una aparición fulgurante, los lectores y los libreros estábamos encantados tanto por la manera de narrar y la fuerza de los personajes, como por la trama que construía la enigmática escritora. El hecho  de que desde el primer momento se supiese que era un nombre falso le permitió obtener una publicidad complementaria, pero una vez superada la etapa inicial, a pesar de que todos seguimos hablando de quién está detrás de él, lo único que pedimos es que los miembros de la Brigada de Análisis de Casos sigan prestando su servicio a la sociedad.
Elena Blanco, Ángel Zárate, Chesca, Buendía, Mariajo y Orduño hicieron las delicias de los amantes del género, formando un equipo tan llamativo como reconocible. Cada uno de ellos se hacía necesario en todo el momento por su importancia en las investigaciones, pero también por la personalidad de cada uno.
La Red Púrpura supuso la confirmación esperada, semana a semana se sumaban más y más seguidores a una saga que se anunciaba su tercera entrega.
La Nena se ha hecho esperar, más si cabe por los acontecimientos de los últimos meses, y pocos hemos podido aguantar su lectura para llegar a casa, todos teníamos que descubrir la dirección de los acontecimientos una vez cerrados los hechos del libro precedente.
Aún con esa especie de desconfianza que se genera en los lectores la tercera entrega de una saga (hay un convencimiento general de que la tercera parte suele superar a la segunda y que esta no solía estar a la altura de la primera), máxime cuando aún no se han borrado los ecos del final de La Red Púrpura, pero queda demostrado que Carmen Mola no ha estirado la historia hasta el extremo, que no ha querido aprovecharse, que todo continúa porque es como tiene que suceder.
La Nena, como sus predecesoras, engancha y atrapa hasta límites insospechados, la tensión que aparece en sus páginas obligan a que el ritmo de la lectura se compagine con el de los latidos del corazón ante lo que está a punto de suceder. Y es que Carmen Mola logra transmitir el eco de los sonidos, la amargura de los sabores y la acidez de los olores, pues logra que el lector perciba, en todo momento, las sensaciones físicas que viven los protagonistas. Por supuesto que hay imágenes de una crudeza impactante, de esas que casi obligan a apartar la vista del libro, pero apenas son rápidas pinceladas de los hechos, pues en ningún momento se recrea el ellas. Eso sí, pasados unos días, cuando aún permanecen ciertas imágenes, el lector tiene la sensación de que el narrador ha dedicado más espacio y más detalles que los que realmente ha utilizado.
No, Carmen Mola no deja indiferente a nadie, por el universo que ha construido, por los personajes que lo pueblan y, por encima de todo, por lograr un ambiente que hace que en la lectura de sus libros se ejerciten la mayor parte de los músculos del cuerpo. Y es que somete a la misma tensión al lector que quienes recorren como protagonistas las páginas de sus libros.

jueves, 28 de mayo de 2020

LA MUERTE VISITA AL DENTISTA. Agatha Christie



Leer a Agatha Christie de vez en cuando es uno de esos placeres para los que parece no pasar el tiempo. Sí, son novelas ingenuas, sencillas, con un dinámica semejante y puede que en principio un poco obsoletas, pero lo siento, en esos momentos en que me cuesta concentrarme en la lectura, en los que parece que da lo mismo el libro que se coja que no se avanza: Agatha Christie es el perfecto remedio.
Que sí, que Miss Marple y Hércules Poirot parecen sacados de un viejo baúl y pertenecen a otros tiempos, pero eso deja de verse así en el momento que comienza la primera página. Reconozco que, aunque me saque de mis casillas en más de una ocasión, prefiero a Miss Marple antes que el investigador belga. No sé, lo sigo sintiendo demasiado remilgado y estirado, aunque puede que el cine y la televisión hayan contribuido en exceso, pero aún así no reniego de sus pesquisas y si toca leer un libro en el que es protagonista: ¡pues adelante!
Cualquier persona de mi generación recuerda aquella colección de color blanco de la Editorial Molino que seguro aún están en la mayoría de las casas de nuestros padres, libros que tenían más de una lectura y que nos descubrían en nuestra adolescencia espacios diferentes a los libros propiamente juveniles. Ahora, gracias a Espasa y a Booket podemos disfrutar de las mismas historias en distinto formato.
Y claro, si uno lo primero que tiene que posponer una vez iniciado el Estado de Alarma es el dentista... no debe extrañar, con lo poco que nos gusta ir a verle a su "oficina", que sea La muerte visita al dentista la novela escogida para la ocasión..
Por supuesto que Poirot sigue como siempre: "superior en muchos aspectos a los demás mortales". Excéntrico, insufrible, ampuloso, pesado y egocéntrico (palabras de la propia Agatha Christie), pero también refinado, elegante y sumamente inteligente, que utilizaba sus "pequeñas células grises" para resolver los misterios en los que se ve envuelto. En esta ocasión por algo muy particular, el dentista que horas antes le había atendido aparecía muerto por arma de fuego en su consulta. Todo apunta a un posible suicidio, pero Poirot no solo no está convencido, sino que antes de suceder nada todos los demás pacientes le habían parecido sospechosos.
Si hay algo que me sucede en la casi totalidad de las novelas de Agatha Christie es que siempre creo descubrir el culpable, y siempre acierto por que, salvo el investigador y algún que otro personaje que se repite a lo largo de as aventuras (el mayordomo George y el Inspector Japp son dos buenos ejemplos), todos los personajes me parecen los culpables en potencia. Según van apareciendo los personajes se crea a su alrededor una aureola de sospechoso que únicamente le abandona cuando aparece el siguiente y así casi hasta el final, de manera que todos parecen culpables.
Una lectura ágil, divertida y entretenida, en la que tratamos de prestar atención hasta el más mínimo detalle, aún sabiendo que el final nos sorprenderá pensáramos lo que pensáramos. Y con la particularidad que cuando la vuelva a leer pasados unos años me volverán a asaltar las mismas dudas y zozobras. Así pues, La muerte visita al dentista es un entretenimiento asegurado que no ha perdido un ápice su capacidad envolvente y el logro de crear la tensión necesaria para querer descubrir el final de la investigación.

domingo, 24 de mayo de 2020

PROGENIE. Susana Martín Gijón




El inicio de cada temporada viene marcada por títulos y autores sugerentes en los que las editoriales ponen buena parte de sus esperanzas de cara al final de cada campaña, generalmente Navidad y las distintas Ferias del Libro. 
Susana Martín Gijón era la apuesta de Alfaguara en su colección Negra, una colección que ha ido dando grandes títulos que siguen presentes en las librerías y despertando la atención de nuevos lectores. Y aunque no suele ser fácil sobrevivir en un mes de enero, -quien más o quien menos tiene, en el periodo de regalos como es Navidad, un buen número de libros acumulados- poco a poco, sin hacer mucho ruido, Progenie ha ido demostrando que es un buen ejemplo del género negro tan en auge en nuestro país.
Martín Gijón no es nueva en él, ya hizo las delicias de los lectores con una trilogía notable (Más que cuerposDesde la eternidad Vino y pólvora) y el descubrimiento de un personaje inolvidable como es la oficial de policía Annika Kaunda, no me quiero olvidar del periodista Bruno Scorza.
Con Progenie Susana Martín Gijón no solo ficha por una de las grandes editoriales de nuestro país, sino que refuerza su maestría a la hora de crear personajes como Camino Vargas, jefa accidental del Grupo de Homicidios de Sevilla (espero que sea la antesala de más investigaciones) y el resto de su grupo, empezando por el gigantesco Pascual Molina y siguiendo por Lupe, Fito y Teresa. Unos personajes que harán las delicias de los amantes de la novela policíaca, la autora ha sabido manejar la personalidad e impulso de cada uno de ellos, transmitiendo la imagen de todos sin excepción. Por supuesto que Camino y Pascual serán los principales artífices del seguimiento de la trama, en especial la primera, pero todos los demás, incluso el superior a quien sustituye Camino, son imprescindibles para que la dinámica de la novela confluya adecuadamente.
Martín Gijón nos traslada a Sevilla, a una ciudad que se palpa y siente con apenas unas sencillas descripciones, sobre todo de aquellos barrios en los que transcurre la novela. No es ajena a los problemas que azotan a la ciudad andaluza, extensible a cualquier otra ciudad española, haciendo de la lectura algo reconocible, actual y vital.
Con capítulos cortos y una narración lineal, Progenie es una novela de fácil lectura. La tensión e intriga comienza prácticamente desde la primera página y no abandona hasta la última, el lector se verá atrapado por los acontecimientos y el ritmo frenético, por el seguimiento de la investigación y la propia personalidad de los protagonistas. Y, por si todo esto fuese poco, Susana Martín Gijón sabe salpicar la trama con unas pizcas de humor que en vez de desvirtuar la historia, acentúa, aún más si cabe, el interés de quien está viviendo la trama como mero espectador. De hecho no son raras las sonrisas ni los intentos de advertencia a los protagonistas para que sus pesquisas cambien de dirección. De manera acertada o errada, se verá al finalizar la lectura.

domingo, 17 de mayo de 2020

EL REY. Sandrone Dazieri



Me encanta la novela policíaca, aquella protagonizada por fuerzas de la ley. Cualquiera que observe un poco este blog se percatará de ello, aunque debo decir, antes que nada, que aunque encuentro muchas sorpresas y títulos que me llaman poderosamente la atención, es en este género en el que me he vuelto, con el paso de los años, más exigente.
Sí, es cierto que para mí un libro de intriga es fundamental entre varias lecturas y de muchos tengo que hacer un esfuerzo para recordar su trama. Por eso cuando descubro autores nuevos (al menos para mí), cuando cierro el libro y siento que la novela es notable, que el final no desmerece el resto del libro (lo siento, pero hay muy buenos narradores, en todos los estilos, pero más en este, que construyen historias de manera sobresaliente, pero el final apenas sí llega al aprobado), me siento tan eufórico que debo esperar, cuanto menos, unas semanas para comprobar el impacto real de su lectura.
Cuando descubrí a Sandrone Dazieri andaba un tiempo conformándome con los escritores ya clásicos, a pesar de pertenecer a nuestro época: Andrea Camilleri, Petros Markaris, Lorenzo Silva, Donna Leon, y algunos más que suelen salvarme tiempos de desengaño en la lectura; no había forma de encontrar autores que me llamasen de verdad la atención. Sí, claro que a lo largo de los años uno ha ido descubriendo escritores con un valor muy por encima de la media, autores que me han marcado como lector y como librero, y a poco que lo intente, siempre hablando de novela de intriga y policíaca, seguro que me aparecen varias decenas, pero muchos de ellos no logran engancharme lo suficiente como para que les siga leyendo libro tras libro.
A principios del verano de 2015 apareció en las librerías No está solo, la primera de las entregas de la subcomisaria de la Brigada Móvil de la Policía de Roma, Colomba Caselli. Y descubrí, de inmediato que la forma de narrar de Dazieri era algo especial, algo que se alejaba de la novela negra y se introducía en la novela visual de intriga, como si lo que tuviésemos entre manos estuviese más cerca del cine que de la literatura.
Junto a Dante Torre formaban una pareja impactante, en los que no era ajeno el aspecto psicológico y la importancia del pasado, ese pasado que no conocíamos, pero que a base de ligeras pinceladas íbamos reconstruyendo. Con El Ángel, la segunda entrega, el ritmo se volvía más frenético y era imposible, como sucedía con la anterior parte, apartar un segundo la vista del libro. era dejarlo y, sin apenas unos segundos de respiro, volver a cogerlo para saber qué sucedía a continuación.
Me atrapó de tal manera la historia que, al aparecer El Rey, el final de la trilogía, me entró ese pánico a presuponer que la tercera parte no estuviese a la altura (son demasiadas las veces que esto ha sucedido con otras sagas), que las expectativas hiciesen naufragar la lectura. Así que han tenido que pasar más de cuatro meses para tomar la decisión de leerla.
Y sí, el ritmo vuelve a ser igual de frenético, las imágenes muy visuales y los personajes, principales y secundarios, tan enigmáticos como atractivos. Y, perdonen la comparación, todos vuelven a recordarme a John McClane, el personaje interpretado por Bruce Willis en "La jungla de cristal", pues son capaces de sufrir y soportar decenas de tormentos, heridas y accidentes que, aunque mientras estás leyendo se acomodan a la propia historia, si te paras a pensar resulta , al menos, impactante.
Como suceden con los libros anteriores pasan muchas, muchas cosas, hasta tal punto que en más de una ocasión te ves obligado a parar y recapitular, con el miedo de que algo se te escape, algo que sea fundamental para entender el final de la historia. Pero si algo tiene Dazieri, a parte de lograr un ritmo trepidante y una concatenación de sucesos, es que logra que todo está perfectamente tejido, sin lagunas, logrando que el lector "vea" en todo momento lo que ha sucedido, lo que está sucediendo y lo puede o no suceder.
Eso sí, recomiendo a quien quiera aventurarse en el mundo de Colomba y Dante que empiece por el principio, es posible que los tres libros se puedan leer por separado, pero de saltarse alguna de las partes, se abrirán muchos interrogantes que ni las más completa imaginación logrará contestar.
Una trilogía compleja, que atesora mil vericuetos que, a medida que avanza la lectura se van enredando más y más, pero que el autor sabe desentrañar con la cordura y la precisión necesaria para que no resulte impostada.

sábado, 9 de mayo de 2020

TERRA ALTA. Javier Cercas



No suelo hacer mucho caso a los Premios Planeta, no sé si por desconfianza, o simplemente porque la obtención del Premio y la publicidad que ello conlleva me facilita la tarea de dedicar mi tiempo de lectura a otros libros que tenga que presentar a mis lectores.
De hecho en los últimos, digamos, quince años (posiblemente sean muchos más), únicamente me llamaron la atención, y por lo tanto su lectura, Riña de gatos y La marca del meridiano, de Eduardo Mendoza y Lorenzo Silva respectivamente. Claro está el papel destacado de sus autores a la hora de elegir su lectura: uno, por que es Mendoza... y otro, por que es Silva, y Bevilacqua y Chamorro, por encima de todo. 
Aunque, a fe de ser sincero, y repasando otros Premios Planeta de este siglo, hay más de uno que, pasada la inicial fiebre de la entrega de su galardón (y su suculenta cifra), me acompañaron en el tiempo de lectura.
Con Javier Cercas ocurría como con los dos antes mencionados, era el nombre del escritor, y sus libros antes escritos, lo que me atraía y predisponía a mis sentidos para poner todo de su parte en la lectura y, por encima de todo, borrar los prejuicios que suponía ser premiado.
Terra Alta rompe con la anterior narrativa de Cercas, aunque al poco que se profundizar en la lectura se descubren aspectos que la recuerdan. Desde el espacio físico en que se desarrolla la trama, la novela El monarca de las sombras finalizaba en esa región de Tarragona, hasta la reflexión histórica y moral que ambas narrativas comparten.
Sí, Terra Alta es una novela policíaca, donde el protagonista en un miembro de las fuerzas de seguridad, un Mosso d'Escuadra, de lectura ágil y llena de intriga, donde los giros continuos logran atrapar al lector y descubrir otras historias que se van gestando a medida que avanza la novela.
Historias que se van superponiendo, en realidad hay tres relatos distintos dentro de la narración, tres juegos que involucran tanto a Melchor Marín como al lector que revive los acontecimientos presentes y pasados. Pues a la trama principal, la búsqueda de los culpables del asesinado de los Adell, se suma la memoria del pasado del protagonista y el juego comparativo y reflexivo de la novela de Víctor Hugo, Los miserables.
La complicidad del relato metaliterario, la precisión e importancia del espacio físico en que suceden los acontecimientos principales, así como la propia historia de este y, por lo tanto, la particularidad que le confiere; y, por encima de todo, la atmósfera narrada que por momentos impide reconocer lo real de lo ficticio, consiguen crear una novela con varias lecturas, pero en las que sobresalen la importancia del pasado en el presente y su trascendencia en los actos de las personas. Y claro está, el eterno dilema entre la venganza y la justicia.
De este mismo autor: Las leyes de la frontera en este blog.

miércoles, 15 de abril de 2020

EL ÚLTIMO BARCO. Domingo Villar



No sé cuántos meses ha pasado El último barco en mi mesilla -ni en la pila de libros sin leer, ni en la estantería, ni siquiera sobre la mesa de trabajo, en la mesilla-, donde dos o tres libros me acompañan los últimos minutos del día. Meses sin decidirme a empezar a leer, a volver a sentir la compañía de Leo Caldas. A pesar de llevar diez años esperándolo, cierto respeto, o miedo a defraudar a un escritor que me ganó con solo dos libros escritos.
Sí, miedo a leer el libro con unos ojos distintos a los que tenía cuando conocí a Domingo Villar a través de La playa de los ahogados, a que el tiempo transcurrido haya cambiado al lector que hay en mí y no sea capaz de tener las mismas sensaciones de entonces.
Y es que si algo me dejó la lectura de aquella novela, y la posterior Ojos de agua, es que me encantaría compartir mesa y mantel con su protagonista. Disfrutar de una tertulia relajada y serena sentados en el Eligio o en cualquier taberna que se precie. Sí, ya sé que es poco serio y creíble pensar en compartir mesa con un personaje de ficción, pero eso solo lo pueden pensar quienes no son capaces de sumergirse en una historia como la que nos cuenta Domingo Villar (Por supuesto que a él también le hago partícipe del deseo de comer juntos), de acompañar al inspector Caldas por las calles de Vigo y alrededores, por sus playas, tabernas y puertos.
Más de setecientas páginas, se dicen pronto, en las que no sobra nada. Faltan, eso sí, asesinatos, bandas criminales, acción trepidante, intriga internacional. Pero es que no son necesarios. Domingo Villar construye una historia que atrapa, en la que entras como uno más, como un miembro al que se tiene en cuenta en todo momento y que puede mostrar siempre su opinión.
Y es que estamos ante una verdadera novela policíaca en el verdadero sentido de la palabra. Pues son el ya mencionado Caldas y el agente Rafael Estévez -imprescindible y cuya presencia refresca y asienta la historia-, no solo los protagonistas de la novela, sino quienes nos abren la puerta para que entren todos los demás y nos enseñen los espacios en que transcurre.
Leo Caldas recupera ese espíritu investigador clásico que no deja ninguna pista sin atender, por insignificante que parezca, que se equivoca, pero que sigue indagando ante cualquier indicio que se le presenta. Tenaz, astuto, ordenado y sagaz, invita al lector a participar en una investigación en toda regla, atando los cabos y echando mano de todos los compañeros, sean o no policías, que pueden ayudar a resolver la trama. Todos los personajes son importantes, por eso cada uno de ellos tiene su espacio y su atención, sin necesidad de muchos detalles el lector es capaz de percibir, incluso de hacer un retrato robot, de cada uno de ellos.
Una novela cristalina y ordenada, con una estructuración que roza la perfección y en la que los diálogos, inteligentes y acertados, son de lo más importante, hasta tal punto que en ellos se encuentran más detalles que en las propias descripciones. Magnífica y genial.

miércoles, 8 de abril de 2020

1793. Niklas Natt Och Dag



     Por regla general, cuando coges un libro, tienes cierta idea de lo que te puedes encontrar entre sus páginas. Incluso aquellos cuya lectura es fruto de un impulso; comienzas a leerlos sin saber porqué, únicamente hay algo de ellos que te llama la atención. Por suerte la mayor parte de las veces esa intuición es acertada y la lectura suele ser satisfactoria e incluso sorprendente.
Pero hay otros que aunque vienen precedidos de cierta aureola -no suelo hacer mucho caso de ello, pues me suelen defraudar, salvo que esta provenga de otros lectores o libreros que considero fiables-, llegan a tus manos sin más interés que ver qué es, o cómo está escrito. 
Bueno, lo primero que tengo en cuenta muchas veces es el sello editorial y, para qué negarlo, de Salamandra me fío. No sé si porque he acertado en las lecturas o porque el equipo editorial trabaja muy bien (quiero pensar que es esto último). Pero lo cierto es que han sido numerosos los escritores que he conocido a través de la editorial. De manera rápida se me ocurren: Sándor Márai, Philippe Claudel, Andrea Camilleri, Khaled Hosseini, Laurent Gaudé, Zadie Smith y J.K. Rowling. Por no hablar de uno de los mejores libros de la historia de la literatura: El Principito.
Pero vamos al libro que nos ocupa, un libro cuya presentación en sociedad estaba condensada en dos frases demasiado pretenciosas: "La novela que ha revolucionado el thriller histórico y triunfa en toda europa". Algo que, en principio, me hacía desconfiar, pues a parte de existir mucha diferencia entre el gusto lector de los distintos países, el triunfo es muy relativo, ya que la mayor parte de las veces la contabilidad de los libros vendidos no se preocupa de la última pieza de la cadena, el lector, sino de las compras a las editoriales por las librerías. Pero estaba claro que algo me había llamado la atención, no sabría decir si el Estocolmo de finales del siglo XVIII o las ganas de conocer un nuevo escritor.
El caso es que comencé la lectura sin ningún tipo de predisposición ni influencia. Y cuando me quise dar cuenta había terminado la primera de las cuatro partes que componen la novela. Y tuve que tomar aliento, mirar que la realidad a mi alrededor era muy diferente a la que se mostraba en el libro, recuerdo incluso que tuve que abrir la ventana y sentir el fresco de la noche para respirar bien y airearme. 128 páginas sin descanso, cerrando de vez en cuando el libro para apartar ciertas imágenes, y atrapado completamente por una historia oscura, con escenas brutales con la sensación de sentirme impregnado de la enfermedad y podredumbre de la ciudad en que se desarrolla.
De repente, en ese segunda parte, todo parece cambiar, como si el autor pretendiese dar un descanso. Aunque en seguida las cosas vuelven a sumergir al lector en el mismo ambiente, aunque desde otro, otros si sumamos la tercera parte, de punto de vista.
Niklas Natt Och Dag dibuja un fresco perfecto de la situación de Suecia en una época convulsa, cuando los ecos de la Revolución Francesa se perciben como un peligro entre las clases dirigentes, mientras que el pueblo, sumido en la pobreza y el hambre, solo tiene una misión: subsistir. La vida  en la calle, la suciedad, la crueldad, la muerte se dan la mano en todo momento para crear un ambiente opresivo, donde la enfermedad, el alcoholismo y la muerte son el pan de cada día. Y lo vemos a través de los ojos de los protagonistas principales: el abogado Cecil Winge, cartesiano y enfermo de tifus, y Mickel Cardell, veterano de guerra y vigilante; pero también  de Blix y Anna Stina que nos muestran universos totalmente distintos pero que permiten perfilar los diferentes ambientes que componen en día a día de Estocolmo en 1793.
Las tabernas, los cementerios, los orfelinatos, las cárceles de mujeres, los prostíbulos de lujo, la calle y un sinfín de espacios distintos dibujan una novela violenta, con escenas brutales y crueles y un atmósfera asfixiante en la que gracias al aura de misterio alrededor de la trama principal el lector disfrutará de cada página, de cada descripción, de cada palabra...


sábado, 4 de abril de 2020

MUERTE A CONTRARRELOJ



En algún momento de los últimos años quise leer Los usurpadores, pero me costó centrarme tanto que aún se mantiene desde entonces en la estantería de los no leídos. Aunque no suelo leer las sinopsis por cuestiones obvias, me he acostumbrado a que en demasiadas ocasiones no se ajustan a la realidad, en algún lugar leí que además de crear novelas con amplias dosis de intriga Jorge Zepeda Patterson poseía una escritura destacable.
Así que al llegar a mis manos Muerte contrarreloj me asaltaron las dudas de aquella lectura iniciada y no finalizada. Más aún cuando creía recordar que la manera de usar el lenguaje del mexicano era parte de la causa de aquella lectura interrumpida. Pero claro, una novela de intriga y encima en el Tour de Francia en un año en que, como todas las competiciones deportivas, está en entredicho, me hizo decidirme a pensar en el libro como una opción que no podía dejar escapar.
Las reticencias de su anterior obra, que tengo claro ahora que leeré más pronto que tarde, eran inferiores a mi pasión por el ciclismo, en especial por la ronda gala que me ha hecho más llevaderas las tardes del mes de julio desde, al menos, treinta y dos años. O las noches, si el trabajo me obligaba a posponer el visionado de las etapas. Así que cogí el libro con el ansia de ser partícipe no solo de la competición, sino de los entresijos de la carrera.
Desde la primera página quedé atrapado por la prosa de Zepada Patterson, por las descripciones de cada uno de los personajes, en especial de Marc Moreau, el protagonista y narrador de los acontecimientos que transcurren durante el Tour de 2016, pero también de su evolución como ciclista.
En ningún momento me pude imaginar que el autor y su narrador lograran atraparme de tal manera que buscase los momentos más inusitados para seguir la lectura, para participar en cada una de la etapas de la ronda y tener que frenar mi voz para que no estallase en voces de aliento cuando las bicicletas se ponían a rodar.
Pero no solo eso, he recorrido las cimas más carismáticas de Tour de la mano de uno de los más destacados escaladores, sino que he vivido, desde un pedestal inimaginable, los entresijos de la carrera, observando de manera privilegiada a todos los miembros de los equipos, no solo corredores, sino también directores y equipo técnico, auxiliares, masajistas, mecánicos, inspectores...
Por si todo eso fuera poco en todo momento he puesto cara, y piernas, a buena parte de los miembros del pelotón, descubriendo a ciclistas en activo, o al menos eso he creído (sin pretenderlo en ningún momento) durante toda la lectura. Hasta tal punto que me he visto obligado a escribir una vez distanciado en Tour, a que se enfriasen buena parte de las sensaciones que transmite la carrera, para tratar de enfriar el cúmulo de sensaciones que se produjeron una vez finalizada la lectura que se produjo apenas unos días antes del inicio de la carrera del último año.
Pero es que además he vivido la lectura con pasión -no digo que pedaleando, pero casi-, esforzándome en las subidas y ajustando el manillar en las peligrosas bajadas. Mirando en todo momento con desconfianza a los rivales y olvidándome, por suerte, de los pinganillos que impiden que el deporte se desarrolle con las estrategias intuitivas de antaño.


sábado, 28 de marzo de 2020

KM 123. Andrea Camilleri


Hace 11 meses recorría Sicilia en un viaje que bien se podía interpretar como el de la búsqueda de Andrea Camilleri y su Vigata. El rastro del creador de Montalbano estaba presente en muchos de los escenarios recorridos y las imágenes de muchas lecturas iban apareciendo a medida que se sumaban los kilómetros. El carrusel de las confusiones (La giostra degli scambi) se me convirtió en mi compañero de viaje -aunque habría que decir compañeros, pues tanto la traducción al español como el original en italiano me llevaban de la mano por las carreteras de la isla-, intentando descubrir en cada pueblo, en cada calle y en cada rostro lo que el maestro agrigentino me había enseñado en sus muchos libros.
Camilleri ya estaba enfermo, tenía 93 años, pero acababa de llegar, apenas un mes antes, a las librerías su última novela: Km 123. Como fueron varios los libros protagonizados por Montalbano los comprados, este último título quedó a la espera.
Una espera que no se retrasó mucho, pues pocos meses después, tres para ser exactos, la Editorial Destino lo editaba en España, lo que lo convertía en una especie de homenaje al escritor.
No, el Km 123 no se refiere a ninguna carretera siciliana, sino al kilómetro mencionado de la Vía Aurelia de Roma y en el que Camilleri despliega toda su maestría como escritor y guionista. Hasta tal punto que esta novela de enredos, este rompecabezas de lectura fácil y dinámica, se puede leer de una sentada, casi sin pestañear.
Pero hay algo que te frena, que te obliga a leer con más parsimonia, saboreando cada detalle, cada frase, cada personaje que narra su propia visión, intentando que nada se te escape y seas capaz de entender los juegos de palabras y el doble sentido de muchas de ellas. Eso sí, junto a la intriga que produce el puzle de la propia historia, está la perfecta ironía, casi cinematográfica, que despide cada una de sus páginas y esa sensación de estar junto al escritor y no saber, si éste se ríe de ti o contigo.
Una narración inteligente, capaz de dar la vuelta a los acontecimientos con cambiar el timbre de la voz. Y es que son muchas las voces que nos "cuentan" la historia, tantas como personajes que la componen, dibujando tantas escenas como cada uno es capaz de madurar con sus palabras, sin necesidad de narrador que trate de jugar con el lector.
Camilleri vuelve a mostrarnos el mejor camino para leer, el juego inteligente que forman sus palabras y con ellas una trama ingeniosa y divertida. Con una sonrisa en los labios y el asombro marcado en el rostro es fácil de imaginar el espíritu del escritor siciliano que, no conformándose con la novela escrita y trabajada (aunque parezca una narración corta, o incluso un relato, denota la maestría de quien pule y enluce el texto, exprimiendo la literatura para que lo superfluo no llegue al lector), sino que aporta, con un fantástico epílogo, un alegato en favor de la novela negra.
"Defensa de un color" es un homenaje de Camilleri a la novela policíaca que en Italia están asociadas al "giallo" (amarillo), ya que el editor Mondadori, ya en 1929, creó una colección dedicada al género. Un texto en el que despliega una profunda admiración por todos aquellos que, a lo largo de la hitoria de la literatura, han regado con sus textos llenos de misterio e intriga.

domingo, 22 de marzo de 2020

LA ESTRATEGIA DEL COCODRILO. Katrine Engberg


   No estoy acostumbrado a recibir regalos en forma de libros, y menos que estos hayan sido adquiridos en mi librería, así que cuando esto se produce saboreo sus páginas en honor de quien me los ha regalado, sabiendo es importante.
Lo primero que debo señalar es que a pesar de la amplia selección de novela nórdica que ha llegado a nuestras librerías en los últimos años (a Dinamarca se le incluye dentro de este baremo) no recuerdo haber leído a escritores daneses en los últimos años salvo Sissel-Jo Gazan. Ni anteriormente, pues salvo Sven Hassel-mantenía las nacionalidades alemana y española, además de la danesa-, cuyos libros sobre la Segunda Guerra Mundial poblaban las bibliotecas, y las casas, hace cuarenta años y, por supuesto, Hans Christian Andersen, pocos son, al menos de manera consciente, los libros de autores daneses que han llegado a mis manos.
La estrategia del cocodrilo pertenece a la colección Maeva Noir, por lo tanto no hay que pensar mucho para percatarse del género al que pertenece la novela, lo que, junto con las cuatro primeras páginas que componen el prólogo, resulta muy sugerente para el lector que busca unos momentos entretenidos. No voy a negar que antes de nada debo apartar los prejuicios que tengo -salvo contadas excepciones y que fácilmente se pueden comprobar en este blog- con los escritores y escritoras de novela negra escandinavos. No porque no me gusten sus tramas y sus desarrollos, ni siquiera por el problema que a veces suponen los nombres propios y los topónimos, sino por esa especie de moralina que intentan mostrar los autores, por esa necesidad de abordar, a veces con excesivas demostraciones de la realidad, los problemas que padecen en sus diferentes sociedades.
Sí, es cierto que en La estrategia del cocodrilo también se abordan una serie de problemas que provocan los embarazos no deseados en los más jóvenes, pero también que la autora no trata de evangelizar ni llenar de ejemplos, sino que forma parte de la propia trama del libro. Incluso la problemática personal que parece suelen llevar siempre consigo las fuerzas de seguridad de los países escandinavos son, en esta ocasión, apenas insinuadas en las figuras de los inspectores Jeppe y Anette, en especial el primero que aún no se ha recuperado de una dolorosa separación.
Katrine Engberg, de quien no creo se haya publicado más obras en España, construye una muy buena novela, enganchando al lector con unos acontecimientos sencillos, pero inquietantes, mostrando unas cartas que incitan a sentarte en la mesa y jugar. Deja los subterfugios para más tarde, cuando los acontecimientos se van complicando, pero sin abandonar en ningún momento la sinceridad. Como lector odio que las casualidades resuelvan las intrigas, que las coincidencias inexplicables aclaren las dudas de los protagonistas, que la insignificancia de una palabra solucionen el embrollo en el que se ha metido el escritor; no me gusta, nada, que el narrador juegue conmigo como si mi edad fuese muy inferior a la suya, al contrario, disfruto cuando el escritor me invita a ser partícipe del juego, cuando visualizo todo los que está aconteciendo en la novela. No pretendo alterar nada de lo que en ella está sucediendo, al contrario, me gusta poder advertir, insinuar, equivocarme, aparcar por unos instantes el libro e imaginar que puede suceder después.
Y todos estos deseos son los que Katrine Engberg me permite conseguir en su novela, pues atrapa sin brusquedad, te va metiendo en la historia poco a poco, sin importarte en ningún momento no ser capaz de recordar el nombre de los barrios, las calles y las plazas de Copenhague. Y, lo que es más importante, te mantiene en vilo durante toda la lectura, sin cansancio ni altibajos, impidiéndote dejar, apenas unos minutos, las páginas del libro. No he tenido la conciencia de estar enganchado a él, pero tenía la extraña necesidad de conocer cómo iban a descubrirse los distintos acontecimientos que, como debe ser normal, no voy a mencionar.
Gracias Maite por el regalo de esta lectura.

viernes, 1 de junio de 2018

LA TENTACIÓN DEL PERDÓN. Donna Leon


Cada caso del comisario Brunetti es como volver a ver a la familia tras un largo periodo invernal. Hasta tal punto que al finalizar su lectura he notado la ausencia de Raffi y Chiara, los hijos del comisario, y la poca presencia de Paola, su mujer. Es cierto que la historia no los hace necesarios, pero me he acostumbrado tanto a sus diálogos y a sus apariciones durante los momento de "descanso del guerrero", que era inevitable tenerlos presentes durante muchos momentos, en especial en aquellos en los que Brunetti se siente más desbordado por los acontecimientos. Incluso otro personaje imprescindible como es Vianello, la mano derecha del comisario, tiene menos presencia que en las anteriores entregas. Será la también comisaria Claudia Griffoni la que ocupe buena parte del espacio perdido y quien se hará imprescindible para el desarrollo de la historia.
Donna Leon vuelve a trasladarnos a la Venecia actual en la que se conjugan el agobio del turismo masivo y la corrupción generalizada que azota a toda Italia. Y lo hace con sencillez, con la naturalidad con la que las soportan los protagonistas; así que es fácil hacerse una idea de los problemas que tienen que aguantar los ciudadanos en general y los miembros de la policía en particular.
Gracias a Brunetti recorremos sus canales y sus calles, ese día a día que se aleja, y mucho, de las guías turísticas. Los palacios habitables, las casas, los bares, los restaurantes y los edificios públicos son escenarios habituales por los que transitan los personajes. Y como siempre, no vamos a encontrar crímenes sangrientos ni grandes grupos delictivos, sino sucesos corrientes en los que se ven involucradas las fuerzas del orden.
Con una escritura ágil y sin artificios la escritora sitúa al lector en la historia con una naturalidad impactante, hasta tal punto que se ve inmerso en plena trama casi sin percatarse. Aún no se ha despejado ninguna incógnita, ni siquiera está clara la situación que investiga Brunetti y, sin embargo, ya conocemos los pasos dados por los protagonistas en los últimos días, como si los hubiésemos seguido en secreto. Y es que Donna Leon ha logrado que todos sus personajes, da los mismo que aparezcan por primera vez o sean acompañen varias de sus novelas. tienen una fuerza especial, una intensidad vital que parece escaparse de las páginas del libro.
En La tentación del perdón logra, además, mantener la tensión narrativa durante toda la lectura, aunque, para qué negarlo, poco importa el resultado de las investigaciones, sino cómo estas se llevan a cabo. Eso sí, queremos que la justicia, encarnada en la figura del comisario, triunfe siempre, a pesar de que este no esté tan seguro de ello y que los años le hayan creado un poso de incertidumbre hacia la propia sociedad que defiende.
Una novela entretenida, que mantiene al lector sujeto en todo momento a la narración sin que esta pierda intensidad y que seguro atrapará tanto a seguidores de la serie como aquellos lectores que accedan a esta por primera vez.
Para ver más entradas de la autora en este blog: Muerte entre líneas  y El huevo de oro.

miércoles, 18 de abril de 2018

VIENTOS DE CUARESMA. Leonardo Padura


Hace pocas fechas aparecía por fin la última de las novelas de Leonardo Padura La transparencia del tiempo. Así que era la compañía perfecta para un viaje a La Habana, pero al ser novedad, su peso y tamaño no lo presentaban como la mejor de las compañías. Había pues que buscar alguno de sus anteriores trabajos y qué mejor que hacerlo con la segunda entrega del todavía teniente investigador Mario Conde (la primera había sido Pasado Perfecto), Vientos de cuaresma.
Con ella no solo volví a sumergirme en una novela policíaca con reminiscencias a Hammett, Chandler, Sciascia y Vázquez Montalbán, sino que de inmediato tuve ante mí la ciudad de La Habana. Con su hermosura y decrepitud, con su pasado y su presente y, por encima de todo, la nostalgia de cada uno de sus rincones.
Y es que Mario Conde recupera las más destacadas características de la novela negra, desde su propio personaje: desinhibido, vividor, desordenado, con las adicciones políticamente incorrectas que suponen el alcohol, el tabaco y, como no, el sexo. Hasta los escenarios por lo que se mueve y los personajes que poco a poco se van asomando y que adquieren un protagonismo que sirve siempre para que el propio Conde crezca a medida que se suman las páginas.
Amistad, música  (también el ron  el tabaco y las  mujeres ), y con la dosis de intriga necesaria para atrapar al lector ávido de historias interesantes y bien contadas, componen un trabajo bien hilvanado, con la presencia justa de cada uno de sus componentes. Sin olvidar, claro está, el apartado gastronómico que acerca al lector a la exquisitez de los platos, sin olvidar en ningún momento, la escasez y falta de suministro de algunos ingredientes, así como el racionamiento en la isla.
Padura no solo te acerca a La Habana Vieja, a sus personajes y sus circunstancias, sino que te introduce en el día a día de una ciudad con vida que se resiste a perder parte de su esencia. Su manejo del lenguaje, del ritmo narrativo y de cada uno de los personajes, hasta los que parecen menos representativos, le permitió crear una historia de grandes dimensiones, aunque su tamaño parezca decirnos lo contrario.
Conde, el Flaco Carlos, Josefina, Manolo, Karina y cada uno de los múltiples actores de Vientos de cuaresma son la antesala de lo que ha sido,  en parte es, Cuba, de sus ansias y sus desvaríos, de su pasado y su presente. No hay que olvidar que han pasado más de quince años desde su publicación, pero aún así es fácil descubrir que comparten el mismo aroma y la misma musicalidad, por no hablar del aire cálido del sur que sopla durante la primavera cubana y que, como todas las variaciones climáticas, afectan a los habitantes que las padecen.
Una novela de un escritor con mayúsculas (Premio Café Gijón 1995,  Premio Dashiell Hammett 2005, Premio Raymond Chandler 2009, Premio Nacional de Cuba 2012 y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, entre otros) que no solo construye novelas, como Vientos de cuaresma, llenas de intriga y vitalidad, sino que perfecciona el arte de la escritura de tal manera que en ellas se descubren los más destacados componentes de la literatura en castellano.

lunes, 6 de febrero de 2017

TATUAJE. Manuel Vázquez Montalbán


Ocho meses sin publicar en el blog son muchos meses, y no porque no existieran lecturas gratificantes que me incitaran a escribir, que las hubo, e incluso se escribieron; pero no veía el momento de publicarlas.
Ha tenido que ser la reedición de un clásico de la literatura española del siglo XX para sentir la necesidad de expresar la satisfacción de una lectura, o mejor podríamos hablar de relectura. 
Puede que sean diecinueve o veinte los años, allá por el 1997, los que llevaba sin leer a Vázquez Montalbán, al menos a su personaje Carvalho, justo cuando se publicó una edición conmemorativa  de los 25 años del detective gallego-barcelonés (Un ejemplar de esta edición de "Asesinato en el Comité Central" lo tengo en mi biblioteca con el lujo de estar firmada por el autor con las palabras: "...este libro casi profético"). Pero la nueva colección me atrajo sobremanera y me dispuse a volver a leer, al menos, los primeros ejemplares de la saga.
Ninguna elección ha sido más acertada, al menos en los últimos meses. No solo he disfrutado de su lectura, de sus descripciones, de su manera de narrar y mostrar cada uno de los escenarios y acontecimientos, sino que me he sentido trasladado a la propia historia, buscando, como hacía tiempo que no sucedía, un minuto para continuar con la lectura.
No voy a descubrir a estas alturas la figura de Vázquez Montalbán, de hecho ya fue premiado en vida con numerosos galardones; desde el Planeta, el Premio Nacional de Narrativa. el Prix International de Lettérature Policière o el Premio Nacional de las Letras Españolas. Pero sí a mostrar la satisfacción de una lectura convincente, entretenida y ágil. Una novela que mantiene su frescura inicial, amena, ya que no se pierde en moralinas ni demostraciones de conocimientos vacuos que en nada benefician a la trama.
Por supuesto que los 43 años no han pasado en balde y muchas de sus referencias forman parte de nuestra historia y nuestra memoria. La Barcelona de los años 70 del siglo pasado, en este caso incluso el Ámsterdam de aquella década, difiere mucho de la actual, pero ya en las primeras páginas nos vemos involucrados en la época. Vázque Montalbán sabe, como nadie, dibujar con precisión lada uno de los escenarios en los que se mueve Carvalho, sin necesidad de llenar páginas y páginas en descripciones pormenorizadas.
El autor nos describe personas y lugares con las palabras justas, con esa precisión de quien quiere seguir la historia segundo a segundo, intentando no perder el mínimo detalle. Sí, claro que hay momentos en los que, además de la propia intriga, se va creando el propio personaje, sus fobias y filias. Pero todo sucede en su justa medida, desde el disfrute gastronómico o la quema de libros cuando corresponde. Incluso esta acción que en otro personaje podría parecer casi sacrílega, en Pepe Carvalho se siente como necesaria, así como aquellas reflexiones que suelen acompañarle.
Una novela fresca, amena, que mantiene al lector pegado al libro en todo momento, que hace sonreír gracias a la fina ironía que maneja, en especial en algunos diálogos, sin que ello nos aparte del principal reto a que se ve sometido el detective. En este caso poner rostro al cuerpo desfigurado que se ha encontrado en la playa.
Un monumento a la novela negra, o al menos lo que algunos entendemos como novela negra y de intriga, con aroma a los clásicos del género, no faltan los guiños e incluso las menciones; perfectamente escrita, habría que dedicar un espacio entero al perfecto uso del lenguaje, y que en la actualidad resultaría políticamente incorrecta, además en todos los sentidos. 
Vázquez Montanbán nos introduce, sin pudor alguno, en pleno Barrio Chino, tal y como se entendía en el siglo pasado, claro está, en medio de la prostitución, en un mundo donde la violencia es pan de cada día y donde cada persona ocupa su lugar en la sociedad. La novela se convierte en un perfecto fresco de lo que era la sociedad y la política catalana de la época.

domingo, 13 de marzo de 2016

LA VÍSPERA DE CASI TODO. Víctor del Árbol


Desde el instante en que escuché que el Premio Nadal 2016 iba emparejado al nombre de Víctor del Árbol tenía bien claro que iba a estar impaciente hasta su aparición. De hecho,  he tenido mucho tiempo la sensación de que se retrasaba en exceso. Ni siquiera la exagerada expectativa me obligó a retrasar su lectura, carente de toda prudencia comencé su lectura nada más llegar a mis manos; eso sí, es ahora, mientras escribo, cuando observo con detenimiento la portada del libro que, hasta ahora, había pasado inadvertida y, debo reconocerlo, me atrae más la parte superior que la inferior.
Con Un millón de gotas  descubrí un narrador inteligente, con una prosa embriagante que lograba mantener ocultas entre sus palabras lecturas diferentes, con unos personajes tan perfectamente creados que parecían transportar la carga que solo ofrece una vida real. Así que no dudé un instante en buscar lecturas anteriores como La tristeza del samurái y Respirar por la herida, libros que me convencían del valor de la prosa de Víctor de Árbol.
En La víspera de casi todo los personajes vuelven a cobrar una importancia tal que la trama parece pasar a segundo plano, que logra que te sumerjas en cada uno de ellos, en su presente y su pasado, como si la información dada por tu imaginación supera con creces la dada por el narrador. Cuando vuelves al libro, después de una pausa, tienes la sensación de conocer a cada uno de ellos, en espacial a las mujeres, antes incluso de comenzar a leer el libro. Como si la lectura, ya desde el inicio, hubiese despertado recuerdos de los que no eres consciente.
Será también el juego que mantiene el autor a lo largo de las más de cuatrocientas páginas entre pasado, presente y futuro, siempre con la culpa y la venganza como un motor nada desdeñable de las distintas acciones de los protagonistas, uno de los mayores atractivos de la novela. En cada página el narrador nos dibuja a unos seres que se debaten entre su propia supervivencia y los que les rodean, o han rodeado, pero siempre fruto de los golpes que han recibido anteriormente, como si la violencia más dolorosa no fuese la presente si no la que aconteció en el pasado.
Víctor del Árbol es el artífice de una atmósfera opresiva que impregna todo, desde los escenarios y paisajes en que se desarrolla la acción, hasta los pensamientos y acciones de los propios personajes. En muchos momentos el lector debe apartar la vista del libro para tomar oxígeno, para distanciarse de la trama que está leyendo, pero siempre sin que la mente sea capaz de ausentarse de esa historia, o historias, que logran atraparle. No importa que el narrador mantenga el mismo tono de voz para cada uno de los cinco protagonistas principales, al contrario parece ayudar a que la lectura sea más pausada, no tanto por evitar vacíos que sean indispensables para el desarrollo de la historia, como para disfrutar de todo su contenido.
En La víspera de casi todo el dolor se adueña de cada una de las páginas, pero un dolor no exento de belleza, no tanto en la descripción de la violencia en sí, como en el espacio físico en que se desarrolla. Un dolor que sirve para componer la historia de cada uno de los cinco personajes.

domingo, 31 de enero de 2016

ROSY & JOHN. Pierre Lemaitre


No lo puedo negar, me he vuelto un "lemaitreadicto". Me sedujo Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013), me turbó Vestido de novia y me atraparon Irène y Alex, además de presentarme a un personaje tan especial como es el comandante Camille Verhoeven. Así que a la espera de la aparición de la tercera entrega, Camille, bien sonaba una breve novela, de poco más de 150 páginas, que contaba no solo con el mismo protagonista, sino que sucedía en el tiempo justo después de los sucesos de Alex.
Así que en el momento que llegó a mis manos tenía bien claro que iba a imponerse a las lecturas que tenía en esos momentos. Con pausa y los nervios necesarios para que la emoción no me hiciese perder la realidad comencé una lectura calmada, atenta y llena de sensaciones.
De nuevo volví a sentir esa atmósfera opresiva que tanto caracteriza al escritor francés, una atmósfera que esta vez parece desaparecer tras los primeros acontecimientos. Aunque, eso sí, también tuve que aguantar la respiración en varias ocasiones ante lo que iba a suceder.
Fiel a su estilo, Lemaitre atrapa prácticamente desde la primera frase (no niego que la sugestión tenga también algo que ver), intuyendo el lector que algo de graves proporciones está a punto de suceder, como si se escuchase de fondo una música rítmica que poco a poco va ganando intensidad, logrando que el espectador-lector vaya inquietándose aún más.
Vuelven a ser los personajes uno de los puntales principales de la narrativa, cada uno de ellos se asoma en su justa medida y son ellos y sus actitudes las que van marcando los tiempos de la propia lectura, acelerando y reduciendo para que el lector tome el aire suficiente y se prepare para ese final que se presenta inquietante. Y esto sucede casi desde la primera página, su pequeño tamaño nos remite casi de inmediato a la fatalidad de un inminente desenlace.
Eso sí, aquí encontramos un Camille Verhoeven mucho más calmado, que apenas logra impregnarse del desconcierto general, sigue calculando cada uno de los movimientos de Jean-John, observando con detenimiento cada gesto y cada respuesta. Ingenuidad, maldad, osadía o locura; la mente con la que se tiene que enfrentar el comandante es esta vez más enigmática y desconcertante.
El lector es testigo en todo momento de los hechos narrados, de los pasos que dan las fuerzas de seguridad para resolver el alarmante caso que tienen entre manos. Acompañará a Camille, y su insustituible Louis, a lo largo de tres días narrados casi al instante, siendo consciente de que el tiempo corre en su contra y notando como el tiempo pasa inexorablemente.
Una novela de intriga, con la tensión suficiente como para que resulte imposible apartarse de sus páginas. Algo más que un puro entretenimiento, aunque este esté asegurado, una narración que muestra más de lo que cuenta, que inyecta en el lector imágenes que son ajenas al texto pero que, inevitablemente, este construye en su subconsciente.

lunes, 25 de enero de 2016

EL SECRETO DE LA MODELO EXTRAVIADA. Eduardo Mendoza



Hay veces que no puedes evitar acudir a una lectura con ciertas dudas, con la extraña sensación de que puede no estar a la altura de lo que esperabas antes de tener el libro en tus manos.
Cada nuevo título firmado por Eduardo Mendoza me produce un reencuentro con pasadas lecturas, con momentos inolvidables y, por lo tanto, la sensación de poder encontrar de nuevo sensaciones que no todos los días se producen.
Pero claro, cuando escuchas y lees que en esta ocasión el escritor barcelonés no está a la altura de otros de sus escritos, te asalta la incógnita de si corre peligro mi identificación con la narrativa de Mendoza. Al final reconozco que me da lo mismo, que no me costaría mucho perdonarle cualquier ligero desliz en su fabulosa trayectoria.
Esto no implica que desde la primera página no me muestre exigente, que espere esa pluma irónica y sarcástica, donde lo irreverente vaya dibujando situaciones y personajes.
Sí, estaba al tanto de quién era el protagonista de la novela, el mismo personaje sin nombre que se presentó en El misterio de la cripta embrujada (1979) y cuyas andanzas continuaron tres años más tarde en El laberinto de las aceitunas. Un personaje que despertaba sonrisas nada más ser mencionado (a nadie nos importó su anonimato, incluso es más que probable que lo agradeciésemos a sentirnos todos los lectores participantes en un mismo secreto) y que volvió a aparecer en La aventura del tocador de señoras (2001) y El enredo de la bolsa y la vida (2012). Así que tenía buen claro a qué atenerme y tenía bien claro a lo que me iba a enfrentar.
Quizá el principal escollo que debía solventar era la cercanía de la última lectura -estaban demasiado presentes los acontecimientos acaecidos en aquella como para no ser tenidos en cuenta-, de las imágenes del final de una nueva aventura descabellada, entretenida y llena de humor. Pero en la primera página somos conscientes de continuamos en el mismo punto donde dejamos la historia.
Nada más comenzar a leer nos vemos inmersos en el ritmo disparatado que impone el protagonista, nos convertimos en su sombra, somos partícipes de cada una de sus descripciones, de sus divagaciones, como si lo que tuviésemos en nuestras manos no fuese otra cosa que un diario del que vamos extrayendo pensamientos y recuerdos.
Y la novela vuelve a tener ese ritmo frenético que caracteriza a Mendoza, el lector tiene que frenar el impulso de correr en exceso, de pasar las páginas con la misma rapidez que se suceden los acontecimientos, con el peligro que supone el perder esos pequeños detalles que generan situaciones tan caóticas como intrigantes. Ahí radica parte del éxito del autor, conseguir que la lectura se desboque y se frene casi de inmediato, que obligue al lector a recomponerse, a volver sobre sus pasos, no a releer lo anterior, si no a recuperar escenas sucedidas instantes antes.
Todo queda en la mente, pero hay que estar atento a esas situaciones a las que el protagonista dedica más tiempo, a esa mezcla de descripción y crítica de lo que, según su especial percepción, tiene un significado que se le puede escapar al lector.
La fuerza del personaje, nos sigue dando lo mismo desconocer su nombre, sus pensamientos, su forma de explicarse e incluso su físico, aparecen dibujados en nuestra mente con total nitidez, como si fuésemos capaces de reconocerle en cualquier escenario o en cualquier texto. A ello hay que sumar la agilidad de la lectura, en una narración que atrapa y que resulta sumamente entretenida. Todo va encajando a medida que pasan las páginas, disfrutando de todo momento, en especial de ese cambio temporal en el que resuelve la trama.
De nuevo el surrealismo que compone la novela nos engancha con la misma facilidad que pasa de la ironía a la crítica, a buscar explicaciones insospechadas que muestran un universo de la capital catalana que no aparece en otras novelas en la que es el escenario principal.
Puede que no sea la mejor novela de Mendoza, pero nadie puede negar la satisfacción que produce su lectura, la sonrisa que consigue en el lector. Quizá haya menos carcajadas que en otras novelas de la serie, pero en todo momento mantiene un humor y esas dosis de intriga necesarias para disfrutar de todo lo que va sucediendo.







domingo, 14 de junio de 2015

LA PUERTA DEL CIELO. Reyes Calderón



Reyes Calderón nos ha acostumbrado a novelas llenas de intriga, de lectura fácil y cómoda, en las que el lector no tiene que hacer más esfuerzo que dejarse llevar por una trama bien urdida y en la que todo resulta tan creíble como sincero.
La autora atrapa al lector desde la primera página, con un inicio vertiginoso en el que no dejan de sumarse un buen número de incógnitas. Por supuesto que el breve prólogo señala los indicios de lo que tenemos entre manos, pero es al inicio del primer capítulo cuando sucumbimos a los acontecimientos de la mano de un profesor de instituto de Lugo, Gerardo Vilela, que nos guiará por una suerte desigual de acontecimientos asombrosos y desafiantes.
No, no estamos ante una novela al uso de Reyes Calderón, sigue faltando la Juez del Tribunal Superior de Navarra Lola MacHor, donde la intriga pertenece al género policíaco propiamente dicho. La Puerta del Cielo nos acerca a lo desconocido, a esas parcelas que la mente que entran en conflicto con nuestras creencias.
A medida que se avanza en la lectura van apareciendo un buen número de interrogantes de los que no será ajena la religión. El cielo, el infierno, el demonio y un montón de hechos inexplicables sumergen al lector en un universo tan sorprendente como adictivo. Es cierto que en más de una ocasión este se planteará muchas preguntas sobre lo conveniente o no de la lectura, si el género al que representa el libro tienen o no algo de las novelas de intriga que caracterizaron a la escritora, pero nada frenará el ansia de conocer que va a suceder a continuación.
Además, la fuerza de cada uno de los personajes que van apareciendo va engrandeciendo la historia, consiguiendo que cada capítulo aumente en intensidad, con una serie de giros que logran sorprender al lector, de manera que este se prepare para cualquier contingencia o suceso inesperado.
De acuerdo que La Puerta del Cielo es una novela extraña, que nos adentra en el mundo de lo esotérico, que nos invita a plantearnos interrogantes sobre la existencia o no del cielo, del demonio y de las fuerzas oscuras que tratan de entorpecer el camino del hombre. Pero la destreza narrativa de Reyes Calderón logra que nos sintamos cómodos e intrigados de principio a fin.

viernes, 1 de mayo de 2015

EL EFECTO MARCUS. Jussi Adler-Olsen



Que disfruto con la saga del Departamento Q lo dice el hecho de haber leído todas las entregas y, además, en el orden en que fueron publicadas. Desde la aparición de La mujer que arañaba las paredes hasta esta quinta entrega las peripecias del inspector Carl Morck y sus ayudantes Assad y Rose me han hecho disfrutar de tal manera que, desde el momento que he tenido noticias de la aparición de otra de las novelas no he visto la hora de tenerla en mis manos, aparcando las lectura que tenía entre manos para sumergirme en el nuevo caso.
Los chicos que cayeron en la trampa, El mensaje que llegó en una botella y Expediente 64, junto con la primera y esta última entrega, completan una serie de lecturas totalmente adictivas, en las que de principio a fin te sientes involucrado y parece que acompañes a los protagonistas en cada una de sus páginas.
No voy a negar que esta última novela me ha resultado más extraña, lo que no quiere decir nada en su contra, ni mucho menos, teniendo en cuenta la cantidad de acontecimientos que suceden hasta que nuestros personajes principales, el trío de policías que conforman el Departamento Q, aparecen. La novela avanza a buen ritmo y parece que la historia nada tiene que ver con Morck y los suyos. Pero resulta raro tener en tus manos la novela y no comprobar, casi desde el inicio que está pasando por la cabeza del protagonista, sobre todo cuando tras la anterior aventura algo, que por supuesto me niego a contar, había sucedido.
A pesar de esto, que posiblemente solo aparece en la mente de quien tiene muy presentes las entregas anteriores, ya desde las primeras páginas la historia, o mejor dicho, las historias te absorben de inmediato y no cuesta nada vislumbrar los escenarios que se van dibujando, ya sea en las selvas de África Central o en las calles de Copenhague.
No hay duda que Jussi Adler-Olsen se ha convertido en algo más que un creador de novelas policíacas de misterio y un narrador de éxito tanto dentro como fuera de su país, gracias a los temas escogidos se ha convertido en un referente en hacer autocrítica sobre la propia sociedad danesa, hasta tal punto que no resulta extraña la reflexión y la posible traslación de situaciones a cualquier otro país europeo. En esta ocasión no solo nos acerca al mundo de la corrupción política y el robo de fondos destinados al tercer mundo, sino que nos sumerge en el mundo de la inmigración ilegal y de las bandas de jóvenes que son usados para delinquir en Copenhague.
La perfecta recreación de la sociedad danesa (de los errores y aciertos que en ella se producen a diario) y sus escanarios, la fuerza con que aparecen reflejados cada uno de los personajes (en especial, claro está los tres miembros del departamento Q y del joven Marcus que da nombre al título) y la vertiginosidad de la trama, crean una novela que deja sin aliento, que atrapa de una manera casi enfermiza. Hasta tal punto que en algunas de las persecuciones tienes que frenar tus ansias de gritar y alertar al acosado.
Una novela policíaca con mayúsculas, con malos (y malísimos) y buenos, con intriga y suspense, con la psicología necesaria para ver humanidad y arrepentimiento en lo más oscuro de la sociedad, con secuencias que harán la delicia de quien quiera llevarlas al cine. Una novela que invita a leer y olvidarse de todo lo que sucede alrededor. Jussi Adler-Olsen logra superar cualquiera de sus anteriores novelas, cosa que en las primeras páginas se antoja imposible, creando caminos que el propio lector, o la vida futura de los protagonistas, deberá recorrer y analizar, dejando que se produzca una interesante batalla entre la imaginación y el deseo de lo no contado.