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viernes, 31 de julio de 2020

RIÑA DE GATOS. MADRID 1936. Eduardo Mendoza



Qué mejor manera de celebrar este atípico Día del Libro en pleno mes de julio que recuperar una espléndida lectura diez años después y saborearla de una manera mucho más sosegada y pausada. 
Siempre tengo presente que un libro con el que he disfrutado debe tener, al menos en la mente, una segunda lectura, no buscando una revisión del momento que supuso la primera, sino con la idea de que hubo detalles que se pudieron escapar cuando aquella se realizó de manera casi convulsiva. No voy a negar que Riña de gatos supuso para mí un cúmulo de sensaciones y, por lo tanto, una situación que no se da con demasiada frecuencia: haber disfrutado con el autor momentos inolvidables. Tener la suerte de compartir el acto de presentación de la novela, Premio Planeta en 2010, y la posterior complicidad de un autor por el que sentía una profunda admiración, descubrir su talla como persona y, sobre todo, el cariño que nos demostró a los dos libreros, Pilar y yo, dejando lo protocolario para admitirnos en una conversación en la que demostraba no solo sus amplios conocimientos, sino también su humildad.
Cómo no coger con frenesí el libro en la soledad del hotel, cuando aún no se habían apagado los ecos de la velada, y sumergirme en el mundo sensorial que el autor dibujaba alrededor del Madrid de marzo de 1936. Y descubrir al mejor Mendoza, a su sarcasmo e ironía, al desparpajo a la hora de hacer de narrador de unos acontecimientos llenos de humor, de sorpresas, equívocos e historia.
Sentir la excentricidad de unos personajes barojianos, de unas calles y un ambiente que deja entrever los graves acontecimientos que iban a producirse unos meses más tarde. Pero también disfrutar de una historia, ser partícipe de unos acontecimientos llenos de acción y enredo, descubrir cómo mi mente, a medida que se sumaban las páginas, dibujaba con enorme claridad lo que el propio narrador me iba contando casi como en un susurro.
Pasar de la admiración a la sonrisa, del asombro a la carcajada, de los juegos literarios de nombres y situaciones a la búsqueda del siguiente paso de los protagonistas. Acompañar a Anthony por las calles de aquel Madrid, de sus actores y tratar de advertirle, de avisarle como si fuese un confidente, de las consecuencias de unos actos cada vez más sorprendentes, pero siempre creíbles.
Mendoza construye una novela llena de ingenio, con giros y sorpresas en cada página, una comedia llena de vida y que permite, por momentos, mostrar buena parte del artesonado de una ciudad en un momento fácilmente reconocible. Hay mucho de costumbrismo y narrativa popular, el autor logra dar vida a personajes de distinta índole, dotando a cada uno de una importancia tal que todos parecen, amén de imprescindibles, tan reales como excéntricos.
Pero sin duda alguna el mayor logro del autor es, además de construir una historia tan perfectamente perfilada como rematada, alejarse de cualquier atisbo de aleccionamiento; el narrador realiza su función con pulcritud, logrando en todo momento la acertada recreación de un Madrid que va a sentir en sus propias calles el terror de una guerra.
José Antonio Primo de Rivera, Sánchez Mazas, Fernández de la Cuesta, Franco, Molo o Queipo de Llano asomarán con mayor o menor prestancia en las páginas de un libro que nos acerca al costumbrismo de la narrativa popular. Un mundo hecho narrativa, lleno de enredos, a caballo entre la novela policíaca y la de espías, una tragicomedia que no deja indiferente al lector y que, durante muchas de sus páginas formará parte de la misma como un espectador de lujo.

viernes, 26 de junio de 2020

UN HIPSTER EN LA ESPAÑA VACÍA. Daniel Gascón



Cada vez me resulta más complicado encontrar títulos que logren despertarme algo más que una sonrisa. Es cierto que muchos de mis autores favoritos lo son por contar entre sus virtudes el perfecto manejo del juego irónico y suelen obligarme a estar más atento y, por que no decirlo, a sentirme cómplice con situaciones que se van gestando a lo largo de sus publicaciones.
Por eso suelen atraerme los libros que muestran la posibilidad de un humor tan necesario en todo momento, pero posiblemente más en estos extraños tiempos que nos ha tocado vivir. Por supuesto que muchos no logra llegar a la orilla de sus pretensiones y a las pocas páginas las ocurrencias y las situaciones divertidas dejan de serlo por repetitivas o falta de ingenio. O puede suceder que a fuerza de repetir muchos tópicos el interés se pierda por el deseo de algo más que un entretenimiento vano.
Con el libro de Daniel Gascón tenía cierto miedo a que sucediese esto último, y -por si alguien se deja influenciar por las primeras páginas- pareció hacerse realidad al principio donde, es cierto, salían a relucir trillados tópicos del choque entre el mundo urbano y el rural, o al menos el modo de enfrentarse a lo cotidiano de quien quiere adaptar el pueblo a su visión urbana. Incluso la mayor parte de los sucesos no eran nuevos, como si estuviesen sacados de otros libros o series de televisión.
Por suerte se entreveía algo entre los golpes y las ocurrencias, había algo en los personajes, en las descripciones y en los diálogos que permitían no perder la esperanza y ver como continuaba el libro (hablamos de las primeras páginas, las de un diario en el que se materializaban únicamente las formas de ver del mundo unipersonal del protagonista). Y de repente, cuando son nuevas las voces que muestran los acontecimientos, cuando la narrativa varía en su forma de mostrarse al lector, cuando comienzan a "pasar cosas", cuando el universo de La Cañada y de sus habitantes comienza a adquirir un nuevo tono.
Un nuevo tono que no pierde el humor, ni siquiera el disparate, pero ambos se unen para que sea la ironía la que dibuje un espacio concreto que poco a poco se va universalizando, dejando de contener una crítica hacia una visión del mundo y su realidad, a una multiplicidad de visiones, señalando los aciertos y errores de cada una, permitiendo que se asomen aquellos que no suelen aparecer salvo por estadísticas manipuladas.
Daniel Gascón no solo demuestra que conoce la dualidad campo- ciudad, urbano- rural, sino que es capaz de poner enfrente las distintas maneras de poder observar los mismos acontecimientos. Es cierto que la manera que utiliza para expresarlo puede correr el riesgo de que el verdadero interés quede semioculto, pero también que quien llegue a Un hipster en la España vacía lo va a hacer con un amplio recorrido y buscando un entretenimiento, sí, pero también algo más.
Risas, debates, visiones, miedos, aciertos y realidades en una novela que, aunque se puede leer de una sentada, es conveniente seguir el ritmo que marcan las pausas impuestas por el propio autor.

domingo, 7 de febrero de 2016

VERDADERA HISTORIA DE LA MÁQUINA DEL TIEMPO DE TIBERIO GALÁN. Alfonso Bengoechea Miravalles



He seguido con detenimiento la trayectoria de Alfonso Bengoechea, en un principio como lector (al menos en buena parte) y luego como escritor y narrador. Historias del tío Picaliendres, El club de la pluma de ganso, El gato de Ofelia Uribe, El secreto del capitán Mendizábal y su participación en la obra colectiva De buena pluma fueron lecturas deliciosas en las que traté que el tiempo se fuese espaciando para no caer en la tentación de uniformar como un conjunto narrativo personal de su autor. De hecho la aportación a este último trabajo colectivo fue la base del presente libro con el título La máquina del tiempo de Tiberio Galán.
No voy a negar que lo que me esperaba era una especie de continuación, o incluso una historia paralela, pero para mi sorpresa se trataba de una revisión, de una ampliación de aquel relato breve. Había pues un riesgo añadido que parecía no importarle en absoluto al escritor, pero que en el lector podía despertar ciertas dudas o, al menos, en encontrase en terreno demasiado conocido que suavizase el impacto de la lectura.
Nada más lejos de la realidad, desde la primera frase el lector queda atrapado por una narración inteligente e ingeniosa de la que no puede desprenderse, sintiéndose uno más de los múltiples personajes que van poblando la novela.
Alfonso Bengoechea no solo construye una historia fabulosa y sumamente entretenida, sino que la dota de una vitalidad que parece traspasar los límites de la propia lectura. Tanto la construcción del espacio en que se mueven los personajes, como la aparición de cada uno de estos, conforman un universo propio del que parten múltiples historias no escritas. No solo descubrimos cuál es la verdadera historia de Tiberio Galán, sino la historia de un nutrido grupo de personajes con vida propia en un pueblo castellano de la posguerra española.
El autor maneja la ironía con una perfección tal que el lector pasará con una rapidez pasmosa del asombro a la sonrisa, descubriendo en cada párrafo un nuevo motivo para la sorpresa y para seguir leyendo. La propia lectura se hace cada vez más intensa y ágil, sobrevolando las páginas del libro como si cada uno de los capítulos tuviesen ya un hueco en la mente del lector y el único trabajo del escritor sea el tratar de ir aclarándolos. Y es que se produce casi desde las primeras páginas una fusión narrador-escritor que no desaparece en ningún  momento, al contrario, se va intensificando a medida que trascurre la historia. Eso sí, en el juego en el que ambos participan todos resultan ganadores, uno por que logra llevar al otro de la mano y el otro porque no deja de disfrutar en todo momento.
Alfonso Bengoechea no solo tiene una buena idea y es capaz de trasladarla en un libro, sino que cada palabra, cada línea, cada párrafo y cada capítulo están construidos en su justa medida, terminando por aclarar, si en algún momento existió la duda, el porqué de la revisión de un texto, de una historia antes escrita.
Una novela entretenida, inteligente y satisfactoria, que demuestra que el mundo literario que el autor esconde en su pluma, sea o no de ganso, debe salir con fluidez y permitir que su sarcasmo forme parte de todo buen lector que se precie. Y como trabajador infatigable acaba de regalarnos su última entrega: la última escapada del capitán Mendizabal.

miércoles, 17 de julio de 2013

LA ABADESA DE CREWE. Muriel Spark



Descubrí a Muriel Spark gracias a El asiento del conductor, publicado en la misma editorial: Contraseña, un sello que se ha convertido en todo un  referente para aquellos que deseamos buenos libros. Y con ella una manera turbadora de narrar, de dirigir los pasos del lector por caminos que más que despejarse, se van enmarañando a medida que pasan las páginas.
Spark no solo posee una narrativa inteligente y elegante, sino que arriesga lo suficiente para revolucionarnos la lectura, para introducirnos en un juego del que desconocemos todas las reglas. Llega a dar la sensación que tras una breve pausa o descanso,  apenas recordamos qué era lo que estábamos leyendo, apenas una serie de imágenes aparecen nítidas en nuestra memoria. Memoria que se recupera de inmediato, en cuanto se vuelven a leer unas líneas, con más fuerza y descubriendo giros en los que antes apenas habíamos prestado atención.
Y es que la autora crea argumentos con giros sorprendentes, incluso extraños. Serán los personajes, cada uno de ellos capaz de descolocar al lector y tenerlo siempre atento a cada uno de sus movimientos y diálogos, los que mejor interpreten la narrativa de Spark, pues cambian de actitud con velocidad de vértigo y en más de una ocasión hay que volver a las páginas anteriores para comprobar que se trata del mismo personaje.
¡Ojo! no vean en esto una crítica a la narrativa de Muriel Spark, al menos una crítica negativa, al contrario, buena parte de su atractivo radica en esa capacidad de proyectar la desconfianza en el lector, que este tenga que estar siempre atento por comprobar qué va a suceder a continuación.
Una prosa corrosiva, irónica y con un humor tan especial que parece no empiece a aparecer hasta bien avanzada la lectura. Esa manera tan particular de narrar que logra que el lector, una vez acabado el libro, sienta la tentación de buscar otro título de la autora.
Por cierto, y dadas la continuas noticias sobre espionaje y escuchas, estamos ante una mirada satírica de lo que en su día fue el Watergate, el libro se publicó en 1974, dos años más tarde de la caída de Nixon. Y que hoy sigue teniendo relevancia gracias a quien ha destapado los entresijos de los servicios secretos estadounidenses.

miércoles, 26 de junio de 2013

LA SONRISA DE ANGELICA. Andrea Camilleri



Han pasado poco más de dos meses y la Editorial Salamandra vuelve a regalarnos una nueva aventura del comisario Salvo Motalbano. Una aventura que nos  vuelve a trasladar al universo de Vigàta, a esa población en la que algunos podemos movernos con los ojos cerrados gracias a las veces que hemos sido seducidos por la prosa de Andrea Camilleri.
Montalbano va notando los estragos de la edad, sigue igual de cansado y dubitativo que en sus últimas historias, pero cada vez se hace más preguntas sobre la vida, la suya y la de quienes le rodean. Se está volviendo desconfiado, incluso celoso, un poco cascarrabias, pero no deja que su intuición, su disciplina y su sentido del deber quede anulado por sus dudas, al contrario, serán los puntos en los que apoyarse para soportar los desafíos que el crimen sigue creando a su lado.
Y nunca mejor dicho, porque diversos robos en residencias de cierto lujo en Vigàta, vienen acompañados de un desafío hacia su persona. Montalbano no solo tendrá que activar todos sus sentidos, su profesionalidad y experiencia, sino que tendrá que apoyarse en el completo equipo de "su" comisaría para resolver los distintos enigmas que se le plantean.
Lúcido, irónico, ocurrente e inteligente, Camilleri abre la puerta a una nueva historia en la que el lector es protagonista principal, dejando que sea este el que complete parte de la historia. La sencillez y agilidad de su prosa hace que la lectura se desboque y que las páginas pasen con inusitada rapidez.
Montalbano vuelve a hacernos partícipes de una de sus investigaciones (todavía me sigo resistiendo a ver la serie de televisión en la que es protagonista), descubriendo como la ficción se da la mano con la realidad, el humor con acontecimientos de enorme seriedad, la humanidad con el dolor y tragedia.
Una novela perfecta para disfrutar de la lectura, de una historia bien construida y con los elementos precisos de los amantes de la novela policíaca. Sin olvidar, claro está, la construcción de todos los personajes que suelen acompañar a Salvo, algunos de los cuales lograrán que estallemos en carcajadas

martes, 18 de junio de 2013

KAROO. Steve Tesich



Hay libros que, sin saber porqué, se convierten de inmediato, una vez que acabas de leerlos, en una parte de ti. Hay otros que son un verdadero descubrimiento, libros de los que no sabías nada y, también sin saber porqué, se convierten en una lectura que te marca y se convierten, con el paso del tiempo, en esas novelas a las que el recuerdo te brinda una mueca de placer.
Karoo posee las dos cualidades, aunque acabo de terminarla y aún no puedo afirmar que haya pasado el tiempo recomendable para que la memoria lo catalogue como un recuerdo placentero. Pero lo cierto es que he disfrutado de su lectura, de su sana complejidad a ratos y de su ritmo endiablado, incluso en esos momentos en los que da la sensación de que apenas pasa nada.
Sí, claro que estamos ante una novela llena de humor, desternillante y salvaje, irónica y malévola en muchas ocasiones, una novela en la que Saúl Karoo, su protagonista, se convierte en ese ser detestable del que no te puedes separar ni un segundo, no digo que le coges cariño, pero llega un momento en que todo lo que hace te parece normal.
Considerada como una obra maestra dentro de la literatura americana (como siempre no me leí nada sobre ella hasta terminarla para evitar predisponerme), han tenido que pasar quince años para que llegara a nuestro país, para que descubriéramos una novela de las que llaman la atención, de la que pasas del asombro a la carcajada en apenas una línea y de las que te hacen dudar de tu capacidad de reacción.
Con Karoo me pasa como con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios de Kennedy Toole, que, salvando las distancias, que son muchas, me repele por su forma de ser y los actos que ella empuja, pero no puedo evitar sentir hacia él cierto aprecio.
Una novela divertida, salvaje, irreverente en muchas ocasiones, que no deja indiferente a nadie, que cautiva por la forma casi cinematográfica de narrar que tiene su autor, pero que muestra, también con dureza, el significado de la soledad y la manera que tiene el ser humano de intentar llenarla.


domingo, 9 de junio de 2013

LOS MILLONES. Santiago Lorenzo



Con motivo de la aparición de Los huerfanitos alguien me habló, no recuerdo quién, de Santiago Lorenzo y Los millones. Fueron tales sus palabras, lo elogios hacia la obra y el novelista, que busqué sin éxito una novela que me encuentro ahora, varios meses después, editada por Blackie Books en una bella edición en la que destaca incluso la banda publicitaria que, en la mayor parte de las ocasiones, me crea grandes dolores de cabeza. Si tienen curiosidad acérquense al libro y desplieguen la susodicha banda, es un regalo para los amantes de la nostalgia.
Por supuesto que el tema es ya de por si llamativo: "A uno del GRAPO le toca la primitiva. No puede cobrar porque no tiene DNI", sobre todo porque la historia se desarrolla en el Madrid de los años ochenta, 1986 más en concreto. Década importante e impactante en la España democrática y de la que Santiago Lorenzo coge solo lo imprescindible, no cayendo en aquellos guiños "ochetenteros" que la "movida" madrileña se ha encargado de conservar hasta la actualidad.
A pesar del tono desenfadado, sobre todo al inicio de la novela, y la ironía que despiden cada una de su descripciones Los millones no es una novela de broma, una novela netamente humorística y desenfadada. Estamos ante una narración al más puro estilo clásico, que mantiene el lenguaje y los espacios anacrónicos necesarios para situarnos en todo momento en el Madrid de la época. Y lo que parece que va a ser una novela llena de guiños a los tópicos y clichés de una década lineal, se convierte en una aventura literaria que aborda como pocas la soledad y la supervivencia.
Sí, claro que existen esos tópicos, puede que incluso el autor abuse de los nombres comerciales que acompañaron aquella etapa, pero sirven para dibujar el aspecto de aquel Madrid y en especial de sus bares, aquellos bares sin los que muchos no entenderíamos nuestra juventud y buena parte de la etapa adulta.
Una novela que se lee de un tirón, con unos personajes (Francisco y Primitiva) memorables, perfectamente elaborados y de los que, a veces con pocas pinceladas, sabemos casi todo. Y una trama inteligente, con giros sencillos pero sorprendentes, que implica al lector y le hace vivir una historia compacta y emocionante.

martes, 21 de mayo de 2013

LAS OVEJAS DE GLENNKILL. Leone Swann



Este es uno de esos libros que se leen, al menos en sus primeras páginas, con la boca abierta y ese punto de asombro de quien tiene serias dudas de si lo que está leyendo es real (como lectura) o se trata simplemente de un juego onírico. Porque el mérito de un libro de este cariz no radica tanto en imaginárselo -a cualquiera se le ocurre que sean las ovejas quienes se dediquen a investigar el asesinato de quien les pastorea-, sino como en atreverse a escribirlo y hacerlo de manera que el lector no dude, salvo en ese principio, de si está o no bien de la cabeza leyendo lo que tiene entre manos.
Pero es que Leonie Swann nos ofrece una novela coherente, en la que  los que sobran, o al menos están menos logrados, son los seres humanos, una novela en la que el lector oye los balidos, huele el frescor de la hierba y siente un irresistible deseo de masticarla. Con un lirismo a veces desconcertante, la prosa logra atraparnos desde el inicio haciéndonos cómplices de cada uno de los movimientos de sus lanudos personajes, hasta tal punto que en más de una ocasión los diálogos parecen tan nuestros como de Miss Maple, Othelo, Zora o Mopple.
Una novela que despide humor por los cuatro costados, que hace que su lectura no sea recomendable en público, o con mucha gente alrededor, si no se quiere ser tachado de estar bordeando la demencia. Ocurrente, hilarante y llena de sorpresas (sin olvidar ese punto de inteligencia irónica que hace interesante la espontaneidad) la historia logra que el interés no decaiga a lo largo de sus más de trescientas páginas gracias a ese tono de novela policíaca que atrapa casi tanto como el propio carácter de los ovinos protagonistas.


domingo, 12 de mayo de 2013

FUEGO EN LAS ENTRAÑAS. Pedro Almodóvar y Javier Mariscal



Si de alguna manera se puede definir este relato escrito por Pedro Almodóvar al comienzo de la década de los ochenta del siglo pasado  (1981) es como una novela gamberra. Y es que no hay duda de que volvemos a encontrarnos con aquel Almodóvar que tanto tuvo que decir, y que dijo, en la llamada "Movida madrileña".
Una novela gamberra no tanto por lo disparatado de cada una de sus situaciones, ni por la comicidad que desprende cada una de sus páginas, ni siquiera por las ilustraciones de Javier Mariscal que se integran perfectamente con el texto y muestran un trazo brusco, "agresivo", sino porque encontramos al manchego en esos inicios expresivos (únicamente en su haber cinematográfico aparecía "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón"), hilarantes, desinhibidos en los que la mujer, el sexo y el humor parecían copar todo.
Una reedición que nos permite descubrir, o redescubrir, la etapa irreverente de Almodóvar gracias a una narrativa espontánea, clara, que seguro se podría señalar como la presentación de sus trabajos posteriores en el cine.
Un relato provocador que no ha perdido nada de su fuerza, pero al que resulta muy difícil separar de toda la trayectoria artística de su creador, pues uno se imagina personajes (no cuesta mucho poner cara a casi todas las protagonistas femeninas del libro) que el cine de Almodóvar gestó en esa primera etapa más disparatada y menos dramática.
Por si todo fuese poco tanto el personaje principal -si es que llega a serlo en algún momento, nunca hay que olvidar que la mujer, en este caso cinco, asumirá siempre el rol protagonista en la obra del autor manchego-, Chu Ming Ho, es un fabricante de compresas que busca en un nuevo producto la manera de vengarse del abandono al que le han sometido las últimas mujeres con las que compartió su vida.
Disparatada, irreverente, cómica, desternillante, sorprendente y genial son algunos de los adjetivos que se pueden aplicar al intentar señalar la peculiaridad de un relato que no puede dejar a nadie indiferente. Sí, es cierto que habrá lectores que la puedan tachar de trasnochada, pero opino que, como sucede con el cine de Almodóvar de aquella época, mantiene mucho de su frescura y todo de innovación.

miércoles, 8 de mayo de 2013

WILT. Tom Sharpe



No recuerdo cómo llegó el libro de Tom Sharpe a mis manos, pero sí cómo logró que mi boca permaneciese abierta durante muchos minutos. En mi cabeza se sumaban imágenes surrealistas en las que Henry Wilt se convertía en un personaje del que no he podido desprenderme con el paso del tiempo.
Y es que, aunque pese a muchos escritores, casi todos los acercamientos literarios al género que podríamos catalogar como "humor inglés corrosivo" al final no sobreviven al tamiz de la comparación con Wilt.
Wilt es divertido, ácido, adictivo, crítico y sugerente. Incluso podríamos decir que tiene mucho de despiadado, de poner a todos los personajes en una situación esperpéntica que lleva a lector desde la risa al asombro, y desde el voyeurismo a la carcajada más sonora.
Pero sin duda alguna lo mejor que ofrece al lector, a parte de la posible explosión a base de risotadas, es un divertimento continuado, una lectura imparable en la que el ritmo frenético de los acompañamientos seduce de tal manera que uno parece estar leyendo casi a la carrera, intentando estar, en todo momento, a la altura de los personajes.
Una historia disparatada no exenta de crítica hacia una sociedad, la inglesa, con más de una cara y en la que en muchas ocasiones la sexualidad se convierte en un tema controvertido. Llena de enredos y giros cada vez más sorprendentes y disparatados, la novela va creciendo a medida que pasan las páginas, llegando a momentos en los que parece que la propia historia va a explotar y se va a llevar consigo al propio lector, momentos en los que se puede apreciar por ese levantamiento exagerado de las cejas y una cara de asombro que incita, o al menos invita, a buscar el libro y comprobar de qué se trata.
Aunque Henry Wilt protagonizará otras novelas también divertidas y en las que cualquier lector va a sentirse a gusto, es en esta en la que se alcanza el nivel más destacado y en la que el humor salvaje, y a veces cruel, deja huella en todo aquel que se deje seducir por los avatares de la propia historia.

miércoles, 24 de abril de 2013

EL JOVEN MORIARTY. EL MISTERIO DEL DODO. Sofía Rhei



No sabría decir a ciencia cierta si este libro es una lectura para jóvenes que pueden leer lectores de todas las edades, o lectura para adultos que pueden leer los jóvenes. Lo que sí tengo claro es que cada uno lo vivirá de una forma diferente: los más jóvenes por disfrutar de la primera aventura de un personaje tan carismático como es Moriarty, pero desde un punto de vista diferente, donde no es tan... digamos que malvado; y los mayores para pasar un buen rato con una novela inteligente, llena de humor e ironía y en la que hay un punto de mala leche que quizás los más pequeños todavía no sepan apreciar.
Sea como fuere lo que sí está asegurado es un buen rato de lectura, unos momentos brillantes en los que el joven Moriarty ejercerá de narrador y nos señalará su "particular" punto de vista sobre los más diversos temas. Gracias, además, a la perfecta descripción de este logramos imaginarnos con enorme facilidad cada uno de los sucesos, pero sobre todo, cada uno de los personajes que van apareciendo por las poco más de doscientas páginas, personajes que cobran vida gracias a las ilustraciones de Alfonso Rodríguez Barrera. 
Sofía Rhei escribe con el arrojo suficiente como para lograr recrear el ambiente victoriano en el que se mueven los personajes sin que parezca que estamos ante una novela de género. Puede, incluso, que la sencillez y rotundidad de su escritura (aquí vuelven a entrarme dudas de a qué público va dirigida la novela), el acierto de escoger las frases exactas, lo que permite que el libro se convierta en una lectura sumamente agradable.

jueves, 11 de abril de 2013

EL ELEFANTE BLANCO ROBADO Y OTROS CUENTOS. Mark Twain



Si algo no faltó nunca en mi casa fue un libro, los clásicos juveniles poblaban las estanterías de las distintas habitaciones y raro era el autor que no tenía varios ejemplares de sus obras. Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London, Robert Louis Stevenson y Mark Twain ocupaban un lugar preeminente.
Lecturas que han sobrevivido en la memoria y que se han podido recuperar gracias a las nuevas ediciones llevadas a cabo estos últimos años. Nuevas traducciones que aportan, según quienes entienden, nuevas visiones de esos clásicos a los que ya se les ha quitado parte de esa etiqueta de "juvenil".
Pero quizás lo más significativo sea que, junto a esos títulos fácilmente reconocibles y que, al menos la gente de mi generación, se podrían recitar casi de memoria, se están publicando novelas menos conocidas y buena parte de los relatos o cuentos de autores como los que antes indicaba.
Buena prueba de ello son los seis relatos de Mark Twain siendo el que encabeza el que da título al libro. Relatos llenos de ingenio y humor, en los que el escritor de Tom Sawyer despliega todo su saber narrativo para construir unos textos increíblemente entretenidos y divertidos. Y es que si algo los caracteriza en su conjunto es el perfecto manejo de la ironía, de hacer normal las situaciones más disparatadas.
Desde el momento en que el lector descubre el juego al que invita el escritor mantiene una amplia sonrisa que deja bien a las claras el disfrute de cada uno de los relatos. Es cierto que cada uno elegirá su favorito, y que no todos rayan a la misma altura, pero también que no hay ninguno que desmerezca su publicación.
Eso sí, en cada uno de ellos muestra visiones diferentes y distantes de aspectos que ponen a sus protagonistas en los apuros necesarios para que el lector tenga garantizado el entretenimiento. Twain domina las descripciones, que son sencillas y claras, ilustrando con enorme maestría tanto a los diversos personajes como las situaciones en que se ven envueltos, pero crea además unos diálogos inteligentes y  creíbles que aportan una mayor afinidad de el lector con los personajes.


domingo, 7 de abril de 2013

LA BÚSQUEDA DEL TESORO. Andrea Camilleri



Hablar a estas alturas de Andrea Camilleri o de Salvo Montalbano, su personaje, casi me parece pretencioso. No tanto porque pocos deben ser quienes no los conozcan, si es así mal hecho, sino porque he crecido con ellos. Y digo crecido casi con la convicción de haber leído prácticamente todas sus novelas, creo recordar que esta hace el número 20 de las publicadas en España.
Veinte historias que dan mucho de si, que permiten conocer al comisario Montalbano de una manera casi pasional, o al menos a esa ciudad imaginaria de Vigàta (al menos eso creo haber leído en alguna ocasión y que me quitó la ilusión de hacer un viaje solo para conocer las calles y los lugares que frecuenta). Y es que el ver envejecer a un personaje (son demasiados ya con los noto dicha sensación) te hace más fácil ponerte en su piel, pero también descubrir ese cansancio, esa desazón que parece adueñarse de él cuando las cosas parecen enrevesarse.
Sí, vemos a un Montalbano cansado, aunque más por notar que su ideología no se adapta a los tiempos que por un cansancio físico. Eso sí, también hay algo de pérdida de autoestima que será, no obstante, uno de los instrumentos de Camilleri para dotar de humanidad a su personaje.
De nuevo vuelven a acompañarnos todos aquellos secundarios sin los que la novela no sería la misma: Fazio, Mimi, Gallo, Galluzzo, Augello, Livia, Adelina y Catarella. Será esta última la que logre esos momentos cumbre, esos instantes hilarantes en los que el lector se siente incapaz de mantener el libro abierto y tiene que cerrarlo para evitar que las lágrimas de risa amenacen la integridad del libro. Por no hablar de esos lugares emblemáticos de Vigàta por los que trascurre el día a día del comisario, esa Trattoria de Enzo en la que mis jugos gástricos se alimentan de igual manera a como lo hace Montalbano. Cosa que también celebramos con los menús de Adelina y... alguna que otra sorpresa.
Veinte novelas, algunas de relatos, que antes que cansar se van asentando lentamente en mi memoria -no me extraña que en Italia Montalbano tenga aureola de héroe- y de los que ya no puedo, ni quiero prescindir.
Ya ni siquiera me importa quién es el culpable del, o de los crímenes, ni siquiera me importa la posibilidad de saberlo antes incluso que el propio comisario Montalbano, es la propia historia, su naturaleza, y la manera que tiene Camilleri de narrar, la que me atrapa desde el principio, la que logra que pase en la misma página de la seriedad más absoluta, a ese estallido sonoro de una carcajada a la que acompañan esas lágrimas antes mencionadas. 
Y es que Camilleri no solo es ocurrente e inteligente, es también capaz de lograr hacer crítica de una sociedad, de quien la gobierna y de quien se deja gobernar. Es capaz de hacernos partícipes de esos análisis de la conducta humana que tanto hacen de Montalbano lo que es, un funcionario de la ley que solo pretende hacer su trabajo y hacerlo bien.
Solo me queda decir que si algo tiene Camilleri, al menos cuando es Salvo Montalbano su protagonista, es la capacidad para entretener, para que el lector se entregue a la lectura con esa avidez de quien se encuentra totalmente integrado en la historia que se cuenta. Lo mismo da que se conozca una, varias o ninguna de sus novelas, dicho entretenimiento y atención están asegurados.

martes, 2 de abril de 2013

LA CONJURA DE LOS NECIOS. John Kennedy Toole



Aunque reconozco que la imagen que de Ignatius Reilly, el protagonista de esta historia, sigo teniendo en mi cabeza es aquella que aparecía en la primera edición española en la colección "Panorama de narrativas" de esta misma editorial, la que ilustra esta nueva portada también se le da un aire (eso sí, después de varias miradas).
No voy a entrar en los estereotipos existentes alrededor de este libro salvo que el autor no lo vio publicado y que,  pese a vagar durante años en busca de un posible editor, no solo consiguió ser un éxito entre los lectores, sino que obtuvo el prestigioso Premio Pulitzer en 1981. Pero lo cierto es que estamos ante un libro que no ha perdido un ápice de fuerza con el pasar de los años.
De un humor desgarrador, esperpéntico, cada página se convierte en una superación de la anterior, con unas situaciones tan disparatadas que es inevitable el asombro, primero, y la carcajada después. 
Recuerdo que un día, en una conversación, alguien que lo acababa de leer explicaba, o al menos lo intentaba, de qué iba la novela. Y puedo asegurar que en nada se parecía al libro que yo había leído. No quiere decir que sea una lectura compleja, ni de difícil asimilación, al contrario, pero es tal el surrealismo de sus páginas, lo grotesco del personaje y sus situaciones que cualquier intento de hacer una sinopsis crea más lagunas de las que rellena.
Es posible que el protagonista, inadaptado, trágico, grotesco, incluso desagradable en los primeros momentos, hoy sería tachado de "friki". Pero incluso dicha palabra no llenaría la descripción de Ignatius. Ni siquiera la descripción que de él se hace nada más dar comienzo al capítulo primero nos permite algo más que imaginar un poco por encima el aspecto del protagonista.
Y es que estamos ante ese antihéroe que logra que nos debatamos entre la sonrisa y la repulsión, que en la misma página logra que vayamos de la comedia a la tragedia y del drama a la risa. Consiguiendo ponernos, como lectores, en situaciones un poco incómodas. Incluso ahora, imaginando algunas de sus escenas y el instante de su lectura, tengo que hacer un gran esfuerzo para que lágrimas de risa no acudan a mis ojos.
Hay quien ha tachado el libro de obra maestra, no sé si llega a tanto, pero lo que está claro es que ofrece una lectura con muchísimas posibilidades y en la que el disfrute está asegurado, además, claro está, de la diversión.
Y no hay que olvidar que el humor, el drama y todo lo que conlleva la novela crea una visión esperpéntica de la sociedad de Nueva Orleans. Visión que seguro en muchos aspectos se acerca más que se aleja de la realidad. 
Una lectura más que recomendable, adictiva, la propia narración, la manera magistral que tiene el autor de contar las cosas, te impide alejarte mucho de libro, buscar cualquier instante para continuar la lectura. Además, posee una de esas características que hace especial al libro (aparte de hacerte reír como un poseso), la frescura de principio a fin. No solo es tan vigente como el primer día, sino que tras los años parece que estás leyendo algo nuevo, lleno de sorpresas y desvaríos.

jueves, 14 de marzo de 2013

SI AMAESTRAS UNA CABRA, LLEVAS MUCHO ADELANTADO. José Luis Cuerda



Para qué negarlo, José Luis Cuerda es uno de esos personajes a los que les tengo cierto cariño. Cariño y admiración. No sabría muy bien explicar porqué, apenas le conozco y nunca, por desgracia, lo he tenido delante para entablar una conversación. Puede que me llevase un chasco, pero casi estoy seguro de que tendríamos una charla la mar de entretenida.
De él destacaría el "humor absurdo" de algunas de sus películas. El bosque Animado, Amanece que no es poco y Así en el cielo como en la tierra, son títulos que no solo no me cansan, sino que de vez en cuando vuelvo a ver para desengrasarme. Sí, tiene otro cine, y seguro que con más seguidores que este, pero son, desde el inicio de cada una de ellas, un refugio en el que estoy deseando esconderme.
Y claro, como no podía ser de otra manera, un libro escrito por José Luis Cuerda y con un título tan sugerente, no podía pasar inadvertido.
Aunque, por qué no decirlo, para entenderlo lo mejor es leer la introducción y comprobar qué significado tiene para el autor.
Lo que sí puedo asegurar es que van a esbozar más de una sonrisa, que muchos de los pensamiento reflejados le harán cavilar, estén o no de acuerdo. Pues hay ingenio, pensamiento, observación y análisis de muchas cosas que a todos seguro que nos son cercanas, pero a las que les da un visión personal.
Es posible que muchos no vean mérito alguno en hacerlo, somos muy dados a decir que las cosas son muy fáciles, sobre todo cuando las han hecho otros, y que seguro que el nombre y apellido de quién lo ha hecho pesase, y mucho, a la hora de editarlo, pero alguien tiene que hacerlo, y en esta ocasión ha sido José Luis Cuerda.
Ingenioso, divertido, ocurrente, incluso irreverente. Un libro para tener cerca y disfrutar a pequeños sorbos. Por cierto, los dibujos también son del propio Cuerda. Y si se acercan a una librería, que deberían, denle la vuelta al libro y observen la contraportada...

jueves, 7 de marzo de 2013

LA BRISCA DE CINCO. Marco Malvaldi



Tengo que reconocerlo y entonar mi mea culpa; después de despotricar toda mi vida por las fajas que las editoriales ponen en los libros y que, en demasiadas ocasiones, impiden que los lectores veamos la portada del libro, pues gracias a ésta (eso sí, sobre la firma de Alicia Giménez Bartlett) este libro llamó mi atención según salía de la caja. Mucho antes de recibir noticias sobre él, de colocarlo en una de las mesas expositoras, en mi cabeza seguían retumbando las palabras de la escritora antes mencionada: "Deliciosa comedia de costumbres con cadáver al fondo. Muy, muy divertida. Un autor por descubrir."
Así que esperé con nervios a que llegara la noche para sumergirme en sus 174 páginas y descubrir si al menos algo de lo que decía la escritora albaceteña era verdad. Qué decir tiene que no abandoné el libro ni para tomarme un café, no necesité ningún tipo de estimulante para aguantar la lectura, al contrario, me mantuve en vigilia totalmente entregado a ella.
Y sí, lo que decía la faja era verdad, pues la novela es deliciosa, para saborear casi con gula (en una segunda lectura un año después sigue estando muy, pero que muy sabrosa y divertida). Casi me atrevería a decir que si alguien la lee y no entorna más de una sonrisa, debería hacérselo mirar, Pues Marco Malvaldi ha construido un perfecto escenario en la costa de Livorno y unos personajes familiares y hasta reconocibles: cuatro abuelos y un camarero que logran hacer las delicias del lector.
Sencilla y cercana, se aleja totalmente del género de novela de intriga al que estamos acostumbrados últimamente. No tanto porque quien investiga no es ni detective, ni policía, ni nada que se le parezca, es un simple camarero apoyado por un grupo de cuatro ancianos, encabezado por su abuelo, sino porque se aleja de las historias enrevesadas y exageradamente largas. La brisca de cinco posee una medida justa, ni le falta ni le sobra nada, incluso es capaz de jugar con referencias literarias y dejar impronta del manejo perfecto de la situación.
Una magnifica combinación de comedia de costumbres y de novela negra que hace pasar un buen rato y dejar un sabor de boca casi entrañable.

martes, 5 de marzo de 2013

UNOS DÍAS PARA RECORDAR. Marie-Sabine Roger



Hay libros que caen en tus manos sin saber porqué. Algo así me pasó con Unos días para recordar. La portada del libro no tiene nada que me resulte atractiva, nadie me había hablado de él, desconocía casi todo se su autora (rebuscando he descubierto que escribió también Tardes con Margueritte) y, por si fuera poco, la molesta faja que los editores siguen empeñados en colocar, me impedía  leer que había sido "Premio de los lectores de L'Express". Pero el caso es que llegó a mis manos y apenas había leído dos párrafos sabía que me iba a gustar.
De manera sencilla el narrador, que no es otro que Jean-Pierre Fabre, el protagonista, nos introduce en un mundo propio en el que los personajes se van despejando a medida que son recordados o vividos. Pasado y presente se dan la mano para dibujarnos la figura de un personaje que llega a ser entrañable e incluso tierno, a pesar de que en él parecen existir todos los síntomas de ese vecino cascarrabias y malhumorado que apenas sí se habla con más de una persona.
Será la manera de expresarse de Jean-Pierre, la forma de describirnos cada uno de esos pequeños retazos en que subdivide el libro (sin necesidad de enumeración sofocante), lo que confiere al libro una característica peculiar, un humor que parece no serlo.
Puede que el secreto radique en que la escritora parece no tener nada que demostrar, que no hay necesidad de recurrir a giros complejos, a explicaciones enrevesadas. Lo que sucede y ha sucedido es muy fácil de entender porque sencillas son las explicaciones.
Una lectura agradable, satisfactoria, que logra en bastantes pasajes que una sonrisa se dibuje en tu cara, con momentos memorables que no puedes evitar relatar, o leer, a quien tienes a tu lado. Por si todo esto fuese poco, muchos de los sucesos cobran vida delante de nosotros, permitiendo imaginar no solo la escena, sino también todas aquellas personas que aparecen. Posee, además, una cualidad que solo logran los grandes escritores, hacer creer que la escritura es sencilla; lo logra expresando todo con muy pocas palabras, las justas y nada más.
Una verdadera delicia y que debería recomendarse casi a escondidas, pues es mejor no explicar de qué va,  pues por mucho que se adorne, difícilmente resultaría atractiva.

miércoles, 27 de febrero de 2013

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ. Jonas Jonasson



Por supuesto que el título es lo suficientemente provocativo como para que nuestros ojos se dirijan hacia él de inmediato. Por no hablar de la portada tan llamativa, aunque al principio permanecía oculta tras esa horrible faja que muchas editoriales se empeñan en colocar.
Una portada que intenta indicarnos lo que vamos a encontrar dentro, un personaje sugerente, divertido y locuaz: Allan Karlsson, quien al cumplir 100 años huye de la residencia de ancianos en la que vive para mostrar un mundo surrealista que invita a la carcajada mientras es capaz de construir dos historias paralelas llenas de ingenio y presteza narrativa.
Apta para todo tipo de lectores, la novela entrelaza historias y personajes de lo más variopinto, desde aquellos que representan lo más destacado del siglo XX, hasta quienes han nacido únicamente para esta narración. Lo mejor de todo es que no se conforma con crear una buena historia, sino que logra atar todos los cabos para que el lector descubra, sorprendido, que todo puede suceder ¡y de qué manera!
Jonasson logra en muchos momentos que permanezcamos frente al libro con la boca abierta, tardando unos segundos en asimilar las aventuras del protagonista. Y es que consigue encadenar una serie de episodios de manera magistral, haciendo al lector partícipe de una trama inteligente. Porque no estamos ante una lectura más, llena de tópicos y "gags" que completan la narración, es ésta la que  se autogenera para incitar al lector a ser copartícipe de cada uno de los acontecimientos, de esos momentos trascendentes en la historia del siglo pasado.
Tan faltos como estamos de novela de humor es de agradecer una lectura tan fresca y sorprendente, que logra mantener al lector atento en todas sus páginas gracias a una soberbia trama y a un final casi apoteósico.
Una novela que deja tan buen sabor de boca que días después de abandonar el libro no solo sigues relamiéndote, sino que cambia el gesto, esbozando una sonrisa, cada vez que recuerdas algunos de los instantes más lúcidos y divertidos de la obra. Sin duda alguna el mayor descubrimiento narrativo del año pasado fuera de nuestras fronteras, tanto por lo que nos cuenta, como por la manera de contarlo.

lunes, 25 de febrero de 2013

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO. Eduardo Mendoza



¡Cuidado! Empezar a leer esta novela logrará que pases del asombro de las primeras páginas a la carcajada más explosiva gracias a la capacidad de Eduardo Mendoza para sorprender, para crear un personaje que roza el surrealismo y el esperpento.
A caballo entre la novela histórica, la novela de humor y la de intriga, esta novela nos sitúa en pleno siglo I de nuestra era en Nazaret por medio de las andanzas del protagonista que da título al libro, un personaje estrambótico y delirante que ejercerá de narrador y nos llevará de la mano por unos escenarios fácilmente reconocibles.
Será el lenguaje, hay que prestar especial atención a los diálogos, el que mejor se ajuste al carácter que el autor trata de imprimir a la novela. Un lenguaje lleno de arcaísmos, de giros de otros tiempos que, al contrario de caer en la pedantería, nos invitan al regocijo y a la risa.
Pomponio Flato, apellido que dice mucho de lo que acontece al protagonista, nos sitúa de inmediato en la historia, con personajes conocidos y a los que da un tratamiento completamente distinto al que estamos acostumbrados. Hay quien habla de crítica a la novela histórica, y que usa la infancia de Jesús de manera apócrifa para indicar ciertos aspectos, cuanto menos, extraños; pero lo cierto es que Mendoza lo único que nos ofrece es una novela de humor, de mucho humor. Por supuesto que está situada en un momento concreto y recupera personajes históricos, pero lo hace de tal manera que nadie debe sentirse ni ofendido, ni reflejado. La mejor manera de pasar un rato agradable leyendo.
Volvemos a descubrir al Eduardo Mendoza de Sin noticias de Gurb, El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas o La aventura del tocador de señoras, en las que la ironía parecen abarcar todo e inundan al lector de un humor que es de agradecer en el mundo de la literatura actual.

martes, 19 de febrero de 2013

DOS HISTORIAS NADA DECENTES. Alan Bennett



A nadie se le escapa que estamos en unos momentos en los que el erotismo, o al menos algunas de sus vertientes, están de moda en la literatura. Así que la portada y el título de este libro puede que lleven a engaño y algunos lectores  acudan a él por equivocación.
Bendita equivocación, pues tendrán entonces la suerte de acceder a una literatura de larga tradición en el mundo anglosajón, y que nosotros conocemos como "humor inglés"; una narrativa ácida, irónica, en la que los dobles sentidos son capaces de abrir muchas puertas, incluso la de la imaginación. Si buscan lo otro mejor aparquen la gran cantidad de novedades que están apareciendo tras la estela de Grey y rebusquen a Henry Miller, D.H. Lawrence o Dominique Aury (es un consejo de lector y de profesional), aunque si lo otro les divierte, estupendo.
Bueno, a lo que íbamos, Alan Bennett nos regala dos relatos demoledores, en los que sí encontramos algo de "voyeurismo", en los que se nos invita a mirar las cosas desde un punto de vista contrario a lo común. O mejor dicho, cómo alguien puede dar la vuelta de inmediato a su forma de vida  y abandonar la monotonía a la que está acostumbrado.
Claro que hay sexo, y deseo, y placer, porque el autor nos incita a mirar a través de ese ojo de cerradura que oculta las pasiones, pero a la vez nos invita a reírnos de las convenciones sociales, de esos puntos de vista que nos hacen, en muchas ocasiones, caer en el más espantoso de los ridículos. Nos permite ver esas vidas secretas que todos tenemos y que tienen, sin lugar a dudas, muchas sorpresas.
Dos relatos inteligentes, ajenos a la vulgaridad y en los que el humor nace de las situaciones, no de los personajes, ni de sus defectos. Situaciones dispares y ocurrentes en los que podemos encontrar, y encontramos, de todo, pues en todo momento somos conscientes de que puede suceder cualquier cosa.