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sábado, 2 de mayo de 2020

LA DESHONRA DE SARAH IKKER. Yasmina Khadra



Recordar ahora cuál fue el primer libro de Yasmina Khadra me resulta harto difícil, por no decir imposible, pero desde aquel primero se sumaron muchos más, y cada nuevo texto lo recibo como una lectura con la que sé voy a disfrutar. Aunque algunas de sus novelas esperan en la estantería hasta ser leídas, como ocurre desde hace un año con Dios no vive en La Habana, otras son leídas apenas llegan a mis manos. Libros como A qué esperan los monos... y La ecuación de la vida se pueden recuperar en este blog.
Tampoco sé si cuando descubrí a Yasmina Khadra lo hice pensando en una escritora o ya sabía que bajo el seudónimo se escondía la figura de Mohamed Moulessehoul, oficial del ejército argelino, pero siempre he sido consciente que su literatura ha servido para criticar la situación de su país, Argelia, primero y otros muchos después.
En esta ocasión sin abandonar el Magreb, el escritor nos lleva a la ciudad marroquí de Tánger y vuelve a señalar, con el acierto y la precisión que le caracteriza, los problemas que sacuden a la sociedad en que transcurre la historia: corrupción, nepotismo, sociedad clasista, machismo y un acusado clientelismo.
A través de unos personajes perfectamente perfilados y definidos Khadra nos introduce en un Tánger diferente, que evoluciona, como sus personajes, a medida que avanza la historia. La naturaleza de cada uno de ellos, la manera de moverse, su lenguaje, e incluso su actitud permite que el lector descubra algo más de lo narrado, que la historia cambia a la vez que lo hace la propia vida.
Escrita en tercera persona la novela nos presenta al teniente Driss Ikker, de origen humilde, que ha ido escalando posiciones a nivel social y laboral gracias, sobre todo, a su matrimonio con la hija de un alto mando de la policía marroquí. La violación de la esposa en el domicilio y la necesidad de limpiar su "honor", le obligará a recorrer la parte más oscura del ser humano.
Pero quizá lo que más autentifica la narrativa del escritor argelino sea la fuerza de sus diálogos, la ausencia de explicaciones superfluas y la invitación a que sea el lector el que rellene los muchos huecos dejados en la historia. No explica todo, al contrario, señala la dirección en que hay que mirar y descubrir entonces que sucede, o puede suceder.
Y como siempre el autor escribe con la pasión necesaria para que la historia sea creíble en todo momento, para que, a pesar de la diferencia de cultura y sociedad, los lectores seamos conscientes del entorno en que esta sucede. Escribe sin esconder nada, con una claridad asombrosa, mostrando sin tapujos lo más oscuro del hombre y la sociedad en que vive. Sobre todo cuando dinero y poder  se confunden con impunidad, con que todo está permitido, y hace que los actos de los hombres sean de una manera y no la contraria.
Una historia de amor, de lealtades, de convicciones, que no esconde nada, pero que permite que la imaginación vuele por espacios diferentes a los narrados, a ver más allá y demostrando que la buena literatura es aquella que no está escrita, pero que esconden las palabras narradas.

domingo, 12 de abril de 2020

LA LIBRERÍA DE MONSIEUR PICQUIER. Marc Roger



Son muchos los libros que, en especial en los últimos años, se refugian en la literatura, la lectura, o incluso en el mismo libro, para construir una historia. Basta acercarse a cualquier librería - en estos días virtual, por supuesto-, para comprobar al menos una docena de títulos que escogen este camino para crear una historia.
Y por supuesto, lo reconozco, que a casi todos ellos les presto una atención especial. Comienzo su lectura solo por el hecho de acercarse al mundo del libro de una forma distinta. Sí, es cierto que no todos cumplen las expectativas iniciales y son varios los que duermen en las estanterías esperando un nuevo intento de lectura. Pero también hay otros que atrapan desde el inicio, desde sus primeras páginas. Sabes que tiene algo especial en cuanto descubres que la historia, los personajes, la forma de narrar o de construir el libro muestran una conexión especial.
Algo así sucedió con La librería de monsieur Picquier, pues ya desde su comienzo, desde las tres primeras páginas que componen en primer capítulo, el narrador te atrapa; no sabes muy bien si por el desparpajo, la capacidad de asombro o la inexperiencia de sus dieciocho años, o por que intuyes que la relación de este, Grégoire, y monsieur Picquier tiene algo especial, algo lleno de magia. No, no se asuste nadie por el uso de la palabra "magia"; no, no hay nada de extraordinario, de fantástico o irreal, al contrario, todo lo que Marc Roger nos cuenta es tan real que roza lo extraordinario (es cierto: la realidad supera siempre la ficción).
La librería de monsieur Picquier es una novela de iniciación, de búsqueda y crecimiento, pero sin alardes iluminadores, ni de autoayuda. Estamos, simplemente, ante una historia de encuentro y aportación mutua, en la que un anciano librero se convertirá en guía y director de un joven auxiliar en la residencia de ancianos en que uno vive y el otro trabaja.
Una lectura llena de belleza y sensibilidad, que trata sin ambages la muerte como parte de la vida, pero que, por encima de todo, habla de la amistad, de la felicidad y, como no, de la literatura. Y es que como dice el octogenario librero: "un día sin haber leído es un día perdido", y no solo eso es mostrar todo lo que la lectura puede aportar, tanto a quien la lleva a cabo como quienes se pueden beneficiar de ella. Y es que Grégoire, sin acierto en los estudios y trabajando en la cocina de la residencia, descubre gracias a su mentor el tesoro que hay dentro de los libros, convirtiéndose en lector para el librero, con parkinson y glaucoma, y todos los demás habitantes de la residencia.
Desde El guardián entre el centeno hasta Juego de tronos, pasando por Maupassant, Whitman, Kerouac y Genet, entre otros, el lector participará junto a los protagonistas en un juego lleno de ternura y realidad, de bondad y senectud, de humor y sobriedad.
"Pauca Meade" (lo poco que me queda) es la consigna del viejo librero que tras vender su librería seleccionará 3.000 libros, una décima parte, para que le acompañen en su retiro y sean el vínculo con la literatura que nunca va a abandonar. Y la fuente de la que  manará una historia que emociona al lector y permite, al menos durante un tiempo, reencontrarse con todo lo bueno que tiene la humanidad.

domingo, 18 de marzo de 2018

DETECTIVE ÍNTIMO. Carlo Frabetti


Decididamente hay portadas cuyo diseño hace muy poco favor a la novela, a no ser que su intención sea pretender vender, de manera equivocada, a un público que no buscaría nunca el libro. No hay duda que Detective íntimo es una de ellas, de hecho si no fuera por el nombre de su autor, es más que probable que nunca hubiese pretendido leerlo.
Y si a la portada acompaña un título extraño, a nadie se le escapa que la palabra íntimo invoca más a la literatura pseudoerótica que en los últimos años ha proliferado como las setas en un otoño lluvioso, cuesta mucho explicar su elección.
Pero gracias a sus libros juveniles La magia más poderosaUlrico y la llave de oroEl palacio de las cien puertas de lecturas para todas las edades, junto a aquellos que acercaban a los más jóvenes al mundo de las ciencias: Malditas matemáticas, Alicia en el país de los númerosCalvina Nunca más, Carlo Frabetti ocupa un espacio destacado entre los autores del género infantil y juvenil.
Eso sí, desde el primer momento, casi desde la primera página, el lector se percata de que se encuentra ante algo diferente, ante una historia narrada de manera distinta, en un juego del que no se puede escapar hasta que la lectura ha puesto fin a las poco más de doscientas sesenta páginas.
Carlo Frabetti, italiano asentado en nuestro país y escritor en castellano, maneja en todo momento el ritmo de la novela, dominando sobremanera el diálogo, hasta tal punto que el lector parece participar de este desde varios puntos de vista. A esto, no hay duda, ayuda la perfecta construcción de los personajes a los que, con breves pinceladas, dibuja desde los gestos que los caracterizan hasta el estado psicológico que les traslada hasta el despacho del Detective íntimo.
Estamos ante un libro que desborda inteligencia, desde la elaboración del personaje principal, hasta que no asimilamos completamente que es íntimo y no privado (su trabajo como detective) parece que las demás cuestiones pasan a segundo plano. aunque, eso sí, volverán a aparecer cuando menos no lo esperamos. Pero como decía, Detective íntimo es un libro inteligente, desde el uso del lenguaje, la construcción de la trama y su desarrollo, hasta el juego al que invita tanto a lector como a los diferentes personajes que se van asomando por las páginas del libro.
Un libro que se deja saborear, cuya lectura hay que frenar para que esta se produzca en una sola sesión (es un libro que se puede leer de una sentada, pero entonces se desperdician la mayor parte de sus valores), y hay que leer con tranquilidad, disfrutando de su humor, de sus referencias literarias y filosóficas y prestando toda la atención a cada uno de los instantes que, con precisión, relata su protagonista.

martes, 1 de marzo de 2016

AMOR POR UN PUÑADO DE PELOS. Mohamed Mrabet


A pesar de su cercanía Marruecos sigue teniendo el suficiente componente exótico como para atraer tanto a viajeros como a lectores. Múltiples son las narraciones que nos trasladan al país norteafricano, sus ciudades y escenarios han despertado la imaginación de un importante número de escritores occidentales. Quizá uno de los más significativos sea Paul Bowles y su incomparable El cielo protector, así que no resulta extraño que se preste especial atención a un libro que figura transcrito por el escritor norteamericano.
Es, precisamente en la ciudad donde falleció Bowles donde transcurre el relato de Mohamed Mrabet, un Tánger símbolo de la interculturalidad de los occidentales ahí refugiados y del Marruecos más profundo. Es aquí donde interviene el narrador en que se convierte Mrabet, al transmitirnos el latir de dos ciudades envueltas bajo los mismos muros.
Mohamed será el perfecto interlocutor entre ambas, un superviviente y buscavidas que se verá atrapado por dos universos por elección propia. Cada uno de ellos aparecerá representado por dos personajes esenciales tras los cuales se esconderá una cohorte de secundarios que autentifican la propia historia: Mr.  David y Mina.
Con una lectura ágil y sencilla, en la que no se puede obviar la mano de Bowles, los protagonistas nos llevan a un Tánger en el que se mezcla, siempre de manera convincente, la realidad y la fantasía. Una fantasía alejada de los tópicos actuales, que se sumerge en la magia de la tradición marroquí, envuelta en hechizos y conjuros que fundamentarán buena parte de la lectura. Una narración que nos devuelve la cultura popular, la de los contadores de historias, la que penetra directamente en la vida cotidiana y que es capaz de mezclar marginalidad, opulencia y normalidad de manera poética.
Hay mucho de engaño, de manipulación, pero también de ese exotismo necesario para atraer al lector occidental en la búsqueda de unos escenarios y unos personajes fácilmente reconocibles. Todo queda reflejado en su justa medida, no hay momentos vacíos que puedan cansar la lectura, seguimos los pasos de Mohamed con total atención. Somos verdaderos espectadores, pero en más de una ocasión existe la tentación de advertir al protagonista de que sus pasos son erróneos, al menos desde nuestro punto de vista.
Un libro que nos vuelve a trasladar a Tánger (ver en este mismo blog "Calle de los ladrones" de Mathias Énard), pero esta vez con una visión, o mejor, con dos visiones, totalmente distintas, la reconocible por quienes viajan como turistas y la que se esconde en las callejuelas y las almas de sus habitantes.

viernes, 29 de mayo de 2015

EL LECTOR DEL TREN DE LAS 6.27. Jean-Paul Didierlaurent



De vez en cuando, muy de ven en cuando, sientes que tienes ante ti un libro especial, un libro distinto que va a significar mucho más que un entretenimiento. No hace falta empezar a leerlo para que algo inexplicable te recorra y tengas la sensación de que ese pequeño reducto de palabras te va a llenar de manera singular. Ni siquiera, como es el caso, tienes la necesidad de observar la portada escondida tras la molesta y cada vez más insufrible banda que le colocan las editoriales para llamar la atención del lector.
Y es que en esta ocasión no hacía falta reclamo alguno, no presté siquiera un segundo a las palabras que, en la portada, trataban de mostrar el interior del libro. No hacía falta, ni siquiera descubrir el rostro completo del personaje que aparecía en la portada que, como ya he dicho, permanecía semioculto tras la banda roja.
No sabría explicar si era su reducido número de páginas (195) o que en el título apareciese la palabra "lector". Sigo, incluso después de su lectura, sin lograr explicarme, así que difícilmente lograría trasladarlo aquí, que mágica atracción me llevó a coger el libro y situarlo, sin ningún pudor, encima de todos los que había elegido para leer, llegando incluso a aparcar algunos que estaban a punto de acabarse.
Empezar a leer y sumergirme en una mundo emocionante fue todo uno. Notar como mi respiración se espaciaba, con esa lentitud y relajación que ofrece la paz y saberse partícipe de un universo en el que cada palabra es un mundo y en el que cada acontecimiento, por muy cotidiano que parezca, va a producir en mí sensaciones inesperadas instantes antes.
Reconozco que el juego de palabras que nos introducen al personaje principal, Gibrando Viñol, trató en vano de confundirme, de querer hacerme creer que estaba ante uno de esos libro en los que el humor y los dobles sentidos solo eran aptos para los lectores de la vecina Francia. No, había algo más, había que superar ese capítulo primero (apenas tres páginas y media) para penetrar de lleno en la historia, aunque para ser sincero ese capítulo inicial demostraba que el autor sabía lo que hacía y dejaba entrever una historia llena de posibilidades.
Y de repente, casi sin percatarme, el protagonista me enfrenta directamente con La Cosa, con la Zerstor 500, una máquina trituradora de libros de la Sociedad de Tratamiento y Reciclaje Natural. Y se abre ante mí todo el universo de Viñol, de su trabajo, de sus alegrías y miedos, de esos personajes que parecen nacer de la nada para cobrar una importancia de inmediato. Con apenas unas leves pinceladas el narrador nos presenta cada uno de los personajes que pueblan la novela y somos los lectores los que los creamos, imaginando, además, un futuro ajeno a las páginas que estamos leyendo.
Kpwalski, Brunner, Grinbert, Carminetti Rouget de Lisle, las hermanas Delecote o Julie tienen, cada uno de ellos tiene la fuerza suficiente como para crear un relato individual que nada tiene que ver con el libro que tenemos entre manos y que nos invitan a emocionarnos con historias vividas como lectores.
Con un lenguaje sencillo, descripciones acertadas y precisas Didierlaurent nos incita a una lectura fluida, cómoda, que ahonda, más si cabe, en el amor por los libros y la lectura: Consiguiendo que nos emocionemos con la sencillez de las cosas más elementales y sencillas, pero sin tener miedo a acercarnos a los temas más profundos. Un lenguaje que atrapa y logra que mantengamos la atención desde la primera a la última página.
El autor logra transportarnos a un universo paralelo en el que un París y unos personajes tristes y anodinos nos muestran la belleza, el amor y la humanidad, hasta tal punto que una vez acabada la página 195 hay una tentación casi irresistible de volver al inicio, de vivir de nuevo, esta vez con mayor lentitud, cada una de las páginas en que Guibrando Guiñol es protagonista.
Un libro tierno, amable, que logra que las aletas de la nariz se ensanchen presas de la emoción que solo aportan las grandes historias. Jean-Paul Didierlaurent nos ha abierto la puerta a un mundo y unos personajes que permanecen presentes y vivos más allá de lo que acontece en la novela.

domingo, 11 de enero de 2015

A QUÉ ESPERAN LOS MONOS... Yasmina Khadra



Cualquier anuncio de una nueva novela de Yasmina Khadra suelo recibirlo con la alegría de una agradable lectura, aunque con la incógnita de si esta seguirá estando a la altura de las anteriores. No puedo evitar sentir ese miedo a que se rompa el encanto de aquellos autores que siempre me han ofrecido una buena obra, por eso no suele resultar extraño que sus nuevos trabajos pasen meses apilados esperando el momento oportuno para ser leídos.
La espera esta vez no ha sido larga, había algo en la novela que me atraía con un magnetismo especial, no sé si el título o la sensación de volver a leer una novela de intriga con tintes policíacos. Sí, desde las primeras páginas uno se siente sumergido en una historia llena de misterio, de esas que atrapan y se van desgranando con lentitud, exiguiéndote una paciencia que consigue que la lectura se acompase con imágenes claras y concisas del entorno en que suceden los acontecimientos. Pero hay algo que la hace diferente, que te demuestra que Yasmina Khadra (pseudónimo de Mohamed Moulessehoul) escribe de forma diferente, que sus libros siempre aportan algo más que un simple entretenimiento.
A qué esperan los monos... como prácticamente todas sus novelas anteriores tiene mucho de denuncia. Sí, claro que es una novela de ficción y tan bien escrita que el lector queda atrapado desde el inicio, pero antes que señalarla como novela negra, género al que parece pertenecer, sería más fácil enclavarla dentro del género de la novela política ya que a lo largo de sus páginas el autor dedica sus esfuerzos en denunciar la corrupción existente en Argelia. Una corrupción que parece atrapar todo el sistema del país norteafricano y que abarca los ámbitos más variopintos como el económico, el político, e incluso el religioso.
Con la precisión que le caracteriza Khadra convierte cada página en un fresco en el que aparece dibujada una parte de la sociedad argelina, construyendo una historia tan real que hay momentos en los que parece estés leyendo una noticia veraz, hasta tal punto que pasas la página esperando descubrir una entrevista que aclare lo que hasta el momento ha sucedido. Logra, además, crear la tensión suficiente para que toda tu atención se centre en lo que en ese momento se está narrando, aunque sin poder evitar que cientos de imágenes aparezcan en tu mente intentando completar el puzzle cuyas piezas van apareciendo tras cada palabra.
Una novela inquietante, de lectura ágil y con sorprendentes giros que ponen a prueba la pericia del lector para atar los cabos a la misma velocidad con que son narrados. Una lectura para mirar a ambos lados y comprobar que todo está como tú lo imaginabas antes de ponerte a leer.

Otras obras de Yasmina Khadra:
Morituri (1997), Los corderos del señor (1998), Doble blanco (1998), El otoño de las quimeras (1998), Lo que sueñan los lobos (1999), El escritor (2001), Las golondrinas de Kabul (2002), Trilogía de Argel (2002), La prima K (2003), La parte del muerto (2004), El atentado (2005), Las sirenas de Bagdad (2006), Lo que el día le debe a la noche (2008), La ecuación de la vida (2012), Los ángeles mueren por nuestras heridas (2013).

martes, 24 de junio de 2014

LA PASIÓN DE ENRIQUE LYNCH. NECROFUCKER. Richard Parra



Todavía me sigo preguntando qué es lo que me llamó la atención del libro para atreverme a leerlo. Puede que influyese más la sencillez de la portada, la total ausencia de señales que indicasen que podía encontrar en sus páginas. Ni siquiera los nombres que conforman los títulos y el autor, indicaban algo que me resultase atrayente. Salvo, claro está, el sello editorial de Demipage, creciendo la incógnita de comprobar el porqué de su elección.
Pero en el momento que comienzo a leer la primera página descubro que la historia me atrapa, queriendo saber más, conocer hasta donde son capaces de llegar sus protagonistas, cómo se van a enfrentar ante los vaivenes políticos, económicos y sociales del Perú del siglo XIX. 
Esta pequeña novela, La pasión de Enrique Lynch, crece en intensidad a medida que se suman los párrafos, esos pequeños capítulos que permiten dar voz a los diferentes personajes que se suman para dibujar, cada vez con mayor y mejor destreza, tanto las acciones como los escenarios que se van recorriendo. ¡Y qué voces las que se van sumando! ¡Qué aportación de un lenguaje al que somos demasiado ajenos los lectores peninsulares! ¡Cómo me suenan expresiones a las escuchadas de niño a los más ancianos!
La novela recupera los espacios y las formas de aquellas novelas de frontera que tanto caracterizaron a las novelas del oeste, cuesta desprenderse de esa aureola norteamericana a la que contribuye el protagonista que da título al texto, pero aún así el lenguaje, los escenarios y ciertos personajes nos asientan en ese Perú lleno de violencia y oportunidades.
Richard Parra construye con habilidad  una parte de la historia con pequeños retazos que se van cosiendo y entrelezando con una facilidad tan magistral que puede que oculte el trabajo del escritor, esas puntadas continuas que impiden que quede cabo suelto y la historia pueda escaparse o despistarse. Hasta tal punto que el lector tiene la necesidad, una vez acabado el relato, de continuar sabiendo qué sucede con ese país, con esa región de la que ha formado parte a través de 72 páginas.
Y es que son muchos los estados de ánimo que se suman a la vez que lo hacen las páginas, desde la indignación y el rechazo, hasta la admiración y el asombro, pasando por un baremo de tonalidades sorprendente dadas las pocas páginas en que se desarrolla la historia.
Pero de inmediato todo se rompe como por arte de magia. Irrumpe Necrofucker con una dureza tal que parece cortar la respiración, con unos giros belicosos, rápidos, como pinceladas que parecen ocultar las siluetas de sus protagonistas. Giros llenos de belleza que evolucionan a medida que se van produciendo, asimilando de inmediato las calles oscuras, violentas y descarnadas de los años ochenta del siglo pasado.
Y de repente te encuentras conversando con sus protagonistas, con esos personajes al filo de la navaja que hacen de su propia supervivencia un juego salvaje al que te involucras sin hacer preguntas.
Claro que hay momentos en que el lenguaje parece construir muros, frases enteras que hay que leer de nuevo para entender, o tratar de entender, su verdadero significado. Se produce un necesario aprendizaje de términos, expresiones y juegos verbales del que quedas prendido apenas han pasado cinco páginas, no se hace necesario acudir a diccionario alguno, serán los propios personajes quienes vayan aclarando las dudas, quienes te presenten sus mundo y su esperanza. 
De inmediato descubres que has dejado a un lado la primera historia, es como si se hubiese producido hace una eternidad, y te centras en los gestos, los rostros, los garitos y las calles por la que deambulan los jóvenes protagonistas. Y empiezas a atesorar su experiencia, ese crecimiento que se va produciendo entre la agonía y la violencia, entre la oscuridad y la sensación de querer gritar a través de sus gargantas.
Una novela resquebrajada desde el inicio, pero que se va reconstruyendo a través de una profundidad, de un juego, a veces demasiado violento, del que no puedes, ni quieres, escapar. Parra recoge de aquí y allá, sin dar demasiada importancia a nada, lo justo para que contestemos a las preguntas que se van produciendo en el presente, señalando el pasado y sin dejar de mirar al futuro.
Cierras el libro y quieres saber más de su autor, del que desconozco todo, rebuscar en su pasado literario para que nada se quede en el limbo de las letras.

viernes, 28 de marzo de 2014

SOLITARIOS. José Manuel de la Huerga



Descubrí a José Manuel de la Huerga a través de  Apuntes de medicina interna, una novela precisa y ajustada que vuelven al pasado para trazar una trayectoria vital, una novela que indica que el autor no ha caído en la tentación de adornar su prosa con descripciones vanas y palabras rimbombantes, Un autor que no necesita llenar hojas y hojas para mostrar la historia que le ronda en la cabeza y que ofrece un relato en su justa medida.
Así que cuando la editorial Menoscuarto volvió a apostar por su prosa, no pude por menos que coger el libro con intención de recuperar esa prosa que me había llamado la atención.
Quizá lo mejor de todo es que SolitarioS no es una novela, sino dos novelas breves en las que el autor ha sabido plasmar no solo el dominio del lenguaje, sino esa narrativa tan personal que logra que el lector se implique en la trama y sea un fiel compañero de los personajes.
Será la fuerza de los personajes, tanto el femenino de la primera novela como el masculino de la segunda, la que señale la propia trayectoria de la lectura, la que logre la precisión del relato, la que consiga atraparnos y nos introduzca en el espacio vital en que se mueven Berta y Félix.
De la Huerga nos habla de soledad -sus personajes dan vida al título en todo su significado-, pero no de tristeza ni melancolía, dota a su narración de un lirismo tal que más que pesar nos induce a la ternura, e incluso a un humor sencillo, llano, que no necesita más explicación que la emoción que se va despertando en nuestra lectura. De tal manera que lo que en un principio se imagina como un drama, se torna de inmediato en un juego que despierta la simpatía del lector. El autor logrará dibujar el lado más amable de un mundo que se antoja gris y apagado, elevando a sus personajes a una categoría impensable al inicio de la lectura.
Con "Ultramarinos El Pez de Oro" y "Naipe de señoritas" De la Huerga consigue llevarnos de la atención al asombro, de la prudencia al humor y del anonimato al conocimiento más profundo de unos personajes tan entrañables y extrañamente familiares. Personajes llenos de poesía que van coloreándose a medida que avanzan las páginas, capaces de trasladarnos a la Lisboa de Pessoa y compartir con ellos un juego de cartas poco habitual.
Dos novelas cortas que dejan tan buen sabor de boca que es imposible pensar en una sin evocar inmediatamente a la otra, pues las imágenes de ambas se superponen de tal manera que la imaginación continúa viva una vez cerrado el libro.


domingo, 1 de diciembre de 2013

KIOTO. Yasunari Kawabata



Recurrir a grandes escritores cuando uno se encuentra en plena zozobra literaria (los grandes y largos viajes en avión te obligan a que las lecturas sean tan cómodas que exijan un esfuerzo menor) suelen traer su recompensa.
Aunque no debería extrañarme, es cierto que cerrar un libro y sentir la sensación de mantener viva una historia con mayúsculas, es algo que, por desgracia, no ocurre todos los días, pero sucede muy a menudo cuando acudes a una serie de escritores que, nunca entenderé porqué, siguen apareciendo en un segundo plano.
Uno de los casos más llamativos es el de Yasunari Kawabata, autor entre otros de Lo bello y lo triste, El rumor de la montaña y País de nieve. Premio nobel en 1968 y que en nuestro país ha sido editado casi en exclusividad por la editorial Emecé.
Y es que con Kawabata se produce ese extraño efecto de que la historia pase a segundo plano, no por ello deja de ser atractiva y consecuente, en favor de una narración, de una estética soberbia, con una profundidad que en ningún momento se convierte en opresiva, muy al contrario, la lectura parece flotar sobre un mar de palabras en las que cobra sentido de inmediato la naturaleza, los estados de ánimo y, porqué no, la seducción de la soledad y unas dosis nada desdeñables de erotismo.
De nuevo encontramos las disputas internas que oculta la prosa de Kawabata, el enfrentamiento, por decirlo de alguna manera, entre la juventud y la vejez (representados por Chieko y su padre), la naturaleza serena y la salvaje (de nuevo Chieko frente a su hermana Naeko), lo urbano y lo rural, la tradición frente a la modernidad. El autor japonés logra acercarnos a los detalles más insignificantes, a los movimientos más tenues, para percibir con toda claridad todo lo que sucede alrededor de los personajes que protagonizan la historia. Miradas, roces, colores, sonidos, incluso sentimientos, aparecen bajo la prosa de Kawabata dibujados con la maestría necesaria para que el lector no solo sea consciente de ello, sino para que los sienta como propios.
Una lectura pausada, es imposible no sucumbir al ritmo que el autor propone, que transmite tanta paz como belleza, logrando que la melancolía que despide a raudales se recomponga en vitalidad. Sin duda alguna una de las mejores maneras de penetrar en ese universo casi mítico de la cultura oriental en general y de la japonesa en particular, pues aunará la belleza estacional de la naturaleza y el eterno debate sobre tradición y modernidad.

martes, 8 de octubre de 2013

LA TARDE PERFECTA DE JOSÉ TOMÁS. Simon Casas




No soy taurino, las veces que he visto festejos con picadores se pueden contar con los dedos de la mano, pero debo reconocer que leyendo el libro de Simon Casas he estado tentado, en más de una ocasión, de buscar la hucha de mis ahorros y tenerla preparada para cuando José Tomás anuncie su siguiente corrida.
No sé qué es lo que me atrajo del libro, ni siquiera qué esperaba encontrar, pero sí que tengo claro que el autor logra transmitir toda la pasión que él siente por el mundo del toro, acercándonos a su esencia histórica y artística. Hasta tal punto que hay momentos en los que aparece la figura del torero de Galapagar y ofrece al lector esa maestría, esa sabiduría que ni las cámaras son capaces de reflejar.
En tres tiempos es capaz de llevarnos de la mano a la arena del Coliseo de Nimes, al Madrid bohemio y taurino de los años sesenta y a los propios entresijos de la fiesta. Y lo hace con la pasión de artista, para él "escribir es igual que torear", que se entrega en cuerpo y alma, que no pretende demostrar nada, sino narrar los acontecimientos desde su propio y personal punto de vista.
Un libro taurino, sí, pero muy literario, donde la poesía dibuja con trazo firme las distintas suertes que José Tomás regaló a los 18.000 espectadores de aquella tarde perfecta, de aquella faena llena de magia que dejó sin aliento a los testigos de un momento épico de cuyos ecos Simon Casas nos hace testigos.
Con un prólogo incitante Andrés Calamaro ofrece las primeras pinceladas de lo que el lector va a encontrarse en el libro, haciéndonos partícipes de los nervios, sensaciones y asombros que aparecerán a continuación.
Y es que a lo largo de las poco más de cien páginas del libro el empresario taurino, escritor y torero, nos ofrece un verdadero disfrute para los sentidos, pues a través de sus palabras se puede oír el roce de la capa con el toro, incluso el de este con el traje de luces; se huele la lucha titánica entre dos colosos; se observa la faena conteniendo la respiración "pases raros con los enlaces más insólitos: caleserinas, fregolinas, serpentinas, tapatías, rancheras... ¡Pases recogidos en ramos como si fueran flores" (reconozco que he tenido que pedir ayuda para entender, o tratar de entender muchos de estos términos); se grita un olé casi místico al sentir la trayectoria de Ingrato; se toca la arena como símbolo de un ritual en el que se participa; y se saborea, casi con deleitación, cada instante como si se pretendiese mantener en la lengua todo su sabor.
Un relato lírico, al menos la parte en que Simon Casas nos traslada al coso de Nimes, que nos lleva al universo de la ensoñación. Pero también reflexivo e introspectivo, que nos acerca al lado mítico y bohemio del mundo del toro y a los entresijos de una fiesta con claros y oscuros.

martes, 3 de septiembre de 2013

INQUIETUD EN EL PARAÍSO. Óscar Esquivias



Aunque a muchos les pueda resultar extraño, esta novela es la primera parte de una de las trilogías más sorprendentes, arriesgadas e inquietantes publicadas en castellano en las últimas décadas. Una trilogía con diferentes registros y que no deja de sorprender al lector en todo momento.
Desde el primer capítulo ("Dante en el Salón Rojo") el lector debe enfrentarse a su propio asombro, a la sensación de estar leyendo una historia que se va a romper de inmediato, fruto de un surrealismo que roza lo extravagante. 
Burgos, verano de 1936 Don Cosme, canónigo penitenciario de la catedral sostiene que el Purgatorio de Dante es una crónica real y que es posible acceder a él desde la mismísima Catedral de Burgos, para lo que está dispuesto a organizar una expedición que lo demuestre. Hasta ahí cualquiera se percataría de que la imaginación del autor le va a llevar por derroteros donde el absurdo, la fantasía y el humor se hacen dueños de la narración.
Pero sin tiempo para cerrar la boca se ve inmerso en otra historia que nada parece tener que ver con la anterior. Y es que estamos en el verano de 1936 y en la ciudad castellana se está preparando, con todo detalle, la sublevación contra la República
Ficción y realidad se dan la mano para construir una lectura absorvente y apasionante en la que todo se encuentra perfectamente entramado, sin fisuras ni añadidos que rompan el ritmo de la narración.
Y es que Óscar Esquivias logra dar con la clave para tener al lector en tensión durante los tres libros (la trilogía se completa con La ciudad del Gran Rey y Viene la noche), para aportarle las dosis suficientes de realidad y disparate como para que no caiga en el aburrimiento en ningún instante.
Una novela, como las dos que le siguen, fresca y subyugante, en la que no dejan de aparecer sorpresas que hacen cómplice al lector, de ofrecer señales para que éste siga uno u otro camino en su imaginación. Esquivias, que logró con este libro el Premio de la Crítica de Castilla y León, dibuja a la perfección el Burgos de los años 30, sus principales personajes y el ritmo vital de una ciudad de provincias. Hasta tal punto que el lector no tendrá ningún problema a la hora de imaginar todo lo que va sucediendo, desde los escenarios en que se mueven los personajes, hasta las características de cada uno de ellos.
Serán los personajes creados por el escritor burgalés los que verdaderamente engrandezcan la novela, desde el mencionado Don Cosme, hasta el general Dávila, encargado de inspirar el golpe militar en la región, pasando por el comandante Paisán, el doctor Albiñana, Rodrigo o Gorostiza. Personajes que tardarán mucho tiempo en apartarse de la memoria del lector, gracias a la maestría del escritor para incitar a éste y lograr que forme parte de la aventura, las aventuras, que se van desarrollando.
Y para aquellos que están un poco hartos de novelas sobre la Guerra Civil, una sola advertencia, este libro no tiene nada que ver con ella, aunque se desarrolle en sus páginas.

viernes, 19 de julio de 2013

ROSA CANDIDA. Audur Ava Ólafsdóttir



Lo primero a lo que me tuve que acostumbrar es a cambiar cándida por candida, lo que demostraba mis nulos conocimientos de botánica, e intentar nombrar a la autora de forma pausada para evitar que la lengua se me trabara.
Es cierto que si alguien hubiera tratado de explicarme de qué trata la novela, de hacer una sinopsis exacta de su contenido, es más que probable que nunca hubiese leído el libro. No, no resulta fácil que su temática me resultase atractiva, y eso que la editorial la promocionó de manera adecuada, usando los adjetivos precisos para dejar caer la belleza que parecía escondían sus páginas.
El caso es que una vez comienza su lectura estás perdido, casi sin darte cuenta acompañas a Arnjótur en un viaje en el que tú, como lector, te sientes implicado y en el que logras compartir tus propios sentimientos.
Es cierto, no lo voy a negar, que en más de una ocasión frunces el ceño ante un protagonista que parece tenerlo todo, es demasiado inteligente, demasiado sensible, sumamente práctico y generoso. Vamos, que lo tiene todo, lo cual te hace despistarte, durante unos segundos, de la lectura. Despiste que dura poco, muy poco, pues la prosa fluida y ágil de la autora te seduce de tal manera que esos pensamientos no impiden disfrutar  de la lectura.
Los setenta y siete pequeños capítulos en que se divide el libro aportan una frescura a sus páginas que hace que apenas separes los ojos del texto. Todo pasa a un segundo plano y te ves acompañando al protagonista por diversos medios de locomoción en los que no pierdes detalle. 
Y es que la autora logra describir perfectamente todo lo que se presenta ante Arnljótur con las palabras justas, con los detalles necesarios para conseguir que nos situemos en todo momento e identifiquemos a cada uno de los personajes que van apareciendo. Algunos de estos traspasan el libro y parece los conociéramos desde siempre.
Una novela clara, precisa y de una belleza deslumbrante que no necesita de más artificio que la propia narrativa para ilustrar a cualquier tipo de lector. 

martes, 9 de julio de 2013

LA VIDA CUANDO ERA NUESTRA. Marian Izaguirre



Un libro que lanza la publicidad de "un día sin leer es un día perdido" por fuerza debe llamar la atención de cualquier lector que se precie, aunque corre el peligro de crear expectativas tan altas que dicho lector le vaya a exigir mucho, quizá demasiado.
Y bueno, si a la mencionada publicidad le acompaña la portada que aquí se puede ver, esos niños embobados tras los cristales de una librería, es fácil entender que muchos lectores se acercasen a sus páginas con la sensación de estar ante una novela diferente, que colmase las ansias de quien busca algo más que la novela de moda.
No voy a negar que ciertas publicidades logran en mí casi lo contrario, ponerme a la defensiva y, como mínimo ser más exigente con el libro, pero mi experiencia como lector me aconseja no dar nada por sentado nunca, tanto para lo bueno, como para lo malo.
Y una vez leído el libro de Marian Izaguirre -con varios libros ya en su haber que yo desconocía-, poco me importa la publicidad y sí lo que sus poco más de cuatrocientas páginas me han ofrecido. Una historia emocionante, fresca, con una lectura tan ágil que en más de una ocasión he tenido que frenar para evitar que el libro se acabase demasiado pronto.
Marian Izaguirre ha recogido todo el aroma que despide la buena literatura y la enfrascado en una novela agradable, que no necesita cargarse de acción ni de intrigas falsas para que el lector quede apasionado por sus palabras.
Y es que la autora ha logrado crear una novela a tres voces, las de sus tres personajes principales, los que nos llevan de la mano en todo momento y nos trasladan al Madrid de la posguerra sin aparatosidad, dando colorido a una ciudad de la que solo recordamos el tono gris de aquella época. Serán esas tres voces, con vidas, gustos, anhelos y "vicios" diferentes las que nos invitarán a un viaje al interior de la literatura.
Porque La vida cuando era nuestra es un libro dentro de un libro, llegando a leer (nosotros los lectores) el mismo libro que leen sus protagonistas, ese título que abre las puertas a la amistad y que será quien mejor represente el espíritu literario de los protagonistas. Porque todas las páginas despiden el aroma de la tinta, del papel añejo, la sensación de estar dentro de ese pequeño y casi oculto establecimiento que es la librería de Matías y Lola
Sí, podemos hablar de la vieja librería en una época dura de España, la lucha por la supervivencia de un librero (como es normal despierta todas mis simpatías desde la primera línea) y su mujer. Incluso podemos hablar de esa otra mujer, Alice, de su historia y de la que compartirá con Matías y Lola, pero cualquier tipo de explicación además de romper la trama, nunca nos acercaría al propio libro.

martes, 2 de julio de 2013

LA MUJER A 1000º. Hallgrímur Helgason



Debo reconocerlo, desde el instante en que observé la portada del libro me sentí intrigado, había algo que me decía que podía estar ante una buena lectura.
Y claro, un libro que empieza con: "Vivo sola en un garaje, y solo tengo a mano un ordenador portátil y una vieja granada. Es comodísimo", a la fuerza te tiene que obligar a seguir leyendo para comprobar si el resto de las 638 páginas están a la altura de esas tres primeras frases.
Y resulta que sí, que Herra, a sus ochenta años, no solo tiene muchas cosas que contarme y enseñarme, sino que se convierte de inmediato en ese compañero, compañera en este caso, que va trasladando a las páginas del libro inquietudes, recuerdos y  momentos tremendamente sugestivos.
Porque Herra no se contenta con contarnos su vida, y con ella la propia historia del siglo XX, sino que se posiciona desde el primer momento en un buen número de temas trascendentales a los que no siempre prestamos demasiada atención.
Pero, sin duda alguna, lo más interesante y atractivo es que lo hace desde la ironía, desde ese sarcasmo que solo está permitido a quienes han vivido mucho y con notable intensidad. Herra no solo nos acerca a la Europa de preguerra, sino que nos va contando, por medio de unos capítulos cortos que hace más amena la lectura, todos los acontecimientos más destacados. Y siempre muestra su opinión, aparte de narrar los hechos e invitarte a ti como lector a que seas tú quien los interprete, así que sabemos su opinión sobre la política, el sexo, los hombres, la crisis (o nuestra insistencia en tenerla siempre presente).
Una narración inteligente que incita al lector en todo momento, con la clara intención de ocuparse con detalle en aquello que le interesa y dedicar a otras cuestiones o acontecimientos apenas unas líneas.
El caso es que a Herra se le coge cariño desde el principio, y según deja claro el autor en las cuatro primeras páginas, está basada en una señora que existió realmente, convirtiéndose en esa abuela "heavy" que en algún momento de nuestra vida nos cruzamos y cuya imagen se queda adherida en nuestra mente por su enfrentamiento con lo establecido.
Una novela que nos acerca a la historia, la política, la economía y la sociedad europea (aunque otros continentes también estén presentes) de buena parte del siglo XX. Y lo hace con sencillez, con humor y con ese punto de mala leche que hace que su lectura sea aún más placentera.

martes, 25 de junio de 2013

CRIADAS Y SEÑORAS. Kathryn Stockett



No se exactamente qué me motivó a elegir este libro para iniciar el Club de Lectura que coordino. Posiblemente la idea de que iban a ser casi todas mujeres las  que participarían en él. Así que empecé una lectura que solo me motivaba por el debate posterior a su lectura entre aquellas personas que formarían parte en dicho Club.
El caso es que una lectura que apenas me llamaba la atención, se convirtió en un verdadero disfrute, en una historia llena de fuerza que me cautivó (luego pude comprobar que al resto de los participantes también) y que me hizo recomendar, casi con pasión, su lectura a muchas más personas.
La primera impresión no era nada buena, pues no me gustaba la portada, creo que elegiría otras muchas antes que esta, aunque la imagen de la versión cinematográfica aún me gusta  menos. Pero ya desde la primeras páginas descubres que hay algo que te va atrayendo, algo que te dice que no es una novela más. No sé si es la manera de narrar en el primer capítulo, considero un acierto que sea Aibileen quien ponga la primera voz.
Claro que lo primero que habría que explicar es que estamos en el sur de Estados Unidos en la década de los ochenta del siglo pasado, donde la segregación racial sigue siendo un hecho cotidiano y los ciudadanos negros no pueden compartir espacios ocupados por los "señoritos" blancos. Y he aquí como una joven "blanca" decide lanzarse a la aventura de dar voz a la otra raza, a las sirvientas de las "señoras", para escribir un libro.
Serán tres las voces que narren los acontecimientos, a las mencionada Aibileen y Miss Skeeter, se suma Minny, una criada azotada por la vida y acontecimientos negativos. Tres voces que muestran tres diferentes puntos de vista, tres visiones corales que engrandecen la novela y la hacen mucho más atractiva.
Una historia dura, dramática, pero que por desgracia se ajusta a una realidad que sucedió en el país más "adelantado" del mundo. Una novela a la que no le falta las dosis de humor para suavizar el drama que guardan sus páginas. 
Una novela ágil, directa, que no pretende nada más que narrar los acontecimientos en los que se ve envuelta la alta sociedad de Jackson y, por añadidura, del personal del servicio, las criadas. 
A pesar de su apariencia, de su portada, cualquier tipo de lector o de lectora encontrará en el libro una buena y satisfactoria lectura.

martes, 18 de junio de 2013

KAROO. Steve Tesich



Hay libros que, sin saber porqué, se convierten de inmediato, una vez que acabas de leerlos, en una parte de ti. Hay otros que son un verdadero descubrimiento, libros de los que no sabías nada y, también sin saber porqué, se convierten en una lectura que te marca y se convierten, con el paso del tiempo, en esas novelas a las que el recuerdo te brinda una mueca de placer.
Karoo posee las dos cualidades, aunque acabo de terminarla y aún no puedo afirmar que haya pasado el tiempo recomendable para que la memoria lo catalogue como un recuerdo placentero. Pero lo cierto es que he disfrutado de su lectura, de su sana complejidad a ratos y de su ritmo endiablado, incluso en esos momentos en los que da la sensación de que apenas pasa nada.
Sí, claro que estamos ante una novela llena de humor, desternillante y salvaje, irónica y malévola en muchas ocasiones, una novela en la que Saúl Karoo, su protagonista, se convierte en ese ser detestable del que no te puedes separar ni un segundo, no digo que le coges cariño, pero llega un momento en que todo lo que hace te parece normal.
Considerada como una obra maestra dentro de la literatura americana (como siempre no me leí nada sobre ella hasta terminarla para evitar predisponerme), han tenido que pasar quince años para que llegara a nuestro país, para que descubriéramos una novela de las que llaman la atención, de la que pasas del asombro a la carcajada en apenas una línea y de las que te hacen dudar de tu capacidad de reacción.
Con Karoo me pasa como con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios de Kennedy Toole, que, salvando las distancias, que son muchas, me repele por su forma de ser y los actos que ella empuja, pero no puedo evitar sentir hacia él cierto aprecio.
Una novela divertida, salvaje, irreverente en muchas ocasiones, que no deja indiferente a nadie, que cautiva por la forma casi cinematográfica de narrar que tiene su autor, pero que muestra, también con dureza, el significado de la soledad y la manera que tiene el ser humano de intentar llenarla.


miércoles, 12 de junio de 2013

EL DÍA DE MAÑANA. Ignacio Martínez de Pisón



No voy a descubrir ahora lo buen narrador que es Ignacio Martínez de Pisón, pues lo ha dejado demostrado a lo largo de su dilatada trayectoria literaria. Enterrar a los muertos, Dientes de leche, Carreteras secundarias y El tiempo de las mujeres dan fe de que estamos ante uno de los más destacados narradores de nuestro país en la actualidad.
El día de mañana transita en la posguerra española alrededor de la figura de Justo Gil, un emigrante que llega a Barcelona con ganas de comerse el mundo. Gracias a él y quienes comparten su vida con él descubrimos la historia y avatares de la Ciudad Condal, de sus calles, sus rincones y quienes los pueblan.
Una novela en la que en autor aragonés demuestra sus dotes narrativas, consiguiendo que desde el principio nos hagamos a la idea de que no estamos ante otra novela más de la posguerra española. Martínez de Pisón logra algo más, involucrarnos a nosotros y a los doce personajes que cumplen la función de narradores.
Doce narradores que son los encargados de dibujarnos, con perfectas pinceladas, la figura de Justo Gil, de su forma de ser y enfrentarse al mundo. Así que poco a poco, página a página, vamos conociendo quién es Justo, cambiando la visión que de él tenemos según quién nos lo cuente. Y claro, esos personajes se van entrecruzando, de manera que vamos completando una imagen más grande en la que todos van apareciendo.
Una narración ágil y mucho más fresca de lo que puede suponer el momento que describe, que no necesita  el uso de artificios para contarnos la historia. Una novela que deja un poso en el lector, una sensación de estar ante una de las grandes novelas de la actualidad y que gracias a la profundidad psicológica con que dota a cada uno de los personajes, forma, de inmediato, parte de la memoria colectiva.
No debe extrañar la cantidad de premios que la novela atesora: Premio Nacional de la Crítica, Premio Ciudad de Barcelona, Premio Espartaco de Novela Histórica y Premio de las Letras Aragonesas, además de un enorme reconocimiento entre los lectores.  

martes, 11 de junio de 2013

EL CASO DEL MAYORDOMO ASESINADO. Marco Malvaldi



Marco Malvaldi sigue demostrando, ya lo hizo con La brisca de cinco, que no hace falta un texto de grandes dimensiones para construir una libro atractivo, interesante y con una trama inteligente. Ahora, con poco más de doscientas páginas no solo nos sitúa perfectamente en la Italia de finales del siglo XIX, sino que lo hace con las formas adecuadas y el acertado uso del lenguaje para que la localización sea perfecta.
Irónica y sutil, la novela nos acoge de la mejor manera, describiendo el castillo, sus ocupantes e invitados, un recorrido fantástico en el que es inevitable crear en la mente los diferentes personajes, así como esbozar una sonrisa por el detalle de cada una de las descripciones.
Esa seducción en la que cae el lector continúa "in crescendo" a medida que pasan las páginas y las cosas, por decirlo de alguna manera, se van complicando: el mayordomo Teodoro aparece muerto. Es entonces cuando Pellegrino Artusi, cocinero-escritor creador del libro La ciencia en la cocina y el arte de comer bien que dará inicio a la tradición culinaria italiana, hace gala de su buen olfato, en todos los sentidos, para ayudar a la policía a resolver los misterios que se van sumando.
Es cierto que la historia es sencilla, y que el desarrollo no esconde misterios indescifrables, pero la manera que tiene el autor de narrar, de mostrarnos tanto a los personajes, sus acciones y las consecuencias de estas, permite disfrutar de un libro en el que todo resulta sumamente agradable. Incluso los defectos remarcados de algunos de los personajes no los hace odiosos o rechazables a los ojos del lector, simplemente sirven para que la lectura sea más divertida. 
Hay momentos inolvidables, en los que el juego del lenguaje decimonónico usado por Malvaldi tiene mucho que ver, momentos desbordantes que merece la pena volver a leer solo por disfrutar de cada una de las palabras, de las situaciones y del desarrollo de una acción que no necesita ser trepidante para lograr escenas fabulosas. 
Un libro de sensaciones, de imágenes radiantes, de olores, de juegos literarios que van más allá de la propia historia y de los actos de sus protagonistas. Y que cuenta con unos diálogos tan elocuentes que solo el intento de su reproducción o lectura en alto logra múltiples sonrisas.

domingo, 9 de junio de 2013

LOS MILLONES. Santiago Lorenzo



Con motivo de la aparición de Los huerfanitos alguien me habló, no recuerdo quién, de Santiago Lorenzo y Los millones. Fueron tales sus palabras, lo elogios hacia la obra y el novelista, que busqué sin éxito una novela que me encuentro ahora, varios meses después, editada por Blackie Books en una bella edición en la que destaca incluso la banda publicitaria que, en la mayor parte de las ocasiones, me crea grandes dolores de cabeza. Si tienen curiosidad acérquense al libro y desplieguen la susodicha banda, es un regalo para los amantes de la nostalgia.
Por supuesto que el tema es ya de por si llamativo: "A uno del GRAPO le toca la primitiva. No puede cobrar porque no tiene DNI", sobre todo porque la historia se desarrolla en el Madrid de los años ochenta, 1986 más en concreto. Década importante e impactante en la España democrática y de la que Santiago Lorenzo coge solo lo imprescindible, no cayendo en aquellos guiños "ochetenteros" que la "movida" madrileña se ha encargado de conservar hasta la actualidad.
A pesar del tono desenfadado, sobre todo al inicio de la novela, y la ironía que despiden cada una de su descripciones Los millones no es una novela de broma, una novela netamente humorística y desenfadada. Estamos ante una narración al más puro estilo clásico, que mantiene el lenguaje y los espacios anacrónicos necesarios para situarnos en todo momento en el Madrid de la época. Y lo que parece que va a ser una novela llena de guiños a los tópicos y clichés de una década lineal, se convierte en una aventura literaria que aborda como pocas la soledad y la supervivencia.
Sí, claro que existen esos tópicos, puede que incluso el autor abuse de los nombres comerciales que acompañaron aquella etapa, pero sirven para dibujar el aspecto de aquel Madrid y en especial de sus bares, aquellos bares sin los que muchos no entenderíamos nuestra juventud y buena parte de la etapa adulta.
Una novela que se lee de un tirón, con unos personajes (Francisco y Primitiva) memorables, perfectamente elaborados y de los que, a veces con pocas pinceladas, sabemos casi todo. Y una trama inteligente, con giros sencillos pero sorprendentes, que implica al lector y le hace vivir una historia compacta y emocionante.

martes, 4 de junio de 2013

EL LIBRO DE LOS VICIOS. Adam Soboczynski



Si gracias a El arte de no decir la verdad Soboczynski me enseñó que el fingimiento es uno de los pilares en que se sustenta la sociedad actual, en esta ocasión, y repitiendo el esquema de las pequeñas historias o relatos, nos lleva de la mano en un alegato en contra de la perfección, de lo socialmente correcto.
Irreverente, ingenioso y directo, el autor polaco nos adentra en un mundo, que es el nuestro, en el que todo se ha suavizado, aterciopelado y ordenado de tal manera que hemos perdido el espíritu rebelde y pasional.
A través de 29 "episodios" descubrimos en qué han convertido nuestra sociedad, aunque mejor habría que decir qué hemos perdido para obtener esta nueva sociedad. Reivindica "lo inútil, lo superfluo, lo ineficiente" en aras de la esencia del ser humano.
Y todo eso lo hace de manera correosa y directa, abarcando todos los aspectos cotidianos que nos rodean: la bebida, el tabaco, el ejercicio, el amor, el arte, el sexo y todo aquello con que nos cruzamos a diario y que "ha cambiado" notablemente en los últimos años. 
Una lectura de un tirón, enganchas cada texto con la velocidad de quien quiere descubrir el siguiente tema, mientras asientes y sonríes al descubrir que todo se ajusta a una realidad difícilmente explicable con otras palabras, siempre acertadas, que son las que usa el autor.
Fresco y agudo Soboczynski desnuda con acierto los cambios producidos en nuestro alrededor, no fumamos, no bebemos, hacemos ejercicio y usamos palabras inglesas para explicar todo. Lo mejor es que cada uno de los relatos que componen el libro enfocan un tema distinto, pero con la misma brillantez y acierto.