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miércoles, 24 de julio de 2013

AVELINO HERNÁNDEZ



Ayer, 22 de julio, hace diez años, Avelino Hernández fallecía en Mallorca. Comprometido con la cultura, el mundo rural, la naturaleza, cultivó como pocos la amistad, prueba de ello es que siguen siendo muchos los que acuden a las presentaciones de las múltiples reediciones de sus libros. Autor de más de cuarenta títulos, narrador y contador de historias, han servido para acercarnos al mundo rural de la segunda mitad del siglo XX y rescatar del posible olvido tradiciones y términos casi en desuso.
Con una notable capacidad para comunicar, con un espíritu afable y de una bonhomía sobresaliente, logró que los más pequeños se interesasen por sus historias, bien a través de los libros bien como oyentes de las múltiples historias que siempre le acompañaban. Una vez había un pueblo, Silvestrito y El Valle del Infierno acercaban, y siguen haciéndolo hoy en día, al universo de la Castilla rural, a un entorno en el que la despoblación se ha cebado y con ella la pérdida de maneras de vivir y sentir la propia existencia.
Con un lenguaje claro, preciso, con las frases justas, Avelino lograba que los niños acudiesen a sus libros casi con avidez y no dudaran, una vez leídos estos, en acudir a sus padres y abuelos para saber más de esos pueblos que les habían acompañado en su infancia y juventud. Gracias a él muchos, hoy ya hombres y mujeres maduros, descubrieron formas de trabajar, utensilios y términos que los pueblos agrícolas atesoraban y que los avances técnicos se han encargado de apartar del lenguaje cotidiano.
Se me escapó mi perro Canuto, la boina asesina del contador de cuentos, 1943, Eva y Tania, Conspiración en el Parque del retiro, Y Juan salió a luchar contra el telediarioCarol, que veraneaba junto al mar, Aquel niño y aquel viejo y Amigos, son solo algunos de los títulos con los que los jóvenes lectores descubrían el amor, el respeto y un buen número de valores sin apenas darse cuenta.
Aunque, sin duda alguna, uno de los más destacados logros de Avelino Hernández sea el de lograr que esta literatura, la denominada infantil y juvenil, penetrara con enorme facilidad entre los adultos, que disfrutasen como los propios niños y que leyesen sus libros con el mismo interés con que lo hacían estos.
Numerosos han sido también los libros de viajes, aquellos que nos acercaban a los lugares que él mejor conocía: Soria, donde la Vieja castilla acaba, La sierra del Alba, Crónicas del Poniente Castellano, Viaje a Serrada, Myo Cid en tierras de Soria, Itinerarios por Madrid, Invitación a Soria y muchos más entre los que cabría destacar varias guías sobre Soria y provincia. Libros en los que el autor se convierte en un compañero que no se conforma con señalar los puntos de interés, sino que trasmite la historia, las leyendas y la propia esencia del lugar que describe, haciendo que quienes en él habitan sean los verdaderos protagonistas.
No hay que olvidar que gracias a sus viajes nacieron libros que nos acercaban a pueblos en peligro. La historia de San Kildán y El día en que lloró Walt Whitman dan buena prueba de ello. Libros para todas las edades ya que cada cual logra verlos de manera particular.
Una casa en la orilla de un río, Los hijos de Jonás y La señora Lubomirska regresa a Polonia colocaron a Avelino entre los grandes narradores del inicio de este milenio. Con una prosa fuerte, directa y llena de energía, el autor construye historias con mayúsculas y deja sin habla a quienes acceden a su lectura.
Catálogos de arte, estudios sobre desarrollo rural, prólogos, libros en colaboración con otros escritores, completan esa biblioteca fascinante y que hoy está tan presente como lo era hace unos cuantos años. Muchos más libros se han ido editando desde su fallecimiento, muchos de ellos inéditos, y que siguen demostrando que su manera de contar está viva. 


jueves, 4 de abril de 2013

SILVESTRITO. Avelino Hernández


Bueno, con un par de días de retraso, pero vamos a celebrar en el blog "El Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil". Y qué mejor forma de hacerlo que con uno de los mejores libros del género en literatura castellana.
Aunque qué voy a decir yo si soy una parte responsable de esta edición en la que las ilustraciones de Alberto Crespo han creado un Silvestrito con más vida y presencia.
Para muchos Silvestrito fue la primera lectura de Avelino Hernández, a la que, por supuesto han seguido muchas más, y en la que el protagonista nos acerca a la vida de su pueblo castellano, de Soria, de manera sencilla y atractiva.
Con una ternura increíble, un humor inteligente y la sencillez del lenguaje
Silvestrito nos muestra un mundo que se ha perdido, un mundo en el que la felicidad era posible sin muchas de las cosas que hoy en día acaparamos
Poco a poco se va granjeando nuestra simpatía hasta hacernos partícipes de cada uno de sus juegos, de sus encuentros, de las situaciones más normales y pintorescas de sus paisanos y aquellos que llegan al pueblo a romper la monotonía.
Pero sin duda alguna lo que mejor hace Avelino es hacernos creer que estamos ante un libro de literatura infantil y que los adultos accedemos a él más con curiosidad que con ganas de aprender. Y es que logra engalanarlo de esa guisa cuando buena parte del lenguaje nos devuelve a aquel ambiente de mediados del siglo XX y nos invita a todos a conocer y a vivir en ese medio rural.
Prosa sencilla y perfecto manejo del castellano, buena manera de descubrir vocablos rurales hoy en desuso, con notables dosis de humor que hacen que Silvestrito se convierta en uno de los personajes más entrañables de la literatura castellana.
Si tienes a una persona mayor cerca, déjale el libro y consigue que lo lea, verás el cambio que se va a producir en ella. Además, las imágenes de Alberto cuenta con objetos de uso cotidiano en el mundo rural.
Una verdadera joya que los más pequeños disfrutarán y los mayores comprobarán con asombro lo que la memoria guarda de la infancia.

viernes, 1 de marzo de 2013

CAMPODELAGUA. Avelino Hernández


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En estos tiempos de recortes, ajustes y limitaciones siempre es una buena noticia la aparición de emprendedores, de hombres y mujeres arriesgados a los que la pasión le lleva a acometer empresas que para otros son inexplicables. Y si encima dichos esfuerzos van encaminados hacia el mundo de la cultura, aún son vistos de manera más extraña.
Algo así ocurre en el mundo del libro, que pese a lo que muchos piensan existe fuera de las grandes empresas editoriales, y existe gracias al enorme esfuerzo de quienes pretenden siga siendo el vehículo de comunicación perfecto. Ediciones y reediciones que persiguen, nada más y nada menos, que el resto de las personas descubran lo mismo o parte de lo que han encontrado ellos.
Es el caso de Nuevos Rumbos, una pequeña editorial familiar, que aborda, en esta ocasión uno de los libros agotados desde hace muchos años de Avelino Hernández CAMPODELAGUA.
Un libro que nos sumerge en un universo mítico a la altura, pese a las pegas que puedan poner ciertos iluminados literarios, de Macondo o Celama. Un universo que subyuga de tal manera que cada palabra, cada párrafo, cada página conforman una experiencia única. Logrando mezclar, como solo logran hacerlo los grandes escritores castellanos, belleza y drama en la misma línea y mostrando, a medida que pasan las páginas, la belleza del lenguaje castellano hoy tan minusvalorado.
Y es que la prosa de Avelino logra, en esta narración (y pese a que en él dejase Campodelagua un regusto amargo), saltar las barreras castellanas para dibujar un entorno reconocible en todos los espacios, marcando lo que luego será esa prosa impactante, adulta y fabulosa en títulos como “Una casa en la orilla de un río”, “Los hijos de Jonás” y “La señora Lubomisrka regresa a Polonia”.
Será el segundo de dichos títulos “Los hijos de Jonás” una recuperación perfecta, más que una continuación, de Campodelagua, compartiendo personajes, escenarios e incluso escenas, en ese afán del autor de Valdegeña de completar aquello que dejó sin rematar.
En esta edición, además de un diseño y gusto exquisito del propio libro,  ambas obras se complementan para que el lector obtenga el máximo de perspectiva y se haga partícipe del mundo que crea Avelino. 

         Lo publiqué en Heraldo de Soria el 19 de Julio de 2012, coincidiendo con  su      presentación.