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sábado, 18 de abril de 2020

EL ÚLTIMO TAHÚR. Rodrigo Sopeña y Juande Pozuelo



No me considero un experto en cómics y, como ahora se cataloga, novela gráfica, pero no voy a ocultar que su lectura me ha acompañado durante toda la vida, desde los tebeos clásicos de Ibáñez, Jan, Benejam, Escobar, Gago, Moray Ambrós, Vázquez, Karpa, Rojas y un etcétera muy largo, hasta los Roca, Migoya, Santos, Pons actuales; sin olvidar todos aquellos que llenaban con sus trabajos las revistas Totem, Blue Jeans, Creepy, el Víbora o Makoki, entre otras. Y personajes que aún me acompañan en relecturas que llenan los momentos de insomnio: Tintín, Astérix y Obélix, Blueberry, el Corsario de Hierro...
Entre los muchos que pasan por mis manos semanalmente, como libros de cualquier otro género, hay muchos que se ajustan a mis gustos y expectativas, otros desconocidos, pero que me llaman la atención y, algunos más, de cuya existencia me alertan amigos, lectores. editoriales e informaciones de los diferentes medios de comunicación.
El último tahúr me llegó por este último canal, concretamente por una emisora de radio (gracias Carles), y la temática, trayectoria y comentarios sobre él, me hicieron, no solo prestarle atención, sino buscarlo inmediatamente y lograr, cosa que sucedió en apenas dos días, tenerlo en mi poder.
Es cierto que a pesar de ese impulso, frené mis deseos y esperé más de una semana en poner los ojos, y demás sentidos, en el libro, con la tranquilidad y el sosiego de quien quiere saborear desde la primera palabra del guión, hasta la última imagen (esta ya sin letra impresa alguna).
Si giro mi cabeza 180 grados tengo ante mí toda una colección de uno de mis personajes preferidos del mundo del cómic: Blueberry. Siempre he tenido, será por la influencia del cine de mi infancia y adolescencia, una predilección por el Oeste (no muy lejos está la recopilación de las aventuras del Sheriff King). Pero aunque El último tahúr nos lleva al Oeste americano de finales del XIX y principios del XX, poco tiene que ver con la estética y la narrativa de aquellos.
Si algo me llamó la atención de aquella entrevista radiofónica era el personaje que protagonizaba el libro: S. W. Erdnase (por supuesto no es el nombre auténtico del tahúr), quien en 1902 registró en la ciudad de Chicago el manual de referencia para la cartomagia. Manual que detallaba todas las trampas posibles con la baraja. De hecho el subtítulo del cómic reza así: "La fabulosa leyenda del hombre que desveló todos los trucos del mundo".
Con el estupendo guión de Rodrigo Sopeña y las precisas imágenes de Juande Pozuelo el libro es un verdadero cómic de aventuras, con un trabajo editorial sobresaliente, de acorde a una estética que no deja indiferente a nadie que se acerque a sus páginas.  Y es que el notable ritmo de la historia, la limpieza de los dibujos, dotan a la historia de una dinámica perfecta para disfrutar de cada una de sus páginas.
Sin olvidar, claro está, que el perfecto trabajo de los autores se completa con la perfección de los detalles, con la completa documentación que se aprecia, más si cabe, en los contenidos extraordinarios del final.
El lector, además de disfrutar de una buena historia, como he dicho bien contada e ilustrada, podrá disfrutar de una serie de personajes reales que acentúan los avatares de Andrews, el protagonista. Los Dalton, John Wesley Hardin, Harry Houdini o los Keaton, entre otros, asomarán por las páginas de una verdadera novela gráfica.

lunes, 12 de mayo de 2014

ESTUDIO EN ESCARLATA. Arthur Conan Doyle



Desde hace varios meses sentía el deseo de volver a leer una de las novelas de Conan Doyle en las que el protagonista es Sherlock Holmes. Los relatos suelen acompañarme con relativa frecuencia, pero quería volver a saborear la contundencia de uno de sus textos largos. Encima de los muchos libros que hay sobre mi mesa esperando ser leídos aparecía con insistencia El sabueso de los Baskerville, pero sin ser capaz de explicar la razón no llegué a pasar de la primera página.
No eran las páginas ajadas y amarillentas del ejemplar que me acompaña desde que tengo uso de razón, ni la sensación de haberlo leído repetidamente, había una necesidad en recuperar, paso a paso los movimientos de uno de los personajes más carismáticos de la literatura universal . Así que decidí empezar a releer a Conan Doyle por el principio, por el primero de sus libros: Estudio en escarlata. Y qué mejor forma de hacerlo que en la nueva edición ilustrada, como ya hizo con el título anterior, de Nórdica Libros, una editorial que logra mimar los textos clásicos dotándolos de una vitalidad que nos obliga a depositar nuestros ojos primero y nuestras manos  y mente después, sintiendo una tracción que solo es entendible cuando amamos los libros en sí mismos, por lo que son, representan y significan.
Con las ilustraciones de Fernando Vicente -búsquenlo en "Babelia", merece la pena- y la traducción de Esther Tusquets -de quien es también alguna de sus aventuras en la Editorial Rquer- Nórdica ha creado un libro fantástico que hace todos los honores a uno de los grandes genios de la novela policíaca.
Quizá lo más significativo de Estudio en escarlata es que logra impregnarnos del lenguaje tan personal y los modos narrativos de John H. Watson, sí, el Doctor Watson, pues será él quien nos cuente las aventuras de Sherlock Holmes con todo lujo de detalles. Será él quien, a modo de confesión casi personal y en voz baja, nos muestre quién es y cómo actúa el detective del 221 B de Baker Street, un narrador de lujo, presente en todos los escenarios y situaciones que describe.
Aunque sin duda lo mejor de esta primera entrega de sus aventuras (algunos relatos ya habían sido publicados en la prensa) es la presentación que de Sherlock Holmes y él mismo hace el Dr. Watson:

"Medía más de seis pies ochenta y era tan extremadamente delgado que parecía todavía más alto. Sus ojos eran agudos y penetrantes, salvo en los intervalos de sopor a los que he aludido; y su fina nariz aguileña confería a todo su semplante un aire vivaz y decidido. También su barbilla, prominente y cuadrada, revelaba a un hombre resuelto. Aunque sus manos estaban invariablemente manchadas de tinta y cubiertas de marcas causadas por productos químicos, Holmes poseía una extraordinaria delicadeza de tacto, como tuve ocasión de observar con frecuenca al verle manipular sus frágiles instrumentos de trabajo"

Por no mencionar las pautas del trabajo de "deducción" que al detective le gusta usar para desentrañar el crimen extraño que se les presenta y los juegos dialécticos con que adorna muchas de las explicaciones del propio Holmes.
Las descripciones, tanto de lugares como de cada uno de los personajes que van apareciendo, así como los diálogos a que somete a sus dos protagonistas principales hace que la narrativa de Conan Doyle, Sir Arthur Conan Doyle, logre envolvernos desde el inicio, creando una atmósfera londinense de la que es difícil escapar ( salvo en esa segunda parte en la que se nos traslada a suelo americano). Hasta tal punto ralentizamos la lectura todo lo posible, saboreando cada página, cada apreciación, cada palabra usada por el narrador para dejar volar nuestra imaginación hacia escenarios  fácilmente dibujados.
No voy a negar que frente al atractivo descomunal, casi hasta la adicción, de la primera parte ("Reimpresión de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y ex médico del ejército") hay un instante, tan solo uno, en que parece zozobrar la novela al inicio de la segunda parte ("El país de los santos"). No porqué esta no esté tan bien escrita como la primera, sino porque parece romper la dinámica, los escenarios e incluso los propios personajes.
De repente, cuando parece que estamos ante el clímax de la historia, cuando los personajes principales se asoman en toda su grandeza y la trama parece llegada a su fin, Conan Doyle nos paraliza con un final de capítulo brusco. Creemos llegar al final y aún queda la mitad del libro. Para nuestra sorpresa no solo cambiamos de escenario, sino incluso de continente y protagonistas, hasta tal punto que no resulta extraño que dudemos de qué es lo que estamos leyendo. De hecho debo reconocer que mi memoria había sido incapaz de retener esta parte de la historia, quitando ese segundo capítulo casi en su totalidad, incluso es más que posible que me imaginase una historia que nada tiene que ver con la primera parte.
Pero no hay duda que una vez superada la sorpresa, puesto en situación, el lector vuelve a dejarse seducir por el ritmo creciente de la narración de Conan Doyle, de esa historia que, poco a poco, se va perfilando de nuevo hasta que entendemos el porqué de ambas partes.
Una lectura entretenida, activa, sorprendente y ocurrente, como todas en las que Sherlock Holmes y, como no, el Dr. Watson, son protagonistas, sin el menor desperdicio y en la que los lectores somos parte fundamental de la propia historia narrada. Atentos a cada pista, a cada insinuación y detalle para resolver junto a nuestros protagonistas el crimen en que se ven envueltos.

viernes, 6 de diciembre de 2013

CUENTOS MACABROS. Edgar Allan Poe



Hay días en los que te apetece volver a leer a los clásicos, recuperar esas lecturas que no solo dejaron huella en algún momento, sino que siguen presentes y se reflejan con mucha frecuencia en nuevas narraciones. No hay duda de que Edgar Allan Poe es uno de esos escritores eternos que además de pervivir se asoma continuamente a muchos más ámbitos que el literario. El cine, también la música, ofrece sin descanso referencias que nos hacen revivir algunos de sus cuentos, algunas de esas escenas inolvidables que se han alojado en nuestra mente y se dibujan repetidamente en la memoria.
Crecí con varios libros que alojaban los cuentos de Poe, pero ha sido la edición de Alianza la que más he exprimido, la que más he leído y releído, señalado y anotado, la soberbia traducción de Julio Cortázar ocupa ahora el doble de su tamaño original a fuerza de abrirla y recuperar frases y momentos estelares. A pesar de poseer más de una edición de los mismos Cuentos en dos volúmenes, siguen siendo los primeros los que con más fervor atesoro. Por mucha pena que me da su estado prefiero recurrir a ellos antes que a las siguientes ediciones (intactas de apenas ser tocadas).
Pero claro, hay libros de los que no puedes abstraerte, libros que te llaman tan poderosamente la atención que te atrapan desde el primer momento, Da lo mismo que sus páginas vuelvan a repetir los textos que ya conoces, los relatos que has vivido en varias lecturas, libros de una belleza tal que casi logran emocionarte una vez los tienes entre tus manos.
Uno de los más destacados, por suerte se repite con frecuencia en estos últimos años la fórmula de recuperar autores clásicos e ilustrarlos con maestría, es este libro de Edelvives que cuenta con la propia traducción de Cortázar y las soberbias ilustraciones de Benjamin Lacombe. Una obra que corta la respiración, que a mi particularmente me dejó sin aliento una vez sentado en mi mesa, en la soledad de la noche me puse a disfrutar de sus Cuentos macabros. No solo son las ilustraciones, es el diseño, de la primera a la última página, de la portada a la contraportada, de los títulos al índice. El libro es un todo que merece, cuanto menos, un repaso general a su contenido.
Además de los cuentos "Berenice", "El gato negro", "La isla del hada", "El corazón delator", "La caída de la Casa Usher", "El retrato oval", "Morella" y "Ligeia", en el libro encontramos el texto "Edgar Allan Poe, su vida y sus obras" de Charles Baudelaire y las biografías de este, el propio Poe, Cortázar y Lacombe.
Un libro completo, que conjuga de manera magistral la prosa de Poe, esos relatos (cuentos) que despiertan la imaginación (algunos no puedo aislarlos del rostro de Vincent Price en las películas de Roger Corman) y que mantiene a lector atento y expectante en todo momento, con el misterio suficiente como para que en más de una ocasión la respiración se acelere y la lectura corra en pos de ese desenlace que se siente apasionante.
Aunque lo más destacado de esta edición lo encontramos no tanto al ojearlo con asombro, sino al leerlo con detenimiento y comprobar que los ojos pasan con sorprende velocidad de las letras a las imágenes, participando en un juego que logra que la lectura sea aún más gratificante. 
Una completa joya literaria a la que invito fervientemente se le preste una especial atención. Lleva dos años conmigo y no me canso, cada cierto tiempo, de leer y observar, de sentir e imaginar mientras las horas nocturnas pasan como si nada.