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miércoles, 22 de abril de 2020

EL CLUB DE LOS GOURMETS. Junichiro Tanizaki



Junichiro Tanizaki es, desde hace muchos años, un escritor japonés que me tiene subyugado. Aunque reconozco que aún están a la espera de futuras lecturas varias de sus obras, otras se han ido sucediendo con notable satisfacción (ver La Llave en este blog), demostrándome como lector todo lo que atesora uno de los escritores japoneses más importantes del siglo XX. 
Para aquellos que les asuste la narrativa japonesa, la lentitud, la reflexión y el detallado reflejo del comportamiento humano que a veces, al lector occidental, nos  parece ralentiza en exceso la lectura van a encontrar, máxime en El club de los gourmets, en Tanizaki algo muy diferente. Una sátira irreverente, agridulce y, a pesar de los años transcurridos, publicado en 1919, muy actual.
En este cuento Tanizaki deja patente lo delicado de su pluma, la sencillez del inicio, que aunque con notables luces y sombras incita al lector en penetrar en un mundo que rápidamente se torna decadente, hasta que el relato se convierte en un espacio onírico, cercano al realismo mágico y en el que al lector-espectador le costará descubrir, al menos en una lectura rápida, qué es y qué no real.
Acompañado por las soberbias ilustraciones de Yoko Nakajima, el texto nos acerca a la búsqueda del placer a través de la gastronomía, con descripciones sugerentes llenas de metáforas que obligan al lector occidental a entrar en el doble juego de leer con detenimiento y saborear los platos que van apareciendo. 
El club de los gourmets, al contrario de lo que pasa con los cinco excéntricos miembros del mismo, invita a la lectura calma, con amplios descansos cada dos páginas, a saborear cada cambio sustancial de plato. Un relato lleno de aromas, de juegos de luces, de crítica, humor, desgarro e incomprensión, pero también de magia, de placer, de perfección y de irrealidad.



viernes, 8 de febrero de 2013

RECOGE LA LUZ DEL SOL CON LAS MANOS. Toyo Shibata



Pocas veces llegan a nuestras manos libros que marcan un antes y un después, libros que parece tengan un halo especial y que logren transmitir muchas más cosas que las que parece dicen sus páginas.
Y eso sucede con este pequeño pero intenso poemario. Y por muchas razones. Primera, no voy a ocultar que fue lo que me llamó la atención, que su autora tenga más de cien años (nació en 1911); y segunda, que tenga la sensibilidad suficiente para que logre cambiar mi estado de ánimo y que me deje llevar por las palabras hasta casi no percatarme de que estoy leyendo un libro.
Toyo Shibata transmite, con la profundidad que solo es capaz de lograr la experiencia y la serenidad, la pura esencia de la vida, dando protagonismo a lo cotidiano, a lo más elemental, sacándole un partido increíble y llevando al lector de la mano por cada uno de los poemas.
Aunque está claro que el libro es un todo, es la transmisión de un legado que su autora va entregando a quien accede a él, cada poema tiene la fuerza suficiente como para cerrar los ojos una vez leído y asumir cada una de sus palabras, cada uno de sus versos. Pues es la sencillez, la claridad con que la autora logra expresarse, la que con más facilidad ahonda en quien mantiene el libro entre sus manos.
Una pequeña joya venida de Japón que logra saltar fronteras gracias a una persona que se hace cercana desde el primer momento, con una simpatía desbordante y que consigue, desde el poema inicial (Madre I) penetrar en cada uno de nosotros. No hay que olvidar, no me canso de repetirlo, que somos los lectores los que damos vida al poema, aunque sean otros los que hayan juntado las palabras, ya que autentificamos cada uno de los versos. 
Toyo no ha tenido que recurrir a caminos enrevesados para hablarnos, avanza directamente, con claridad, tocándonos de inmediato con una aureola tierna y afable que nos embarga, haciendo que cada poema dibuje una realidad cercana, llena de sentimientos y fabulaciones que permiten que veamos la vida con un punto más de optimismo.