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QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...
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lunes, 4 de mayo de 2020

UN PLAN SANGRIENTO. EL CASO DE RODERICK MACRAE. Graeme Macrae Burnet


Hay veces que mis lectores se extrañan de que un libro que ellos consideran notable, e incluso sobresaliente, no me lo haya leído. Sí, es cierto que los libreros no somos capaces  de leernos todos los libros que hay en el mercado, ni siquiera lo que tenemos en las estanterías de nuestra librería. Pero también es cierto que las señales y recomendaciones que nos hacen nuestros lectores rara vez caen en saco roto y más pronto que tarde el libro en cuestión ocupa nuestro tiempo de lectura.
Por supuesto que algunos de esos libros debieron coger al lector en cuestión en algún momento de debilidad, porque de otra forma y conociéndole, no es entendible su defensa a ultranza, pero también que un buen número de ellos se convierten en un gran descubrimiento que nos acompañará a lo largo de nuestra vida. De hecho, cierro los ojos, y se me ocurren muchos libros que gracias a esas recomendaciones siguen presentes en la librería después de muchos años y ganando adeptos semana tras semana.
Con Un plan sangriento ocurrió lo descrito, uno de mis mejores lectores (perdónenme el posesivo, pero la unión entre el librero y el lector es algo reseñable en estos tiempos en los que la relación personal está en suspenso) dejó en libro frente a mí y me dijo que sí, que tenía que leerme el libro, que no me iba a dejar indiferente (habíamos comentado no muchos días antes la buena pinta que tenía).
El caso es que lo aparté, dispuesto leerlo de inmediato, mas como sucede a menudo, quedo solapado por otros títulos, aunque sin abandonar el espacio dedicado a las lecturas próximas. Y debo reconocer que, una vez iniciada su lectura, quedé prendado de la historia de Roderick y de los demás habitantes  de Culdui, en el corazón de la Escocia más profunda.
Graeme Macrae Burnet utiliza la fórmula del documento encontrado para crear una historia heredada. Aunque es común, es de resaltar los moldes que rompe, las circunstancias y las peculiaridades que posee, desde la herencia genética entre el escritor y el autor del texto, hasta el motivo por el que es escrito, sin olvidar la particularidad de estar escrito de manera notable a pesar de ser el hijo de un aparcero. Todo ello perfectamente explicado, como autentificando cada una de las partes que componen el libro.
De complicada etiquetación, no me entra en la cabeza situarlo dentro de la novela negra o género similar. Sí, claro que tiene unas importantes dosis de intriga que te hacen, además, querer seguir leyendo para comprobar en qué acaba el libro, pero el mérito de Macrae Burnet es, primero lograr que nos situemos en la Escocia del siglo XIX, más en concreto en 1869, y luego que prestemos atención al desarrollo judicial del proceso.
Con una amplia documentación etnográfica y social, el autor logra trasmitir la situación de la Aldea de Culdui, en Ross- shire, el sometimiento a las tierras y al señor su propietario, las supersticiones, la religión, la situación humana y un ambiente opresivo y gris que logra atenazar más al lector que a sus protagonistas.
Serán estos, los personajes, los que transmitan el estado en que se encuentran, su lucha por la supervivencia, por arrancar a la tierra el sustento necesario: la dureza de una vida que, incluso a los habitantes de otras regiones de Escocia, se percibe opresiva. El relato de Roderick Macrae es, cuanto menos,  una novela en si misma, que nos permite observar, a través de sus palabras, y paso tras paso, los avatares de su familia en particular y de su comunidad en general.
Una novela grandiosa, que crece a medida que avanzan sus páginas, elaborada de manera minuciosa, prestando atención hasta el mínimo detalle. Si cada una de sus partes tiene una gran importancia, es cuando todas se entretejen cuando crean una historia con mayúsculas, una narración en la que no es necesario cerrar los ojos para sentirla, basta dejarse llevar por las palabras para sentir cada uno de los espacios, de los acontecimientos y de los silencios a que invita a lo largo de sus más de trescientas cincuenta páginas.

domingo, 13 de marzo de 2016

LA VÍSPERA DE CASI TODO. Víctor del Árbol


Desde el instante en que escuché que el Premio Nadal 2016 iba emparejado al nombre de Víctor del Árbol tenía bien claro que iba a estar impaciente hasta su aparición. De hecho,  he tenido mucho tiempo la sensación de que se retrasaba en exceso. Ni siquiera la exagerada expectativa me obligó a retrasar su lectura, carente de toda prudencia comencé su lectura nada más llegar a mis manos; eso sí, es ahora, mientras escribo, cuando observo con detenimiento la portada del libro que, hasta ahora, había pasado inadvertida y, debo reconocerlo, me atrae más la parte superior que la inferior.
Con Un millón de gotas  descubrí un narrador inteligente, con una prosa embriagante que lograba mantener ocultas entre sus palabras lecturas diferentes, con unos personajes tan perfectamente creados que parecían transportar la carga que solo ofrece una vida real. Así que no dudé un instante en buscar lecturas anteriores como La tristeza del samurái y Respirar por la herida, libros que me convencían del valor de la prosa de Víctor de Árbol.
En La víspera de casi todo los personajes vuelven a cobrar una importancia tal que la trama parece pasar a segundo plano, que logra que te sumerjas en cada uno de ellos, en su presente y su pasado, como si la información dada por tu imaginación supera con creces la dada por el narrador. Cuando vuelves al libro, después de una pausa, tienes la sensación de conocer a cada uno de ellos, en espacial a las mujeres, antes incluso de comenzar a leer el libro. Como si la lectura, ya desde el inicio, hubiese despertado recuerdos de los que no eres consciente.
Será también el juego que mantiene el autor a lo largo de las más de cuatrocientas páginas entre pasado, presente y futuro, siempre con la culpa y la venganza como un motor nada desdeñable de las distintas acciones de los protagonistas, uno de los mayores atractivos de la novela. En cada página el narrador nos dibuja a unos seres que se debaten entre su propia supervivencia y los que les rodean, o han rodeado, pero siempre fruto de los golpes que han recibido anteriormente, como si la violencia más dolorosa no fuese la presente si no la que aconteció en el pasado.
Víctor del Árbol es el artífice de una atmósfera opresiva que impregna todo, desde los escenarios y paisajes en que se desarrolla la acción, hasta los pensamientos y acciones de los propios personajes. En muchos momentos el lector debe apartar la vista del libro para tomar oxígeno, para distanciarse de la trama que está leyendo, pero siempre sin que la mente sea capaz de ausentarse de esa historia, o historias, que logran atraparle. No importa que el narrador mantenga el mismo tono de voz para cada uno de los cinco protagonistas principales, al contrario parece ayudar a que la lectura sea más pausada, no tanto por evitar vacíos que sean indispensables para el desarrollo de la historia, como para disfrutar de todo su contenido.
En La víspera de casi todo el dolor se adueña de cada una de las páginas, pero un dolor no exento de belleza, no tanto en la descripción de la violencia en sí, como en el espacio físico en que se desarrolla. Un dolor que sirve para componer la historia de cada uno de los cinco personajes.

domingo, 17 de mayo de 2015

EL ÚLTIMO CAPÍTULO. Javier Lizasoain Hernández



Hay libros que llegan a mis manos en extrañas circunstancias y que suponen un aliciente especial que me atrae de una manera inexplicable. No hay duda que El último capítulo es un libro de notable factura editorial, hecho con mimo y con el cariño de quien siente amor y pasión por el libro impreso, así que resulta atractivo una vez lo tienes entre manos y no puedes dejar de dar gracias al editor, Doce Calles, que se ha preocupado de hacerlo de esta manera. Pero que te comprometas a leerte el libro sin conocer ni el tema, ni el autor, ni el libro físico, es algo que solo se produce cuando hay algo que te da buenas vibraciones.
Por eso he querido que el tiempo enfriase muchos de los estímulos de la lectura y ponerme a escribir cuando esta estuviese lo suficientemente reposada, cuando los ecos de una cómoda, ágil y estupenda presentación, se hubiesen acallado del todo, cuando las voces femeninas que pueblan sus páginas se mantuviesen en mi memoria de manera convincente.
De Javier Lizasoain Hernández desconocía todo, salvo la amistad de quien me entregó el libro, así que al hilo de la lectura me sentí obligado a buscar algo de información sobre sus actividades. Profesor de instituto (menos mal que ya había leído el libro, si no me habrían asaltado las dudas de estar ante el fruto de una experiencia docente antes que la necesidad de escribir), licenciado y apasionado del arte y poco más (autor de un libro de Historia del Arte de segundo de bachillerato) que me permitiese conocer al creador de una novela tan arriesgada como elocuente.
De entrada hay que señalar que el atractivo principal, junto con el de quien me dio el libro, radicaba en centrar la novela en una de las joyas del arte español, la llamada "Capilla Sixtina" de Castilla, la ermita de San Baudelio de Casillas de Berlanga (basta echar un vistazo a la portada del libro para observar una de las escenas que ilustraban sus paredes). Pero lo que no podía esperar era que el autor (se que en estos tiempos de igualdad de géneros no debería señalarlo, pero aquí está) construyese la historia alrededor del mundo femenino. No conformándose con eso dará voz a tres mujeres, de tres generaciones distintas, abuela, madre y nieta, para que la historia se conforme en un canto coral que, cuanto menos, resulte creíble a los ojos de cualquier lector.
El autor no solo tiene oficio, en el buen sentido de la palabra, a la hora de conformar la historia narrada, sino que logra transmitirnos su pasión por las pinturas de la ermita, por los avatares que estas sufrieron a lo largo del siglo XX y nos invita a uno, o mejor dicho a varios viajes a través de la visión y la mente de Justina, Lucía y Marina. Viaje, viajes, historia e historias que se van abriendo a los ojos del lector con la fluidez necesaria para penetrar  en ellas como si formasen parte de nuestra memoria colectiva.
Comenzar a leer y sumergirse en un mundo lleno de incógnitas es todo uno, aunque como sucede con la propia ermita, con una puerta cerrada y un exterior sencillo, se van abriendo a la luz paredes e imágenes sorprendentes, escenas inimaginables y personajes increíbles. Javier logra crear una novela austera en el exterior para crear un espacio en el que se van abriendo caminos y pasillos, no todos se recorren de inmediato, algunos se aparcan para volver más tarde, algunos se visitan con deleite y otros se pisan como dentro de una ensoñación. De la mano de las tres protagonistas nos sentimos espectadores privilegiados no solo de sus experiencias, si no de la historia de muchos de los pueblos y ciudades de España.
Eso sí, hay un capítulo que merece la pena ser tenido en cuenta de manera especial, casi individual.  El capítulo II titulado "Y el hombre se hizo alma" es tan magnífico como arriesgado (hay quien diría incluso osado) y que constituye un apartado aparte. El maestro de San Baudelio nos traslada a un pasado mucho más lejano y a la manera de la mejor narración histórica nos recrea una imágenes casi cinematográficas, tan elocuentes que nos invita a cerrar los ojos y sumergirnos en una época de la que iremos recuperando imágenes a medida que avanzamos en la lectura.
Una novela de búsqueda, de lucha, en la que las pasiones se van abriendo con tal fuerza que nos impedirán abandonar el libro y que deseemos, junto con las protagonistas llenar los vacíos que se van abriendo en cada página.


martes, 28 de abril de 2015

CAMPO ROJO. Ángel Gracia



No sé si Ángel Gracia ha tratado de desmontar la infancia como esa "patria feliz" a la que solemos acudir para dibujar con múltiples tonos nuestro recuerdo, pero lo que sí tengo claro es que ha sabido crear un retrato real, duro y cruel de los años de la pre-adolescencia.
Una novela impactante, que desde el inicio deja bien claro que no estamos ante una narrativa al uso, con una atmósfera opresiva que, inexplicablemente, nos atrapa, que nos atrae con una fuerza desconocida. Un viaje a la infancia y sus demonios, esos momentos oscuros de los que pocos, por mucho que nos neguemos, se pueden escapar. 
Sí, claro que nos sitúa en un escenario concreto, en una ciudad concreta, la Zaragoza de los años 80 del siglo pasado, pero de inmediato parece dar un giro de ciento ochenta grados y mostrarnos un espacio diferente, un espacio conocido, con rostros y voces que se han mantenido presentes en nuestra memoria. Somos nosotros, y aquellos que crecieron con nosotros, los que protagonizan cada una de las escenas narradas por el autor. Ponemos cara a cada uno de los personajes, incluso llega un momento en que adecuamos el mote al que se mantiene impreso en nuestra mente.
Pero, sin duda alguna, lo peor de todo es la dificultad de situarnos nosotros en la acción, de acertar en nuestro  verdadero papel en la novela. Sí, claro que en un inicio nos posicionamos en el lugar del narrador, pero al poco descubrimos como nos metamorfoseamos en cada uno de los demás, sus actitudes, sus palabras y sus silencios nos delatan. Somos, al fin y al cabo, todos en uno, bien porque en su momentos pasamos por todos los papeles, o bien porque nos creamos entonces esa coraza que logró que aventurásemos haber sido cada uno de ellos.
Según el autor la novela no es solo fruto de su memoria -nunca hay que olvidar que estamos ante un elemento de ficción narrativa-, sino de la memoria de todos aquellos que le rodean. Y son todos aquellos los que conforman un universo propio en el que se van apareciendo nuestros fantasmas, seguro que cada lector interpreta cada situación de forma distinta, aunque en todo momento somos conscientes de cuando se quiebra la justicia, cuando los abusos, los atropellos colocan a cada uno en su sitio. Y, por mucho que podamos negarlo, nuestro deseo de estar en un lado u otro de la línea está siempre claro, máxime cuando nuestra integridad está en juego.
 Más que el relato de la infancia, el reflejo de unas vivencias más o menos verídicas, Ángel Gracia logra crear una novela con notables tintes políticos y sociales, donde no solo prima la propia supervivencia, sino la lucha por el poder y donde ubicarse para que este no haga daño.
Una novela sin descanso, incluso las breves alusiones campestres, que parecen idealizar el espacio del mundo rural ajeno al urbano, esconden los miedos que azotan al niño, y por ende al ser humano, incluso cuando no se están sufriendo.
Una novela despiadada, donde la desolación se adueña incluso de los momentos de descanso, un mundo hostil que impide exista un espacio mental en el que refugiarse. Pero también una novela que usa el lenguaje en su justa medida, que señala espacios y sensaciones, que transforma a la perfección la propia experiencia y existencia del lector.

Otras obras del autor:
Valhondo (2003); Libro de los ibores (2005); Destino y trazo: en bici por Aragón (2009) y Arar (2010). 

miércoles, 23 de abril de 2014

ES UN DECIR. Jenn Díaz



Hay libros que, no sabes muy bien porqué, te encandilan desde el inicio, hay algo que te atrapa y te impide que pienses en otra cosa que no sea leerlos. No es su tema lo atractivo, ni siquiera el magnetismo de sus personajes. Es la manera de escribir, de contar la historia la que te absorbe, la que consigue  que tu mente se aleje de la realidad y se deje invadir por una ficción que más que parecer ficción se asocia con una experiencia vital de la que formas parte.
Como son bastante raros los títulos en los que esto sucede suelen despertar una pasión que en muchas ocasiones lleva  a la confusión a la hora de explicarlos, a la hora de tratar de hacer una sinopsis que se ajuste a su propia narrativa.
No, no estamos ante una historia más de la España rural de la posguerra, ni mucho menos. Ni siquiera se ajusta a los cánones narrativos a los que estamos acostumbrados (cosa que, valga decirlo, es de agradecer), esos cánones que agarrotan la creatividad hasta producir obras clónicas que, miradas en perspectiva, nos alejan de todo lo que huela a sorpresa.
Jenn Díaz lo sabe y por eso se ha dejado seducir (y logra transmitirlo a los lectores) por las mejores cualidades de la literatura intimista española, elegante y acertada en todo momentos, para fundirla en una prosa llena de matices líricos que acerca cada una de las palabras, de las descripciones que se nos ofrecen por boca de sus protagonistas.
Sí, se trata de un microcosmos reducido al mínimo, un entorno familiar que logra profundizar en cada uno de los personajes que lo conforman. Unos personajes que se acercan con la misma facilidad que parecen escaparse por entre los dedos, como si no fuésemos capaces de retenerlos y en la página siguiente evolucionasen de una manera distinta  a la imaginada.
No voy a negar que los tonos que imperan abarcan toda la gama de grises que podamos imaginar, pero la frescura de la prosa de la autora, el dominio del lenguaje y de las expresiones de la mitad del siglo XX en buena parte del entorno rural de la España interior y la capacidad de Mariela, la niña protagonista, para narrar, para lograr que prestemos todo nuestra atención a sus palabras, a ese torrente vocal que para sí quisieran dominar muchos de nuestros narradores consagrados.
Jenn Díaz ha construido una novela radiante desde el inicio -logra seducirnos primero con esas frases cortas que nos acomodan entre las páginas del libro-, que parece gestarse a medida que pasan las páginas, logrando que nos quedemos sin aliento en el momento preciso, cambiando de registro, y de narradora, cuando entiende que estamos ya preparados.
Una novela inteligente, de la que es mejor no contar y dejar que sea el lector el que se deje seducir por la voz de su narradora-niña que es Mariela, por esa fina ironía que solo es capaz de entenderse cuando procede de la mente infantil que se atreve a responder a sus propias preguntas. Sin duda alguna uno de esos libros que podemos ofrecer como regalo en un día como el de hoy.
¡Feliz Día del Libro!

miércoles, 23 de octubre de 2013

EL ÚLTIMO CORTEJO. Laurent Gaudé



Tengo que reconocer que lo primero que tuve que superar en la lectura del libro fue la primera frase, esa punzada que uno siente cuando algo resquebraja la intención de disfrutar de un libro. De hecho han tenido que pasar tres meses antes de aventurarme de nuevo en sus páginas. 
Pero claro, tenía demasiado presente El legado del rey Tsongor como para no darle una segunda oportunidad. Así que comencé a leer el libro con la esperanza de recuperar algunas de las sensaciones que me había producido aquel.
Sin las expectativas que tenía cuando lo cogí  por primera vez, allá por los últimos días de junio, me encuentro casi sin respiración en la página 16, habiendo acabado un primer capítulo y negándome a dejar el libro bajo ningún pretexto. Sin embargo había algo que me obligaba a leerlo con detenimiento, con respeto, como si los acontecimientos que se iban produciendo en él me impresionaran sobremanera.
La prosa absorvente de Gaudé de inmediato me trasladaron a los textos clásicos, a los poemas épicos. Los capítulos breves, los párrafos espaciados, la utilización del lenguaje y la propia figura de Alejandro me envolvieron de tal manera que no hacía falta, en absoluto, que el autor me llenase con imágenes superfluas y recurrentes. Me encontraba con una novela breve, sí, pero que estaba construida en su justa medida, a la que no le sobraba ni una coma, pero que gloriosamente no le faltaba tampoco nada.
A caballo entre la historia y la leyenda, la tragedia y la gloria, el autor nos sitúa en pleno siglo IV antes de Cristo sin tener que llenar páginas y páginas de presentaciones, descripciones y datos, nos introduce directamente en la propia historia sin crear caminos alternativos que tengan que demostrar los conocimientos adquiridos por el autor.
Laurent Gaudé vuelve a darnos una lección de escritura, de manejo de la prosa, de lograr transmitir al lector esa soledad del héroe que tanto se ha buscado a lo largo de la historia de la literatura y lo hace de la mejor manera posible, con un texto profundo y cargado de significado, donde el lector nota, a medida que van pasando las páginas, que el vello se eriza ante las imágenes que se van dibujando sin descanso.
Los últimos instantes del gran Alejandro Magno a modo de narración épica, hasta tal punto que las gestas anteriores se diluyen, hacen que  nos interese ese presente dramático del que somos testigos. Una evocación mística que logra invadirnos como si hubiésemos encontrado un manuscrito perdido.

martes, 10 de septiembre de 2013

POR SI SE VA LA LUZ. Lara Moreno



Hay veces que hablar de un libro es complicado, cuesta que salgan las palabras mientras multitud de imágenes se amontonan en la cabeza de manera desordenada intentando explicar lo inexplicable.
Sí, Por si se va la luz es una novela de ruptura, de una pareja de habitantes de ciudad (se me antoja que grande por sus trabajos) que decide un buen día abandonarla para vivir o refugiarse en el campo, adquirir una casa en un pequeño pueblo y comenzar una nueva vida.
Hasta ahí nada más fácil de contar. Pero claro, qué sucede cuando ese mundo rural, ese campo duro y exigente se va mostrando a los ojos del lector, cuando las explicaciones en nada se parecen a la idílica narración que se intuía en las primeras líneas.
Lara Moreno no se ha conformado con volver la vista a ese entorno rural, sino que ha logrado transmitir la crudeza de sus imágenes. Que nadie quiera buscar similitudes con Intemperie de Javier Carrasco, si las hay se encuentran únicamente en la intensidad de las imágenes y el desgarro que estas producen en más de una ocasión. Cada una, por suerte para los lectores, ocupan su lugar de manera convincente.
Y es que el lirismo que despide esta narración desgarra y oprime de tal manera que en más de una ocasión te ves obligado a cerrar el libro para tomar aire. Para, instantes después, no poder evitar la atracción de esa fuerza vital que te obliga a continuar con la lectura de manera casi compulsiva, abriendo los ojos todo lo posible para evitar que la más insignificante de las imágenes narradas pasase inadvertida.
No voy a negar que en mi mente aparecieron, casi desde la primera página, imágenes de autores para los que el entorno rural, la crudeza del campo, fueron motivo de inspiración y lograron reflejarlo de tal manera que sus libros se han ido engrandeciendo con el paso del tiempo (Luis Mateo Díez, Julio Llamazares, Avelino Hernández...). Pero Lara Moreno va más allá, no tanto porque logre, como los anteriores, colocar a sus personajes al límite, al filo de esa navaja que deja al lector sin respiración, sino porque logra que veamos a estos, en especial a Martín y Nadia, la pareja protagonista, como alguien reconocible y cercano.
Las continuas reflexiones, de las que hace partícipe al lector en todo momento, los cambios físicos y psíquicos que se van produciendo en ellos, logran crear una complicidad que no desaparece ni en los momentos más dramáticos. Todo ello aumentado por las voces de quienes van contando, en primera persona, los acontecimientos de que son protagonistas.
Una  novela para disfrutar de la lectura, que se renueva a cada página y que logra que el asombro de paso a la repulsión, esta a la incertidumbre y la sorpresa, pero siempre con la necesidad de descubrir que acontece en el siguiente instante o en la página que sigue a continuación.

martes, 30 de julio de 2013

LA CONFESIÓN DE UNA JOVEN Y OTROS CUENTOS DE NOCHE Y CRIMEN. Marcel Proust



No, no lo puedo ocultar, a pesar de mi amor por la lectura y por el intento de, al menos, cinco veces, no he logrado leerme ninguno de los volúmenes de A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust.
A lo largo de muchos años y tras escuchar que grandes nombres de la literatura castellana hablaban de la obra de Proust como esencial en su trayectoria vital y literaria, repetía la promesa de que ese año no iba a pasar de leer el primer tomo (del que tengo al menos dos ediciones). Pero en vano, aquellas promesas repetidas e incumplidas, al menos en cuatro veranos, me persiguen y señalan como si en mis intentos no hubiese puesto toda la voluntad posible.
Y claro, cuando llega a mis manos la reedición de este pequeño libro de relatos, se me produce una especie de revelación que me indica que esta vez sí, esta vez voy a leer a Proust, aunque nada tenga que ver con su gran obra.
La primera impresión es que en el relato corto el escritor francés es más directo, no necesita crear esos giros que hacen que su prosa se haga lenta (al menos eso me ocurría a mi hasta ahora), más densa, como si los acontecimientos pasasen en cámara lenta y fuese necesario observar todos los detalles y desde todos los puntos de vista.
Proust es brillante, preciso, capaz de que el lector no solo observe la escena que se desarrolla, sino que  escuche a la narradora, en el primero de los relatos y que da título al libro, como si esta estuviese leyendo para él en exclusiva.
Seguro que hay mucho de autobiográfico en los diferentes personajes del libro, se repite la falta de voluntad, las dudas y complejos alrededor del amor y ese demostrar en todo momento, en cada página las miserias que acompañan al ser humano.
Cinco relatos que tienen en común el crimen como fuerza motora, en distintas y variadas vertientes, incluso de manera rebuscada. Cinco relatos que salen del libro para convertirse en realidad, para testimoniar la manera que tiene de narrar uno de los mejores escritores de todos los tiempos, y que por sí solos tienen la calidad suficiente como para señalar a un escritor sobresaliente.
Un perfecto disfrute para los sentidos, pues emociona, intriga y deja sin aliento. Hasta tal punto que una vez finalizado el último de los relatos: Sentimientos filiales de un parricida, el libro vuelve a abrirse por la página 23 (las anteriores están dedicadas a un prólogo de Mauro Armiño que recomiendo para ponerse en situación) para volver a vivir las cinco historias de nuevo, esta vez con más pausa y detenimiento.

lunes, 15 de julio de 2013

COMETAS EN EL CIELO. Khaled Hosseini



Han pasado diez años desde que Cometas en el cielo viera la luz, diez años atrapando lectores y abriéndoles los ojos a un Afganistán diferente.
Recuerdo su lectura con una frescura extraña, con un cúmulo de sensaciones tan dispares que por momentos la dureza de las descripciones, del remordimiento y la culpa, parecía abarcar todo, mientras que la página siguiente poseía la ternura del mundo visto a través de los ojos de un niño.
Sí, por supuesto es una obra de ficción, y cierto que el autor lo dejó bien claro cuando la novela fue llevada al cine (también me gustó, pero no recuerdo tanto sus imágenes como las que me dibujaban las palabras del libro), pero para mi, como lector, me mostró la vida de Afganistán, de sus gentes.
Pero, sin duda alguna, el mayor logro de Hosseini, fue el dotar de color a cada una de sus páginas, a mostrarnos unos escenarios llenos de vida, incluso en sus momentos más dramáticos, el lograr que nos situásemos en la historia como si nosotros fuésemos compañeros de juegos de Amir y Hassan.
Y es ahí, cuando los dos niños forman parte de nuestra propia memoria, cuando el autor nos introduce de lleno en un juego de traición y cobardía, de dolor ante las acciones cometidas en los momentos de peligro. Quizá sea por ello por lo que al principio nos cueste tanto ponernos en la piel de Amir, que es quien nos cuenta la historia, porque hay algo, difícil de explicar, que nos impide ver la historia desde su propia mirada. Mas será él quien logre que nos emocionemos, que nos abramos ante los diferentes escenarios que se nos van presentando.
Khaled Hosseini crea una prosa ágil, que no se detiene siquiera en los momentos de más tensión, en las situaciones más duras y dramáticas. Logra que el lector apenas tenga tiempo para despistarse, quiere saber más, quiere auxiliar, pero también que desaparezca la vergüenza, quiere comprobar que el final es el correcto.
Una novela que deja un poso en el que convergen casi todos los sentimientos, como si el aire se volviese más espeso sin razón aparente, pero que logra que el libro se cierre (sucede varias veces a lo largo de la lectura) y se pierda la vista para asimilar las vidas compartidas.

martes, 25 de junio de 2013

CRIADAS Y SEÑORAS. Kathryn Stockett



No se exactamente qué me motivó a elegir este libro para iniciar el Club de Lectura que coordino. Posiblemente la idea de que iban a ser casi todas mujeres las  que participarían en él. Así que empecé una lectura que solo me motivaba por el debate posterior a su lectura entre aquellas personas que formarían parte en dicho Club.
El caso es que una lectura que apenas me llamaba la atención, se convirtió en un verdadero disfrute, en una historia llena de fuerza que me cautivó (luego pude comprobar que al resto de los participantes también) y que me hizo recomendar, casi con pasión, su lectura a muchas más personas.
La primera impresión no era nada buena, pues no me gustaba la portada, creo que elegiría otras muchas antes que esta, aunque la imagen de la versión cinematográfica aún me gusta  menos. Pero ya desde la primeras páginas descubres que hay algo que te va atrayendo, algo que te dice que no es una novela más. No sé si es la manera de narrar en el primer capítulo, considero un acierto que sea Aibileen quien ponga la primera voz.
Claro que lo primero que habría que explicar es que estamos en el sur de Estados Unidos en la década de los ochenta del siglo pasado, donde la segregación racial sigue siendo un hecho cotidiano y los ciudadanos negros no pueden compartir espacios ocupados por los "señoritos" blancos. Y he aquí como una joven "blanca" decide lanzarse a la aventura de dar voz a la otra raza, a las sirvientas de las "señoras", para escribir un libro.
Serán tres las voces que narren los acontecimientos, a las mencionada Aibileen y Miss Skeeter, se suma Minny, una criada azotada por la vida y acontecimientos negativos. Tres voces que muestran tres diferentes puntos de vista, tres visiones corales que engrandecen la novela y la hacen mucho más atractiva.
Una historia dura, dramática, pero que por desgracia se ajusta a una realidad que sucedió en el país más "adelantado" del mundo. Una novela a la que no le falta las dosis de humor para suavizar el drama que guardan sus páginas. 
Una novela ágil, directa, que no pretende nada más que narrar los acontecimientos en los que se ve envuelta la alta sociedad de Jackson y, por añadidura, del personal del servicio, las criadas. 
A pesar de su apariencia, de su portada, cualquier tipo de lector o de lectora encontrará en el libro una buena y satisfactoria lectura.

martes, 28 de mayo de 2013

EL GATO. Georges Simenon



Desde el momento que Acantilado anunció que iba a reeditar buena parte de la obra de Georges Simenon mi memoria rebuscó muchos de los títulos que en el pasado habían formado parte de la biblioteca familiar. Títulos en los que el comisario Jules Maigret nos acompañaba por uno de los espacios literarios más sugerentes de la novela policíaca europea.
Así que en el momento que salió el primero de los libros (lo hacía junto con Pietr, el Letón) no dudé un instante es elegirlo como mi próxima lectura. 
A las pocas páginas descubrí que estaba ante una de las novelas del autor belga que nada tenían que ver con Maigret y con cierto derrotismo aparqué el libro esperando un momento más adecuado para su lectura. 
Verlo bajo el montón de los libros pendientes me producía cierta desazón, pero siempre parecía encontrar otra lectura más apetecible. Y claro, llegó el momento en que, casi sin darme cuenta, volví a leer aquellas primeras páginas y, de inmediato, sucumbí a su lectura. A una lectura dura, descarnada, no por la prosa de Simenon, que creo que es más correcta e impactante que la que se ocupa del género policíaco, sino por la relación destructiva de sus protagonistas. Un relato en el que el crimen no es lo principal, pero sí lo serán sus consecuencias.
Una novela que despide tensión por todos sus poros, un conflicto que envuelve al lector que no tarda en luchar para no tomar partido por ninguna de las dos partes enfrentadas: Émile y Marguerite. Simenon logra construir una historia fuerte y vigorosa gracias a un perfecto retrato de los personajes, a ese juego psicológico en el que introducen también al lector. Ese juego que logra combinar, con notable maestría, el suspense y el temor sin tener que recurrir a lo macabro y lo desagradable.
El autor consigue retratar lo cotidiano desde todos sus aspectos, desde lo más banal e intrascendente, o al menos eso quiere que el lector crea a veces, hasta lo más sórdido y cruel. Así crea una atmósfera densa, llena de odio y enfrentamiento.
A través de poco más de 170 páginas el lector observa las escenas desde todos los ángulos posibles, dando la sensación de que puedes ver la misma imagen desde lugares distintos, como si cada protagonista hubiese narrado el mismo instante.

lunes, 8 de abril de 2013

UNA RUBIA IMPONENTE. Dorothy Parker



No siempre le damos la  importancia que tiene al relato, esa historia de pequeñas dimensiones que atesora la mayor parte de las cualidades de la novela y que tiene, en su brevedad, una de sus virtudes principales. Y es que a pesar del dicho "El mejor perfume viene en frasco pequeño" con la literatura no siempre dejamos que el relato nos seduzca lo suficiente. Por eso es difícil, o al menos lo era hasta hace poco, ver relatos, incluso novelas cortas, editados en nuestro país. Debíamos recurrir a colecciones, obras completas y antologías para leer a ciertos escritores. Recuerdo que la propia Dorothy Parker estaba editada en una Narrativa completa en la editorial Debolsillo.
Porque lo mejor que tiene encontrar un relato independiente, tal y como sucede con este, es que le prestas toda la atención,  no tienes los problemas de leer relatos del mismo autor de manera encadenada y tener que comparar.
El caso es que ahora hay ciertas editoriales, como Nórdica que es la responsable de esta edición, que no solo apuestan por estos textos cortos, o mejor dicho breves, sino que lo hacen poniendo todos los sentidos y logrando que la edición alcance un grado de sobresaliente. Además el texto de Parker está apoyado por las ilustraciones de Elisa Arguilé que, larga trayectoria de ilustradora aparte, amplia, engrandece y personifica el propio relato.
Un texto tan sencillo como brillante, que se va engrandeciendo a medida que avanza, pasando de la agudeza irónica del principio que caracteriza a la escritora, a una historia agridulce, dramática, en la que los personajes parecen estirarse hasta el extremo.
Dorothy Parker logra escribir un relato que se eleva a la categoría de novela, pues logra construir una narración completa, en la que la presentación pausada, aterciopelada por las descripciones, estalla en una situación en la que los personajes cobran una fuerza y una virulencia tal que hacen que la lectura se convierta en emocionante. Y es que la tensión que logra crear se traslada al lector, que se implica emotivamente en la historia.
Una pequeña joya para leer con tranquilidad, una de las ventajas de lo breve, para absorber cada uno de los detalles que atesoran todos sus párrafos, para convivir con Hazel y Herbie Morse, para cerrar el libro y respirar, atesorar lo que el libro nos ha hecho vivir.

miércoles, 13 de marzo de 2013

EL CRIMEN DEL SOLDADO. Erri De Luca



No recuerdo cuál fue el primer libro de Erri De Luca que cayó en mis manos, ni siquiera cuántos tengo apuntados como de obligatoria lectura. Pero lo que sí tengo claro es que es uno de los narradores más destacados del panorama literario europeo y que cada libro nuevo que aparece es perseguido por esa legión importante de seguidores fieles que crece día a día.
No sabría decir qué es lo más destacable de su literatura: los temas, que siempre parecen prometer algo diferente, la brevedad de los libros, algo de agradecer en estos tiempos en los que a muchos lectores parecen sobrarnos siempre una centena de páginas en muchos de los libros que leemos (en el cine tenemos la misma sensación, como si quitando 60 minutos la película ganara en interés), parece existir un rellleno prescindible para nosotros pero no para los autores ¿o es cosa de las editoriales? Con su forma de narrar, por lo general con Erri de Luca nos pasa que casi es secundario lo que nos cuenta, siendo lo más importante, lo verdaderamente imprescindible, cómo nos lo cuenta.
En esta ocasión lo mejor del libro son las diversas voces que lo componen, voces que engrandecen las distintas historias que confluyen en apenas una decena de páginas. Retazos de vida, de experiencias vitales, de amores y, por encima de todo, de horrores.
Estamos ante un libro corto, casi un relato, pero que invita al lector a volver a la primera página una vez acabada la última en busca de esa frase, ese mensaje, ese reflejo de dos historias que confluyen. Una narrativa tan ágil como precisa, que no necesita ningún tipo de preámbulo, ningún dibujo ilustrativo para meternos en las historias que cabalgan, casi salvajes, entre las páginas del libro. Un perfecto disfrute para el lector que, de nuevo, queda hipnotizado ante la prosa de Erri De Luca.

martes, 12 de marzo de 2013

LOS PÁJAROS DE AUSCHWITZ. Arno Surminski



Debo reconocer que hubo un tiempo en que cualquier episodio de la II Guerra Mundial me llamaba tanto la atención que era capaz de dejar lo que estaba leyendo para dedicar todos mis esfuerzos a dicha lectura. Batallas, memorias, novelas y biografías me suponían una fuente inagotable de entretenimiento y, por qué no, de continuo aprendizaje. No recuerdo bien cuando el interés decayó, creo recordar que fue motivado más por algún tipo de moda que por pérdida de atractivo.
Pero como siempre hay algunos libros que llaman la atención sin saber porqué, cogí Los pájaros de Auschwitz casi con el convencimiento de que iba a ser una buena lectura. Eso sí, temía que la alegoría de pájaros y campo de concentración tuviese algo que ver con el libro y la atracción se convirtiese en rechazo.
Y no, no existe ninguna segunda intención en el título, ni esconde este algún tipo de mensaje oculto. Simplemente estamos ante una novela basada en un hecho concreto y real. Con un personaje y un acontecimiento que sucedió en el campo de concentración que da nombre al libro, un ornitólogo y un trabajo: "Observaciones sobre la fauna ornitológica de Auschwitz".
El autor tiene el detalle de cambiar el nombre de los protagonistas, de Niethammer y Grebackis por Marek y Grote, para construir un relato sólido en el que lo que sucede en el campo de concentración ocupa un segundo plano. 
Una historia periférica que mediante dos personajes principales logra situarnos, como lectores, al filo de una navaja, pues hay momentos en los que lograremos olvidarnos de la situación real de estos y los demás habitantes del campo, para sumergirnos de repente en la dureza de la realidad (aunque ambas sean realidades) en un lugar donde no a nadie se le esconde lo que sucede. 
Junto a gorriones, garzas reales, petirrojos, ruiseñores y pinzones, encontramos barracones, alambradas,  la horca y los hornos crematorios. La crueldad y el horror están ahí, no se despegan, pero se usan de manera periférica, casi de forma sutil. Arno Suminski crea una narración distante, en la que los dos protagonistas, aunque manteniendo la distancia, parecen ajenos a lo que sucede. Por suerte el escritor no cae en falsa sensiblería e impide cierta camaradería que haría perder crédito a la propia historia.
Una novela de muy diversas lecturas, inquietante para el lector del siglo XXI  que no puede evitar ver más allá de lo que cuenta el libro, imágenes sobrecogedores que no están entre sus páginas. Desasosiego al percibir que se da importancia a unas cosas, siempre los pájaros, y a otras no...

miércoles, 6 de marzo de 2013

PURGA. Sofi Oksanen




Hay historias que enamoran, historias que entretienen e historias que duelen. Purga es una de estas últimas, una novela que muestra el dolor, el miedo, el rencor, pero también la fuerza y la lucha del ser humano, más en concreto de las mujeres de este libro. Porque son dos mujeres las protagonistas, Zara, rusa de poco más de veinte años, y Aliide, estonia por la que han pasado decenas y decenas de inviernos.
Gracias a estas dos mujeres, y los dramas que encierran, nos sumergimos en la propia historia de la Europa del Este, en especial de Estonia. Por medio de breves capítulos la autora nos irá alternando la historia del presente y el pasado de una región donde las mujeres han sido, y siguen siendo, las grandes derrotadas.
Aún así, Zara y Aliide son dos supervivientes, se aferran a una esperanza que les mantiene vivas y alertas. A través de ellas, de sus diálogos, de sus encuentros y desencuentros logramos que todos nuestros sentidos se activen: vemos la luz a través de las rendijas, oímos los gritos, olemos a cebolla...
Purga atrapa y te hace partícipe de cada uno de los movimientos de las protagonistas, compartes sus palabras y su memoria. Te quedas sin respiración y tratas de esconderte cerrando el libro, pero tras unos segundos hay algo que te incita a volver a abrirlo, a seguir en la escena y empaparte de lo que cuentas ambas mujeres. De lo que dicen, y de lo que callan, pues Sofi Oksanen logra transmitirte aquellas cosas que no se dicen, que seas capaz de rellenar tú mismo los silencios y los vacíos.
Una novela sobrecogedora e impactante, que te deja sin aliento, pero que a la vez te engancha de tal manera que no puedes evitar seguir leyendo con avidez. Y que además tiene tantas lecturas como personas acceden a ella (lo he podido comprobar en el Club de Lectura que coordino).
 No resultan  extraños los galardones obtenidos: Premio de Literatura del Consejo Nórdico, Premio Femina de literatura extranjera en Francia y Premio a la Mejor Novela Europea del Año 2010.

viernes, 1 de marzo de 2013

CAMPODELAGUA. Avelino Hernández


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En estos tiempos de recortes, ajustes y limitaciones siempre es una buena noticia la aparición de emprendedores, de hombres y mujeres arriesgados a los que la pasión le lleva a acometer empresas que para otros son inexplicables. Y si encima dichos esfuerzos van encaminados hacia el mundo de la cultura, aún son vistos de manera más extraña.
Algo así ocurre en el mundo del libro, que pese a lo que muchos piensan existe fuera de las grandes empresas editoriales, y existe gracias al enorme esfuerzo de quienes pretenden siga siendo el vehículo de comunicación perfecto. Ediciones y reediciones que persiguen, nada más y nada menos, que el resto de las personas descubran lo mismo o parte de lo que han encontrado ellos.
Es el caso de Nuevos Rumbos, una pequeña editorial familiar, que aborda, en esta ocasión uno de los libros agotados desde hace muchos años de Avelino Hernández CAMPODELAGUA.
Un libro que nos sumerge en un universo mítico a la altura, pese a las pegas que puedan poner ciertos iluminados literarios, de Macondo o Celama. Un universo que subyuga de tal manera que cada palabra, cada párrafo, cada página conforman una experiencia única. Logrando mezclar, como solo logran hacerlo los grandes escritores castellanos, belleza y drama en la misma línea y mostrando, a medida que pasan las páginas, la belleza del lenguaje castellano hoy tan minusvalorado.
Y es que la prosa de Avelino logra, en esta narración (y pese a que en él dejase Campodelagua un regusto amargo), saltar las barreras castellanas para dibujar un entorno reconocible en todos los espacios, marcando lo que luego será esa prosa impactante, adulta y fabulosa en títulos como “Una casa en la orilla de un río”, “Los hijos de Jonás” y “La señora Lubomisrka regresa a Polonia”.
Será el segundo de dichos títulos “Los hijos de Jonás” una recuperación perfecta, más que una continuación, de Campodelagua, compartiendo personajes, escenarios e incluso escenas, en ese afán del autor de Valdegeña de completar aquello que dejó sin rematar.
En esta edición, además de un diseño y gusto exquisito del propio libro,  ambas obras se complementan para que el lector obtenga el máximo de perspectiva y se haga partícipe del mundo que crea Avelino. 

         Lo publiqué en Heraldo de Soria el 19 de Julio de 2012, coincidiendo con  su      presentación.
                                                                             
                                                                         

lunes, 18 de febrero de 2013

LA CENA. Herman Koch



Este es uno de esos libros de los que es mejor no saber nada, de cogerlo entre tus manos sin leer antes de qué va. Así, como me ha ocurrido a mi, se convierte en una sorpresa, donde la trama se va creando a medida que se lee el libro, cobrando cada vez más importancia. Y lo  que parece que es una lectura sin mucha trascendencia -eso sí escrito de tal manera que te sitúas en la piel de Paul, el protagonista, desde la primera línea y llegas incluso a sentirte presente en cada uno  de los escenarios que se reflejan gracias a la perfecta caracterización tanto de personajes como de situaciones-, se convierte en una historia inquietante en la que no puedes sentirte indiferente.
Con un  ritmo creciente "La cena" cambia de registros a medida que la narración avanza, llegando a posicionarte con personajes a los que luego rechazarás, entrando de lleno en el juego al que te invita, sin ser consciente de ello, el escritor.
Diseñada a modo del banquete que da título al libro, la historia que se nos narra, además de ser impactante, nos envuelve de tal manera que invita a la autocrítica, a la posibilidad de ese posicionamiento antes mencionado y en la se pasa de la risa, o de la sonrisa, gracias a las descripciones, al asombro y la sorpresa.
Una novela que traspasa los límites del libro para ubicarse en un plano tan cercano a la realidad que muchos de sus momentos parecen ser vividos en primera persona, haciéndonos plantear un buen número de preguntas. Puede que guste o no, pero seguro que a nadie le dejará indiferente. 

domingo, 17 de febrero de 2013

INTEMPERIE. Jesús Carrasco



No voy a descubrir ahora que hay apuestas literarias a las que la publicidad convierte en éxito casi de inmediato. Ni siquiera que hay autores que ya, desde que se anuncia su próxima novela, tienen un buen número de ventas aseguradas. Pero sí suele ser extraño, muy extraño, que un autor novel encuentre una aceptación internacional antes incluso de publicar la novela.
Eso es lo que ha ocurrido con la novela de Jesús Carrasco, pues en toda Europa se hablaba de ella antes de estar publicada. Países tan dispares -en cuanto a la lectura- como Francia, Inglaterra, Alemania o Brasil compraron los derechos antes incluso de que la obra estuviese publicada en España.
Así que no es raro que muchos acudiésemos a la lectura de "Intemperie" inmersos en una serie de incógnitas que, por desgracia, no siempre se despejan de manera positiva.
Por suerte, desde la primera página las expectativas se vieron gratamente recompensadas con una narrativa inteligente y, lo que es más extraño, consecuente. Bien es cierto que, como ya apuntaban las primeras palabras sobre el libro, nos recuerda al Miguel Delibes de "Las ratas" y al Cormac McCarthy de "La carretera", me atrevería a decir que incluso al Avelino Hernández de "Los Hijos de Jonás" y de otros autores castellanos que muestran el desasosiego y la dureza de un medio en el que prima la supervivencia. Pero también aporta algo más, la hermosura de la angustia y la atemporalidad de un espacio y unos personajes que no necesitan nombres.
Sol, calor, sequía y dolor son aquí síntoma de vida y superación, con un magnífico dominio de lenguaje y en el que cada palabra, cada párrafo aparecen en sus justa medida. No sobra nada, ni falta nada. Imágenes que cortan la respiración esconden la mayor de las ternuras cuando aún el lector no se ha recuperado. Y ahí, en ese manejo del tiempo narrado es donde mejor demuestra el autor su dominio de la narrativa, en poner pausa cuando el lector quiere correr y aceleración cuando el lector pretende que la historia avance  lentamente.
Un novela inolvidable, que atesora en sus páginas la belleza de la soledad. En un mundo en el que manda la violencia, en un espacio donde todo suena a dolor, el autor es capaz de dibujar, no tanto el retrato de la esperanza, sino el paisaje de la propia vida. 
La dureza, el dolor, la angustia de la lectura se verá recompensada con momentos de gran lirismo que engrandecen, aún más si cabe, la novela. Una novela de sentidos, donde el olfato, el oído y la vista se intensifican a cada instante.

lunes, 11 de febrero de 2013

EL LECTOR DE JULIO VERNE. Almudena Grandes



No voy a negarlo, no me leí INÉS Y LA ALEGRÍA porque al hablar Almudena Grandes de que la serie "Episodios de una Guerra Interminable" constaba de seis libros, me daba mucha pereza engancharme a una lectura que no se sabía como iba a continuar. Cuando esta novela se presentó aislada de la anterior, solo mantenía la unidad de ser una novela de la Guerra Civil española, y la gente empezó a hablar de ella no pude evitar sumergirme en sus páginas.
¡Y qué acierto! Pues la autora no solo sigue demostrando que es una de las más destacadas escritoras de nuestro país, sino que tiene la suficiente sensibilidad como para atraparnos en el drama y construir ternura donde hay dolor.
Con un lenguaje cuidado y unos personajes entrañables, Almudena Grandes nos introduce en el espacio de una guerra injusta, dura, donde un instante cruel da paso a la esperanza; donde a la tristeza más desgarradora se suma una ternura casi irreal; donde la maldad es superada por una humanidad profunda y emocionante.
Porque la autora, además de saber de qué está hablando, tiene la capacidad de hacerlo de una manera especial, de trasladar al lector un espacio narrativo que crece a medida que se avanza en la historia y que permite que se mantenga viva la esperanza dentro de la dureza de los acontecimientos, logrando que  sea partícipe de cada uno de los momentos que se narran en el libro.
Una novela que describe a la perfección sucesos cotidianos de la posguerra que perturban al lector hasta tal punto que cortan, por unos segundos, la respiración. El retrato maestro de los diferentes personajes se hace tan cercano que parece conozcamos a cada uno de ellos, incluso desde antes de empezar la novela, dibujando en nuestra mente un pasado y un futuro del que nada se dice.
Escrita desde el bando de los perdedores, sorprende  la capacidad para lograr el drama de algunos de los vencedores, o que pertenecían a ese bando, que deben ocultar sentimientos y acciones para poder pasar desapercibidos.

jueves, 7 de febrero de 2013

ME HALLARÁ LA MUERTE. Juan Manuel de Prada



Tras cinco años de silencio  Juan Manuel de Prada vuelve con una novela coral en la sigue demostrando su buen hacer como narrador, como constructor de escenas llenas de enredo que logran atraer al lector hacia unos escenarios perfectamente recreados y en los que los personajes, a pesar de sus avatares (a veces espeluznantes) se sienten muy cómodos.
La División Azul y el Madrid de la posguerra serán los lugares elegidos por de Prada para introducirnos en una historia con tintes épicos, con buenas dosis de intriga y drama, y en la que no falta un recorrido por todo tipo de pasiones. Pero será el dominio del lenguaje, la perfecta construcción de cada una de sus páginas la que hará que el lector disfrute de la novela, que cuenta, además, con la fuerza suficiente para leerse de un tirón, para disfrutar de los vaivenes de Antonio y Carmen, sus protagonistas, y de todos aquellos que aparecen en este juego que tiene mucho de picaresca y de lucha por la propia supervivencia.
Una novela, y unos personajes, que parece mantenerse incluso cuando el libro se ha cerrado, como si la ficción que se nos ha narrado pertenezca a la misma historia. Y es que hay momentos donde  las imágenes parecen superar también la ficción y las crudas descripciones adquieren una autenticidad casi cinematográfica, lo que demuestra que, por encima de todo, de Prada es un gran creador de grandes historias y de grandes personajes.