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martes, 11 de agosto de 2020

EL KOALA ASESINO. RELATOS HUMORÍSTICOS DE LA AUSTRALIA PROFUNDA. Kenneth Cook




Cada vez que encuentro un libro con pretensiones de humorístico no puedo por menos que echarle un vistazo y comprobar si dichas pretensiones se corresponden con la realidad. Con demasiada frecuencia descubro que no sé qué entienden por humor los editores para atreverse a usar esa palabra en alguna de las partes visibles del libro. Incluso en más de una ocasión la palabra "delirante" debería haber sido cambiada por "insufrible" o "deprimente", pero está claro que no todos sentimos los libros y su lectura de la misma forma.
No voy a negar que Australia queda para mi muy lejos, y salvo algún documental, un par de películas (algunas vistas en la juventud y que ahora no aguanto ni cinco minutos) y referencias de algunos de mis paisanos que buscaron en las antípodas el lugar donde crear una nueva vida, apenas tengo más referencias que los tópicos que he ido creando a su alrededor. Sí, Marcus Zusak, el autor de La ladrona de libros, es australiano, pero la historia sucede en nuestro continente; lo mismo que buena parte de las novelas de Colllen McCullough, en especial la saga Señores de Roma. Aunque de la escritora australiana es fácil recordar, al menos por su versión televisiva, la obra El pájaro canta hasta morir (El pájaro espino), que sí se sitúa en tierras australianas.
Por supuesto que el título El koala asesino ya de por sí despierta cierta curiosidad, o al menos así me lo pareció a mí. Aunque el subtítulo de relatos humorísticos de la Australia profunda me hacían desconfiar. Comencé la lectura con más reparos de lo acostumbrado, aunque la imagen de portada, del koala con cara de pocos amigos y la singularidad de todo lo que representaba me obligaba a imaginar, cuanto menos, una lectura diferente.
Lo primero que hay que tener en cuenta es quién es, o mejor dicho, quién era Kenneth Cook. Un periodista y presentador de televisión, escritor y guionista, pero, por encima de todo un aventurero que recorrió Australia de cabo a rabo. Fruto de esos viajes, de la búsqueda de nuevos retos y espacios desconocidos son los quince relatos que conforman este libro. Un libro cuyo nexo común es el encuentro con los más variopintos animales, muchos de ellos exclusivos del continente australiano, y la destreza, o falta de ella, para salir indemne de ellos.
Llenos de ingenio y con un humor desbordante el autor nos traslada a los rincones más dispares de Australia y nos hace primero sorprendernos por su intrepidez y audacia (hay quien lo definiría como inconsciencia), y luego por la comicidad de los hechos que narra.Y es que Kenneth Cook es todo lo más alejado a un aventurero que nos podemos imaginar: con sobrepeso, torpeza excesiva, amante de la cerveza y demás líquidos alcohólicos, con una ausencia llamativa de moreno, vago desde su infancia y un verdadero imán para los problemas. Así que con esas características ¿qué le podía salir mal en su encuentro con cocodrilos hambrientos, serpientes venenosas, cerdos furiosos, camellos enloquecidos y gatos alocados? Todo o nada, según se mire, pues siempre, de la manera más increíble e inimaginable, logra salir con vida, que no indemne.
Sin duda alguna lo mejor que desprende este libro de relatos es que, además de las sonrisas que despierta,  cuando el relato leído parece insuperable, el siguiente logra sorprendernos más y lograr que dicha sonrisa se trasmute en risa, cuando no en carcajadas.
Un libro ocurrente, divertido y entretenido, que atrapa en todos sus relatos y que logra que cada uno se convierta en una verdadera historia por separado. Por supuesto que tras la lectura te quedan pocas ganas de conocer al protagonista, pero sí de seguir leyendo sus disparatadas aventuras. Esto es fácil gracias a sus otros dos libros de relatos El lagarto astronauta y El canguro alcohólico.

lunes, 30 de marzo de 2020

FÁBRICA DE PRODIGIOS. Pablo Andrés Escapa



Hay libros que llegan a ti como por arte de magia y otros que repiten los ecos de lecturas pasadas y no olvidadas. Con Fábrica de prodigios suceden ambas cosas, pues si bien es cierto que llegó a mis manos sin apenas percatarme por la vorágine de las novedades editoriales prefiesta del Libro del año pasado, también me recordaba las buenas sensaciones de Mientras nieva sobre el mar (2007), su anterior libro de relatos (ver en este mismo blog). 
Varios meses en medio de la montaña de libros por leer, una larga espera, hasta que el libro se abre y me presenta el primero de los tres relatos largos (o incluso, novelas cortas) "Pájaro de barbería". Y me atrapa, me emociona la belleza de la prosa, el lenguaje no solo bien cuidado, sino perfecto, trabajado, hasta tal punto que la lectura se convierte en radiante, en un verdadero disfrute para los sentidos, serena y absolutamente relajante, como si recibiese un masaje alrededor de la cabeza.
Pablo Andrés Escapa recupera la mejor tradición de los contadores de cuentos, el filandón leonés que por herencia genética y lectora ha sabido recoger o el trasnocho soriano que recupera la literatura oral, y transmite al lector esa perplejidad necesaria para que el relato, la historia que está leyendo sea creíble a pesar de la importante dosis de fantasía que rezuman. Y todo desde un punto de vista urbano, no rural.
Pocos títulos se acercan a la realidad de su contenido, logrando un guiño con quien termina el libro y descubre los "prodigios" que se han gestado en las 250 páginas que lo componen. Y se percata, a su vez, del trabajo de artesanía que ha supuesto escribirlo, de esa "fábrica" que con constancia a pulido hasta el extremo cada uno de los textos, cada uno de los párrafos y cada una de las frases.
Pablo Andrés Escapa maneja con una inusual maestría la prosa poética para acortar los límites de lo real y lo irreal. Logrando reflejar en cada uno de sus textos la ambigüedad de un mundo con amplias raíces cervantinas.
En el segundo de los relatos, "Continuidad de la musa" el autor nos acerca aún más si cabe al mundo poético que tan bien maneja, con una narración divertida y llena de imaginación. Mientras que en "Diablo consentido" nos traslada a un universo propio desconcertante y lleno de enigmas que al lector implicará en un juego del que saldrá fortalecida la propia narración.
Tres novelas inquietantes, de lectura placentera, llenas de giros y sorpresas que se van solapando a medida que se van paladeando cada una de las páginas de este libro que logró, además en reconocimiento de la crítica que le concedió el XVIII Premio de la Crítica de Castilla y León.

martes, 10 de mayo de 2016

ANDARÁS PERDIDO POR EL MUNDO. Óscar Esquivias


He dejado intencionadamente que el tiempo reposase la lectura del último libro de relatos, o de cuentos, de Óscar Esquivias por la necesidad de que muchos de ellos se asentasen y evitar así perder la sensación de unidad que los envuelve. Y también, por qué no decirlo, para impedir que jugase en desventaja frente a las exquisitas lecturas de la trilogía Inquietud en el Paraíso, La ciudad del Gran Rey y Viene la noche.
No hace muchos días, cuando me pidieron recomendación sobre con qué empezar a leer a Esquivias no dudé un instante en señalar la mencionada trilogía, a pesar de observar en el narrador burgalés cierto inconformismo. Tenía demasiada cercana la lectura del libro de cuentos, aun así seguía imponiéndose  aquella lectura que comenzó en el 2005.
Pero ha pasado un mes y al volver a coger el libro he descubierto que tenía presentes en mi memoria la totalidad de los relatos y que muchos de ellos se habían engrandecido de manera sorprendente. Es como si el tiempo se hubiese ocupado de señalarme el camino por el que transitan los personajes del libro. Un camino que queda ya señalado con las palabras del Génesis en la cita que precede a los catorce relatos que componen el libro.
Sí, claro que hay un sentimiento de desamparo a lo largo de los diferentes relatos, la sombra de Caín es aquí alargada, pero no por actos truculentos, si no por lo atormentado de su situación tras el ataque a Abel. Pero la bondad narrativa de Esquivias logra que el drama quede suavizado hasta tal punto que en más de una ocasión sea el humor el que matiza la situación, huyendo de la dramatización de manera elegante y precisa.
Y es que la prosa del autor burgalés es así, elegante y precisa, consiguiendo que cada uno de los relatos se convierta en una historia completa, que cuente con exactitud lo necesario para que al lector no se le escape ni un solo argumento para sentirse observador de lujo de los acontecimientos. Los personajes comparten el desamparo, son seres desubicados, no así el lector que con enorme comodidad participa en cada uno de los escenarios, ya sean estos en Burgos, Madrid, Londres, California o África.
Óscar Esquivias hace de lo cotidiano, de lo más cercano y reconocible, un argumento certero para ver con detenimiento las relaciones con los demás de los protagonistas de cada uno de los relatos. Será esa cotidianidad la que más logre empatizar con el lector, sintiéndose uno más entre los párrafos del relato.
Hay también relatos que nos trasladan a otros escenarios diferentes, aunque también reconocibles, escenarios y personajes que parecen romper con la distancia el ritmo de los anteriores, distancia que desaparece casi desde la primera línea gracias al estilo excelente de Esquivias. Todos los relatos son atractivos, aunque seguro que cada lector tendrá sus favoritos, tanto por su musicalidad (no se nos debe escapar la importancia de la música en el escritor tal y como se puede observar en muchos de los relatos-cuentos) como por el realismo de su narración. Por mi parte no puedo evitar acercarme a aquellos que parecen formar parte de la memoria del escritor, los relatos más cercanos y en los que hay mucho de complicidad, aunque bien puede deberse al logro del escritor por atraparme en su mundo literario.




miércoles, 17 de febrero de 2016

LA MUERTE DE ULISES. Petros Márkaris


Reconocer el nombre de Petros Márkaris lleva emparejado la búsqueda de la silueta de Kostas Jaritso, el comisario ateniense que le ha permitido adquirir una merecida fama internacional. Una búsqueda que llevaba en esta ocasión una prudencia añadida ante el miedo de un anunciado epílogo sobre un personaje tan peculiar. Así que al comprobar que nada indicaba el nombre de Jaristos se producía una decepción y un alivio a partes iguales.
Enseguida nos percatamos de que el autor es tan inteligente como para descubrirnos que el alivio es duradero y que la decepción no lo es tanto, pues aunque estamos ante un libro de relatos encontramos dos protagonizados por el propio comisario ateniense y otro por el también comisario turco, y amigo de Jaristos, Murat.
Ocho relatos de difícil clasificación, pues aunque encontramos algunos con el protagonismo de los mencionados comisarios y la intriga suficiente para señalarlos como policíacos, hay otros que simplemente nos cuentan una historia que al resto de los europeos nos permite conocer ciertas partes de la historia de Grecia a lo largo del siglo XX.
Fiel a su estilo Petros Márkaris no huye de la actualidad, es más, si en sus novelas hemos encontrado el mejor escaparate para conocer y reconocer Grecia, en estos relatos nos indica una serie de acontecimientos que nos podrán permitir entender a los griegos. Además de la descripción física de lugares y escenarios que transportan al lector  al país heleno y la vecina Turquía, el escritor vuelve a meter el dedo en la llaga y señalar uno de los problemas actuales de Grecia, la emigración. Pero lo hace de una manera distinta a lo acostumbrado, no se conforma con señalar el problema actual, como suele hacer habitualmente, en especial en su "Trilogía de la crisis", sino que ahonda en la historia y nos muestra escenas en las que los griegos tuvieron que sufrir la emigración, incluso se aventura a mostrar su cara  en lugares tan distintos como Turquía, Grecia y Alemania.
Todo ello sin perder la precisión de su prosa, la acidez de los comentarios de sus protagonistas y lo perfecta sincronización del ritmo y la trama. Es cierto que existe una notable disparidad entre los diferentes relatos y que hay algunos ante los que no puedes evitar cerrar el libro y descubrir la esencia de un problema que actualmente asola nuestro continente, pero también que en algunos aparece la sensación de estar leyendo una historia mucho más amplia que lo que puede presuponer un relato corto.
"Tres días" es sin duda uno de los relatos más estremecedores, por lo que supuso la expulsión de buena parte de la población griega de Turquía, narrado en tres capítulos que nos acercan al tiempo real, mantiene en tensión a pesar de suponer el final que van a tener que soportar los protagonistas.
Pero quizá más dolorosas, por lo que significan, suponen las lecturas de "La destrucción de Pompeya" y "La muerte de Ulises" que da título al libro. En las tres los acontecimientos escapan de las páginas del libro para penetrar en la propia historia.
Los otros cinco relatos nos presentan también al mejor Márkaris, pero desde una óptica más reconocible y que, por lo tanto, despierta nuestra pasión lectora, pero no la sorpresa que despiden los antes mencionados. O al menos eso parece pretender sus autor que, no obstante, sigue escondiendo entre los diversos textos la suficiente intriga como para que el lector no las tenga todas consigo a la hora de imaginar el o los finales posibles.   

domingo, 29 de marzo de 2015

MIENTRAS NIEVA SOBRE EL MAR. Pablo Andrés Escapa




Escribir relatos no es nada fácil. Al menos no es fácil hacerlo bien, lograr que cada uno sea una historia completa, bien contada y que logre, durante su lectura, atrapar de tal manera que su intensidad no decaiga. Son muchos, por desgracia, los libros de relatos en los que junto a unos llenos de fuerza y calidad, hay otros tan flojos que parecen metidos con calzador.
Sí, es cierto que hay muchos escritores, o sus editores, que lo único que hacen es reunir una serie de textos hasta completar un libro, que simplemente ofrecen una amalgama de escritor sin orden ni medida, sin la necesaria configuración que permita que el libro se sienta, por parte del lector, como un todo.
Por eso cuando nos encontramos ante un libro de relatos que permite una lectura uniforme, un paseo por una serie de historias atrapadas dentro de una misma encuadernación, un libro en el que cada uno de los textos se hace necesario y en el que todos conforman una lectura que bien se puede hacer sin descanso, nada aconsejable, por cierto, o disfrutando de cada relato con tranquilidad, sin olvidar, claro está la atmósfera que impregna todo el conjunto.
Pablo Andrés Escapa es uno de esos escritores de relatos que no solo sabe bien lo que hace, sino que elabora los libros como tales, en los que desde la primera a la última página el lector va a sentir siempre que está acompañado por el mismo libro, sea cual sea la historia que en ese momento le acompaña. El autor leonés domina como pocos el relato, aunque más que constructor de relatos, habría que señalarlo como constructor de cuentos, pues al fin y al cabo Andrés Escapa es eso un contador de cuentos, un cuentista en el mejor sentido de la palabra, alguien que logra que a través de las pocas páginas de cada historia quedemos inmersos de lo que en ella se está narrando o viviendo.
En todo momento sentimos estar formando parte de esa magnífica tradición de los contadores de cuentos que tanto han abundado en Castilla y en León, esos cuentistas que acompañaban los trasnochos y los filandones, que lograban variar la atmósfera en la que nos encontrábamos y llevarnos de la mano por unas escenas tan reales que no suelen desaparecer ni con el paso de los años.
El autor tiene la destreza de crear unos ambientes cargados de misterio, ambientes que no solo mantienen alerta y expectante al lector, sino que le transmiten a este una emoción que logra que el asombro vaya en aumento a medida que avanza la lectura. El lector se siente en la necesidad de prestar toda su atención, no puede permitirse el lujo de perder una palabra, un signo de puntuación, nada que haga que la historia se transforme de inmediato.
Andrés Escapa demuestra en cada relato, en cada cuento, que es un narrador consumado, que sabe sacar partido a cada página, logrando transformar los elementos más cotidianos en excepcionales, fabulando espacios reconocibles y transformando lo real en irreal.
Una lectura fabulosa -catorce relatos enmarcados en dos verdaderas joyas literarias que son "Robinsón", el primero de los relatos, y "Náufrago", el último de ellos-, en la que en todo momento el lector atisba, con la naturalidad de lo extraordinario, todo lo que se dibuja en sus páginas: un faro enclavado en medio de un campo de trigo. Y más cosas, claro está.

Otras obras del autor:
La elipsis del cronista (2003), Voces de humo (2007), Gran Circo Mundial (2011) y Cercano Oeste (2012)


lunes, 26 de enero de 2015

LA AUTOPISTA DEL SUR. Julio Cortázar



Resulta paradójico sudar la gota gorda en un atasco mientras en la calle las temperaturas apenas alcanzan los cero grados. Pero esa es una de las características de la buena literatura, que es capaz de trasladarte completamente mientras estás leyendo. Y es que Julio Cortázar es de esos narradores que consiguen que seas uno más de los personajes de su historia.
La recuperación de relatos que está llevando a cabo la Editorial Nórdica es tan encomiable que solo suscitan palabras de agradecimiento, sobre todo entre aquellos lectores que gracias a ella redescubrimos continuamente a autores a los que hace mucho tiempo tenemos atados en las estanterías de nuestras bibliotecas. ¡Cómo leer este relato y no acudir de inmediato al libro del que forma parte Todos los fuegos el fuego para vivir nuevas vidas en otros tantos relatos!
Con esa prosa tan original e innovadora, con esa maestría de construir un relato, logra, con una historia que parece de antemano intrascendente, crear un universo propio, un escenario mucho más amplio que lo que parece suceder en las apenas setenta páginas del relato. Cortázar consigue que un simple embotellamiento en la autopista entre Fointainebleau y París se convierta en una historia con mayúsculas, una historia en la que los personajes se escapan de las páginas del libro a pesar de que apenas unas breves palabras se ocupan de su descripción.
Sí, claro que se trata de un cuento, más que un relato, pero un cuento en el que suceden, o al menos así lo parece, muchas más cosas de las que se narran. Incluso ese calor, esas altas temperaturas con que se inicia, darán paso a otras que obligarán a los protagonistas a buscar refugio en los vehículos, en los "autos" de distintas marcas, y a recurrir a las escasas prendas que en un mes de agosto llevan en el coche. Escenas que se van dibujando, como fotogramas, según nos cuenta el narrador que en tercera persona nos lleva de un coche a otro, de unos conductores y acompañantes a otros, mostrándonos historias personales que agrandamos más allá de las notas que aparecen en el texto.
Cortázar crea una sociedad en miniatura, una comunidad en la que todos cobran un protagonismo casi imprescindible y en la que cada detalle es importante para que el siguiente también lo sea. Y hay magia, esa magia que solo el autor sabe transmitir, dotando de importancia a hechos que en otro relato casi serían insustanciales.
Un relato breve pero intenso, en el que el lector se convierte en un espectador de lujo que debe buscar con rapidez el nuevo "auto" al que dedica sus explicaciones el narrador, en el que las páginas se pasan con avidez para descubrir en que acaba la "aventura a la que se ven sometidos los protagonistas.

Otras obras del autor:
La otra orilla (1945), Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Los premios (1960),  Historias de cronopios y de famas (1962), Rayuela (1963), Todos los fuegos el fuego (1966), La  vuelta al día en ochenta mundos (1967), 62 modelos para amar (1968), Libro de Manuel (1973), Octaedro (1976), Alguien anda por ahí (1977), Un tal Lucas (1979), Queremos tanto a Glenda (1980), Deshoras (1982), Divertimento (1986), El examen (1986), Diario de Andrés Fava (1986)


jueves, 4 de diciembre de 2014

CUENTOS DEL RAMAL DEL NORTE. Raúl Rubio Escudero



Aunque soy muy desconfiado con las promociones y estoy más que escamado con la publicidad, suelo tener muy en cuenta a los lectores con criterio cuando estos me hablan de sus lecturas. Así que en cuanto Gonzalo me recomendó que empezase el libro de Raúl Rubio por el tercero de los relatos que lo componen, no dudé en hacerle caso. Sobre todo cuando nunca he tenido claro el criterio que llevan los autores o los editores (que en este caso es los mismo) a la hora de ordenar los relatos.
Pero como decía comencé a leer Cuentos del Ramal del Norte por el tercero de los relatos: "Matías Antolín". Y no solo logró engancharme, sino que cuando terminé de leer los dos primeros volví a releer, casi sin darme cuenta, los otros cinco relatos.
Raúl Rubio no solo escribe bien, manejando el lenguaje con esa precisión que parece ha perdido importancia, sino que permite que los profanos sobre el Canal de Castilla tengamos la sensación de formar parte de él, como si la distancia física y temporal de los hechos y lugares que se narran no existiese. El autor sabe ajustar con acierto las descripciones de escenarios y personajes, dotando a estos de una fuerza tal que no dejan de acompañarnos en las lecturas siguientes. Julián, Salvador, Manuel De la Gándara, Carlos Lemaur, el propio Vicente Antolín y un buen número más de personajes recorren las páginas del libro con el espíritu de una novela, hasta tal punto que cuando la cierras tienes más sensación de haber leído una novela que un libro de relatos. Que los hechos sucedan en tiempos diferentes y que los personajes sean otros carecen de importancia, pasan tan desapercibidos que solo dándole más de una vuelta te percatas de que no todo pertenece a la misma historia, ¿o sí? lo mismo da.
El autor nos introduce en la propia dinámica del Canal, de sus barcas y esclusas, invitándonos a formar parte de una historia que es nuestra desde el momento que leemos más de una página. Ya no hay vuelta atrás, no hay descanso cuando el relato finaliza, hay que seguir leyendo y viviendo, o mejor sobreviviendo en las duras aguas del Canal.
Raúl es preciso, como dije anteriormente, pero es algo más, ya que en sus palabras se esconde la misma esencia del Canal y, lo que es más importante, de quienes construyeron y vivieron en él, logrando que dicha esencia hable por sus palabras y gestos, permitiendo que al cerrar los ojos los espacios físicos se configuren con una facilidad pasmosa, como si en nuestra propia memoria anidasen dormidos los recuerdos del pasado.
Todo ello con la naturalidad que hace de la narración un verdadero disfrute, sin mayor pretensión que contar una historia, con lo que logra que esta se aparezca ante el lector sin altibajos, sin brusquedades violentas que adulteren la lectura. En todo momento el libro consigue transmitirnos el latir del Canal.
Un libro para saborear, para disfrutar de la lectura, para dejarse llevar y sentir una visión muy diferente de la Castilla a la que estamos acostumbrados a vivir. Un libro que consigue que al leer su última página nos invada una paz inexplicable, la sensación de formar parte de una historia sencilla y dura, pero llena de humanidad. Un libro que sin más pretensión que contar una o varias historias y que ha logrado que la memoria colectiva se de la mano en forma de muy buena literatura. 

martes, 31 de diciembre de 2013

BREVIARIO DEL BUS. Luís Pousa



Tenía pensado acabar el año con otro libro, pero la prosa precisa de Luis Pousa no solo me ha señalado mil mundos, sino que ha despejado mi memoria y ha descubierto ese hueco del pasado que guarda recuerdos con historias en las que el autobús era el protagonista, cuando recorrer apenas 50 kilómetros era toda una aventura.
Las letras de Pousa, las ilustraciones de Miguel Ángel Martín y el prólogo de Enrique Vila-Matas me han trasladado a esos asientos en los que lectura es obligada, en los que las historias se ven acompañadas de escenarios ajenos en los que vislumbrar tantas experiencias como palabras se dejan de leer.
Sí, en mi memoria se asoma el recuerdo de un 31 de diciembre, un autobús sin libros ni viajeros y un niño que trataba de llegar a casa. Un viaje que se convirtió en una aventura de la que, gracias a Luis Pousa, han reaparecido muchos de sus personajes. Y es que sus textos, sus viajes, son eso, una ventana abierta a la mente, al recuerdo de aquellas sensaciones que permanecen en nosotros sin que les prestemos mucha atención, pero que de vez en cuando, cuando reciben el estímulo necesario, reaparecen con una fuerza que hacen dudar de su veracidad.
El autor no se conforma con narrar, con contarnos anécdotas, con despertar nuestra mente, sino que recorre pacientemente las vidas de aquellos que eligieron el bus, el autobús o el trolebús como medio de transporte. Y lo hace de la mejor manera posible, con una prosa depurada, fresca, que no esconde nada, que rebusca en la propia literatura y en su lectura la esencia del libro sobre los asientos gastados del bus. El rescate que hace de las palabras y los hechos de un buen número de escritores es la excusa perfecta para incitarnos a sus textos, a aquellos relatos en los que queda demostrada la valía de los narradores.
Jardiel Poncela, Italo Calvino, Ramón Gómez de la Serna, Paul Bowles, Martin Amis, Manuel Rivas, Julio Cortázar, Miguel Torga, Franz Kafka, Camilo José Cela, Walt Whitman, Anatole France, Charles Bukowski, el propio Vila-Matas y unos cuantos maestros de literatura prestan sus palabras o sus gestos a Pousa para crear un libro magnífico, en el que es fácil ensoñar, añadir y releer.
No debe extrañar que a medida que se van leyendo cada uno de sus 25 textos nazca en nuestro interior ese deseo de viajar y leer, de leer y viajar, de correr en busca del Urbano, del Coche de Línea o de la Exclusiva que, permítanme siguen siendo las formas en que el autobús se sigue llamando en mi casa.

¡Feliz Año! y unas prósperas lecturas nuevas.



viernes, 6 de diciembre de 2013

CUENTOS MACABROS. Edgar Allan Poe



Hay días en los que te apetece volver a leer a los clásicos, recuperar esas lecturas que no solo dejaron huella en algún momento, sino que siguen presentes y se reflejan con mucha frecuencia en nuevas narraciones. No hay duda de que Edgar Allan Poe es uno de esos escritores eternos que además de pervivir se asoma continuamente a muchos más ámbitos que el literario. El cine, también la música, ofrece sin descanso referencias que nos hacen revivir algunos de sus cuentos, algunas de esas escenas inolvidables que se han alojado en nuestra mente y se dibujan repetidamente en la memoria.
Crecí con varios libros que alojaban los cuentos de Poe, pero ha sido la edición de Alianza la que más he exprimido, la que más he leído y releído, señalado y anotado, la soberbia traducción de Julio Cortázar ocupa ahora el doble de su tamaño original a fuerza de abrirla y recuperar frases y momentos estelares. A pesar de poseer más de una edición de los mismos Cuentos en dos volúmenes, siguen siendo los primeros los que con más fervor atesoro. Por mucha pena que me da su estado prefiero recurrir a ellos antes que a las siguientes ediciones (intactas de apenas ser tocadas).
Pero claro, hay libros de los que no puedes abstraerte, libros que te llaman tan poderosamente la atención que te atrapan desde el primer momento, Da lo mismo que sus páginas vuelvan a repetir los textos que ya conoces, los relatos que has vivido en varias lecturas, libros de una belleza tal que casi logran emocionarte una vez los tienes entre tus manos.
Uno de los más destacados, por suerte se repite con frecuencia en estos últimos años la fórmula de recuperar autores clásicos e ilustrarlos con maestría, es este libro de Edelvives que cuenta con la propia traducción de Cortázar y las soberbias ilustraciones de Benjamin Lacombe. Una obra que corta la respiración, que a mi particularmente me dejó sin aliento una vez sentado en mi mesa, en la soledad de la noche me puse a disfrutar de sus Cuentos macabros. No solo son las ilustraciones, es el diseño, de la primera a la última página, de la portada a la contraportada, de los títulos al índice. El libro es un todo que merece, cuanto menos, un repaso general a su contenido.
Además de los cuentos "Berenice", "El gato negro", "La isla del hada", "El corazón delator", "La caída de la Casa Usher", "El retrato oval", "Morella" y "Ligeia", en el libro encontramos el texto "Edgar Allan Poe, su vida y sus obras" de Charles Baudelaire y las biografías de este, el propio Poe, Cortázar y Lacombe.
Un libro completo, que conjuga de manera magistral la prosa de Poe, esos relatos (cuentos) que despiertan la imaginación (algunos no puedo aislarlos del rostro de Vincent Price en las películas de Roger Corman) y que mantiene a lector atento y expectante en todo momento, con el misterio suficiente como para que en más de una ocasión la respiración se acelere y la lectura corra en pos de ese desenlace que se siente apasionante.
Aunque lo más destacado de esta edición lo encontramos no tanto al ojearlo con asombro, sino al leerlo con detenimiento y comprobar que los ojos pasan con sorprende velocidad de las letras a las imágenes, participando en un juego que logra que la lectura sea aún más gratificante. 
Una completa joya literaria a la que invito fervientemente se le preste una especial atención. Lleva dos años conmigo y no me canso, cada cierto tiempo, de leer y observar, de sentir e imaginar mientras las horas nocturnas pasan como si nada.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

SEÑORAS Y SEÑORES. Juan Marsé



Hay novelistas, grandes novelistas, que cuando cambian de registro y se acercan al mundo de los apuntes, las columnas de opinión, o al entorno periodístico, no demuestran la destreza narrativa propia de sus libros. Sí, claro que tienen seguidores y sus opiniones son tenidas en cuenta, pero esos textos, generalmente de pequeño tamaño están muy por debajo de la calidad que atesora su pluma.
No es el caso de Juan Marsé, o al menos no lo es si nos atenemos a los retratos que encontramos en este libro, esos retratos aparecidos en las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado (salvo dos últimos que merecen ser tenidos muy en cuenta) y que, en su mayor parte, siguen estando de actualidad.
No sé muy bien porqué, seguro que por su aporte de cercanía en el tiempo, no me pude resistir a comenzar el libro por el final, por el último de los textos con que Marsé logra ilustranos. Los dos últimos, además de ser los más actuales (dedicados al Artur Mas y María Dolores de Cospedal), son los que más espacio dibuja el autor en sus descripciones. Y puedo asegurar que son esos dos solos los que me despertaron el deseo irrefrenable de leer los otros cuarenta y uno, de descubrir no tanto la visión del autor de Últimas tardes con Teresa o Rabos de lagartija, sino la perspectiva con es capaz de mostrarnos los retratados.
Y es que Juan Marsé , con un perfecto dominio del lenguaje y el trazo firme de su narrativa nos acerca a cada una de las 43 figuras sin necesidad de ver más imágenes que las que ofrece sus palabras. Ese lenguaje ácido, cáustico nos adentra en el mundo de la descripción perfecta, capaz de recoger los guiños, los gestos y las manías de esos personajes a los que el autor ha sabido trasladar, antes a las revista "Por Favor" y el diario "El País", y ahora a este pequeño libro.
Con un perfecto manejo de la ironía, un poco de pasión y una buena dosis de mala leche Marsé nos hace disfrutar con cada una de las imágenes que nos ofrece, haciéndonos pasar del asombro a la sonrisa en la misma línea. Además nos ofrece una notable lección de la forma correcta de escribir, aquellos que quieran aprender (algunos aún estamos a tiempo) tienen en cada retrato una buena lección. Y si no, compruébenlo ustedes mismos:

  "La boca musculosa y risueña, el mentón sólido, la nariz recta, los ojos oscuros y burlones, las cejas espesas. El diseño de la cara no es dulce, y sin embargo, la expresión lo es. Resabios de un temperamento reflexivo y burlón configuran el gesto y la mirada."

O en este otro:

   "El maxilar cuadrado y ligeramente popeyesco va siempre un paso por delante de la mirada estreñida: el paso largo y la vista corta, he aquí un problema para cualquier conductor de multitudes, sobre todo si maneja un timón más decorativo que funcional."

El primero nos acerca al rostro de Carmen Maura, mientras en el segundo las facciones dibujan a un Artur Mas al que, como dije antes, dedica más espacio que a los anteriores retratados y retratadas.




martes, 5 de noviembre de 2013

CUENTOS INÉDITOS. Bram Stoker



Que mejor manera que celebrar el pasado fin de semana que leyendo una novela de terror. Después de descartar un par de autores actuales y desconocidos que ofrecían novelas de terror inteligente (no descubrí ninguna de las dos cosas) me dediqué a releer algunas de las Leyendas  de Bécquer, un poquito de Lovecraft y algunos relatos de Poe.
Pero claro, en mi mesa reposaba una recopilación de cuentos de Bram Stoker, y no era cuestión de seguir esquivándolos. Hace algunos meses llegaron a mis manos los relatos del autor dublinés  publicados por Valdemar: Cuentos de medianoche (y que también puedes encontrar en este mismo blog), así que di un tiempo prudencial a esta nueva entrega de Ediciones del Viento.
Reconozco, como me sucedió con el anterior libro, aunque esta vez ya sobre aviso, que traté de buscar la sombra del autor de Drácula, de esa narrativa de terror que diese un sentido especial a las noches de Todos los Santos y de Difuntos, pero volví a encontrar a un verdadero narrador de Cuentos. Sí, con mayúsculas, recuperando esos cuentos para adultos que nos acercan al mundo de la imaginación y que, al menos durante el instante que dura su lectura, nos corta la respiración.
Stoker vuelve a demostrar, hay que señalar que estos relatos se escribieron antes que su novela más famosa, que es un escritor notable, dotado de una gran imaginación, un narrador que maneja el Cuento de una manera especial, atrapando al lector casi desde la primera línea, llevándole por caminos desconocidos que no sabe dónde le van a llevar. Ese es, sin duda, el mayor logro de una recuperación de textos como esta, mantener al lector en una continua intriga y permitirle descubrir un universo diferente al esperado.
Estamos ante unas narraciones llenas de humor, negro en más de una ocasión, en las que las descripciones logran crear una atmósfera que conseguirá que quien penetre en sus páginas vaya más allá de lo descrito, hasta tal punto que Stoker aporta el cuento, las descripciones y los personajes, y el lector su imaginación para construir un nuevo espacio en el que se desarrolla la trama.
Siete relatos soberbios, diferentes entre si, que atrapan y que juegan con la muerte y el lado más oscuro de manera sencilla y normal, hasta tal punto que en ningún momento da la sensación de estar leyendo historias fantásticas nacidas de la imaginación de su autor.
Eso sí, también hay vampiros, muertos, patíbulos y cementerios (estos al menos junto a las iglesias) que lograrán entretener tanto a los lectores ocasionales como a los lectores más exigentes.

lunes, 14 de octubre de 2013

LO QUE ESCONDEN LAS ISLAS. Alfonso Vázquez



Hay libros que necesitan centenares de páginas para desarrollar una historia, y otros, en cambio, con  apenas 110 son capaces no solo de contar una historia, sino lograr que el lector se involucre en ella y saque, cuanto menos, una buena dosis de carcajadas.
Y es que si de algo se puede catalogar este libro, o este relato, como ustedes quieran, es de atrevido. O no es una osadía en los tiempos que corren lograr que el fantasma del propio Robert Louis Stevenson, el padre de La isla del tesoro, protagonice una historia junto a unos cuantos miembros de la fauna televisiva española.
Alfonso Vázquez consigue, desde la primera página, que el lector tome partido (no es nada difícil comprobando ambos bandos) y que los distintos escenarios, en especial el atolón de las islas Kiribati, aparezcan con total nitidez.
Con un lenguaje sencillo, en el que la ironía campa a sus anchas, el autor crea una narración ágil e inquietante, en la que lo surrealista de la situación se engrandece con las dosis necesarias de intriga por ver en qué acaba la cosa.
Un juego literario en el que los vencedores resultan los lectores y la literatura, ésta en su enfrentamiento con la llamada telebasura, y aquellos por el entretenimiento y humor que destila la novela. Y es que Alfonso Vázquez no trata de hacer moralina alguna, sino entretener a quienes acceden al libro. Cosa que consigue en todo momento, ya que está construido en su justa medida. Ni sobran ni faltan páginas, un mérito que no todos los escritores logran, y mucho menos quienes se aventuran en el exquisito mundo del relato.
El lector agradece el humor ocurrente, surrealista, pero también el que la historia nos cuente algo más que la simple anécdota. No estamos ante una novela construida a base de golpes u ocurrencias, al contrario, la trama y su realización es la que logra que en todo momento nos acompañe una sonrisa, cuando no una carcajada, y nos sintamos satisfechos de la lectura.
Fresco, ágil, ocurrente y muy, muy divertido, el relato nos permite pasar un buen rato además de incitarnos a la ensoñación por las idílicas islas de Samoa.

jueves, 10 de octubre de 2013

EL GANDUL Y OTROS CUENTOS. Raimundo Lozano Vellosillo



Raimundo Lozano es de esos escritores de los que recibes lo que te esperas porque lo da todo en sus libros. Aunque habría que decir en sus relatos, pues a pesar de tener sobre sus espaldas unos cuantos poemarios son los relatos los que mejor le permiten expresarse. O al menos en los que más a gusto nos encontramos sus lectores.
Sencillos, clásicos y cercanos, a pesar de las distancias de tiempo y espacio que nos separan, los relatos de Raimundo nos descubren con enorme facilidad los personajes, acontecimientos y quehaceres de nuestros pueblos y ciudades. Tratados todos por igual, con una ternura que logra que nos sintamos aliviados en cada cuento a pesar del drama que en muchos de ellos se narran.
Y digo cuentos y no relatos, como bien indica el título del libro, porque el autor logra trasladarnos en cada uno, de manera individual a un universo que reconocemos más gracias a la memoria familiar que a la individual. Hay situaciones y hechos que parecen sonarnos, que nos da la sensación hemos vivido anteriormente, pero Raimundo Lozano logra darles los giros necesarios para que aquellos cobren vida de nuevo.
Un completo manejo del lenguaje y la narrativa nos acerca aún más a aquel universo campesino del que ya apenas queda nada. Y lo hace de la mejor manera, alimentándonos con gran cantidad de vocablos que están a punto de desaparecer y que se suman, de inmediato, a nuestro vocabulario.
Pero sin duda alguna quienes mejor representan al escritor son sus personajes, no solo porque cada uno de ellos nos cuenta, aunque su aparición sea muy breve, su vida y lo que les rodea, sino porque nos los presenta de tal manera que según vamos leyendo nos da la sensación de que les conocemos desde hace mucho tiempo. El Gandul, Evarista, Balbina, don Aurelio, don Primitivo y un montón de personajes más nos muestran en las páginas del libro cómo vivían y de qué, con qué soñaban y divertían y un montón de detalles más que nos permiten reconstruir aquel mundo no muy lejano en el tiempo pero del que parece nos separa una eternidad.
No sabría decir bien si es moraleja o no lo que Raimundo nos regala al final de casi todos los cuentos, pero sí las aclaraciones necesarias para que nuestra imaginación nos acerque a crear las situaciones narradas.

martes, 30 de julio de 2013

LA CONFESIÓN DE UNA JOVEN Y OTROS CUENTOS DE NOCHE Y CRIMEN. Marcel Proust



No, no lo puedo ocultar, a pesar de mi amor por la lectura y por el intento de, al menos, cinco veces, no he logrado leerme ninguno de los volúmenes de A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust.
A lo largo de muchos años y tras escuchar que grandes nombres de la literatura castellana hablaban de la obra de Proust como esencial en su trayectoria vital y literaria, repetía la promesa de que ese año no iba a pasar de leer el primer tomo (del que tengo al menos dos ediciones). Pero en vano, aquellas promesas repetidas e incumplidas, al menos en cuatro veranos, me persiguen y señalan como si en mis intentos no hubiese puesto toda la voluntad posible.
Y claro, cuando llega a mis manos la reedición de este pequeño libro de relatos, se me produce una especie de revelación que me indica que esta vez sí, esta vez voy a leer a Proust, aunque nada tenga que ver con su gran obra.
La primera impresión es que en el relato corto el escritor francés es más directo, no necesita crear esos giros que hacen que su prosa se haga lenta (al menos eso me ocurría a mi hasta ahora), más densa, como si los acontecimientos pasasen en cámara lenta y fuese necesario observar todos los detalles y desde todos los puntos de vista.
Proust es brillante, preciso, capaz de que el lector no solo observe la escena que se desarrolla, sino que  escuche a la narradora, en el primero de los relatos y que da título al libro, como si esta estuviese leyendo para él en exclusiva.
Seguro que hay mucho de autobiográfico en los diferentes personajes del libro, se repite la falta de voluntad, las dudas y complejos alrededor del amor y ese demostrar en todo momento, en cada página las miserias que acompañan al ser humano.
Cinco relatos que tienen en común el crimen como fuerza motora, en distintas y variadas vertientes, incluso de manera rebuscada. Cinco relatos que salen del libro para convertirse en realidad, para testimoniar la manera que tiene de narrar uno de los mejores escritores de todos los tiempos, y que por sí solos tienen la calidad suficiente como para señalar a un escritor sobresaliente.
Un perfecto disfrute para los sentidos, pues emociona, intriga y deja sin aliento. Hasta tal punto que una vez finalizado el último de los relatos: Sentimientos filiales de un parricida, el libro vuelve a abrirse por la página 23 (las anteriores están dedicadas a un prólogo de Mauro Armiño que recomiendo para ponerse en situación) para volver a vivir las cinco historias de nuevo, esta vez con más pausa y detenimiento.

lunes, 3 de junio de 2013

CUENTOS DE MEDIANOCHE. Bram Stoker



Hablaba ayer de un clásico, de uno de esos autores que acompaña desde la adolescencia y continúa a nuestro lado a lo largo de nuestra vida. Con Bram Stoker sucede otro tanto, pues a pesar de que la lectura de Drácula fuese más tardía que el personaje de Mark Twain su sombra, o su "no reflejo", sigue acompañándome todavía.
Así que cuando cogí estos cuentos de Stoker -curiosamente junto a este  de la Editorial Valdemar acaba de aparecer Cuentos inéditos de Ediciones del Viento- no pude evitar sentir un escalofrío como si una ráfaga de aire recorriese la habitación nocturna. Y es que esperaba encontrar, más si al nombre del autor unimos el título del libro, relatos espeluznantes, llenos de terror y sangre.
Sí, hay una vampira, un lobo y una momia, pero hay mucho más, porque este volumen destaca por una variedad temática increíble, ya que junto a esos personajes asoma gente corriente que nos cuentan sus historias que nada tienen que ver con el terror que parece haber envuelto siempre la figura de Bran Stoker.
Gracias a estos catorce relatos, o cuentos, he descubierto a un escritor que logra variar de estilo y de tono narrativo en cada uno de ellos. Un escritor que se acerca a aquellos contadores de historias que, alrededor de una lumbre, envolvía a grandes y pequeños con sus palabras, con esas historias llenas de imaginación que mantenían a la audiencia atenta incluso cuando estas acababan.
Catorce cuentos llenos de misterio y humor que se convierte en un "compendio de rarezas y curiosidades más completo publicado hasta la fecha en nuestro país" tal y como indica en el prólogo Óscar Palmer. Y es que no solo estamos hablando de cuentos que sirven para divertirse y entretener, sino que descubrimos una manera de narrar cada vez mas escasa por su sencillez e ingenio, pero que nunca abandona la corrección y el perfecto y elegante uso del lenguaje de finales del siglo XIX y principios del XX.

jueves, 30 de mayo de 2013

EL DÍA DEL ENTIERRO. Edith Wharton



Hay autores, o autoras como es este caso, a los que, a pesar de su importancia, los tengo demasiado encasillado, autores a los que solo los identifico, como lector, con un género determinado. Eso me ocurre con Edith Wharton, que a pesar de tener más de treinta novelas, algunas incluso leídas no hace mucho, siempre pienso en ella por sus libros de viajes: Viaje por Francia en cuatro ruedas, En Marruecos y Cuaderno de viajes: el viaje considerado como una de las bellas artes.
Son también numerosos los relatos en los que demuestra el perfecto dominio de la narración, la exploración de los personajes y una sátira inteligente y deliciosa.
En este pequeño relato y en apenas 65 páginas logra dibujar perfectamente al profesor Trenham, sus remordimientos, su doble moral y la falta de decisión ante los aspectos más importantes a los que se enfrenta. Un simple hecho, qué hacer con las cartas de su amante nada más fallecer su mujer, serán el desencadenante de una historia en la que mostrará su predilección por las relaciones entre sexos. Con una fina ironía y las palabras justas para describir lo que el lector debe ver ante él -desde los espacios hasta los movimientos de los personajes- dirige la acción desde la primera línea, dejando que únicamente a mitad de la narración exista un pequeño respiro de esa tensión que se produce El día del entierro de Milly, la mujer de Trenham.
Wharton ahonda en la importancia de la apariencias, de los entornos sociales y familiares que tanto marcaban el devenir de los acontecimientos de 1930, año en el que se edita por primera vez este relato. "¡Cómo lo complicaba todo el hecho de vivir en una comunidad pequeña y entrometida!" vendrá a decir su personaje principal cuando repasa sus actos adúlteros. Logra, además, traspasar la mente masculina de Trenham y mostrarnos una descripción psicológica perfectamente detallada. 
Un relato que entretiene, que a pesar de poderse leer de un tirón, hay un deseo irrefrenable de leerlo despacio, con tranquilidad, saboreando cada detalle, cada palabra que su autora ha escrito de manera meditada y concienzuda. 


miércoles, 22 de mayo de 2013

LAS HAZAÑAS DE SHERLOCK HOLMES. Adrian Conan Doyle y John Dickson Carr



No voy a negar que la profusión de imitadores o secuelas de Sherlock Holmes que durante estos últimos meses parece han invadido nuestros hogares casi han logrado sacarme de mis casillas. No sé, será que soy un nostálgico y me gusta respirar el ambiente del Londres Victoriano que despiden las novelas y relatos de Arthur Conan Doyle.
Pero hete aquí que un día descubro, casi sin buscarlo, pero amparado en el sello editorial de Valdemar, una obra desconocida para mi, y que en la firma aparecen los mismos apellidos del gran escritor inglés. No pude por menos que leer el prólogo e informarme que Adrian Conan Doyle era el hijo menor del escritor y que en connivencia con John Dickson Carr, escritor de novelas de misterio y gran seguidor de Sherlock Holmes, se habían embarcado, allá por los años cincuenta del siglo pasado, en escribir una serie de relatos lo más parecidos  a los escritos por Conan Doyle padre.
Los amplios conocimientos de ambos, las continuas correcciones y la veneración que sentían por el escritor, han logrado que los seis relatos que aparecen aquí se hayan reeditado continuamente desde entonces y sean considerados como los más cercanos a la pluma del propio Arthur Conan Doyle. La forma de expresarse, tanto Holmes como Watson, el uso de determinados apelativos, la elección de las tramas y la perfecta narración de cada uno de ellos logra que apenas te des cuenta de que los habitantes de Baker Street aparezcan creados por otras manos.
Intriga e insolencia, misterio y giros casi pedantes, Holmes y Watson, misterio y observación. Todo se mantiene como si en verdad la mano de Sir Arthur estuviese tras estas casi doscientas páginas.
Seis relatos que harán las delicias de los amantes del género, en especial aquellos que lo son de Sherlock Holmes, pues se mantiene toda la esencia, la estética y el ambiente que despiden. Además, y seguro que algunos se darán cuenta de inmediato, los relatos están basados en referencias que el propio Watson ofreció en la obra original, en aquellas  cuatro novelas y  cincuenta y seis historias cortas.
Unos relatos, o historias de pequeño tamaño, intensas, que parecen capítulos sacados de nuevo de la memoria del Doctor Watson y que se leen con soltura y atención, logrando que el lector tenga que desplegar todo el interés para que nada se escape, o al menos para lograr entender cada una de las frases y comentarios que lleva a cabo Sherlock Holmes.
No es Sir Arthur Conan Doyle, pero tras las primeras líneas de cada historia parece que carece de importancia, o al menos pasa a segundo plano.

lunes, 20 de mayo de 2013

DIEZ BICICLETAS PARA TREINTA SONÁMBULOS. VV.AA.



A medida que vas cumpliendo años coger la bici con mal tiempo se hace más cuesta arriba. Es como si estuviese esperando el momento idóneo para subirme sobre las dos ruedas y pedalear intentando recuperar los días perdidos. 
Creo recordar que han sido cuatro las bicis que me han acompañado a lo largo de mi vida. Bicis de recreo, de deporte, de montaña y de paseo que me sirvieron para avanzar y desplazarme durante muchos años en los que el coche no me apetecía lo más mínimo. La quinta ha llegado este mismo año en forma de regalo de Reyes, pero, este tiempo invernal apenas sí me ha dejado sentarme sobre ella un par de veces.
Así que la mejor manera de usar este medio de transporte, al menos mientras mejoran las temperaturas, es por medio del libro de relatos que la Editorial Demipage ha sacado a la calle estos días, Diez bicicletas para treinta sonámbulos, con motivo de su décimo aniversario. Hay que tener presente que el logotipo de la editorial es una bicicleta.
Treinta, o treinta y uno, según se mire, son los autores invitados a usar la bicicleta como excusa para narrarnos una historia. A los que habría que sumar, además, el prólogo de Eloy Tizón que, al fin y al cabo, también nos cuenta una historia bien rodada.
Luis Landero, Antonio Muñoz Molina, José Ovejero, Andrés Neuman, José María Merino, Antonio Orejudo y otros tantos narradores más nos llevan por sus propios universos literarios. Universos en los que las dos ruedas nos hacen más fácil el camino o simplemente asoman de soslayo como interpretando una simple mirada o un sencillo instante que queda atrapado en las palabras.
Hay bicicletas laborales, bicicletas recreativas, ruedines e incluso un Bicicielo, ruedas dialogantes, famosas y cinematográficas. Treinta relatos que nos permiten disfrutar de historias muy bien escritas que transitan por nuestra mente más allá de lo que nos dura su lectura.
Un buen ejercicio para esperar a esos días en los que el agua no se convierta en el enemigo que es tanto para el libro como para la bicicleta. Nunca he probado a leer llevando la bicicleta, al menos cuando esta está  en movimiento, pero puedo asegurar que muchos de estos relatos me han llevado más lejos de lo que, a estas alturas, me suele llevar una bicicleta.

miércoles, 15 de mayo de 2013

AQUÍ YACEN DRAGONES. Fernando León de Aranoa



No suelo hacer mucho caso a los libros que vienen firmados por estrellas más o menos mediáticas, aunque debo reconocer que siempre hay quienes demuestran tanto talento en su trabajo (suelen ser directores de cine y responsables de más de uno de sus guiones) que no puedo evitar echar un ojo para comprobar cómo y qué escriben.
No hace mucho me pasó con José Luis Cuerda y ahora me pasa con Fernando León de Aranoa, que leo el primero de sus relatos para ver cómo se enfrenta a ellos y, casi sin darme cuenta, había leído buena parte de los ciento trece que componen el libro.
Relatos dispares, diferentes y que nada parecen tener que ver entre ellos (aunque el título del libro puede darnos unas pistas que se descubren al final de la lectura). Es posible que ahí radique uno de los secretos del director-escritor, el contarnos las cosas más variadas de la manera más sutil y sencilla en apariencia. Relatos que abren y cierran puertas, que dibujan y muestran imágenes, que señalan y esconden hechos y personas.
Relatos, al fin y al cabo, que demuestran la honestidad de quien cuenta lo que siente sin más atadura que la de tratar de expresarse y comunicar a los demás.
Una prosa culta, inteligente, con la profundidad suficiente como para invitarnos en más de una ocasión a releer el texto anterior, para buscar, o rellenar, ese hueco que parece se nos ha abierto con su lectura. Y es que el autor denota una enorme fuerza narrativa a la que dota de grandes dosis de imaginación, pero no conforme con eso avanza más allá y consigue llenar de realidad a la propia realidad, sonsacándole imágenes casi cinematográficas en su expresión escrita.
Un libro lleno de relatos sorprendentes, inquietantes que demuestran la capacidad de observación de su autor y la perfecta traslación al texto. 

jueves, 18 de abril de 2013

AROMAS. Philippe Claudel



Después de haber leído Almas grises  y La nieta del señor Linh tenía claro que su siguiente trabajo seguiría su camino casi el mismo día que se publicase. Y es que Claudel me había demostrado que era capaz de crear los textos más bellos en las condiciones más adversas, de encontrar siempre la mejor manera de expresar los acontecimientos más duros. Hasta tal punto que momentos de gran tensión, incluso aquellos en los que existe la tentación de cerrar los ojos porque imaginas lo que va a suceder, quedan suavizados gracias a la forma que tiene de expresarlos.
Ahora, por si fuera poca esa destreza, logra inundar las páginas del libro de los olores más diversos y dispersos, aquellos que son capaces de permanecer en nuestra mente y asomarse como un recuerdo. Esos aromas que se han ido almacenando y recordamos, de repente, el instante preciso en que los sentimos por primera vez.
Philippe Claudel consigue, además, no solo recuperar esos olores, esas esencias propias de su experiencia, sino que logra que seamos nosotros, los lectores, los que experimentemos también esos recuerdos olfativos, que evoquemos aquellos momentos de la infancia, de la adolescencia en lugares concretos y con personas concretas.
Con el lirismo que le caracteriza el autor nos sumerge en un estadio distinto al real, despierta en nosotros el recuerdo que acompaña el aroma, pero también que percibamos con todos los otros sentidos, pues dibuja las imágenes necesarias para que no se escape el más mínimo detalle de ese recuerdo.
63 relatos que huelen a tierra, a agua, a jabón, pero también a abrazos, a besos y juegos. Porque Claudel logra convertir cada uno de esos pequeños regalos en la recuperación de un momento concreto lleno de emoción y que parece despertar todo tipo de sensaciones inexplicables.
Un verdadero disfrute para el lector, un descubrimiento en cada texto, un recuerdo y un aroma diferente. Y. lo que es mejor, un descanso tras cada relato para recuperar algo que solo a nosotros nos pertenece.