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miércoles, 11 de junio de 2014

ANIQUILACIÓN. Jeff VanderMeer



Hay libros que te dejan una sensación tan extraña que necesitas espaciar el tiempo para intentar asimilar lo que ha supuesto su lectura. Libros que te atrapan de tal manera que resulta inexplicable incluso tratar de explicar lo que te pasa por la cabeza una vez cerrados.
No hay duda que Aniquilación es una de esas lecturas, ya que crea en ti el suficiente desasosiego, incluso vacío, que parece trasladarte al espacio físico y mental en el que se mueven sus protagonistas.
Quizá lo más curioso de todo es la manera que tiene Jeff VanderMeer de introducirte en la novela. No necesita grandes descripciones, ni de los escenarios ni de los personajes, ni siquiera amplios párrafos para que te veas envuelto en la atmósfera que respira el libro. Incluso las protagonistas resultan tan anónimas como el desconocimiento de sus nombres, serán sus profesiones las que traten de ponernos en situación para que seamos nosotros mismos los que evaluemos tanto su físico como su estado mental. Por no existir, salvo leves pinceladas, no existe siquiera una descripción pormenorizada del Área X en la que se mueven las protagonistas, de hecho será muy avanzada la novela (la primera parte de la Trilogía Southern Reach) cuando recibamos información sobre el escenario natural en que se mueve una de las mujeres que protagonizan la novela.
Pero de inmediato, desde la primera página, en nuestra mente, en nuestra imaginación, empiezan a bullir imágenes, a dibujarse los escenarios, los rostros, las armas, los espacios a los que parece no prestarles la mínima atención el escritor. Pero están ahí, y somos los lectores los que vamos señalando, a medida que avanzamos en la lectura, que movimientos, que escenas se van superponiendo.
En poco más de doscientas páginas Jeff VanderMeer logra ponernos nerviosos, al límite de nuestras fuerzas mentales, como si fuésemos miembros de la expedición que trata de sonsacarle el misterio al Área X. De inmediato nos sumimos en la confusión, en esa atmósfera agobiante que se va generando alrededor de las cuatro protagonistas y que hace que la confusión se adueñe de ellas. Y claro, de nosotros, que sentimos como nuestra respiración se agita, de que estamos a punto de gritar para pedir ese tiempo muerto que nos tranquilice.
y sin embargo somos incapaces de parar, de dejar el libro de lado y descansar, queremos seguir leyendo, comprobar hasta dónde somos capaces de llegar para descubrir ese misterio que envuelve el pasado y el presente del Área X.
Una novela que consigue, como muy pocas lo hacen, que formemos parte de una atmósfera opresiva, que dejemos a un lado lo que sucede en las mentes de las protagonistas, para observar que es lo que nos está pasando a nosotros. Y, por encima de todo, vuelve a dar una valor impagable a nuestra imaginación, a descubrir que somos nosotros los que vamos formalizando el espacio físico en el que se mueven las anónimas mujeres que tratan de buscar explicaciones dónde todo son incógnitas. 

viernes, 14 de junio de 2013

LA CABEZA DEL PROFESOR DOWELL. Aleksandr R. Beliáiev



Dentro de la colección "rara avis" de la Editorial Alba encontramos uno de los clásicos de la ciencia ficción rusa Aleksandr R. Beliáiev, considerado por muchos como el Jules Verne de su país, tanto por la manera de narrar como por el carácter visionario de sus novelas y relatos.
Su estilo desenfadado, las peculiaridades de sus personajes y la ausencia de rodeos y descripciones redundantes hacen de él un escritor atractivo, sumamente entretenido y divertido. Lo que no significa que estemos ante un narrador menor, ya que profundiza en cada uno de sus textos, desde en la acción que en estos se desarrolla hasta en la creación de sus protagonistas, sin olvidar cada uno de los temas elegidos para elaborar sus novelas.
Dos son los relatos, casi novelas, que componen este libro. El primero da título al libro -fue publicado en 1925- y nos acerca al mundo de los muertos que recobran la vida, o más en concreto a la posibilidad de mantener con vida miembros de quien ha fallecido: corazón, cabeza... Será La cabeza del profesor Dowell la protagonista, o mejor dicho su discípulo Kern, quien mantendrá "con vida" la cabeza de su profesor para sonsacarle los avances científicos que este lograra en vida y aquellos que todavía es capaz de descifrar. Todo ello con un ritmo frenético y lleno de humor que hace que la historia se convierta en un entretenimiento tanto para aquellos que disfrutan con la ciencia ficción como con quienes no se consideran seguidores del género.
Es cierto que llega un punto con ciertos giros macabros, que no gustarán a todos por igual, pero se corrige de manera que solo saben hacerlo los grandes escritores ya que en ningún momento parece que el autor pretenda hacer moralina alguna. Lo más importante en toda la  novela es la acción y el ritmo trepidante con que suceden los acontecimientos, sin olvidar las grandes dosis de humor, a veces negro, con que adereza casi todo el texto.
El segundo relato, de más de cien páginas, El día del Juicio Final, publicado en 1929, nos muestra las consecuencias de la ralentización de la velocidad de la luz en el Berlín de los años 20 del siglo pasado. Una trama también acelerada y muy divertida en la que el lector parece no salir de su asombro y con la continua sensación de estar ante una historia casi demencial, o al menos tan enloquecida como para poner en duda la salud mental de quien se percata de estar disfrutando, y mucho, de una novela divertida y colosal. Un verdadero disfrute para el lector que busque nuevas sensaciones.

martes, 9 de abril de 2013

TODO ESTÁ PERDONADO. Rafael Reig



¿Se imaginan un Madrid navegable? ¿Y el malecón del Prado, Puerto Atocha o la isla de Cibeles? Pues todo eso es lo que se puede encontrar en esta novela de Rafael Reig. Al menos eso es lo que a mi me llamó la atención (bueno eso y un buen lector que me dijo estaba encantado con la prosa del autor).
Y es que debo reconocer que parte de la culpa de leer el libro la tuvo la portada, esas aguas que hacen de Madrid una nueva Venecia. Si encima tiene aire de novela negra y olor a fútbol, pues uno queda prendado de inmediato.
Claro que cuando se abre el libro y se comienza a leer descubrimos que no solo se cumplen las expectativas, sino que estas se ven ampliadas por una manera de narrar brillante y original, una novela muy bien escrita que desborda imaginación y ese punto de desconcierto que los lectores siempre agradecemos.
Sí, no lo voy a negar, estamos ante un libro de difícil clasificación, pues  tiene, como dije antes, esa atmósfera de novela negra, pero también una buena parte de ciencia ficción y no poco de sátira de una sociedad fácilmente reconocible.
Estamos ante una novela ambiciosa, en la que encontramos varios narradores que en vez de confundir aumentan el placer de su lectura, narradores que van cambiando a medida que la novela avanza y que logra fortalecer la narrativa corrosiva de Rafael Reig.
Pero sin duda lo mejor es que estamos ante una novela sorprendente, ocurrente, en la que las situaciones cambian hasta tal punto que uno llega un momento que no sabe bien lo que está leyendo (lo que no impide disfrutar, ni mucho menos, de la lectura). Y es que lo que se inicia como una novela negra, policíaca, termina siendo una sátira de la España del último medio siglo, una metáfora de situaciones conocidas y reconocibles bajo el manejo de una pluma soberbia, en la que el lector se ve obligado a imaginar las más descabelladas ocurrencias.
No quiero dar pistas, pero que sea una hostia consagrada (con perdón), envasada y obtenida en una máquina expendedora sea la posible causante de una muerte ya indica de qué tipo de lectura estamos hablando.
Un verdadero disfrute para quien pretenda acercarse a algo diferente, pero, eso sí, bien escrito. 

jueves, 28 de marzo de 2013

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA. Rosa Montero



Para un adolescente de principios de la década de los ochenta del siglo pasado la película Blade Runner supuso un antes y un después. Se presentaba ante nosotros un mundo que apenas sí habíamos imaginado en traducciones de novelas americanas en las que se vislumbraba un futuro lleno de avances tecnológicos.
Sí, es cierto que "La guerra de las Galaxias" había variado nuestra mentalidad y que abrió una puerta nueva a nuestra visión del universo, pero el Harrison Ford, Rick Deckard, de "Blade Runner" era algo más, era el futuro, pero en la tierra. Es cierto que intentamos, quienes además del cine disfrutábamos de la lectura, ahondar más allá y sumergirnos en la mente de Philip K. Dick y su ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, pero fue en vano, el cine había creado en nosotros un espacio que difícilmente podía ocupar la literatura.
Luego muchas lecturas empezaron a llenar algunos vacíos, pero siempre había un carga emocional que parecía impedir que esa parcela de la ciencia-ficción se cubriese del todo.
Hasta que llegó Rosa Montero, entusiasta también de "Blade Runner", y nos recuperó los replicantes y esa atmósfera que tan magníficamente supo plasmar Ridley Scott en su película.
Y hablando de atmósfera, Rosa Montero la crea de tal forma que el Madrid de 2109 que aparece en su novela se hace real desde la primera página. Hay cierto sosiego (en comparación con el antecedente cinematográfico) y un tratamiento creíble de la situación, no en vano se siente la experiencia acumulada en más de tres décadas. El agua es un bien escaso, el teléfono móvil dirige la vida y la economía, el aire limpio está revalorizado en extremo y un largo etcétera que autentifica la historia, que logran crear un ambiente propio y real.
Hay, además, una marcada huella de la pasión que la autora tiene por "Blade Ranner". No solo porque la narración sea apasionante, sino que cada frase, cada párrafo transmite esa sensación de estar viviendo en el mundo que aparece en la película.
Aunque eso sí, el mayor logro de la novela se encuentra en su protagonista, Bruna Husky, la tecnohumana que, como el replicante del film (interpretado por Rutger Hauer) tiene una fecha concreta de caducidad. Por cierto, cuesta mucho despejar de la mente la imagen de la rep interpretada por Daryl Hannah, pues las primeras descripciones te acercan a la imagen que de ella tienes en la memoria.
Lágrimas en la lluvia es una buena historia contada bien, que por supuesto debe mucho, o todo, al cine, pero con una trama bien construida y con la intriga necesaria para que el lector sienta la necesidad de comprobar en qué acaba. Particularmente en ningún momento me he sentido ajeno a la lectura, ni siquiera he sentido que algo faltaba, he seguido los pasos de la detective Husky, he sentido su violencia, su miedo e, incluso, la ironía de muchos de sus actos.
La acción trepidante que nos envuelve se interrumpe repetidamente con la aparición de unos informes "clasificados" que antes que romper la narración lo que hacen es autentificarla, ya que a través de ellos el lector conocerá la situación del planeta, la historia y los acontecimientos que han creado el presente en que discurre la historia. Hay aquí un notable aporte crítico de la autora que incide en una situación caótica causada por el hombre

domingo, 17 de marzo de 2013

PIONEROS DE LA CIENCIA FICCIÓN RUSA. Alekséi N. Apujtin, Porfiri P. Infántiev, Valeri Y. Briúsov y Serguéi R. Mintslov



Quizá la mejor descripción de este libro venga dada por la colección a la que pertenece. Esa "rara avis" que, sin duda alguna, va más allá de una clasificación, de una ubicación dentro de un determinado género.
Porque claro, dónde colocaríamos un libro que tiene misterio, ciencia ficción, terror y literatura clásica. Por si fuera poco, si situamos sus relatos entre 1892 y 1906, seguro que muchas de nuestras etiquetas tendrían un montón de "peros".
Eso sí, el título (me imagino que la traducción de este sea correcta) es del todo elocuente, pues está claro que si algo unifica a los cinco relatos es la ciencia ficción. Además de resultar tremendamente extraño, o será que nunca me había parado a pensar que la narración rusa tuviese a finales del siglo XIX, dichos refugios narrativos.
"Entre la vida y la muerte" de Alekséi N. Aputjin nos muestra claramente el espíritu que durante esta última década del siglo XIX acercó a escritores al simbolismo, a esa búsqueda de temas más ocultos y alejándose, aunque todavía con relativa influencia, del realismo. Estamos ante un relato inquietante, que a pesar del ambiente nobiliario ruso, parece acercarnos al mundo enigmático, al ocultismo, al acercamiento de sucesos extraños y desconocidos. O cómo si no describir al narrador del relato que no hace más que contar su propia muerte y posterior entierro.
Porfiri P. Inféntiev aporta "En otro planeta" (1896) un relato al más puro estilo de la ciencia ficción "marciana", hay que tener en cuenta que es considerado el precursor del género en su país. Una visión optimista del futuro en la que las descripciones van engrandeciendo el relato hasta tal punto que el lector  fácilmente podrá imaginarse los escenarios que narra el autor. Lo más destacado, además de la frescura del relato, serán las premoniciones de muchos objetos que hoy son de uso cotidiano, pero que a finales del XIX solo podían aparecer en la imaginación de escritores como Infántiev. Tan bien escrito y tan ágil su lectura que apenas se aprecian las más de 120 páginas que ocupa.
"La montaña de la estrella" (1899) de Valeri Y. Briúsov denota la influenciada de los futuristas franceses en un textos fantásticos que no dejan indiferente a nadie. Veintiséis capítulos que logran que el lector preste toda la atención y vea recompensado su interés con sorpresas que van apareciendo a medida que avanza la lectura. Hay momentos en que resulta tan evidente la descripción de espacios y personajes que, cerrando los ojos, es fácil de imaginarlos.
Del mismo autor es "La República de la Cruz del Sur" (1905) en la que a modo de crónica periodística nos relata un estado atacado por una epidemia de locura. Un relato bien trazado y que, cambiando los enfermos por zombies, estaría ahora muy en boga.
Por último "El misterio de las paredes" (1906) de Serguéi R. Mintslov, de apenas veinte páginas, fresco y lleno de ingenio, no solo nos hace creíble lo narrado, sino que parece hacernos partícipes de cada una de las escuchas producidas.