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jueves, 28 de mayo de 2020

LA MUERTE VISITA AL DENTISTA. Agatha Christie



Leer a Agatha Christie de vez en cuando es uno de esos placeres para los que parece no pasar el tiempo. Sí, son novelas ingenuas, sencillas, con un dinámica semejante y puede que en principio un poco obsoletas, pero lo siento, en esos momentos en que me cuesta concentrarme en la lectura, en los que parece que da lo mismo el libro que se coja que no se avanza: Agatha Christie es el perfecto remedio.
Que sí, que Miss Marple y Hércules Poirot parecen sacados de un viejo baúl y pertenecen a otros tiempos, pero eso deja de verse así en el momento que comienza la primera página. Reconozco que, aunque me saque de mis casillas en más de una ocasión, prefiero a Miss Marple antes que el investigador belga. No sé, lo sigo sintiendo demasiado remilgado y estirado, aunque puede que el cine y la televisión hayan contribuido en exceso, pero aún así no reniego de sus pesquisas y si toca leer un libro en el que es protagonista: ¡pues adelante!
Cualquier persona de mi generación recuerda aquella colección de color blanco de la Editorial Molino que seguro aún están en la mayoría de las casas de nuestros padres, libros que tenían más de una lectura y que nos descubrían en nuestra adolescencia espacios diferentes a los libros propiamente juveniles. Ahora, gracias a Espasa y a Booket podemos disfrutar de las mismas historias en distinto formato.
Y claro, si uno lo primero que tiene que posponer una vez iniciado el Estado de Alarma es el dentista... no debe extrañar, con lo poco que nos gusta ir a verle a su "oficina", que sea La muerte visita al dentista la novela escogida para la ocasión..
Por supuesto que Poirot sigue como siempre: "superior en muchos aspectos a los demás mortales". Excéntrico, insufrible, ampuloso, pesado y egocéntrico (palabras de la propia Agatha Christie), pero también refinado, elegante y sumamente inteligente, que utilizaba sus "pequeñas células grises" para resolver los misterios en los que se ve envuelto. En esta ocasión por algo muy particular, el dentista que horas antes le había atendido aparecía muerto por arma de fuego en su consulta. Todo apunta a un posible suicidio, pero Poirot no solo no está convencido, sino que antes de suceder nada todos los demás pacientes le habían parecido sospechosos.
Si hay algo que me sucede en la casi totalidad de las novelas de Agatha Christie es que siempre creo descubrir el culpable, y siempre acierto por que, salvo el investigador y algún que otro personaje que se repite a lo largo de as aventuras (el mayordomo George y el Inspector Japp son dos buenos ejemplos), todos los personajes me parecen los culpables en potencia. Según van apareciendo los personajes se crea a su alrededor una aureola de sospechoso que únicamente le abandona cuando aparece el siguiente y así casi hasta el final, de manera que todos parecen culpables.
Una lectura ágil, divertida y entretenida, en la que tratamos de prestar atención hasta el más mínimo detalle, aún sabiendo que el final nos sorprenderá pensáramos lo que pensáramos. Y con la particularidad que cuando la vuelva a leer pasados unos años me volverán a asaltar las mismas dudas y zozobras. Así pues, La muerte visita al dentista es un entretenimiento asegurado que no ha perdido un ápice su capacidad envolvente y el logro de crear la tensión necesaria para querer descubrir el final de la investigación.

lunes, 6 de febrero de 2017

TATUAJE. Manuel Vázquez Montalbán


Ocho meses sin publicar en el blog son muchos meses, y no porque no existieran lecturas gratificantes que me incitaran a escribir, que las hubo, e incluso se escribieron; pero no veía el momento de publicarlas.
Ha tenido que ser la reedición de un clásico de la literatura española del siglo XX para sentir la necesidad de expresar la satisfacción de una lectura, o mejor podríamos hablar de relectura. 
Puede que sean diecinueve o veinte los años, allá por el 1997, los que llevaba sin leer a Vázquez Montalbán, al menos a su personaje Carvalho, justo cuando se publicó una edición conmemorativa  de los 25 años del detective gallego-barcelonés (Un ejemplar de esta edición de "Asesinato en el Comité Central" lo tengo en mi biblioteca con el lujo de estar firmada por el autor con las palabras: "...este libro casi profético"). Pero la nueva colección me atrajo sobremanera y me dispuse a volver a leer, al menos, los primeros ejemplares de la saga.
Ninguna elección ha sido más acertada, al menos en los últimos meses. No solo he disfrutado de su lectura, de sus descripciones, de su manera de narrar y mostrar cada uno de los escenarios y acontecimientos, sino que me he sentido trasladado a la propia historia, buscando, como hacía tiempo que no sucedía, un minuto para continuar con la lectura.
No voy a descubrir a estas alturas la figura de Vázquez Montalbán, de hecho ya fue premiado en vida con numerosos galardones; desde el Planeta, el Premio Nacional de Narrativa. el Prix International de Lettérature Policière o el Premio Nacional de las Letras Españolas. Pero sí a mostrar la satisfacción de una lectura convincente, entretenida y ágil. Una novela que mantiene su frescura inicial, amena, ya que no se pierde en moralinas ni demostraciones de conocimientos vacuos que en nada benefician a la trama.
Por supuesto que los 43 años no han pasado en balde y muchas de sus referencias forman parte de nuestra historia y nuestra memoria. La Barcelona de los años 70 del siglo pasado, en este caso incluso el Ámsterdam de aquella década, difiere mucho de la actual, pero ya en las primeras páginas nos vemos involucrados en la época. Vázque Montalbán sabe, como nadie, dibujar con precisión lada uno de los escenarios en los que se mueve Carvalho, sin necesidad de llenar páginas y páginas en descripciones pormenorizadas.
El autor nos describe personas y lugares con las palabras justas, con esa precisión de quien quiere seguir la historia segundo a segundo, intentando no perder el mínimo detalle. Sí, claro que hay momentos en los que, además de la propia intriga, se va creando el propio personaje, sus fobias y filias. Pero todo sucede en su justa medida, desde el disfrute gastronómico o la quema de libros cuando corresponde. Incluso esta acción que en otro personaje podría parecer casi sacrílega, en Pepe Carvalho se siente como necesaria, así como aquellas reflexiones que suelen acompañarle.
Una novela fresca, amena, que mantiene al lector pegado al libro en todo momento, que hace sonreír gracias a la fina ironía que maneja, en especial en algunos diálogos, sin que ello nos aparte del principal reto a que se ve sometido el detective. En este caso poner rostro al cuerpo desfigurado que se ha encontrado en la playa.
Un monumento a la novela negra, o al menos lo que algunos entendemos como novela negra y de intriga, con aroma a los clásicos del género, no faltan los guiños e incluso las menciones; perfectamente escrita, habría que dedicar un espacio entero al perfecto uso del lenguaje, y que en la actualidad resultaría políticamente incorrecta, además en todos los sentidos. 
Vázquez Montanbán nos introduce, sin pudor alguno, en pleno Barrio Chino, tal y como se entendía en el siglo pasado, claro está, en medio de la prostitución, en un mundo donde la violencia es pan de cada día y donde cada persona ocupa su lugar en la sociedad. La novela se convierte en un perfecto fresco de lo que era la sociedad y la política catalana de la época.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL FINAL DE SANCHO PANZA Y OTRAS SUERTES. Andrés Trapiello



No voy a decir que soy un apasionado del Quijote, conozco a varios que sí lo son y sus conocimientos sobre la obra de Cervantes en nada se parecen a los míos. Pero sí que me gusta su lectura de vez en cuando, leer el libro como lo que es, una novela de aventuras. Y hacerlo, además, sin seguir un orden concreto, simplemente abrir al azar un capítulo y comenzar su lectura como si esta fuese independiente. De hecho suelo marcar con una señal cada vez que leo un capítulo para comprobar cuántas veces lo he leído, así algunos tienen seis marcas mientras otros apenas indican dos lecturas.
La idea no es mía, no recuerdo bien quién me la enseñó hace muchos años, pero la he ejercido durante muchas noches de insomnio y debo reconocer que tiene un efecto perfecto, hasta tal punto que se ha convertido en esa lectura de la que no te cansas por muchas veces que acudas a ella.
Así que cuando Andrés Trapiello osó aventurarse en relatar los sucesos que acaecieron tras el fin de la novela, recogí el guante con la duda de si era o no buena idea intentar narrar lo que sucedía tras la muerte del Ingenioso Hidalgo. Para mi sorpresa todo olía a Cervantes, prosa, ritmo, actores, escenarios me volvían a mostrar las historias ya vividas, pero había algo más, ahora se se engrandecían algunos de los sucesos que ya conocía con nuevos y variados puntos de vista. Trapiello había conseguido revivir a los principales personajes sin apartarse nada del espíritu de su creador, con nuevas y singulares revelaciones sobre lo que acontece con los principales personajes una vez muerto Don Quijote.
Y ahora, cuando ya se habían quedado dormidos los ecos de aquella lectura, no así los creados por Cervantes que aún acompañan algunas noches, Trapiello nos regala otra nueva aventura en la que el recuerdo antiguo se convierte en una nueva ensoñación y una nueva aventura.
Pues son aventuras y divertimento lo que nos ofrece El final de Sancho Panza y otras suertes. Aventura por que seguimos el sendero que nos marca el escudero Sancho Panza, la sobrina Antonia, el ama Quiteria y el bachiller Sansón Carrasco. Y divertimento por que Sancho no cejará en el empeño de sacarnos una sonrisa, y si cabe alguna carcajada, de llenar de humor una lectura ágil y tan perfectamente encajada que demuestra bien a las claras la calidad literaria de Trapiello.
Sí, se vuelven a contar sucesos en los que Don Quijote fue el protagonista, acontecimientos conocidos o imaginados, ciertos o no, pero de los que en todo momentos somos conscientes que forman parte de la propia vida de Don Quijote. Pero hay algo más, a la prosa clásica, cervantina, que nos traslada a la lectura original, se le ha añadido la precisión de la modernidad, los guiños y juegos de quienes nos sentimos conocedores de un pasado, de una aventuras que se fortalecen ahora gracias a la memoria de quienes las vivieron y quienes las leímos.
Una novela adictiva, natural, en la que entramos con el pie derecho desde la primera frase y continuamos con el disfrute de ser nosotros mismos parte de la propia aventura, de una historia que parece no va a acabar nunca, por mucho el título nos quiera demostrar lo contrario. Trapiello lo ha vuelto a hacer, ha logrado que nos sintamos de nuevo compañeros de Sancho y su singular compañía.

domingo, 14 de septiembre de 2014

EL FOGONERO. Franz Kafka



Llevaba mucho tiempo sin leer a Kafka, salvo las múltiples citas usadas por escritores a modo de introducción, así que la llegada hace unos meses de la nueva edición de Nórdica hizo que de inmediato la separase para recuperar la prosa del autor checo. Sin embargo nuevos libros fueron tapando las poco más de 80 páginas del relato y quedó relegado para una noche de tormentoso insomnio.
Y como si de un ejercicio de relajación se tratara, desde la primera página, ha logrado aislarme completamente de todo. Ya no siento el calor sofocante, las idas y venidas del trabajo incompleto, los ruidos estridentes del verano. Todo se permuta por el ambiente creado por Kafka, llego a sentir la sensación salada del mar, a escuchar los sonidos metálicos del barco que ha llevado a Karl Robmann de Europa a América. Con ligeras pinceladas el autor logra que forme parte del escenario en que transitan los personajes, consiguiendo incluso que tome partido, que me alinee junto al protagonista para defender la injusticia cometida contra el fogonero que da título al libro.
Y es que ya desde el principio descubro todas esos aspectos que caracterizan a Franz Kafka: la búsqueda de la identidad, el irremediable e irredente destino, la crítica ante las injusticias propias de la autoridad, la fuerza de la opresión y esa continua sensación de estar viviendo dentro de un sueño. Incluso el sentimiento de ser un juguete en manos del destino se hace patente desde el momento que Robmann toma partido y decide defender ante el capitán del barco a ese hombre maltratado que encarna el fogonero.
No voy a negar que durante la lectura se cernía sobre mi la sombra de una lectura reconocible, como si fuese una historia ya conocida (descubro después que este relato formaba parte de la novela inacabada de Kafka y que luego se publicó como El desaparecido, aunque nosotros la conocemos como América, de la que conforma su primer capítulo), como si nada nuevo me pudiese ofrecer. Pero también es cierto que el ambiente opresivo, onírico, que logra crear el autor va más allá de la memoria y me sepulta bajo las atentas y distraídas miradas de los personajes que tratan de juzgar la situación. Unos y otros me obligan a tomar partido sí, pero me hacen dudar de mis convicciones ¿y si el fogonero no tuviera razón? ¿y si su superior no comete injusticia alguna y simplemente cumple con su deber ante quien no lo hace?.
Serán esas dudas las que autentifiquen el relato, las que lograrán dotarlo de una fuerza que parece escaparse del propio libro, las que den voz incluso a aquellos que no abren la boca y simplemente cruzan una mirada con el narrador. Será la Voz de Robmann, sus dudas, sus inquietudes, las que nos atenacen y nos alerten, sin que ello nos incomode un ápice para seguir leyendo, al contrario, será la lectura la que nos permita ampliar el escenario, como si un zoom imaginario nos permitiese ver toda la escena desde la distancia, observando los rostros, los gestos de todos aquellos que intervienen en ella.
Para colmo las ilustraciones de Max pondrán cara a cada uno de los personajes, recreando los escenarios en que se mueven, logrando suavizar con sus trazos el ambiente tenso y cerrado, permitiendo que nos centremos en los diálogos, en los silencios y las miradas. 

martes, 27 de mayo de 2014

EL BILLETE DE UN MILLÓN DE LIBRAS. Mark Twain



Que Mark Twain es uno de los más importantes escritores norteamericanos es algo que nadie, en su sano juicio, puede poner en duda, incluso no dudaría un segundo en señalar su importancia a nivel mundial. Y es que la extensa narrativa no se ciñe únicamente a Las aventuras de Tom Sawyer  y Las aventuras de Huckleberry Finn (aunque ambos títulos merecen estar en los altares del Olimpo literario), sino que fueron muchos los textos salidos de su pluma. Por suerte en la actualidad, y en nuestro país, hay muchas editoriales que siguen apostando por textos, de todo tipo, del escritor norteamericano (de hecho al día siguiente de salir este título) al menos otro más buscó ubicación en las estanterías de las librerías españolas.
El billete de un millón de libras es un relato divertido, ingenioso, en el que Twain despliega todo su hacer literario y en que logra del lector esa complicidad que consigue que te sientas partícipe del mismo. Sí, recorres junto a Henry Adams los rincones más variopintos de Londres, te cruzas con los mismos personajes que él, e incluso llegarás a tener la tentación de orientar sus pasos hacia lugares que en ningún momento se mencionan en la novela.
Y es que Mark Twain tiene la extraña capacidad de imbuir al lector de la misma aventura que el protagonista, con la ventaja de no padecer en ningún momento de las penalidades de este, de llevarle de la mano por todos los locales y tugurios por los que camina el propio Henry. 
Además no somos ajenos a la faceta irónica del escritor, a ese especie de estudio de la capacidad del hombre por atacar la adversidad, por enfrentarse a esos momentos en los que todo parece derrumbarse. Para ello Twain no duda ni un instante de buscar el tono más caústico, donde la ironía no solo se encuentra en las descripciones, sino que será la fuerza fundamental de los diálogos.
Estamos ante una novela de lectura ágil, entretenida, que consigue que el rostro se vaya contagiando del estado de gracia del protagonista, hasta tal punto que se hará muy difícil esconder la sonrisa que parece se apoderará de nuestro rostro a medida que avance la lectura del libro.
Destacable es también la edición de Gadir, en especial de las ilustraciones de Marcos Morán, que consiguen que seamos conscientes de inmediato de los guiños que hace respecto al  cine y al propio autor de la obra. 
Un libro para saborear la literatura, el justo uso de las palabras para adecuar la  narración a lo que verdaderamente está sucediendo en la historia. Ni sobra ni falta nada, Twain logra, otra vez, un relato ajustado en su forma y en su fondo, consiguiendo que el lector se sienta invitado a compartir con el protagonista sus vivencias, narradas en primera persona, sus penalidades en una ciudad y una país que no es el suyo y como la fortuna puso en sus manos el medio para sortearlas.

lunes, 12 de mayo de 2014

ESTUDIO EN ESCARLATA. Arthur Conan Doyle



Desde hace varios meses sentía el deseo de volver a leer una de las novelas de Conan Doyle en las que el protagonista es Sherlock Holmes. Los relatos suelen acompañarme con relativa frecuencia, pero quería volver a saborear la contundencia de uno de sus textos largos. Encima de los muchos libros que hay sobre mi mesa esperando ser leídos aparecía con insistencia El sabueso de los Baskerville, pero sin ser capaz de explicar la razón no llegué a pasar de la primera página.
No eran las páginas ajadas y amarillentas del ejemplar que me acompaña desde que tengo uso de razón, ni la sensación de haberlo leído repetidamente, había una necesidad en recuperar, paso a paso los movimientos de uno de los personajes más carismáticos de la literatura universal . Así que decidí empezar a releer a Conan Doyle por el principio, por el primero de sus libros: Estudio en escarlata. Y qué mejor forma de hacerlo que en la nueva edición ilustrada, como ya hizo con el título anterior, de Nórdica Libros, una editorial que logra mimar los textos clásicos dotándolos de una vitalidad que nos obliga a depositar nuestros ojos primero y nuestras manos  y mente después, sintiendo una tracción que solo es entendible cuando amamos los libros en sí mismos, por lo que son, representan y significan.
Con las ilustraciones de Fernando Vicente -búsquenlo en "Babelia", merece la pena- y la traducción de Esther Tusquets -de quien es también alguna de sus aventuras en la Editorial Rquer- Nórdica ha creado un libro fantástico que hace todos los honores a uno de los grandes genios de la novela policíaca.
Quizá lo más significativo de Estudio en escarlata es que logra impregnarnos del lenguaje tan personal y los modos narrativos de John H. Watson, sí, el Doctor Watson, pues será él quien nos cuente las aventuras de Sherlock Holmes con todo lujo de detalles. Será él quien, a modo de confesión casi personal y en voz baja, nos muestre quién es y cómo actúa el detective del 221 B de Baker Street, un narrador de lujo, presente en todos los escenarios y situaciones que describe.
Aunque sin duda lo mejor de esta primera entrega de sus aventuras (algunos relatos ya habían sido publicados en la prensa) es la presentación que de Sherlock Holmes y él mismo hace el Dr. Watson:

"Medía más de seis pies ochenta y era tan extremadamente delgado que parecía todavía más alto. Sus ojos eran agudos y penetrantes, salvo en los intervalos de sopor a los que he aludido; y su fina nariz aguileña confería a todo su semplante un aire vivaz y decidido. También su barbilla, prominente y cuadrada, revelaba a un hombre resuelto. Aunque sus manos estaban invariablemente manchadas de tinta y cubiertas de marcas causadas por productos químicos, Holmes poseía una extraordinaria delicadeza de tacto, como tuve ocasión de observar con frecuenca al verle manipular sus frágiles instrumentos de trabajo"

Por no mencionar las pautas del trabajo de "deducción" que al detective le gusta usar para desentrañar el crimen extraño que se les presenta y los juegos dialécticos con que adorna muchas de las explicaciones del propio Holmes.
Las descripciones, tanto de lugares como de cada uno de los personajes que van apareciendo, así como los diálogos a que somete a sus dos protagonistas principales hace que la narrativa de Conan Doyle, Sir Arthur Conan Doyle, logre envolvernos desde el inicio, creando una atmósfera londinense de la que es difícil escapar ( salvo en esa segunda parte en la que se nos traslada a suelo americano). Hasta tal punto ralentizamos la lectura todo lo posible, saboreando cada página, cada apreciación, cada palabra usada por el narrador para dejar volar nuestra imaginación hacia escenarios  fácilmente dibujados.
No voy a negar que frente al atractivo descomunal, casi hasta la adicción, de la primera parte ("Reimpresión de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y ex médico del ejército") hay un instante, tan solo uno, en que parece zozobrar la novela al inicio de la segunda parte ("El país de los santos"). No porqué esta no esté tan bien escrita como la primera, sino porque parece romper la dinámica, los escenarios e incluso los propios personajes.
De repente, cuando parece que estamos ante el clímax de la historia, cuando los personajes principales se asoman en toda su grandeza y la trama parece llegada a su fin, Conan Doyle nos paraliza con un final de capítulo brusco. Creemos llegar al final y aún queda la mitad del libro. Para nuestra sorpresa no solo cambiamos de escenario, sino incluso de continente y protagonistas, hasta tal punto que no resulta extraño que dudemos de qué es lo que estamos leyendo. De hecho debo reconocer que mi memoria había sido incapaz de retener esta parte de la historia, quitando ese segundo capítulo casi en su totalidad, incluso es más que posible que me imaginase una historia que nada tiene que ver con la primera parte.
Pero no hay duda que una vez superada la sorpresa, puesto en situación, el lector vuelve a dejarse seducir por el ritmo creciente de la narración de Conan Doyle, de esa historia que, poco a poco, se va perfilando de nuevo hasta que entendemos el porqué de ambas partes.
Una lectura entretenida, activa, sorprendente y ocurrente, como todas en las que Sherlock Holmes y, como no, el Dr. Watson, son protagonistas, sin el menor desperdicio y en la que los lectores somos parte fundamental de la propia historia narrada. Atentos a cada pista, a cada insinuación y detalle para resolver junto a nuestros protagonistas el crimen en que se ven envueltos.

domingo, 4 de mayo de 2014

LOS DOMINGOS DE UN BURGUÉS EN PARÍS. Guy de Maupassant



Seducido por sus relatos hacía mucho que no había leído una novela de Guy de Maupassant -creo recordar que fue Bel Ami hace más de diez años-, así que en cuanto llegó a mis manos este título (es de señalar y agradecer a la Editorial Periférica la recuperación de muchos clásicos), del que desconocía absolutamente todo, no pude por menos que ponerme a devorarlo intentando disfrutar de la novela de uno de los autores más importantes del siglo XIX.
Tras leer los primeros capítulos tuve la sensación de que la novela en cuestión se asemejaba a un libro de relatos más que a una narración larga. Era como si cada uno de los diez en que estaba dividido el libro fuese una historia en si mismo, como si se pudiesen leer por separado sin que ninguno perdiese el tono desenfadado que solo un autor como Maupassant es capaz de aplicar en un relato.
Sí, es cierto que Patissot siempre es el protagonista y antes del primer capítulo existe una especie de introducción titulada "preparativos de viaje" en el que se nos presenta al personaje y da una explicación a lo que sucede a continuación, pero eso no evita descubrir la verdadera esencia de uno de los mejores "cuentistas", en el mejor sentido del término, de la narrativa europea.
Tenemos pues una novela que conjuga lo mejor de sus relatos o cuentos, una novela presentada en pequeñas dosis que aparecieron inicialmente por entregas en "Le Gaulois" en 1880 -el mismo año en que se publicó, unos meses antes, su primera novela Bola de sebo y con notable éxito-, y que no aparecieron en forma de libro hasta 1901. Es posible, al menos esa sensación queda tras la lectura del libro, que pudiesen ser más los "capítulos" que el autor tuviese en la cabeza, ya que no existe un final más allá del final del décimo.
El caso es que  descubrimos, ya desde el inicio, el gran observador que fue Guy de Maupassant y, lo que es más importante, la capacidad para narrar y mostrar, con pinceladas acertadas y precisas, los alrededores de París y sus habitantes. Por si esto fuese poco queda aquí latente la fuerza de su crítica hacia la burguesía, a la sociedad que esta conforma y los ambientes donde se maneja.
Por medio Patissot somos capaces de comprobar como vive un miembro de la burocracia, un funcionario perteneciente a esa clase social a la que el autor francés logra, como nadie, caricaturizar de manera sobresaliente, logrando pasar del asombro a la sonrisa, cuando  no a la carcajada, en una sola línea. Situando a su protagonista en escenarios y situaciones llenos de comicidad, sin necesidad de recurrir a estereotipos ni chistes fáciles.
Patissot es un turista superficial (se pueden encontrar demasiadas semejanzas con nuestros días) que antes que buscar la aventura, aunque para él todo se presente como tal, lo que trata es vincular sus grandes paseos a la prescripción médica alarmado por su salud. Gracias a él recorreremos los campos y caminos que rodean la capital francesa y nos encontraremos con personajes carismáticos, sin desperdicio alguno y ante los cuales la ironía de Maupassant se afila hasta casi cortarnos la respiración, con un humor tan perfectamente dibujado que somos capaces de recrear desde los caminos, chalets y casas de comida, hasta los gestos de cada uno de sus protagonistas.
Un narrador nato, vuelvo a repetir lo de uno de los más destacados del siglo XIX, que envuelve con su prosa, que atrapa de tal manera que es imposible acabar un capítulo y no iniciar el siguiente sin perder ni un ápice de la sonrisa, hasta tal punto que esta parece instalada en nuestra cara incluso minutos después de cerrar el libro. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

CUENTOS MACABROS. Edgar Allan Poe



Hay días en los que te apetece volver a leer a los clásicos, recuperar esas lecturas que no solo dejaron huella en algún momento, sino que siguen presentes y se reflejan con mucha frecuencia en nuevas narraciones. No hay duda de que Edgar Allan Poe es uno de esos escritores eternos que además de pervivir se asoma continuamente a muchos más ámbitos que el literario. El cine, también la música, ofrece sin descanso referencias que nos hacen revivir algunos de sus cuentos, algunas de esas escenas inolvidables que se han alojado en nuestra mente y se dibujan repetidamente en la memoria.
Crecí con varios libros que alojaban los cuentos de Poe, pero ha sido la edición de Alianza la que más he exprimido, la que más he leído y releído, señalado y anotado, la soberbia traducción de Julio Cortázar ocupa ahora el doble de su tamaño original a fuerza de abrirla y recuperar frases y momentos estelares. A pesar de poseer más de una edición de los mismos Cuentos en dos volúmenes, siguen siendo los primeros los que con más fervor atesoro. Por mucha pena que me da su estado prefiero recurrir a ellos antes que a las siguientes ediciones (intactas de apenas ser tocadas).
Pero claro, hay libros de los que no puedes abstraerte, libros que te llaman tan poderosamente la atención que te atrapan desde el primer momento, Da lo mismo que sus páginas vuelvan a repetir los textos que ya conoces, los relatos que has vivido en varias lecturas, libros de una belleza tal que casi logran emocionarte una vez los tienes entre tus manos.
Uno de los más destacados, por suerte se repite con frecuencia en estos últimos años la fórmula de recuperar autores clásicos e ilustrarlos con maestría, es este libro de Edelvives que cuenta con la propia traducción de Cortázar y las soberbias ilustraciones de Benjamin Lacombe. Una obra que corta la respiración, que a mi particularmente me dejó sin aliento una vez sentado en mi mesa, en la soledad de la noche me puse a disfrutar de sus Cuentos macabros. No solo son las ilustraciones, es el diseño, de la primera a la última página, de la portada a la contraportada, de los títulos al índice. El libro es un todo que merece, cuanto menos, un repaso general a su contenido.
Además de los cuentos "Berenice", "El gato negro", "La isla del hada", "El corazón delator", "La caída de la Casa Usher", "El retrato oval", "Morella" y "Ligeia", en el libro encontramos el texto "Edgar Allan Poe, su vida y sus obras" de Charles Baudelaire y las biografías de este, el propio Poe, Cortázar y Lacombe.
Un libro completo, que conjuga de manera magistral la prosa de Poe, esos relatos (cuentos) que despiertan la imaginación (algunos no puedo aislarlos del rostro de Vincent Price en las películas de Roger Corman) y que mantiene a lector atento y expectante en todo momento, con el misterio suficiente como para que en más de una ocasión la respiración se acelere y la lectura corra en pos de ese desenlace que se siente apasionante.
Aunque lo más destacado de esta edición lo encontramos no tanto al ojearlo con asombro, sino al leerlo con detenimiento y comprobar que los ojos pasan con sorprende velocidad de las letras a las imágenes, participando en un juego que logra que la lectura sea aún más gratificante. 
Una completa joya literaria a la que invito fervientemente se le preste una especial atención. Lleva dos años conmigo y no me canso, cada cierto tiempo, de leer y observar, de sentir e imaginar mientras las horas nocturnas pasan como si nada.

martes, 30 de julio de 2013

LA CONFESIÓN DE UNA JOVEN Y OTROS CUENTOS DE NOCHE Y CRIMEN. Marcel Proust



No, no lo puedo ocultar, a pesar de mi amor por la lectura y por el intento de, al menos, cinco veces, no he logrado leerme ninguno de los volúmenes de A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust.
A lo largo de muchos años y tras escuchar que grandes nombres de la literatura castellana hablaban de la obra de Proust como esencial en su trayectoria vital y literaria, repetía la promesa de que ese año no iba a pasar de leer el primer tomo (del que tengo al menos dos ediciones). Pero en vano, aquellas promesas repetidas e incumplidas, al menos en cuatro veranos, me persiguen y señalan como si en mis intentos no hubiese puesto toda la voluntad posible.
Y claro, cuando llega a mis manos la reedición de este pequeño libro de relatos, se me produce una especie de revelación que me indica que esta vez sí, esta vez voy a leer a Proust, aunque nada tenga que ver con su gran obra.
La primera impresión es que en el relato corto el escritor francés es más directo, no necesita crear esos giros que hacen que su prosa se haga lenta (al menos eso me ocurría a mi hasta ahora), más densa, como si los acontecimientos pasasen en cámara lenta y fuese necesario observar todos los detalles y desde todos los puntos de vista.
Proust es brillante, preciso, capaz de que el lector no solo observe la escena que se desarrolla, sino que  escuche a la narradora, en el primero de los relatos y que da título al libro, como si esta estuviese leyendo para él en exclusiva.
Seguro que hay mucho de autobiográfico en los diferentes personajes del libro, se repite la falta de voluntad, las dudas y complejos alrededor del amor y ese demostrar en todo momento, en cada página las miserias que acompañan al ser humano.
Cinco relatos que tienen en común el crimen como fuerza motora, en distintas y variadas vertientes, incluso de manera rebuscada. Cinco relatos que salen del libro para convertirse en realidad, para testimoniar la manera que tiene de narrar uno de los mejores escritores de todos los tiempos, y que por sí solos tienen la calidad suficiente como para señalar a un escritor sobresaliente.
Un perfecto disfrute para los sentidos, pues emociona, intriga y deja sin aliento. Hasta tal punto que una vez finalizado el último de los relatos: Sentimientos filiales de un parricida, el libro vuelve a abrirse por la página 23 (las anteriores están dedicadas a un prólogo de Mauro Armiño que recomiendo para ponerse en situación) para volver a vivir las cinco historias de nuevo, esta vez con más pausa y detenimiento.

lunes, 3 de junio de 2013

CUENTOS DE MEDIANOCHE. Bram Stoker



Hablaba ayer de un clásico, de uno de esos autores que acompaña desde la adolescencia y continúa a nuestro lado a lo largo de nuestra vida. Con Bram Stoker sucede otro tanto, pues a pesar de que la lectura de Drácula fuese más tardía que el personaje de Mark Twain su sombra, o su "no reflejo", sigue acompañándome todavía.
Así que cuando cogí estos cuentos de Stoker -curiosamente junto a este  de la Editorial Valdemar acaba de aparecer Cuentos inéditos de Ediciones del Viento- no pude evitar sentir un escalofrío como si una ráfaga de aire recorriese la habitación nocturna. Y es que esperaba encontrar, más si al nombre del autor unimos el título del libro, relatos espeluznantes, llenos de terror y sangre.
Sí, hay una vampira, un lobo y una momia, pero hay mucho más, porque este volumen destaca por una variedad temática increíble, ya que junto a esos personajes asoma gente corriente que nos cuentan sus historias que nada tienen que ver con el terror que parece haber envuelto siempre la figura de Bran Stoker.
Gracias a estos catorce relatos, o cuentos, he descubierto a un escritor que logra variar de estilo y de tono narrativo en cada uno de ellos. Un escritor que se acerca a aquellos contadores de historias que, alrededor de una lumbre, envolvía a grandes y pequeños con sus palabras, con esas historias llenas de imaginación que mantenían a la audiencia atenta incluso cuando estas acababan.
Catorce cuentos llenos de misterio y humor que se convierte en un "compendio de rarezas y curiosidades más completo publicado hasta la fecha en nuestro país" tal y como indica en el prólogo Óscar Palmer. Y es que no solo estamos hablando de cuentos que sirven para divertirse y entretener, sino que descubrimos una manera de narrar cada vez mas escasa por su sencillez e ingenio, pero que nunca abandona la corrección y el perfecto y elegante uso del lenguaje de finales del siglo XIX y principios del XX.

domingo, 2 de junio de 2013

LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN. Mark Twain



Recuerdo que, como lector casi adolescente, Las aventuras de Tom Sawyer me dejaron profundamente marcado. Descubrí un universo distinto al que el cine del Oeste americano me había dibujado y en el que junto a Tom aparecía su amigo "Huck" Finn. Así que no es extraño que sucumbiese, casi de inmediato, a unas nuevas aventuras alrededor de un río que para mí, a orillas del Duero, se convertía también en algo mítico. Hasta tal punto que, con otros amigos, imitamos al protagonista de Mark Twain y no dudamos en construir nuestra propia balsa como medio más fácil para buscar aventuras.
Ya lector adulto, recuerdo con nostalgia esas lecturas infantiles y juveniles y no dudo en volver a leer aquellos libros que dejaron una huella que aún no se ha borrado. Mismos libros y otras lecturas, no tanto por el paso del tiempo como por la nueva traducción de estos y la desaparición de aquel lenguaje infantil que trataba de acercarnos los "clásicos de aventuras" de la literatura universal.
Y que me perdonen Melville, Faulkner, Whitman, Steinbeck, Salinger, o incluso Allan Poe, pero para mí es Mark Twain el mejor escritor americano de todos los tiempos. Y Las aventuras de Huckleberry Finn el más destacado de todos sus libros y una obra maestra de la la literatura universal. 
Un libro de aventuras, entretenido, divertido y que deberíamos leer en más de una ocasión, capaz de trasladarnos a las aguas del Mississippi para presentarnos un mundo de amistad, libertad y supervivencia.
Mark Twain ha logrado que los lectores de muchas edades volvamos a vernos copilotando la balsa de Huckleberry Finn y Jim, que vivamos con intensidad su viaje y la búsqueda de libertad que lleva emparejado. Y todo gracias a ese perfecto manejo del lenguaje, la plena implicación de cada uno de los personajes que atestiguan la historia, el humor que parece despejar incluso los momentos más grises, la prosa ágil, acertada, que logra que nuestros ojos vuelen por la historia mientras nuestra mente recrea cada una de sus imágenes.
Puedo asegurar que más que volver a leer a Twain, he vuelto a disfrutar de una aventura, de un viaje en el que he sentido la brisa, he escuchado los sonidos del río y he cerrado los ojos al notar que el sol de la mañana me daba en la cara.
Por si todo fuera poco, como siempre recomiendo que se lea al final, esta edición de Mondadori de 2006 viene precedida de un fantástico prólogo de Roberto Bolaño. 

lunes, 22 de abril de 2013

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. Miguel de Cervantes



Qué mejor manera de celebrar mañana el Día del Libro que hacerlo con una de las obras más representativas de nuestra literatura. Uno de los libros que mejor ha hecho de embajador de la lengua castellana.
No, no pretendo enarbolar bandera alguna y mucho menos hacer aquí un alegato de nuestros clásicos. Simplemente opino que merece la pena recomendar uno de los libros más entretenidos y divertidos que podemos leer y que, a pesar del tiempo, no pierde nada de su atractivo.
Entiendo que en la etapa en que se hace obligatoria su lectura, o parte de ella, pesase sobre él la carga de ser un libro pesado y engorroso, pero lo cierto es que su lectura es deliciosa y mucho más clara de lo que a veces imaginamos. También comprendo que nos de miedo enfrentarnos a un libro de su volumen y, no hay que olvidarlo, de su categoría literaria, que tanto saber de él  nos de reparo leerlo.
Pero quizá lo mejor que tiene, además de ser esa lectura ingeniosa e irónica en la que todo lo que sucede tiene su trascendencia, tiene una particularidad esencial (espero que no se me enfaden los puristas), que se pueden leer sus capítulos de manera aislada. Que uno, con unas nociones básicas de lo que es el Quijote y tras la lectura de los primeros y más conocidos capítulos, se pueden leer los capítulos aleatoriamente, coger una página al azar, buscar el capítulo correspondiente y leer sin importar cuál va delante y cuál detrás. Seguro que descubrirán muchas cosas y se percatarán de esas partes a las que nunca hemos prestado atención.
Con ese simple ejercicio y dejando a un lado esos tabúes que nos acompañan a la hora de leer a los clásicos, cualquier momento es bueno para leerlo, en especial esa segunda parte que parece ser es la que más nos ha costado leer. Será que de la primera existen siempre referencias y acontecimientos puntuales mucho más reconocibles.
Es cierto que tengo pasión por "el Caballero de la Triste Figura" y de Sancho, del cura, del vizcaíno y los yangüeses, pero también de Basilio, de Clavileño, de Altisidora y la Dueña Dolorida. Porque al final hay partes, o capítulos, que me vuelven a sorprender al volver a leerlos.

martes, 26 de febrero de 2013

EL PARAÍSO DE LOS GATOS Y OTROS CUENTOS GATUNOS. Émile Zola, Mark Twian, Rudyard Kipling y Saki



En los últimos años y gracias a editoriales como Nórdica, hemos podido acceder a obras de autores ya considerados clásicos que, o no se habían publicado en nuestro país, o lo habían sido hace mucho tiempo. Muchas de estas obras se han vuelto a traducir y no es extraño constatar cómo existen cambios tan significativos que, en más de una ocasión, te da la impresión de que se trata de otro libro. Muchos de estos textos, pequeños relatos, pasarían inadvertidos si no fuese por la delicadeza con que son tratados y lo llamativo del resultado, de unas publicaciones en las que se aprecia un gusto exquisito y un amor por el libro más que destacable.
Este pequeño libro contiene cuatro pequeñas joyas de narrativa que poseen en común al gato como protagonista. Cada uno, como es de esperar, tratado de manera diferente y con un impacto también distinto en el lector. Cada texto tiene su propio ilustrador, lo que permite autentificar aún más cada relato.
Es de destacar también la elección de la portada, ilustración de Javier Olivares, en la que un gato lee con atención "El gato negro" de Edgar Allan Poe.
El primer relato da título al libro: El paraíso de los gatos es un texto exquisito, en el que Émile Zola usa a sus personajes felinos para hacer una alegoría de la libertad en contraposición a la seguridad del encierro. El protagonista  huye de la casa acomodada en busca de esa libertad y no solo no encuentra la felicidad,  sino que echa mucho de menos la comodidad de la casa de su "ama". La ilustración corre a cargo de Ana Juan.
El gato de Dick Baker apunta con claridad a la prosa de Mark Twain, en este caso Elena Ferrándiz será la ilistradora, y nos sumerge en un ambiente minero característico. Texto agradable e inteligente en el que nos descubre la importancia del gato en una cita para enmmarcar: "porque a falta de mujeres e hijos, los hombres de buen corazón se encariñan con las mascotas, pues necesitan algo que amar".
Por su parte Rudyard Kipling nos regala El gato que andaba solo  una fábula maravillosa que nos muestra cómo los animales domésticos dejaron de ser salvajes. Un relato conmovedor que nos invita a releer cualquiera de las obras del autor. El ilustrador será, en este caso, Adolfo Serra que iluminará, más si cabe, el relato.
Por último Saki muestra con Tobermory  su  faceta más irónica y humorista dando voz, tal y como suena, a un gato, logrando que cunda el pánico entre todos aquellos que sienten que algo oculto puede ser descubierto. Javier Olivares ilustra el relato.