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miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL FINAL DE SANCHO PANZA Y OTRAS SUERTES. Andrés Trapiello



No voy a decir que soy un apasionado del Quijote, conozco a varios que sí lo son y sus conocimientos sobre la obra de Cervantes en nada se parecen a los míos. Pero sí que me gusta su lectura de vez en cuando, leer el libro como lo que es, una novela de aventuras. Y hacerlo, además, sin seguir un orden concreto, simplemente abrir al azar un capítulo y comenzar su lectura como si esta fuese independiente. De hecho suelo marcar con una señal cada vez que leo un capítulo para comprobar cuántas veces lo he leído, así algunos tienen seis marcas mientras otros apenas indican dos lecturas.
La idea no es mía, no recuerdo bien quién me la enseñó hace muchos años, pero la he ejercido durante muchas noches de insomnio y debo reconocer que tiene un efecto perfecto, hasta tal punto que se ha convertido en esa lectura de la que no te cansas por muchas veces que acudas a ella.
Así que cuando Andrés Trapiello osó aventurarse en relatar los sucesos que acaecieron tras el fin de la novela, recogí el guante con la duda de si era o no buena idea intentar narrar lo que sucedía tras la muerte del Ingenioso Hidalgo. Para mi sorpresa todo olía a Cervantes, prosa, ritmo, actores, escenarios me volvían a mostrar las historias ya vividas, pero había algo más, ahora se se engrandecían algunos de los sucesos que ya conocía con nuevos y variados puntos de vista. Trapiello había conseguido revivir a los principales personajes sin apartarse nada del espíritu de su creador, con nuevas y singulares revelaciones sobre lo que acontece con los principales personajes una vez muerto Don Quijote.
Y ahora, cuando ya se habían quedado dormidos los ecos de aquella lectura, no así los creados por Cervantes que aún acompañan algunas noches, Trapiello nos regala otra nueva aventura en la que el recuerdo antiguo se convierte en una nueva ensoñación y una nueva aventura.
Pues son aventuras y divertimento lo que nos ofrece El final de Sancho Panza y otras suertes. Aventura por que seguimos el sendero que nos marca el escudero Sancho Panza, la sobrina Antonia, el ama Quiteria y el bachiller Sansón Carrasco. Y divertimento por que Sancho no cejará en el empeño de sacarnos una sonrisa, y si cabe alguna carcajada, de llenar de humor una lectura ágil y tan perfectamente encajada que demuestra bien a las claras la calidad literaria de Trapiello.
Sí, se vuelven a contar sucesos en los que Don Quijote fue el protagonista, acontecimientos conocidos o imaginados, ciertos o no, pero de los que en todo momentos somos conscientes que forman parte de la propia vida de Don Quijote. Pero hay algo más, a la prosa clásica, cervantina, que nos traslada a la lectura original, se le ha añadido la precisión de la modernidad, los guiños y juegos de quienes nos sentimos conocedores de un pasado, de una aventuras que se fortalecen ahora gracias a la memoria de quienes las vivieron y quienes las leímos.
Una novela adictiva, natural, en la que entramos con el pie derecho desde la primera frase y continuamos con el disfrute de ser nosotros mismos parte de la propia aventura, de una historia que parece no va a acabar nunca, por mucho el título nos quiera demostrar lo contrario. Trapiello lo ha vuelto a hacer, ha logrado que nos sintamos de nuevo compañeros de Sancho y su singular compañía.

martes, 26 de marzo de 2013

EL LIBRERO. Régis de Sá Moreira



Debo reconocerlo, este libro, este librero, me sedujo antes de verlo, antes de que sus páginas estuviesen frente a mi. Y es que fueron algunas de sus palabras, de sus frases -lanzadas a modo de anzuelo por parte de Demipage, la editorial- las que lograron crear en mí una ansiedad tal que esperaba con muchísima impaciencia su salida.
Así que no es difícil imaginar los nervios cuando lo tuve por primera vez en mis manos, cuando la taza humeante parecía transmitir el calor de la tisana. Y esa extraña sensación que hacía tiempo no experimentaba ante la llegada de un libro se apoderó de mi hasta tal punto que tuve que hacer grandes esfuerzos para guardar el libro para leerlo después, con tranquilidad.
¡Qué decir de un libro que parece apoderarse de tí! Que te atrapa de tal manera que parece pertenezcas a sus páginas. No tanto porque comparta profesión con el protagonista, que ya de por sí es buen motivo, sino por que respira libros por cada una de sus páginas.
Régis de Sá Moreira ha logrado que los libros aquí tengan vida, que se comuniquen con el librero y que hablen de los temas más dispares, que tiemblen y se alegren según quien se acerque a ellos. Claro que el librero es especial, lo ha de ser por fuerza alguien que vive en su librería y lo hace las 24 horas del día, los siete días a la semana, alguien que se niega a "vender basura" y que espera a sus clientes en una mesa semiescondida al fondo, tras las entanterías.
Con una prosa ágil, una destreza narrativa envidiable y un tono surrealista que logra que la comisura de los labios se eleven considerablemente, el autor nos ofrece el universo que supone una librería con vida propia.   Un libro que  mezcla ficción y realidad de manera genial, que sorprende y crea un clima de complicidad con el lector. Con unos diálogos tan increíbles que invitan a releerse una y otra vez. Y es que "la literatura es el lugar donde todo es posible", aún así sorprenden muchas de las situaciones, de las reflexiones y, como no, las formas tan originales que tiene el librero de organizar los libros.
El librero atesora muchas de las virtudes que parece ya no importan de los libros, despierta esa pasión por sus páginas, por sus formas, por esa sensación de detención del tiempo, de recogimiento, pero también de alegría, de humor desenfadado, inteligente.