QUÉ LEO HOY:

QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de septiembre de 2014

REGRESO A HAIKUS DE JALÓN. Antonio de Benito



Que mejor manera que explicar el último poemario de Antonio de Benito que hacerlo con mis palabras del prólogo

"Han pasado diez años y Antonio de Benito regresa, si alguna vez se ha ido, al Jalón de su infancia, a ese recuerdo a caballo entre Castilla y Aragón. Diez años de amplia trayectoria en lo que si algo ha dejado claro es su implicación con la literatura, con las letras impresas capaces de transmitir las sensaciones, los recuerdos, las motivaciones que componen su propio juego de creación.
Aunque quizá lo que más habría que señalar, o incluso destacar, es que ese recorrido vital de estos últimos diez años no se ha llevado a cabo en solitario, no tanto por los múltiples personajes que en el aparecen, sino por los lectores que ha ido cazando al vuelo en la mayor parte de los géneros literarios, desde la narrativa infantil hasta el relato, pasando por la novela y, como no, por la poesía.
Presuponer que el camino andado ha sido en vano es no conocer al poeta, no prestar atención al giro producido en sus versos, a la perseverancia en la búsqueda de aquel lenguaje que identifica la memoria propia y de sus antepasado. Y es que Antonio vuelve, repito, si alguna vez se fue, para cerrar aquellos espacios apenas señalados, aquellos caminos de los que no se veía más que la primera curva. Y lo hace con ese estilo propio, personal, sin mayor presunción que lo que supone en estos tiempos editar un libro, máxime si este trata de reunir un universo versificado que mas que cerrar heridas, que parece que es la prescripción facultativa de quienes buscan recuperar la salud con las letras, lo que hace es destapar ese tarro en el que afloran nombres, lugares, ambientes y sensaciones.
Claro que Antonio a madurado, como no va a ser así si a lo largo de esta década no ha parado ni un instante de crear, de construir universos abiertos a todo aquel que quiera acceder a sus libros, cuando a cada giro que el tiempo produce llegaba el poeta, escritor, cuentista (en el mejor sentido de la palabra y que y¡tanto, tanto me recuerda al añorado Avelino Hernández) con un par de obras bajo el brazo. Cuando cada palabra, cada frase parecía escogida con más tino que la anterior, cuando no se conformaba con crear una historia, sino que se preocupaba de dotarla de una belleza y, lo que es más importante, de un sentido universal que hacía entrecortar el propio ritmo de la lectura.
Vuelve al Jalón, a Arcos, al tren, al valle, al fútbol, a los amigos,  y a todo aquello que asomaba en unos "Haikus de Jalón" que Silvano Andrés de la Morena señalaba como "sinceridad poética al plano de lo moral". Antonio de Benito escoge cualquier detalle, cualquier recuerdo, para acercarnos a los espacios recorridos y nunca abandonados, al ronroneo eterno de las aguas del Jalón, al susurro de los pinos, al dolor del pueblo que se apaga, al silencio arrollador que envuelve todo. Pero va más allá, vuelve a refugiarse en el poema oriental, en el haiku japonés minimalista que con tan solo tres versos es capaz de iluminar la estancia más oscura; de pasar, diez, cien y mil años; de estacionar el paso del tiempo; de correr, parar y ensoñar en un mismo poema; de rebuscar en la historia, en el recuerdo para recuperar olores, colores y pensamientos; de lograr que el propio lector recorra los caminos escondidos de su propia memoria y vague sin prisa por sus propios espacios y recuerdos.

Antonio de Benito vuelve a regalarnos un poemario vivo, que no quema en las manos, sino que calienta el alma a medida que los propios versos van arropando a lector con unas palabras precisas y acertadas que invitan, una vez acabada su última página, a retomar el inicio para ser saboreadas de nuevo.”

viernes, 30 de mayo de 2014

UN VIAJE A LA INDIA. Gonçalo M. Tavares



Llevo años posponiendo un viaje a la India, así que no se me ocurría mejor manera de hacerlo que a través de un libro. Y cuál es mi sorpresa cuando descubro que el osado escritor, un portugués del que desconocía casi todo, había hecho el "viaje" en verso de Lisboa a la India. Tardé unos segundos en volver a la realidad (tuve que asegurarme, hojeando al azar varias de sus páginas, que no era una especie de introducción lo que estaba versificado), alguien se arriesgaba, en pleno siglo XXI a narrar una epopeya de esta manera tan peculiar y, lo que era más impactante, lo hacía en una editorial como Seix Barral.
No pude evitar buscar en la solapa quién era el autor del libro y tras descubrir en la contraportada lo que de él dijo José Saramago: "Ganará en Premio Nobel en menos de treinta años. Estoy convencido. No tiene derecho a escribir tan bien con sólo treinta y cinco años. Dan ganas de pegarle.", me lancé a la que esperaba iba a ser una nueva aventura literaria.
Y debo reconocer que fue mucho más que eso, pues desde los primeros versos me vi invitado a un juego literario del que aún hoy soy incapaz de apearme. No solo hay una relectura de la tradición con Os Lusíadas de Luís Vaz de Camoes, sino que el espíritu del escritor renacentista está presente en cada una de las páginas. Hay mucho de literatura, de Joyce, de Proust, de Goethe, de tradición y fábula clásica, pero todo con un aire actual que lo hace diferente, que logra que la epopeya tenga una paleta de color más cercana que la hace creíble y permite que el disfrute vaya agrandándose a medida que pasan las páginas.
Tavares maneja con soltura la ironía, dando a la palabra todo su valor, dotando al lenguaje todo su carácter evocador, señalando en cada ocasión qué verso, o versos, es el que el lector debería resaltar. No siente la necesidad de dar rodeos, su verso se ajusta a lo esencial, a mostrar a Bloom (que mejor Ulises), sus miedos y ansias de buscar la sabiduría, de dejar tras de sí la huella del pasado.
El autor portugués nos regala una novela en  verso que logra aunar lo clásico con lo moderno, lo oriental con lo occidental, lo espiritual con lo material. Y lo hace de tal manera que invita, o mejor dicho incita, a la reflexión, demostrando el humanista que lleva dentro y logrando que el lector se implique de una manera nada efectista, pero si comprometida con la propia literatura, con ese ritmo acompasado que es la poesía.
Un viaje distinto, que nos exige también poner los cinco sentidos para lograr que nade se nos escape, que merezca la pena el esfuerzo de prestar atención a cada canto, a cada verso, a cada palabra. 

viernes, 5 de julio de 2013

HISTORIA TRANSIDA Y POESÍA RENOVADA. Marta Domínguez Alonso



A estas alturas reconozco que busco en la poesía algo más que unos versos que me demuestren la belleza de la lírica. No me conformo con poetas acomodados, que tienen poco más que ofrecerme que ese lenguaje poético repetido hasta el exceso.
Por eso aplaudo a los poetas que asumen riesgo, que avanzan en la búsqueda de un juego literario comprometido con la propia poesía. Marta Domínguez cumple este requisito y lo hace con creces. Pues a través de 25 poemas construye un universo en el que confluyen todas sus emociones. Un poemario completo, estudiado, en el que cada poema forma parte de un todo, sin lugar a lo aleatorio.
Una poesía llena de fuerza, dura incluso, en la que no se buscan subterfugios para trasladar al lector la enorme cantidad de sensaciones que en cada verso se experimentan.
El autor del prólogo, Jesús Soria Caro, nos habla de una poesía pesimista y claustrofóbica, más en ella se experimenta una llamada, un toque de atención que logra el resucitamiento, el avanzar, el no detenerse en el llanto, en superar ese estado en el que la muerte parece jugar una enorme importancia.
La poetisa (hay quien parece ver discriminación o pedantería en la palabra, pero a mi me partece de una belleza casi sublime) vuelca sus emociones a través de muy diversas temáticas, desde la llamada poesía social, la histórica, hasta la poesía de género. Y lo hace con el compromiso de quien no se conforma con la lírica lineal, plana, correctamente elaborada, pero vacía de contenido, sino que pretende profundizar en la propia creación poética.
Aunque cada uno de los poemas merece la pena en si mismo, son en su conjunto donde verdaderamente alcanzan una entidad sobresaliente, pues están entretejidos de tal manera que se convierten en poesía circular en la que la última enlaza con la primera, sin tener que existir más orden que el que en cada momento elige el lector.





lunes, 6 de mayo de 2013

ARMENIA EN PROSA Y EN VERSO. Ósip Mandelstam



Qué mejor manera de volver de vacaciones que hacerlo con uno de los libros que me han acompañado, y de qué manera, durante esos días de descanso. Y como en este mismo blog, además de hablar de los libros que me van resultando interesantes, recomiendo viajar como uno de los placeres que debemos potenciar siempre que nos sea posible, mal haría sino lo ejerciese yo mismo.
Lo que está claro es que tras recorrer buena parte de la geografía de Armenia lo lógico era tener a mano una lectura que me permitiese ahondar más en el pequeño país del Caúcaso. Profundizar en su historia, sus costumbres, su cultura y su religión a través de alguien que se había sentido subyugado desde el primer momento y que dedicó parte de su prosa y de su verso a reflejar sus experiencias.
Es cierto que han pasado más de ochenta años y que Armenia ha evolucionado, a marchas forzadas los últimos quince años, y ya no es el país que visitó Ósip Mandelstam, pero se mantiene toda su esencia y no hay página que no se muestre tan actual como lo fue cuando él viajó.
No hay duda que tan importantes como los propios textos y versos del escritor es la introducción de Gueorgui Kubatián que nos acerca tanto al contexto ruso en el que se mueve el autor, como en la Armenia que le acoge y le inspira a la hora de escribir. A pesar de su origen ruso sigue viviendo en Yerebán, la capital armenia, y eso le permite conectar plenamente con los textos y autentificar cada uno de los espacios narrativos y geográficos en los que se mueve Mandelstam.
También acertados y tremendamente ilustrativos son las notas de Helena Vidal, quien se hace cargo de la edición y la traducción, pues sitúa en todo momento al lector en el mundo particular del escritor, así como profundiza en toda su trayectoria literaria e investigadora.
Ósip Mandelstam es un escritor y un poeta culto y cultivado, que ofrece una prosa radiante, que no se conforma con narrar una historia, sino que profundiza en ella implicándose desde la primera página. De sus manos no solo conoceremos las ciudades y lugares más emblemáticos de Armenia, sino que nos sumergiremos, sin apenas darnos cuenta, en los pasajes de la historia y la cultura más trascendentes del país.
El autor presta atención a todo lo que se presenta ante él, desde el paisaje, las gentes y los colores, hasta los sonidos, los susurros y los olores. Tanto su prosa como su poesía se hacen partícipes de ello y el lector apenas debe hacer más esfuerzo que leer para que le acunen las aguas del lago Seván o sienta el frío de la nieve del monte Ashtarak. 
Mandelstam es un gran escritor, que maneja a la perfección la palabra y su armonía, que crea una prosa de gran belleza, pero por encima de todo es un perfecto "informador", pues logra transmitir todo lo que se presenta ante él. 
Y la poesía, por su parte, arrastra de tal manera que el lector queda prendado de inmediato tanto de la lírica como de los mensajes y descripciones que esta lleva entre sus versos.
Debo reconocer que la lectura de muchos de sus pasajes han despertado en mi las mismas sensaciones que cuando todos mis sentidos estaban en tierras armenias. Cómo no participar de la misma imagen que el autor describe así: "Tuve la ocasión de observar las nubes rindiendo culto al Ararat. Se movían con el movimiento descendente y ascendente de la nata entrando en un vaso de té dorado y dispersándose en forma de cúmulos tuberculares", cuando se tiene en la mente la misma magen impresa del bíblico monte que acompaña la vida de los habitantes de Yerebán y como yo, como viajero, me siento preso de una atracción de la que no puedo despegarme por mucho esfuerzo que haga.

lunes, 15 de abril de 2013

CON EL PASO CAMBIADO (NUEVAMENTE). Bernardo Santos



Ha llegado a mis manos el último poemario de Bernardo Santos, sexto libro, amén de algún que otro cuadernillo y antología, del poeta sevillano-soriano con el soniquete de que las letras encerradas en el libro "suenen en tu cabeza y en tus tripas".
Y es que es eso lo que logra Bernardo, que cada uno de sus poemas, algunos viejos conocidos, penetren en el lector de inmediato y sigan, durante un espacio indeterminado, dando vueltas y más vueltas.
Porque hay mucho de compromiso social, de situarse ante lo que se presenta ante él, de tomar partido (destacable en este mundo en el que todos parecemos esconder nuestras cartas por lo que pueda pasar). 
Una poesía viva, nada ampulosa, que no siente la necesidad de buscar atajos para decir las cosas. Se expresa directamente, buscando más la respuesta de las palabras que de los juegos literarios que tanto daño hacen, a veces, a la poesía moderna.
Bernardo demuestra su fuerza poética y no esconde su rabia, su enfado ante lo que el considera injusticias, no se conforma con posicionarse, sino que también saluda a aquellos que combaten, que defienden sus ideas con el compromiso necesario para hacerse escuchar. Tiene en el verso ese medio eficaz para estar presente en muchos de los acontecimientos a los que a veces no prestamos demasiada atención, y los mira como si estuviese planeando sobre ellos.
Poesía sincera, de largo recorrido, que dibuja la propia trayectoria poética del autor, que traza una línea recta de la que parecen partir curvas que nos acercan a cada uno de los episodios en los que parece sumergir la propia esencia de su palabra.
La mejor manera de perder ese miedo que parece gira alrededor e la poesía y, además, de mirar de frente a muchos de los acontecimientos sociales de los últimos años


jueves, 21 de marzo de 2013

ESTADO DE EMERGENCIA. Guillermo Molina Morales



Qué mejor manera de celebrar el Día Mundial de la Poesía que hacerlo con un poemario de raza, de voz valiente y joven. No importa que su autor tenga 30 años, sino que su verso sea fresco, arriesgado, que juegue con las palabras y se atreva a alejarse de los cánones.
Cuando leí Epilírica me sorprendió su insultante atrevimiento, su descaro a la hora de construir los poemas, pero también su valentía para romper roles, para aventurarse en espacios apenas pisados, para no tener en cuenta alguna esa escritura academicista acomodada y repetitiva.
Ahora Estado de emergencia ha obtenido el "IX Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez" por ser una propuesta valiente y actual, según el portavoz del jurado.
Sí, Guillermo sigue siendo valiente, arriesgado, pero parece aparcar parte de ese "gamberrismo poético", algo así alguien dijo de su primer libro de poemas, para tomar partido y enfrentarnos a los lectores  a  su visión de nuestro miedos actuales.
Claro que domina el lenguaje, incluso el poético (habría que repasar si muchos que presumen, o son considerados, poetas pueden decir lo mismo), pero es que además se permite el lujo de jugar con él, de dotarle de una vida más allá del significado de sus palabras.
Sigue siendo iconoclasta, pero asoma en su poesía un mayor sosiego (que no borra ninguna de sus características anteriores), pues no tiene que demostrar ya nada. Se nota, y mucho, que ya no estamos ante un poemario primerizo; su verso sigue salvaje, pero se ha apartado ya del desenfreno que asoma por todos los rincones de su Epilírica.
¿Poesía madura? No, y es de agradecer, pues seguro que cuando llegue arrastrará algunas de las cosas que más valoramos ahora. Eso sí, hay una evolución que, al menos de momento, no es traumática.
Aunque no le perdono que: 


Dentro de cien años

El mundo se divide en dos:
Los que llevan gafas y los que son calvos

Todos sabemos que el poder estuvo siempre con los calvos

No hace falta que recuerde las miles de humillaciones
Los insultos las vejaciones las canículas
Que hemos sufrido por su culpa

Y ya es hora de ser valiente:
¿Hasta cuándo vamos a soportar que llenen nuestras calles
Con sus innumerables peluquerías y sus centros de depilación por láser?

¿A dónde va a parar todo ese pelamen?

¿Alguien ha visto un cementerio para calvos?

A mí también me gustaría no tener miedo
Cada vez que mis hijos salen a jugar a la calle

A mi también me gustaría saber que mi niña
Va a mantener su floresta más íntima

Me gustaría creer que España puede renacer de su desmoche

Todavía podemos
Cambiar el rumbo de la historia

Tres siglos de pelucas nos contemplan




viernes, 8 de febrero de 2013

RECOGE LA LUZ DEL SOL CON LAS MANOS. Toyo Shibata



Pocas veces llegan a nuestras manos libros que marcan un antes y un después, libros que parece tengan un halo especial y que logren transmitir muchas más cosas que las que parece dicen sus páginas.
Y eso sucede con este pequeño pero intenso poemario. Y por muchas razones. Primera, no voy a ocultar que fue lo que me llamó la atención, que su autora tenga más de cien años (nació en 1911); y segunda, que tenga la sensibilidad suficiente para que logre cambiar mi estado de ánimo y que me deje llevar por las palabras hasta casi no percatarme de que estoy leyendo un libro.
Toyo Shibata transmite, con la profundidad que solo es capaz de lograr la experiencia y la serenidad, la pura esencia de la vida, dando protagonismo a lo cotidiano, a lo más elemental, sacándole un partido increíble y llevando al lector de la mano por cada uno de los poemas.
Aunque está claro que el libro es un todo, es la transmisión de un legado que su autora va entregando a quien accede a él, cada poema tiene la fuerza suficiente como para cerrar los ojos una vez leído y asumir cada una de sus palabras, cada uno de sus versos. Pues es la sencillez, la claridad con que la autora logra expresarse, la que con más facilidad ahonda en quien mantiene el libro entre sus manos.
Una pequeña joya venida de Japón que logra saltar fronteras gracias a una persona que se hace cercana desde el primer momento, con una simpatía desbordante y que consigue, desde el poema inicial (Madre I) penetrar en cada uno de nosotros. No hay que olvidar, no me canso de repetirlo, que somos los lectores los que damos vida al poema, aunque sean otros los que hayan juntado las palabras, ya que autentificamos cada uno de los versos. 
Toyo no ha tenido que recurrir a caminos enrevesados para hablarnos, avanza directamente, con claridad, tocándonos de inmediato con una aureola tierna y afable que nos embarga, haciendo que cada poema dibuje una realidad cercana, llena de sentimientos y fabulaciones que permiten que veamos la vida con un punto más de optimismo.