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martes, 1 de marzo de 2016

AMOR POR UN PUÑADO DE PELOS. Mohamed Mrabet


A pesar de su cercanía Marruecos sigue teniendo el suficiente componente exótico como para atraer tanto a viajeros como a lectores. Múltiples son las narraciones que nos trasladan al país norteafricano, sus ciudades y escenarios han despertado la imaginación de un importante número de escritores occidentales. Quizá uno de los más significativos sea Paul Bowles y su incomparable El cielo protector, así que no resulta extraño que se preste especial atención a un libro que figura transcrito por el escritor norteamericano.
Es, precisamente en la ciudad donde falleció Bowles donde transcurre el relato de Mohamed Mrabet, un Tánger símbolo de la interculturalidad de los occidentales ahí refugiados y del Marruecos más profundo. Es aquí donde interviene el narrador en que se convierte Mrabet, al transmitirnos el latir de dos ciudades envueltas bajo los mismos muros.
Mohamed será el perfecto interlocutor entre ambas, un superviviente y buscavidas que se verá atrapado por dos universos por elección propia. Cada uno de ellos aparecerá representado por dos personajes esenciales tras los cuales se esconderá una cohorte de secundarios que autentifican la propia historia: Mr.  David y Mina.
Con una lectura ágil y sencilla, en la que no se puede obviar la mano de Bowles, los protagonistas nos llevan a un Tánger en el que se mezcla, siempre de manera convincente, la realidad y la fantasía. Una fantasía alejada de los tópicos actuales, que se sumerge en la magia de la tradición marroquí, envuelta en hechizos y conjuros que fundamentarán buena parte de la lectura. Una narración que nos devuelve la cultura popular, la de los contadores de historias, la que penetra directamente en la vida cotidiana y que es capaz de mezclar marginalidad, opulencia y normalidad de manera poética.
Hay mucho de engaño, de manipulación, pero también de ese exotismo necesario para atraer al lector occidental en la búsqueda de unos escenarios y unos personajes fácilmente reconocibles. Todo queda reflejado en su justa medida, no hay momentos vacíos que puedan cansar la lectura, seguimos los pasos de Mohamed con total atención. Somos verdaderos espectadores, pero en más de una ocasión existe la tentación de advertir al protagonista de que sus pasos son erróneos, al menos desde nuestro punto de vista.
Un libro que nos vuelve a trasladar a Tánger (ver en este mismo blog "Calle de los ladrones" de Mathias Énard), pero esta vez con una visión, o mejor, con dos visiones, totalmente distintas, la reconocible por quienes viajan como turistas y la que se esconde en las callejuelas y las almas de sus habitantes.

domingo, 31 de enero de 2016

ROSY & JOHN. Pierre Lemaitre


No lo puedo negar, me he vuelto un "lemaitreadicto". Me sedujo Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013), me turbó Vestido de novia y me atraparon Irène y Alex, además de presentarme a un personaje tan especial como es el comandante Camille Verhoeven. Así que a la espera de la aparición de la tercera entrega, Camille, bien sonaba una breve novela, de poco más de 150 páginas, que contaba no solo con el mismo protagonista, sino que sucedía en el tiempo justo después de los sucesos de Alex.
Así que en el momento que llegó a mis manos tenía bien claro que iba a imponerse a las lecturas que tenía en esos momentos. Con pausa y los nervios necesarios para que la emoción no me hiciese perder la realidad comencé una lectura calmada, atenta y llena de sensaciones.
De nuevo volví a sentir esa atmósfera opresiva que tanto caracteriza al escritor francés, una atmósfera que esta vez parece desaparecer tras los primeros acontecimientos. Aunque, eso sí, también tuve que aguantar la respiración en varias ocasiones ante lo que iba a suceder.
Fiel a su estilo, Lemaitre atrapa prácticamente desde la primera frase (no niego que la sugestión tenga también algo que ver), intuyendo el lector que algo de graves proporciones está a punto de suceder, como si se escuchase de fondo una música rítmica que poco a poco va ganando intensidad, logrando que el espectador-lector vaya inquietándose aún más.
Vuelven a ser los personajes uno de los puntales principales de la narrativa, cada uno de ellos se asoma en su justa medida y son ellos y sus actitudes las que van marcando los tiempos de la propia lectura, acelerando y reduciendo para que el lector tome el aire suficiente y se prepare para ese final que se presenta inquietante. Y esto sucede casi desde la primera página, su pequeño tamaño nos remite casi de inmediato a la fatalidad de un inminente desenlace.
Eso sí, aquí encontramos un Camille Verhoeven mucho más calmado, que apenas logra impregnarse del desconcierto general, sigue calculando cada uno de los movimientos de Jean-John, observando con detenimiento cada gesto y cada respuesta. Ingenuidad, maldad, osadía o locura; la mente con la que se tiene que enfrentar el comandante es esta vez más enigmática y desconcertante.
El lector es testigo en todo momento de los hechos narrados, de los pasos que dan las fuerzas de seguridad para resolver el alarmante caso que tienen entre manos. Acompañará a Camille, y su insustituible Louis, a lo largo de tres días narrados casi al instante, siendo consciente de que el tiempo corre en su contra y notando como el tiempo pasa inexorablemente.
Una novela de intriga, con la tensión suficiente como para que resulte imposible apartarse de sus páginas. Algo más que un puro entretenimiento, aunque este esté asegurado, una narración que muestra más de lo que cuenta, que inyecta en el lector imágenes que son ajenas al texto pero que, inevitablemente, este construye en su subconsciente.

domingo, 15 de febrero de 2015

NOTICIAS FELICES EN AVIONES DE PAPEL. Juan Marsé



Juan Marsé es uno de esos escritores que parecer estar tocados con la varita mágica de la credibilidad. Cualquier texto por él firmado tiene la garantía suficiente como para ser leído casi con la certeza de estar ante una lectura con mayúsculas. Con él no basta su trayectoria, sobresaliente y deslumbrante, para saber que vamos a encontrar esa parcela literaria que nos haga disfrutar como lectores.
Es cierto que las 88 páginas que componen este libro harán que en muchas ocasiones pensemos en él como una novela breve, pero tanto su narrativa, su formato, como su diseño hacen que lo sintamos como una novela que no permanecerá al margen en la trayectoria de su autor, olvidándonos de inmediato de su tamaño.
Marsé vuelve a crear su novela alrededor de la figura de un joven de 15 años, de un adolescente dispuesto a descubrir y aprender todo lo que el mundo le tiene dispuesto. Esa etapa de formación que identificamos de inmediato y en la que no nos cuesta nada sucumbir por formar parte de ella.
Sí, hablamos de la Barcelona de los años 80, de esa ciudad casi mítica que ya parece nada tener en común con la actual. Y será esa ciudad, sus calles y edificios, las gentes que la poblaban la que se mantiene tan viva en la memoria colectiva la que se presenta ante nosotros lectores y hacen innecesarias mayores descripciones que las realzadas. Juan Marsé no ve necesidad en mostrar más de lo necesario, parece prescindir de lo superfluo para centrarse en la historia de los personajes, en Bruno y la señora Pauli, pero también en el padre, la madre y los "amigos" de aquel.
La prosa precisa de Marsé logra narrar con facilidad lo que parece difícil, mostrar con total serenidad una historia común que encierra distintas historias nada comunes. Juega con el lector a través de esas pequeñas vidas que van completando una trama que esconde en su seno algo más que las relaciones personales entre los protagonistas.
Claro que el autor juega con la memoria como parte esencial de su narrativa, pero en este caso abandona la memoria de la burguesía para fijar su atención en la que se encuentra a pie de calle, dibujando escenas magníficas con los tonos más esenciales. Y lo hace consiguiendo que el lector se sienta, en todo momento, cómodo, que no fije sus ojos en escenarios ajenos y dolorosos, sino que se sienta ese observador privilegiado que sigue los pasos de los personajes una vez que la voz del narrador ha abandonado el libro.
Además Noticias felices en aviones de papel es uno de esos libros que llaman la atención tanto por su diseño como por su formato. Con la exquisitez de la ilustradora María Hergueta, quien gracias a unas líneas claras y concisas ofrece unas imágenes llenas de frescura y notables dosis de fantasía que poco a poco envolverán el libro. Un libro realmente bello que engrandece cualquier biblioteca personal.

martes, 24 de junio de 2014

LA PASIÓN DE ENRIQUE LYNCH. NECROFUCKER. Richard Parra



Todavía me sigo preguntando qué es lo que me llamó la atención del libro para atreverme a leerlo. Puede que influyese más la sencillez de la portada, la total ausencia de señales que indicasen que podía encontrar en sus páginas. Ni siquiera los nombres que conforman los títulos y el autor, indicaban algo que me resultase atrayente. Salvo, claro está, el sello editorial de Demipage, creciendo la incógnita de comprobar el porqué de su elección.
Pero en el momento que comienzo a leer la primera página descubro que la historia me atrapa, queriendo saber más, conocer hasta donde son capaces de llegar sus protagonistas, cómo se van a enfrentar ante los vaivenes políticos, económicos y sociales del Perú del siglo XIX. 
Esta pequeña novela, La pasión de Enrique Lynch, crece en intensidad a medida que se suman los párrafos, esos pequeños capítulos que permiten dar voz a los diferentes personajes que se suman para dibujar, cada vez con mayor y mejor destreza, tanto las acciones como los escenarios que se van recorriendo. ¡Y qué voces las que se van sumando! ¡Qué aportación de un lenguaje al que somos demasiado ajenos los lectores peninsulares! ¡Cómo me suenan expresiones a las escuchadas de niño a los más ancianos!
La novela recupera los espacios y las formas de aquellas novelas de frontera que tanto caracterizaron a las novelas del oeste, cuesta desprenderse de esa aureola norteamericana a la que contribuye el protagonista que da título al texto, pero aún así el lenguaje, los escenarios y ciertos personajes nos asientan en ese Perú lleno de violencia y oportunidades.
Richard Parra construye con habilidad  una parte de la historia con pequeños retazos que se van cosiendo y entrelezando con una facilidad tan magistral que puede que oculte el trabajo del escritor, esas puntadas continuas que impiden que quede cabo suelto y la historia pueda escaparse o despistarse. Hasta tal punto que el lector tiene la necesidad, una vez acabado el relato, de continuar sabiendo qué sucede con ese país, con esa región de la que ha formado parte a través de 72 páginas.
Y es que son muchos los estados de ánimo que se suman a la vez que lo hacen las páginas, desde la indignación y el rechazo, hasta la admiración y el asombro, pasando por un baremo de tonalidades sorprendente dadas las pocas páginas en que se desarrolla la historia.
Pero de inmediato todo se rompe como por arte de magia. Irrumpe Necrofucker con una dureza tal que parece cortar la respiración, con unos giros belicosos, rápidos, como pinceladas que parecen ocultar las siluetas de sus protagonistas. Giros llenos de belleza que evolucionan a medida que se van produciendo, asimilando de inmediato las calles oscuras, violentas y descarnadas de los años ochenta del siglo pasado.
Y de repente te encuentras conversando con sus protagonistas, con esos personajes al filo de la navaja que hacen de su propia supervivencia un juego salvaje al que te involucras sin hacer preguntas.
Claro que hay momentos en que el lenguaje parece construir muros, frases enteras que hay que leer de nuevo para entender, o tratar de entender, su verdadero significado. Se produce un necesario aprendizaje de términos, expresiones y juegos verbales del que quedas prendido apenas han pasado cinco páginas, no se hace necesario acudir a diccionario alguno, serán los propios personajes quienes vayan aclarando las dudas, quienes te presenten sus mundo y su esperanza. 
De inmediato descubres que has dejado a un lado la primera historia, es como si se hubiese producido hace una eternidad, y te centras en los gestos, los rostros, los garitos y las calles por la que deambulan los jóvenes protagonistas. Y empiezas a atesorar su experiencia, ese crecimiento que se va produciendo entre la agonía y la violencia, entre la oscuridad y la sensación de querer gritar a través de sus gargantas.
Una novela resquebrajada desde el inicio, pero que se va reconstruyendo a través de una profundidad, de un juego, a veces demasiado violento, del que no puedes, ni quieres, escapar. Parra recoge de aquí y allá, sin dar demasiada importancia a nada, lo justo para que contestemos a las preguntas que se van produciendo en el presente, señalando el pasado y sin dejar de mirar al futuro.
Cierras el libro y quieres saber más de su autor, del que desconozco todo, rebuscar en su pasado literario para que nada se quede en el limbo de las letras.

viernes, 28 de marzo de 2014

SOLITARIOS. José Manuel de la Huerga



Descubrí a José Manuel de la Huerga a través de  Apuntes de medicina interna, una novela precisa y ajustada que vuelven al pasado para trazar una trayectoria vital, una novela que indica que el autor no ha caído en la tentación de adornar su prosa con descripciones vanas y palabras rimbombantes, Un autor que no necesita llenar hojas y hojas para mostrar la historia que le ronda en la cabeza y que ofrece un relato en su justa medida.
Así que cuando la editorial Menoscuarto volvió a apostar por su prosa, no pude por menos que coger el libro con intención de recuperar esa prosa que me había llamado la atención.
Quizá lo mejor de todo es que SolitarioS no es una novela, sino dos novelas breves en las que el autor ha sabido plasmar no solo el dominio del lenguaje, sino esa narrativa tan personal que logra que el lector se implique en la trama y sea un fiel compañero de los personajes.
Será la fuerza de los personajes, tanto el femenino de la primera novela como el masculino de la segunda, la que señale la propia trayectoria de la lectura, la que logre la precisión del relato, la que consiga atraparnos y nos introduzca en el espacio vital en que se mueven Berta y Félix.
De la Huerga nos habla de soledad -sus personajes dan vida al título en todo su significado-, pero no de tristeza ni melancolía, dota a su narración de un lirismo tal que más que pesar nos induce a la ternura, e incluso a un humor sencillo, llano, que no necesita más explicación que la emoción que se va despertando en nuestra lectura. De tal manera que lo que en un principio se imagina como un drama, se torna de inmediato en un juego que despierta la simpatía del lector. El autor logrará dibujar el lado más amable de un mundo que se antoja gris y apagado, elevando a sus personajes a una categoría impensable al inicio de la lectura.
Con "Ultramarinos El Pez de Oro" y "Naipe de señoritas" De la Huerga consigue llevarnos de la atención al asombro, de la prudencia al humor y del anonimato al conocimiento más profundo de unos personajes tan entrañables y extrañamente familiares. Personajes llenos de poesía que van coloreándose a medida que avanzan las páginas, capaces de trasladarnos a la Lisboa de Pessoa y compartir con ellos un juego de cartas poco habitual.
Dos novelas cortas que dejan tan buen sabor de boca que es imposible pensar en una sin evocar inmediatamente a la otra, pues las imágenes de ambas se superponen de tal manera que la imaginación continúa viva una vez cerrado el libro.


domingo, 16 de marzo de 2014

TRES ACTOS Y DOS PARTES. Giorgio Faletti



Quizá hablar de un libro sobre fútbol justo cuando acabas de ver perder a tu equipo en el campo de juego no sea lo más sensato, así que espero que la impotencia como espectador de ver escapar tres puntos de casa de no muy buenas maneras no quede impresa en mis palabras.
Debo reconocer que nada más llegar a mis manos el último libro de Giorgio Faletti, y aún sabiendo que me lo iba a leer pasase lo que pasase, lo abrí y me puse a leer su primera línea buscando me sorprendiese tanto como lo hizo en su anterior libro: Apuntes de un vendedor de mujeres. No puede ser de otra manera un libro que comenzaba así (espero que la memoria no me equivoque, seguro que enseguida comprobarán el porqué): "Me llamo Bravo y no tengo picha". Un comienzo tan sorprendente como luego grata resultó su lectura. Días después pude comprobar que su primera novela Yo mato también me había dejado sensaciones muy positivas tanto por la trama, como por esos aromas radiofónicos tan familiares.
Tres actos y dos partes se inicia con una frase sencilla: "Cuando llegan todo debe estar listo" y ya nos da la clave de lo que va a ser la novela -podríamos calificarla como corta, sobre todo si la comparamos con las dos anteriores-, una historia en la que el protagonista hará de narrador con una voz quebrada y gris, que tratará de dibujar tanto el presente en el que se mueve, es utillero de un equipo de la serie B italiana, como el pasado, fue boxeador que tuvo que pagar con la cárcel por amañar un combate.
Silvano Masoero, alias "Silver" (las connotaciones de su significado, plata, no deben pasar inadvertidas) se presenta ante nosotros como un perdedor, un anti-héroe que sigue redimiendo sus pecados a pesar del tiempo pasado, como alguien cercano y que, a pesar de su pasado y su porte de ex-púgil, irradia una ternura y un lirismo que invita, e incita, a seguirle, a ser partícipes del mundo en que se maneja como nadie.
No sabría decir si es fruto de su breve tamaño, apenas llega a las ciento cincuenta páginas, o de la tensión narrativa que genera, pero lo cierto es que la novela se lee de un tirón, sin descanso, favorecida, posiblemente, por narrar una única jornada en la vida de su protagonista. Pero lo que nadie puede negar es que es el propio estilo de Faletti (no entraré a calificar si es mejor o peor que sus novelas anteriores, simplemente se puede definir que son distintas, muy distintas), el acierto narrativo, está muy por encima de la propia trama.
Sí, claro que la corrupción en el deporte, sobre todo en el fútbol, llama la atención (máxime cuando hoy has visto en el terreno de juego cosas que no logras entender como espectador, cuando ves a lo largo de las jornadas cosas inexplicables desde todos los puntos de vista); como la relación entre padres e hijos deja, en más de una ocasión, vacíos difíciles de explicar; como existe otra vida para quien recibe una segunda oportunidad.
Una novela directa, contundente, que no tiene la necesidad de cortarte la respiración para contarte una historia, simplemente logra que te involucres como un espectador de lujo. Una narración casi poética en la que la tensión queda impresa en los gestos y las palabras de sus protagonistas. 



miércoles, 12 de marzo de 2014

EL ADOQUÍN AZUL. Francisco González Ledesma



La figura de Francisco González Ledesma ha ido creciendo, y mucho, a lo largo de los años de la mano del insustituible inspector Méndez (espero recuperar la respiración algún día) y de las novelas del oeste firmadas por Silver Kane. Así que es normal que muchos recibiésemos con enorme alegría un nuevo libro salido de su pluma. 
No voy a negar que desconocía completamente que este título fue publicado hace varios años por la revista Interviú como homenaje a nuestros narradores de novela policíaca, aunque hay alguno que no ha parado de repetírmelo estos días.
No sabría decir si estamos ante un relato o una novela corta, pero me arriesgo a decir que es más lo segundo que lo primero, pues tiene todo, todo lo necesario para ser considerada novela. Sí, son 74 páginas y la facilidad de penetrar en la historia, de sumergirte en los avatares de Montero y Ana para sobrevivir, crean en tu mente la sensación de estar ante una narración aún más breve. Pero a la misma vez, desde el momento que cierras el libro tienes la irresistible tentación de volver al inicio, de recuperar cada escena, cada diálogo, cada imagen, pero esta vez en cámara lenta, disfrutando de todo, como queriendo que nada se escape.
Y es que El adoquín azul es un libro bello, de esa belleza que engrandece la literatura y que te resarce de todas aquellas lecturas infructuosas. Un libro en el que el amor se presenta dibujado de una manera tan peculiar que logra que la respiración se acelere por momentos y en todo momento vivas la historia como propia. ¡Ojo! Incurriría en error si la pasión y la ternura de sus páginas hiciesen creer a alguien que se trata de una novela romántica tal y como se entiende dicho género.
Un libro impecable, que devuelve la importancia a la memoria, a los sentidos y a la maestría a la hora de narrar una historia. González Ledesma era uno, sino el mejor, de los narradores policíacos españoles, pero ante esta pequeña novela cabría, sin duda alguna, la posibilidad de quitar el adjetivo y definirle como uno de los mejores narradores españoles.