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sábado, 2 de mayo de 2020

LA DESHONRA DE SARAH IKKER. Yasmina Khadra



Recordar ahora cuál fue el primer libro de Yasmina Khadra me resulta harto difícil, por no decir imposible, pero desde aquel primero se sumaron muchos más, y cada nuevo texto lo recibo como una lectura con la que sé voy a disfrutar. Aunque algunas de sus novelas esperan en la estantería hasta ser leídas, como ocurre desde hace un año con Dios no vive en La Habana, otras son leídas apenas llegan a mis manos. Libros como A qué esperan los monos... y La ecuación de la vida se pueden recuperar en este blog.
Tampoco sé si cuando descubrí a Yasmina Khadra lo hice pensando en una escritora o ya sabía que bajo el seudónimo se escondía la figura de Mohamed Moulessehoul, oficial del ejército argelino, pero siempre he sido consciente que su literatura ha servido para criticar la situación de su país, Argelia, primero y otros muchos después.
En esta ocasión sin abandonar el Magreb, el escritor nos lleva a la ciudad marroquí de Tánger y vuelve a señalar, con el acierto y la precisión que le caracteriza, los problemas que sacuden a la sociedad en que transcurre la historia: corrupción, nepotismo, sociedad clasista, machismo y un acusado clientelismo.
A través de unos personajes perfectamente perfilados y definidos Khadra nos introduce en un Tánger diferente, que evoluciona, como sus personajes, a medida que avanza la historia. La naturaleza de cada uno de ellos, la manera de moverse, su lenguaje, e incluso su actitud permite que el lector descubra algo más de lo narrado, que la historia cambia a la vez que lo hace la propia vida.
Escrita en tercera persona la novela nos presenta al teniente Driss Ikker, de origen humilde, que ha ido escalando posiciones a nivel social y laboral gracias, sobre todo, a su matrimonio con la hija de un alto mando de la policía marroquí. La violación de la esposa en el domicilio y la necesidad de limpiar su "honor", le obligará a recorrer la parte más oscura del ser humano.
Pero quizá lo que más autentifica la narrativa del escritor argelino sea la fuerza de sus diálogos, la ausencia de explicaciones superfluas y la invitación a que sea el lector el que rellene los muchos huecos dejados en la historia. No explica todo, al contrario, señala la dirección en que hay que mirar y descubrir entonces que sucede, o puede suceder.
Y como siempre el autor escribe con la pasión necesaria para que la historia sea creíble en todo momento, para que, a pesar de la diferencia de cultura y sociedad, los lectores seamos conscientes del entorno en que esta sucede. Escribe sin esconder nada, con una claridad asombrosa, mostrando sin tapujos lo más oscuro del hombre y la sociedad en que vive. Sobre todo cuando dinero y poder  se confunden con impunidad, con que todo está permitido, y hace que los actos de los hombres sean de una manera y no la contraria.
Una historia de amor, de lealtades, de convicciones, que no esconde nada, pero que permite que la imaginación vuele por espacios diferentes a los narrados, a ver más allá y demostrando que la buena literatura es aquella que no está escrita, pero que esconden las palabras narradas.

domingo, 26 de abril de 2020

ESTUDIO EN NEGRO. José Carlos Somoza



Hacia mucho tiempo que ninguno de los libros de José Carlos Somoza habían pasado del montón de las "posibles lecturas" a "hoy comienzo la lectura", creo que fue La dama número 13 la última de sus historias que llenó mis noches, y mis pesadillas, de insomnio.
Cada obra que llegaba a mis manos me alertaba de esa posible lectura, pero ahí se quedaba, en el infructuoso deseo de que me atrapara. No desechaba su lectura, pero siempre quedaba relegada como si no quisiese enturbiar las buenas sensaciones que me había dejado su manera de narrar e implicar a lector.
Y esta vez sí, no sé explicar bien porqué, Estudio en negro superó la fase de indecisión y comencé su lectura con el miedo y el respeto de aquellas novelas de ambiente victoriano que se habían quedado en el limbo de las reseñables. O simplemente que se habían quedado eclipsadas por las de los grandes maestros, como competir con Charles Dickens, William Thakeray, Thomas Hardy, Anthony Trollope, Robert Louis Stevenson, Joseph Sheridan Le Fanu o Arthur Conan Doyle. Así que es muy difícil no emitir comparaciones, juicios de valor e imágenes impresas en la propia memoria, a la hora de acometer una lectura que te traslade a la Inglaterra del siglo XIX.
Sobre todo cuando uno comprueba, repito que no me gusta nada mirar la contraportada para que esta me influya -positiva o negativamente- en mi lectura, que uno de los protagonistas va a ser, nada más y nada menos, que un joven y aún inexperto doctor llamado Arthur Conan Doyle.
Con una más que llamativa prudencia comienzo una lectura que se antoja incierta, pero hay algo que, de inmediato logra que toda mi atención se centre en la historia que tengo entre manos, Atrás quedan todos los prejuicios, los temores, y me dejo embaucar por las palabras de la narradora, la enfermera Anne Mccarey. Palabras llenas de dudas, de congoja, pero con expresiones que me sitúan, de inmediato en ese Londres de la última década del siglo XIX primero y de Portsmouth después. Narrado en forma de crónica, el lector sera un espectador privilegiado de lo que la protagonista va viendo y sintiendo, sus dudas, miedos y recuerdos nos permiten observar con detalle cualquiera de los escenarios en que sucede la trama. No hacen falta descripciones farragosas, apenas unas pinceladas nos permiten descubrir lugares y personajes. Estos últimos, con apenas unos pocos detalles y su manera de actuar y hablar serian fácilmente identificables en una rueda de reconocimiento.
Una novela de misterio, pero que nos acerca a aspectos muy representativos de la época victoriana, desde el teatro, el hipnotismo, la teoría del magnetismo animal (mesmerismo) y al método deductivo de investigación que será fundamental en un personaje como Sherlock Holmes.
Además, hay en la novela algo oscuro, una neblina permanente que atrapa, que obliga al lector a seguir leyendo, a buscar respuestas a unas preguntas siquiera construidas. Algo distinto al misterio que envuelve a los personajes y su entorno. El autor crea esa atmósfera que oprime, que parece cortar el aliento, pero que a su vez no te permite apartarte del libro.
José Carlos Somoza no se conformará con construir una novela llena de misterio e intriga, donde el lector tendrá por momentos la sensación de estar siendo manipulado por acontecimientos y personajes, sino que se sumerge en la propia literatura para abordar el mundo del teatro inglés del siglo XIX y la importancia y trascendencia de un escritor, y su personaje, como es Arthur Conan Doyle

lunes, 19 de febrero de 2018

TIEMPOS OSCUROS. John Connolly


No recuerdo muy bien en qué novela de John Connolly descubrí a Charlie Parker, ni siquiera sé cuáles son las que me faltan por leer. Parker es uno de esos personajes que entran a hurtadillas y que, no sabes cómo, se quedan de manera peremne en tu memoria, hasta tal punto que cualquier nuevo (o viejo) libro en el que aparece su nombre produce en ti una atracción tal que te es imposible mantenerte al margen.
Y es que Connolly, John, por supuesto, ha logrado crear una nueva manera de vivir la novela de misterio, de leer una historia llena de interrogantes en las que es inevitable posicionarte y buscar en tu propia memoria acontecimientos, dudas y pensamientos que te son propios. Está claro que, como no se cansa de decir su autor, no estamos ante una novela negra, policíaca; hay algo más, algo que la hace distinta y que, como decía antes, te atrapa de manera continuada y, por qué no decirlo, especial. No hay duda que mucho tiene que ver la educación católica que compartimos; a pesar de sus muchas diferencias Irlanda y España han mantenido, durante muchos años, una visión católica de la ética, la vida, el perdón, la pena y la muerte, así que no resulta extraño compartir muchos de esos elementos que, al menos en algunos momentos de la vida, se asemejan de manera notable.
Por supuesto que Charlie Parker es un personajes diferente, con unos antecedentes personales que no son ajenos a otros ex-policías (su mujer y su hija fueron asesinadas), pero que el percibe de una manera especial, construyendo una novela en las que lo real y lo sobrenatural se conjugan para construir una historia particular. Quizá la mejor descripción la hace el propio autor al tachar su novela de misterio en el sentido religioso de la palabra.
Es cierto que en esta entrega, la que hace la nada despreciable número quince, lo sobrenatural se hace mucho más presente y que se aleja a pasos agigantados de la novela policíaca tradicional, pero Parker sigue siendo ese detective que se postula en el lado más complejo, más difícil, que supone luchar de manera denodada contra esas fuerzas del mal que se hacen omnipresentes a lo largo de toda la narración.
Pero eso sí, Parker sigue siendo ese hombre leal, inteligente, que busca, por encima de todo, la justicia, que usa su soledad y su sufrimiento para esclarecer cada uno de los enigmas que se le plantean continuamente. Y claro, vuelven, como no podía ser de otra manera, a acompañar al protagonista Angel y Louis, dos personajes totalmente atípicos, pero que se hacen imprescindibles en la novela.
Una novela adictiva, violenta, que te sumerge en un universo propio que te impulsará a buscar más novelas de la serie y en la que todo formará parte de tu propia realidad, incluso aquellos episodios en los que en otra historia los catalogarías como fantasía. Un verdadero disfrute para los amantes del misterio y quienes busquen pasar un rato atrapado en una historia absorbente. 

domingo, 14 de junio de 2015

LA PUERTA DEL CIELO. Reyes Calderón



Reyes Calderón nos ha acostumbrado a novelas llenas de intriga, de lectura fácil y cómoda, en las que el lector no tiene que hacer más esfuerzo que dejarse llevar por una trama bien urdida y en la que todo resulta tan creíble como sincero.
La autora atrapa al lector desde la primera página, con un inicio vertiginoso en el que no dejan de sumarse un buen número de incógnitas. Por supuesto que el breve prólogo señala los indicios de lo que tenemos entre manos, pero es al inicio del primer capítulo cuando sucumbimos a los acontecimientos de la mano de un profesor de instituto de Lugo, Gerardo Vilela, que nos guiará por una suerte desigual de acontecimientos asombrosos y desafiantes.
No, no estamos ante una novela al uso de Reyes Calderón, sigue faltando la Juez del Tribunal Superior de Navarra Lola MacHor, donde la intriga pertenece al género policíaco propiamente dicho. La Puerta del Cielo nos acerca a lo desconocido, a esas parcelas que la mente que entran en conflicto con nuestras creencias.
A medida que se avanza en la lectura van apareciendo un buen número de interrogantes de los que no será ajena la religión. El cielo, el infierno, el demonio y un montón de hechos inexplicables sumergen al lector en un universo tan sorprendente como adictivo. Es cierto que en más de una ocasión este se planteará muchas preguntas sobre lo conveniente o no de la lectura, si el género al que representa el libro tienen o no algo de las novelas de intriga que caracterizaron a la escritora, pero nada frenará el ansia de conocer que va a suceder a continuación.
Además, la fuerza de cada uno de los personajes que van apareciendo va engrandeciendo la historia, consiguiendo que cada capítulo aumente en intensidad, con una serie de giros que logran sorprender al lector, de manera que este se prepare para cualquier contingencia o suceso inesperado.
De acuerdo que La Puerta del Cielo es una novela extraña, que nos adentra en el mundo de lo esotérico, que nos invita a plantearnos interrogantes sobre la existencia o no del cielo, del demonio y de las fuerzas oscuras que tratan de entorpecer el camino del hombre. Pero la destreza narrativa de Reyes Calderón logra que nos sintamos cómodos e intrigados de principio a fin.

martes, 25 de noviembre de 2014

INFERNO. Dan Brown




Leí El código da Vinci como una novela de intriga y misterio, entretenida y de ágil lectura unos meses antes de que se convirtiera en una de las novelas más leídas, y debatidas, del mundo.
Sinceramente no le supe sacar el partido "esotérico" o "religioso" que tanto dio que habla después y muchos de los comentarios sobre su lectura me resultaban chocantes en exceso. Pero hay que reconocer que gracias a la novela se engancharon muchos lectores y era fácil comprobar en cualquier aeropuerto, playa o piscina lectores de distintas nacionalidades con el libro de Dan Brown entre manos.
Con el mismo propósito leí Ángeles y demonios y recuerdo que Robert Langdon volvió a entretenerme y punto, pero ya era consciente que sus aventuras habían dejado de interesarme, aunque vuelvo a repetir que todo lector puede buscar en cualquiera de sus novelas (ficción y no realidad como algunos llegaron a interpretar) un buen entretenimiento.
Ni el Símbolo perdido, La fortaleza digital o el propio Inferno estaban dentro de  mis posibles lecturas, pero cuando estás de viaje en el extranjero es difícil elegir cuando has acabado con las seleccionadas. Así que recibí con naturalidad la última de las novelas de Dan Brown.
Hasta ese momento no me había parado a observar la portada del libro para descubrir los tejados y las cúpulas de Florencia, ni siquiera que la sombra de Dante y su obra sobrevolaba por las páginas del libro. Eso sí, tuve que hacer un notable esfuerzo para borrar de mi mente la figura de Tom Hanks, pésimo interprete de Robert Langdon en la gran pantalla y que nada se ajusta a la imagen que yo me había creado en la cabeza.
La trama me enganchó de inmediato y me sumergí en la aventura como un acompañante del propio Langdon, intentando adivinar qué es los que se ocultaba tras el misterio que empezaba a dibujarse. Pero la absurda necesidad de querer demostrar el conocimiento tanto la obra de Dante como de los escenarios en que se mueven los protagonistas de la novela  empezaban a cansarme.
Hasta tal punto que las explicaciones me resultaban recargadas, repetitivas e innecesarias para la lectura del libro. Es posible que al conocer Florencia, la distribución de sus calles y sus monumentos, muchas de las explicaciones se me antojaron innecesarias, máxime cuando luego algunas no aportaban nada a la trama.
Aunque no conozco Venecia y me pasaba lo mismo, eso sí, en menor medida dado que la trama apenas se desarrolla en esta ciudad.
Quizá lo que más rabia me da es que una novela de intriga y misterio, que podría ser un buen entretenimiento queda recargada en exceso. Vamos que quitando cien o ciento cincuenta páginas la novela no se habría resentido y la lectura habría sido más cómoda y ágil. No voy a negar que seguro habrá quien agradezca las descripciones y los detalle, incluso que tras la lectura se sientan atraídos por los escenarios que aparecen en la novela, pero en mi opinión un libro de estas características debe prescindir de aquello que no favorece la trama ni la puesta en escena de la misma.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

LOS CRÍMENES DEL MONOGRAMA. Sophie Hannah



Si algo no faltó en mi casa fueron libros. Desde mis primeros recuerdos las estanterías llenas de libros de todo tipo pueblan mi memoria hasta casi recordar la ubicación de cada uno de ellos. Y si algunos destacaban por encima de los demás eran las novelas de Zane Grey (quiero acordarme de Huracán y La gran caravana) de la Editorial Juventud, las obras completas de Julio Verne encuadernadas en piel (no recuerdo bien la editorial, pero sí que mi madre siempre tenía alguno de aquellos tomos rojos y gruesos entre manos) y las novelas de Agatha Christie editadas por Molino, no solo estaba la colección completa, si no que incluso había títulos repetidos para tener siempre a mano un buen  regalo en caso de cumpleaños o celebración inesperada.
Así que recibir la noticia de una nueva aventura de Hercules Poirot, a pesar de tener una extraña preferencia hacia Mrs. Marple, supuso una oleada de sensaciones difíciles de explicar. Por una parte la alegría de poder recuperar uno de esos mitos que siguen tan vivos como en la primera lectura (las nuevas reediciones de RBA han logrado en estos últimos años volviese a leer a Agatha Christie sin tener que recurrir a los desgastados y oscurecidos libros de la casa de mis padres), Poirot y la misma Agatha Christie. Y por otra la desconfianza de que alguien que no fuese la autora original desenterrase la figura del detective Hércules Poirot, máxime cuando este falleció en la novela Telón publicada en 1975.
Un halo de desconfianza se apoderó de mí desde el principio, hasta tal punto de no sentir atractivo alguno por leer la novela. Pero claro, hay algo que a los lectores nos impide abstraernos de algunos libros ciando los tenemos delante, como si estos tuvieran el suficiente carisma como para que resulte imposible no sentir un atractivo especial.
Así que tras varias miradas, colocaciones y recolocaciones caí en la trampa y comencé a ojear el libro. Planeta no es tonta y colocó la firma legible y clásica de la autora inglesa en la parte superior de la portada y el lomo, destacando por encima de la autora de la novela, la hasta ahora desconocida, al menos para mí, Sophie Hannah. Las esquinas redondeadas del libro, los colores dorado y negro y el relieve de la portada hacen de Los crímenes del monograma un libro sumamente atractivo, a lo que hay que añadir una letra de gran tamaño que se hecha en falta en otras publicaciones actuales.
Poirot ya aparece en la primera página, con lo que es inevitable quedar subyugado desde esta y avanzar la lectura con la increíble excusa de ver cómo está escrito el libro. Cuando te quieres dar cuenta ya formas parte de la historia y has vuelto a quedar prendado del detective belga, al que, para que voy a negarlo, siempre he querido estrangular por esa suficiencia y esas manías tan particulares sin las que no sería quien es pero que en más de una ocasión lograr llenar de nervios tanto la escena como al lector.
Sophie Hannah ha logrado, al menos durante la lectura, rápida y ágil, que me olvide de todo tipo de suspicacias y me convierta en un espectador de lujo de la acción, acompañando no solo a Poirot en su investigación, sino a todos aquellos personajes que se mueven en la novela al margen del detective, en espacial el detective Edward Catchpool de Scotland Yard.
Quizá lo único que ha cambiado respecto a lecturas anteriores de cualquiera de las novelas de Agatha Christie, incluso en segundas y terceras lecturas, es que esta vez no he sabido quién era el asesino. No digo hasta el final por que si algo me caracterizaba como lector de Agatha Christie era que siempre acertaba en señalar al asesino o asesina por el simple hecho de señalar a cada uno de los personajes que iban apareciendo en la novela. Lo peor de todo es que dicha acusación siempre estaba llena de argumentos sólidos que la hacían irrebatible hasta que entraba en escena otro personaje. Vamos, que siempre caía en la trampa de la escritora y me dejaba seducir y claro, si has señalado a todos los personajes como culpables, salvo a los investigadores, a la fuerza has tenido que acertar en un momento con el nombre del asesino u asesina.
Y en esta ocasión no he tenido ese problema, he seguido la lectura con fluidez, me ha seducido la intriga, incluso he llegado a imaginarme escenarios y personajes y no he podido dejar la lectura hasta que el detective no ha descubierto el rostro del asesino múltiple.
Hannah ha sabido mantener el espíritu de Agatha Christie y de su personaje, Hércules Poirot, describiendo con todo lujo de detalles cada uno de los escenarios en que sucede la historia, logrando que el lector pueda imaginar cada uno de los rincones que refleja la novela y dibujando a la perfección a todos los personajes, invitando a que nuestra imaginación ponga su rostro en todo momento. Incluso ha sabido crear la atmósfera de los años veinte ingleses con una prosa engolada y ampulosa que antes que resultar cansina o recargada ayuda a crear el ambiente necesario en que transcurre la novela.
Una novela entretenida que logra que el lector se sienta en todo momento cercano a Poirot, que le perdone su extravagancia y particularidad rayana en la pedantería y que convierta a Catchpool en el mejor narrador posible, hasta tal punto que en más de una ocasión existirán tentaciones de hablar con él a espaldas del detective belga.

lunes, 22 de septiembre de 2014

LEGADO EN LOS HUESOS. Dolores Redondo



No sé explicar muy bien porqué, pero aunque la lectura de El guardián invisible me resultó atractiva y envolvente, me dejó un poso de melancolía y un malestar difícil de explicar, como si un frío extraño se hubiese apoderado de mi.
Al menos esos sentimientos afloraron en el momento en que apareció la segunda parte de la trilogía de Batzán. Había algo inexplicable que casi de inmediato me hizo rechazar su lectura y dejar que la primera de las entregas se quedase sin continuación. Pero ahí estaba, siempre presente esa atracción que lograba que en más de una ocasión sujetase el libro a punto de comenzar la lectura.
Hasta tal punto que una de esas veces penetré en ella hasta que lograron despertarse todos los fantasmas que quedaron dormidos en el primer "capítulo". Poco más de sesenta páginas en una hora y lugar intempestivo consiguieron que la inquietud volviese a aparecer y ya tuviese la seguridad de que más pronto o más tarde iba a seguir la pista de la inspectora Amaia Salazar. No fue hasta bien entrado el verano, y las temperaturas consecuentes con la estación, cuando retomé la lectura ya consciente de que no había marcha atrás.
La historia envolvente, los escenarios y personajes conocidos, se adueñan de todo, hasta tal punto que es fácil centrarse en sus páginas por encima de todo, buscando cualquier momento, cualquier instante, por mínimo que fuera, para seguir leyendo. Atrapado y conteniendo la respiración en cada párrafo la mente vaga por el Valle de Baztán, por las calle de Pamplona y Getxo a la vez que hay que reprimir el impulso de gritar para que la protagonista desista en sus acciones, como queriendo advertirle del peligro que ella misma presentía. El mismo miedo que sufre Amaia se escapa de las páginas del libro para atrapar al lector, para que este sienta por momentos como se deja llevar por una especie de locura que se respira en todo momento.
Dolores Redondo no se conforma con crear un ambiente, con situar unos personajes al borde del colapso, sino que logra que el lector ponga todos sus sentidos en alerta y se sienta preso de la atmósfera agobiante que despide todo el libro. Así que hay momentos en que tendrá la tentación de abandonar la lectura, de dejar de sufrir con la protagonista, de apartarse de la sensación de inseguridad ante todo lo que perece nos supera.
Legado en huesos se agranda a medida que la lectura avanza, engrandeciendo también El guardián invisible que se hace presente sobre todo cuando esta segunda entrega traspasa la mitad de sus páginas. Sí, resulta inquietante, tanto los acontecimientos como la mente de los personajes hacen que la historia tome giros inesperados, sorprendiendo en más de una ocasión y creando una sintonía entre el lector y la familia de la inspectora que casi hace obligado esperar la tercera parte, para la que, seguro no hay espera ni miedos a empezar la lectura.
Pero sin duda alguna el mayor éxito de Redondo es lograr que cada vez que se trate de explicar el libro, se produzca un silencio extraño, como si faltasen las palabras, como si fuese muy difícil de condesar las sensaciones que produce la lectura del libro. Sensaciones cambiantes que evolucionan desde el principio hasta el fin y que logran que el misterio y la magia telúrica que envuelve al valle sobrepasen a la propia trama de la historia.

viernes, 23 de mayo de 2014

UN MILLÓN DE GOTAS. Víctor del Árbol



Un millón de gotas es uno de esos libros sobre los que cuesta escribir, no por no saber expresar lo que ha significado su lectura, sino por el miedo a contar demasiadas cosas, por descubrir los secretos que atesoran sus páginas.
Debo reconocer que no había leído nada del autor barcelonés, pero la lectura de las primeras doscientas páginas (sin apartar en ningún momento la mirada del libro), hizo que buscase con verdadera avidez noticias de sus anteriores obras (curiosamente justo unos días antes de aparecer este libro se reeditaron La tristeza del samurái y Respirar por la herida). Era como si necesitase saber más cosas, literariamente hablando, de un narrador poco común que me estaba incitando a rebuscar entre las líneas de la novela algo más que lo que las propias palabras me señalaban.
Con una prosa certera y una trama envolvente, Víctor del Árbol no solo me ha robado horas de sueño, sino que me ha conseguido que sus personajes, precisos y fascinantes, me hiciesen partícipe de su historia durante y después de la lectura. Acompañar a Gonzalo y rebuscar en el pasado se convierte en una experiencia inimaginable. Una narración inteligente y una destreza narrativa  sobresaliente que logra que el lector tenga todos sus sentidos alerta durante la lectura.
Son sus personajes, la fuerza que atesoran, los silencios que son capaces de dibujar y el poder para que las imágenes aparezcan en la mente del lector con total nitidez, lo que dota a la novela de un carácter notable, ya que confiere a la propia trama un atractivo que parece escaparse, por momentos, por mil caminos  y obligan a serenar la lectura para evitar dejar esos cabos sueltos que luego entorpezcan el desenlace de la historia.
A través de la narración en dos tiempos, finales de los años 30 del siglo pasado y la actualidad, Víctor del Árbol nos hace penetrar en una historia en la que, a fuerza de giros, dudamos de la  realidad de lo que estamos leyendo, nos entran dudas sobre si lo que vivimos, siempre dentro de la novela, es cierto o luego solo va a ser parte de una ensoñación. 
Con una agilidad embaucadora y un ritmo narrativo creciente es normal que nos sintamos atraídos por la novela, que nos cueste un mundo dejarla y que busquemos cualquier instante, por pequeño que sea, para seguir viviendo dentro de ella.
No solo estamos ante una novela de intriga, sino que su lectura nos hace plantear dudas sobre todas aquellas verdades a las que estamos unidos.

sábado, 22 de junio de 2013

LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT. Joël Dicker




Cuando el libro llegó a mis manos venía acompañado de una carta -de las que no suelo leer, todo sea dicho, hasta que finalizo la lectura del texto- que contaba las excelencias de la novela, así como su trayectoria hasta la fecha. Y si algo destacaba en ella era que "Joël Dicker ha renovado las esperanzas en la literatura en francés".
Pero el caso es que ya había devorado, sí devorado, la novela en poco más de dos noches. Sus 662 páginas me habían sumido en una lectura emocionante, llena de suspense y de la que no me podía desprender a lo largo del día.
Dicker ha creado una novela al más puro estilo clásico, con una perfecta ambientación y unos personajes que se van engrandeciendo a medida que pasan las páginas. Una novela de intriga que se crea a sí misma gracias a las incógnitas que se van sumando sin descanso y que precisan de toda la atención.
Y es que estamos ante una historia envolvente, en la que vas penetrando poco a poco, descubriendo retazos a medida que  lees, a medida que los numerosos protagonistas te van permitiendo el paso mientras te despejan un poco el camino. Un camino que no es lineal, ni mucho menos, crea continuos recovecos que hacen, aún más si cabe, más interesante la novela.
Una novela que no deja indiferente a ningún tipo de lector. Lo suficientemente compleja para que los más avezados se vean inmersos en una intensidad narrativa poco común, una complejidad que permite que se saboreen todos los acontecimientos, todos los cambios que se van produciendo, esos giros que hacen que el lector especule como un participante más. Y lo suficientemente emocionante para que otros lectores queden prendados de los acontecimientos y la trama que estos generan. Todos sucumbirán a la invitación que hace el narrador, o mejor dicho, los narradores, de formar parte del vecindario de Aurora (New Hampshire).
Tres son los tiempos en que sucede la narración: 1975, 1998 y 2008. Tiempos que van abriéndose con parsimonia, haciendo que el lector se inunde del suspense y de la sensación de estar escuchando esa música que va subiendo de tono y antecede a un momento de fuerte tensión. Y es que La verdad sobre el caso Harry Quebert tiene mucho de cinematográfica, desde la presentación de cada uno de los 31 capítulos, con sus correspondientes consejos, hasta la abundancia de personajes que, antes que agobiar al lector, ayudan a este de entender y disfrutar de una trama inteligente y perfectamente desarrollada.
No debe extrañar que haya quien diga que esta novela, original en lengua francesa, sea la mejor expresión actual de la novela americana.

domingo, 16 de junio de 2013

SOLO UNA MUERTE EN LISBOA. Robert Wilson



Tres años son muchos para un libro sin leer. Tres años del último viaje a Lisboa y del olvido de uno de los libros que iban a acompañarme. Así que se fue quedando relegado a la espera de una mejor ocasión.
Y esta ocasión ha llegado ahora, con esos primeros calores nocturnos que piden una buena lectura para suavizar las temperaturas.
Lo primero que hay que decir de Solo una muerte en Lisboa (ahora el título hay que escribirlo sin la tilde que muestra la portada) es que no es una novela de intriga al uso -pertenece a la colección de Serie Negra de la editorial RBA- pues carece del ritmo frenético que atrapa al lector desde la primera página y exige un poquito de esfuerzo al principio.
Un esfuerzo que se verá recompensado inmediatamente por la manera que Wilson tiene de narrar, de contarnos una historia dual que nos va seduciendo lentamente. Serán esas dos historias diferentes, situadas ambas en Lisboa pero en épocas diferentes, las que nos irán atrapando de diferente manera (seguro que hay quien prefiere la Lisboa de 1941 y quien la de 1990).
No solo las dos cuentan historias y protagonistas diferentes, pues mientras la primera nos sitúa en la Lisboa de la Segunda Guerra Mundial, una ciudad de refugiados, por medio de Klaus Felsen, un oficial de la SS que pretende acercarse al contrabando de Wolframio para su causa; la segunda nos presenta al inspector Zé Coelho y una investigación de asesinato.
Aunque quizá, aparte de los personajes y las épocas, lo que más diferencia ambas historias sea el hecho de que la primera será narrada por una tercera persona, mientras que en la segunda será el propio inspector el que ejerza de narrador.
Con capítulos extensos que permiten centrarte en el momento en que sucede esa parte de la historia, Wilson logra una perfecta recreación de ambientes, lugares y gentes, haciendo un  perfecto recorrido histórico por el país. Todo es tan real que por momentos el lector es consciente de que está leyendo dos historias diferentes, al contrario que la mayor parte de las novelas de intriga en las que casi de inmediato ambas historias confluyen.
Una novela realmente bien creada y trabajada, donde ningún cabo está suelto y a cada descubrimiento se suma un  nuevo interrogante que hace que le lectura se haga más intensa y envolvente. Para leer con paciencia, pero sin descanso, una novela fresca y atractiva que deja en el lector un sabor de boca a buena literatura policíaca.               

miércoles, 5 de junio de 2013

EL ÚLTIMO PASAJERO. Manel Loureiro



Hay libros que no sabes porqué te enganchan de tal manera que no los dejas hasta que finalizas su lectura, libros que consiguen que el tiempo corra demasiado deprisa y estés deseando dejar todo para continuar con ellos. 
Es lo que ocurre con El último pasajero, un libro en el que el misterio y la intriga parecen abarcar todo, y en el que desde el principio pones toda tu atención. 
Quizá no es el libro más llamativo, en mi mesa lo iban tapando nuevos libros hasta que una noche de insomnio me decidí por él (sin duda alguna el leerlo por la noche, en silencio y con poca luz es un aliciente añadido). Incluso el tema no parece resultar novedoso, pero una vez que comienzas no puedes evitar seguir leyendo.
De lectura cómoda y ágil las perfectas descripciones del autor consiguen que todo sea fácilmente imaginable -se agradece que no tenga necesidad de demostrar nada y se refugie en descripciones largas y tediosas-, hasta tal punto que a las pocas páginas reconozcas el "Valkiere", el barco que protagoniza la historia, y los personajes principales.
Hay mucho de tensión, de suspense, de esa sensación extraña de que hay alguien leyendo a tu lado, como si los sentimientos de la protagonista te envolviesen de tal manera que tú fueses un pasajero más del propio barco.
Sí, seguro que hay mucha gente que perderá el interés al saber que el misterio que envuelve la novela tiene mucho de enigma y de "fuerzas sobrenaturales", y puede que no les falte razón, pero puedo asegurar que mientras lees te metes en la historia y eres tan partícipe como el que más. 

lunes, 18 de marzo de 2013

LA FIESTA DEL CHIVO. Mario Vargas Llosa



Cuando este libro llegó a las librerías Mario Vargas Llosa ya tenía un nombre y estaba  considerado como uno de los escritores más destacados de lengua castellana. Obras como La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral o Pantaleón y las visitadoras le habían convertido en un autor seguido por millones de lectores.
Debo reconocer que este último terminó por engancharme a su lectura, a pesar de que llegó a mis manos ajado por el paso de los años y las manos sobre él. Así que no dudé en leer, también con avidez Lituma en los Andes, el que fuera Premio Planeta de 1993, y todos aquellos títulos que iba encontrando. Pero claro, siempre que uno se engancha a un autor corre el peligro de saciarse, y cambiar, si no de parecer, sí de ganas de repetir en un tiempo.
Y si encima te topas con una lectura menos gratificante que las otras, o al menos que rompa el hechizo existente hasta ese momento, pues está claro que algo pasa. Sí, Los cuadernos de Don Rigoberto me defraudaron y perdí cierto interés por la prosa de Vargas Llosa.
Así que resulta comprensible que La Fiesta del Chivo permaneciese en mi mesilla seis meses sin abrirse, seis meses en los que las críticas favorables se iban sumando y sonaban ya las voces que lo nombraban "el mejor libro del siglo XX" (no recuerdo si en nuestra lengua o en todas). 
No quedaba más remedio que leerlo, que recuperar la confianza en el escritor y sumergirme en la vida de ese general Trujillo que llenaba páginas y páginas de comentarios favorables.
Desde que abrí el libro y comencé la lectura, descubrí el error de mi obstinación y cómo estaba ante uno de los libros más destacados del autor, que venía a recuperar el prosista que me había atraído como lector. Una novela inclasificable, pues en sus páginas hay misterio, aventuras, psicología de los personajes, historia, y un sinfín de géneros que la autentifica. 
Con un lenguaje claro, unos personajes dotados de la suficiente fuerza como para ser capaces de llevar el peso de la historia, la mezcla de tiempos y voces y, por encima de todo, una trama perfectamente construida La fiesta del Chivo se ha convertido en uno de los títulos más sobresalientes del autor.
Por si todo lo anterior fuese poco, el debate entre ficción y realidad, ha seguido manteniendo vivo el libro en estos trece años. De vez en cuando se vuelven a alzar voces que así lo demuestran, olvidando que estamos ante una novela de creación, una novela histórica, que combina personajes reales y ficción, nacida de la mente de un Premio Nobel con mayúsculas.

domingo, 10 de marzo de 2013

LAS POSEÍDAS. Betina González



No sé exactamente cómo decirlo, pero un premio que tenga como miembros del jurado a Juan Marsé, Almudena Grandes, Fernando Aramburu, Juan Gabriel Vásquez y Beatriz de Moura, no solo me merece el mejor de los respetos, sino que me incita, y mucho, a leer qué es lo que ha llamado la atención de estos escritores.
Así que por fuerza la lectura de Las poseídas corría el peligro de generar demasiadas expectativas y  convertirse en un libro tedioso que hiciese que en mi cabeza volviese a parecer la machacona frase de "no escarmientas".
Es cierto que en la primera página suenan las alarmas al comprobar en los diálogos (no me había molestado en leer la contraportada, cosa que aconsejo para evitar construir malentendidos) que las protagonistas hablaban el castellano usado en Argentina. Que nadie me malinterprete, no tengo nada en contra de ello, al contrario, me parece mucho más musical y sonoro que el usado en buena parte de la Península, pero estarán conmigo que si es difícil a veces seguirlo de oído (pónganse a ver la película "El secreto de sus ojos" y comprobarán lo que cuesta adaptarse), mucho más lo es al leer, sobre todo porque nuestra cabeza se despista al comprobar que las tildes están en otro sitio.
Pero todo ello se disipa una vez culminado el primer diálogo, el segundo no llega hasta la página 54 y ya estamos metidos en situación, y comienza la descripción, en primera persona de la protagonista:  López.
No existen en nuestro idioma muchas novelas actuales para adultos que hablen de adolescentes, como si el pasar dicha etapa de la vida nos hubiese inmunizado para siempre. Es cierto que en algunas los protagonistas sí lo son en algún momento, pero no toda la novela. Las poseídas es una novela de adolescentes, una novela de iniciación, incluso de rebeldía.
Las jóvenes protagonistas, que lo son y basta echar un vistazo a la portada para comprobarlo, dibujan su incorformismo de diversas maneras, y aunque su actitud desafiante y el despertar sexual parecen dirigir la novela, será  el comprobar el horror de la dictadura que ellos no vivieron el  verdadero punto de partida de su pérdida de inocencia. Ni siquiera el hablar de un colegio católico femenino de la década de los ochenta en Argentina difumina el shock que parece azotar a toda una generación.
Con una escritura envolvente y original, la autora no solo pone de manifiesto el dominio de la narración, sino que es capaz de escribir una historia que absorbe a todo tipo de lectores. Es, además, una perfecta combinación de géneros, con  una prosa limpia y clara, incluso cuando son las propias adolescentes las que hablan.
Una historia realista, con los peligros que ello conlleva, construida de manera notable y de la que parece no puedas despegarte, pues  las protagonistas y los hechos narrados atrapan de igual manera.
Por cierto, el premio otorgado por el jurado mencionado al principio es el Tusquets de Novela.

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL NOMBRE DEL VIENTO. Patrick Rothfuss


 
Patrick Rothfuss ha sido uno de los descubrimientos más satisfactorios para los amantes de la novela de fantasía. La forma de narrar y la fuerza de un personaje como Kvothe han logrado que este libro, el primero de una trilogía, nos encandilara desde la primera página.
Pero quizá lo más llamativo es que estamos ante un libro que puede ser leído por aquellos a los que este tipo de literatura, la que combina magia, fantasía y mitología, no les llama la atención. Hay mucho de aventura, de crecimiento, de búsqueda y supervivencia.
Sí, claro que hay fantasía, y magia, y originalidad, mucha originalidad. Por supuesto que el autor ha bebido en las fuentes de los grandes autores, pero tiene mucho de cosecha propia, mucho de autenticidad cuando construye los personajes, los escenarios y los acontecimientos narrados.
Y es que el autor ha sabido construir una historia con mayúsculas, en la que los personajes se van asomando con timidez y, poco a poco, ganan en confianza para ser los protagonistas de la novela. Una historia en la que todo parece tener sentido, en la que todo es real y visible según se está leyendo el libro, en la que la opresión de algunas escenas no es gratuita, es necesaria para recrear los ambientes en los que se mueve Kvothe.
Es él, el protagonista, quien deberá soportar que en un momento le admiremos, al poco nos de lástima y un poco más adelante se convierta casi en nuestro compañero de correrías. Porque tiene vida, evoluciona y crece frente a las adversidades, luchando a cada momento para lograr que sus aspiraciones se lleven a cabo.
Tiene, además, un ritmo perfecto, en el que las cosas avanzan en su justa medida para hacer partícipe al lector de los distintos acontecimientos, permitiendo que cada etapa de la vida del protagonista adquiera un velocidad diferente.
Un mundo distinto, una forma de ver la fantasía de otra manera, pero que no deja indiferente a los amantes del género. La única pega que la continuación, "El temor de un hombre sabio", tardó dos largos años en ver la luz y la tercera sigue siendo una incógnita.

domingo, 10 de febrero de 2013

EL MAESTRO DEL PRADO. Javier Sierra



Algo tiene que tener Javier Sierra cuando alguien como yo, poco apasionado por lo esotérico y más bien escéptico en buena parte de los enigmas que suele plantear el autor, coge uno de sus libros y se lo lee de un tirón, enganchado a la lectura por ver en qué acaba la historia.

En esta ocasión debo reconocer que el hecho de hablar del Museo del Prado y algunos de los cuadros que ahí se exponen tiene mucho que ver -como lo era la aparición de Estambul en su anterior novela, "El ángel perdido", o la figura de Sor María de Jesús de Ágreda en "La Dama Azul"-. Pero lo que  no puedo negar es que cuando me quise dar cuenta ya estaba por la página 80. Y eso, pese a quien le pese, es un mérito del autor, uno de los más leídos de España.
Y es que Sierra es el verdadero maestro en mostrar con enorme claridad lo desconocido, de trasladar al lector a espacios escondidos. En esta ocasión serán los mensajes ocultos en muchos de los cuadros de los maestros italianos del Renacimiento.
Será el propio Javier Sierra el protagonista que nos llevará de la mano por los distintos lienzos del Museo del Prado (más otros tantos que pertenecen a las pinacotecas más importantes de Europa) en los primeros años de la década de los noventa del siglo pasado gracias a un personaje enigmático, el doctor Luis Fovel, que le va mostrando, a modo de viaje iniciático, esos mensajes ocultos mediante símbolos
Aunque la mejor explicación al propio libro la encontramos dentro de sus páginas:
"Cuando leemos un libro que nos conmueve entramos en un estado mental diferente. Es como entrar en otro mundo. Cuando admiramos una pintura o escuchamos una melodía que toca algo en nuestro ser más íntimo sucede lo mismo. Es como si lográramos elevarnos por encima de lo material y, por un instante, fuéramos capaces de participar en algo sublime".
Una novela, que así debería describirse, que engancha, que nos lleva por múltiples vericuetos del arte y la historia y que mientras dura la lectura sumerge al lector en un universo lleno de misterio ajeno a las interpretaciones oficiales.