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viernes, 5 de junio de 2020

CON EL AGUA AL CUELLO. Donna Leon



Al menos durante los últimos siete años Donna Leon me ha acompañado durante mis viajes. Fuera donde fuese parte de mi mente me volvía a llevar a Venecia de la mano del comisario Guido Bruneetti. La figura del comisario, sus compañeros y familia, las tramas certeras y reconocibles, sin necesidad de grandes crímenes ni escenas sangrientas, la particularidad de la ciudad italiana y el humor e inteligencia de los diálogos y descripciones han sido siempre el inicio de una nueva aventura apenas el avión despegaba.
Salvo quizá los tres últimos años, no seguía un orden preciso en la lectura de los libros, al contrario, escogía uno al azar y se convertía en esa compañía excelente, en ese entretenimiento perfecto para que los momentos más monótonos del viaje se hiciesen cómodos y distraídos.
Bunetti me ha atrapado de tal manera que no solo me creo capaz de reconocer buena parte de los edificios y canales de Venecia sin poner en ella nunca los pies, sino que me hago a la idea de la forma de ser y actuar de sus habitantes.
Es cierto que repasando mentalmente los distintos títulos recuerdo algunos a los que me costó un poco más acceder, como si la historia flojease un poco. Pero incluso estos los recuerdo con una sonrisa, con el recorrido vital del protagonista y la especial manera que posee de ver la vida y de relacionarse con los demás, en especial con su familia. Una cena en casa del comisario, con Paola de anfitriona, sería una delicia para los amantes de la literatura, la historia y las buenas conversaciones. Puede que Raffi y Chiara, los hijos de ambos, aportaran juventud y frescura, pero no los echaría de menos, aunque sí en este libro en el que apenas aparecen mencionados.
Donna Leon vuelve a meternos en una historia actual (me gustaría que los editores no nos aclarasen en la portada el tema que se aventura en la lectura cuando ya esta está avanzada), que sucede en Italia como bien podría suceder en nuestro país, que nos acerca a lo oscuro del alma humana, a su manera de obtener beneficio económico sin importar las consecuencias.
Como en las últimas novelas la investigación comienza de manera circunstancial, casi como por accidente, pero la perseverancia y destreza de Brunetti nos permiten pasar un muy buen rato. Y es que no hay que olvidar que junto a la actualidad de la historia que narra Donna Leon, de la importancia de sus personajes y de unos diálogos inteligentes y certeros, sus novelas son sumamente entretenidas, de una lectura ágil y sugerente. El humor asoma por todos los lados, ya sea por la  personal filosofía de Brunetti, por el trato de este con todos los actores secundarios de la novela, o por los ritos gastronómicos que aparecen a diario.
La autora no necesita grandes titulares para crear una novela notable, apenas unas pinceladas, una llamada de teléfono y una visita, son la antesala de una investigación detallada y minuciosa, en la que nos convertimos en observadores privilegiados. Brunetti nos hace partícipes de su humanidad, de la gestión que hace en todo momento de nuestro tiempo, de la importancia de hacer cada cosa en su momento y de no dejarse engañar por los falsos cantos de sirena.
Una novela que vuelve a mostrar, sin tapujos, la latente corrupción de Venecia, extensible al resto de Italia, de los problemas que impiden que un progreso mayor de la nación, pero también la forma característica de los habitantes que suelen diferenciarse repetidamente de los del resto de país.
¿Y Brunetti qué? sigue creciendo y aunque está claro que es una de las figuras más importantes de la literatura policíaca actual, no deja se sorprender en cada una de sus apariciones.
Ver otras novelas en este blog: Muerte entre líneas, El huevo de oro y La tentación del perdón.

sábado, 28 de marzo de 2020

KM 123. Andrea Camilleri


Hace 11 meses recorría Sicilia en un viaje que bien se podía interpretar como el de la búsqueda de Andrea Camilleri y su Vigata. El rastro del creador de Montalbano estaba presente en muchos de los escenarios recorridos y las imágenes de muchas lecturas iban apareciendo a medida que se sumaban los kilómetros. El carrusel de las confusiones (La giostra degli scambi) se me convirtió en mi compañero de viaje -aunque habría que decir compañeros, pues tanto la traducción al español como el original en italiano me llevaban de la mano por las carreteras de la isla-, intentando descubrir en cada pueblo, en cada calle y en cada rostro lo que el maestro agrigentino me había enseñado en sus muchos libros.
Camilleri ya estaba enfermo, tenía 93 años, pero acababa de llegar, apenas un mes antes, a las librerías su última novela: Km 123. Como fueron varios los libros protagonizados por Montalbano los comprados, este último título quedó a la espera.
Una espera que no se retrasó mucho, pues pocos meses después, tres para ser exactos, la Editorial Destino lo editaba en España, lo que lo convertía en una especie de homenaje al escritor.
No, el Km 123 no se refiere a ninguna carretera siciliana, sino al kilómetro mencionado de la Vía Aurelia de Roma y en el que Camilleri despliega toda su maestría como escritor y guionista. Hasta tal punto que esta novela de enredos, este rompecabezas de lectura fácil y dinámica, se puede leer de una sentada, casi sin pestañear.
Pero hay algo que te frena, que te obliga a leer con más parsimonia, saboreando cada detalle, cada frase, cada personaje que narra su propia visión, intentando que nada se te escape y seas capaz de entender los juegos de palabras y el doble sentido de muchas de ellas. Eso sí, junto a la intriga que produce el puzle de la propia historia, está la perfecta ironía, casi cinematográfica, que despide cada una de sus páginas y esa sensación de estar junto al escritor y no saber, si éste se ríe de ti o contigo.
Una narración inteligente, capaz de dar la vuelta a los acontecimientos con cambiar el timbre de la voz. Y es que son muchas las voces que nos "cuentan" la historia, tantas como personajes que la componen, dibujando tantas escenas como cada uno es capaz de madurar con sus palabras, sin necesidad de narrador que trate de jugar con el lector.
Camilleri vuelve a mostrarnos el mejor camino para leer, el juego inteligente que forman sus palabras y con ellas una trama ingeniosa y divertida. Con una sonrisa en los labios y el asombro marcado en el rostro es fácil de imaginar el espíritu del escritor siciliano que, no conformándose con la novela escrita y trabajada (aunque parezca una narración corta, o incluso un relato, denota la maestría de quien pule y enluce el texto, exprimiendo la literatura para que lo superfluo no llegue al lector), sino que aporta, con un fantástico epílogo, un alegato en favor de la novela negra.
"Defensa de un color" es un homenaje de Camilleri a la novela policíaca que en Italia están asociadas al "giallo" (amarillo), ya que el editor Mondadori, ya en 1929, creó una colección dedicada al género. Un texto en el que despliega una profunda admiración por todos aquellos que, a lo largo de la hitoria de la literatura, han regado con sus textos llenos de misterio e intriga.

viernes, 1 de junio de 2018

LA TENTACIÓN DEL PERDÓN. Donna Leon


Cada caso del comisario Brunetti es como volver a ver a la familia tras un largo periodo invernal. Hasta tal punto que al finalizar su lectura he notado la ausencia de Raffi y Chiara, los hijos del comisario, y la poca presencia de Paola, su mujer. Es cierto que la historia no los hace necesarios, pero me he acostumbrado tanto a sus diálogos y a sus apariciones durante los momento de "descanso del guerrero", que era inevitable tenerlos presentes durante muchos momentos, en especial en aquellos en los que Brunetti se siente más desbordado por los acontecimientos. Incluso otro personaje imprescindible como es Vianello, la mano derecha del comisario, tiene menos presencia que en las anteriores entregas. Será la también comisaria Claudia Griffoni la que ocupe buena parte del espacio perdido y quien se hará imprescindible para el desarrollo de la historia.
Donna Leon vuelve a trasladarnos a la Venecia actual en la que se conjugan el agobio del turismo masivo y la corrupción generalizada que azota a toda Italia. Y lo hace con sencillez, con la naturalidad con la que las soportan los protagonistas; así que es fácil hacerse una idea de los problemas que tienen que aguantar los ciudadanos en general y los miembros de la policía en particular.
Gracias a Brunetti recorremos sus canales y sus calles, ese día a día que se aleja, y mucho, de las guías turísticas. Los palacios habitables, las casas, los bares, los restaurantes y los edificios públicos son escenarios habituales por los que transitan los personajes. Y como siempre, no vamos a encontrar crímenes sangrientos ni grandes grupos delictivos, sino sucesos corrientes en los que se ven involucradas las fuerzas del orden.
Con una escritura ágil y sin artificios la escritora sitúa al lector en la historia con una naturalidad impactante, hasta tal punto que se ve inmerso en plena trama casi sin percatarse. Aún no se ha despejado ninguna incógnita, ni siquiera está clara la situación que investiga Brunetti y, sin embargo, ya conocemos los pasos dados por los protagonistas en los últimos días, como si los hubiésemos seguido en secreto. Y es que Donna Leon ha logrado que todos sus personajes, da los mismo que aparezcan por primera vez o sean acompañen varias de sus novelas. tienen una fuerza especial, una intensidad vital que parece escaparse de las páginas del libro.
En La tentación del perdón logra, además, mantener la tensión narrativa durante toda la lectura, aunque, para qué negarlo, poco importa el resultado de las investigaciones, sino cómo estas se llevan a cabo. Eso sí, queremos que la justicia, encarnada en la figura del comisario, triunfe siempre, a pesar de que este no esté tan seguro de ello y que los años le hayan creado un poso de incertidumbre hacia la propia sociedad que defiende.
Una novela entretenida, que mantiene al lector sujeto en todo momento a la narración sin que esta pierda intensidad y que seguro atrapará tanto a seguidores de la serie como aquellos lectores que accedan a esta por primera vez.
Para ver más entradas de la autora en este blog: Muerte entre líneas  y El huevo de oro.

lunes, 4 de agosto de 2014

MUERTE ENTRE LÍNEAS. Donna Leon



Con Donna Leon, o mejor dicho con Guido Brunetti, siento tal complicidad que no necesito empezar a leer para meterme en la historia. El hecho simple y sencillo de coger uno de sus libros me pone en situación y cientos de imágenes empiezan a agolparse en mi mente como si hubiese cerrado su anterior historia hace unos breves segundos. Creo que menos La palabra se hizo carne, que me dejó cierto regusto amargo, todas sus novelas en las que el comisario veneciano es el protagonista me han hecho pasar unos ratos estupendos. No digo inolvidables por que suena muy pedante, pero es cierto que sus idas y venidas, sus compañeros de trabajo, su familia, tienen un hueco importante en mi memoria de lector y cada vez que aparece un nuevo libro lo dejo aparcado para el siguiente momento especial, sí, casi recuerdo dónde he leído cada una de las aventuras de Brunetti, incluso (esto no sé si es correcto decirlo, al menos políticamente correcto) quienes recibieron como regalo cada uno de sus libros.
Y es que con Donna Leon, y Brunetti, casi sé que tengo asegurado un entretenimiento, un disfrute de la historia y los acontecimientos que se van sucediendo. Incluso en más de una ocasión el juego gastronómico que atesoran buena parte de sus páginas ha hecho mella en mí segregando más jugos gástricos de los que en ese momento eran asimilables. Hasta tal punto que no han sido una ni dos las veces que me he visto obligado a dejar de leer para buscar una alimento que saciase los sonidos estridentes de mi estómago. Por si fuera poco, cada uno de los personajes que transitan por los libros de Brunetti, perdón, de Donna Leon, se hacen entrañables u odiosos, de tal manera que sus rostros se dibujan en más de una ocasión como si su imagen hubiese sido algo más que una mera descripción.
Además, en esta ocasión el comisario debe enfrentarse al robo de un buen número de joyas literarias, de libros antiguos que han sido robados en una biblioteca privada. Las buenas dotes del protagonista, la inteligencia que despiden cada uno de sus movimientos y ese mundo tan personal y carismático al que nos invita a entrar logra que desde las primeras páginas nos veamos incrustados en la propia historia. Sí, es cierto que esto suele suceder con la frecuencia que acudamos a escritores de cierto peso, pero es que Donna Leon logra que caminemos junto a Brunetti, que comamos en su mesa, que nos estrujemos el cerebro para mantener una conversación con su mujer y estar a su altura, que nos contengamos a la hora de estar frente a sus superiores.
Una historia que se va creando a medida que el protagonista nos va abriendo las puertas que el mismo cruza, que se va desenredando a cada página que pasa. Sin dejar, eso sí, de mostrarnos la realidad de una ciudad como Venecia y de un país como Italia. Hasta tal punto que la autora no duda en ningún momento en señalar los defectos de la administración y de los propios ciudadanos, haciendo que la novela cuente con el valor añadido de su actualidad.
Un libro perfecto para disfrutar de una lectura cómoda y agradable en cualquier momento y lugar, con una prosa ágil y directa, precisa, que no duda en llevarnos por distintos vericuetos si con eso vamos a ser capaces de entender mejor las distintas situaciones que se le van presentando al comisario Brunetti.

domingo, 16 de marzo de 2014

TRES ACTOS Y DOS PARTES. Giorgio Faletti



Quizá hablar de un libro sobre fútbol justo cuando acabas de ver perder a tu equipo en el campo de juego no sea lo más sensato, así que espero que la impotencia como espectador de ver escapar tres puntos de casa de no muy buenas maneras no quede impresa en mis palabras.
Debo reconocer que nada más llegar a mis manos el último libro de Giorgio Faletti, y aún sabiendo que me lo iba a leer pasase lo que pasase, lo abrí y me puse a leer su primera línea buscando me sorprendiese tanto como lo hizo en su anterior libro: Apuntes de un vendedor de mujeres. No puede ser de otra manera un libro que comenzaba así (espero que la memoria no me equivoque, seguro que enseguida comprobarán el porqué): "Me llamo Bravo y no tengo picha". Un comienzo tan sorprendente como luego grata resultó su lectura. Días después pude comprobar que su primera novela Yo mato también me había dejado sensaciones muy positivas tanto por la trama, como por esos aromas radiofónicos tan familiares.
Tres actos y dos partes se inicia con una frase sencilla: "Cuando llegan todo debe estar listo" y ya nos da la clave de lo que va a ser la novela -podríamos calificarla como corta, sobre todo si la comparamos con las dos anteriores-, una historia en la que el protagonista hará de narrador con una voz quebrada y gris, que tratará de dibujar tanto el presente en el que se mueve, es utillero de un equipo de la serie B italiana, como el pasado, fue boxeador que tuvo que pagar con la cárcel por amañar un combate.
Silvano Masoero, alias "Silver" (las connotaciones de su significado, plata, no deben pasar inadvertidas) se presenta ante nosotros como un perdedor, un anti-héroe que sigue redimiendo sus pecados a pesar del tiempo pasado, como alguien cercano y que, a pesar de su pasado y su porte de ex-púgil, irradia una ternura y un lirismo que invita, e incita, a seguirle, a ser partícipes del mundo en que se maneja como nadie.
No sabría decir si es fruto de su breve tamaño, apenas llega a las ciento cincuenta páginas, o de la tensión narrativa que genera, pero lo cierto es que la novela se lee de un tirón, sin descanso, favorecida, posiblemente, por narrar una única jornada en la vida de su protagonista. Pero lo que nadie puede negar es que es el propio estilo de Faletti (no entraré a calificar si es mejor o peor que sus novelas anteriores, simplemente se puede definir que son distintas, muy distintas), el acierto narrativo, está muy por encima de la propia trama.
Sí, claro que la corrupción en el deporte, sobre todo en el fútbol, llama la atención (máxime cuando hoy has visto en el terreno de juego cosas que no logras entender como espectador, cuando ves a lo largo de las jornadas cosas inexplicables desde todos los puntos de vista); como la relación entre padres e hijos deja, en más de una ocasión, vacíos difíciles de explicar; como existe otra vida para quien recibe una segunda oportunidad.
Una novela directa, contundente, que no tiene la necesidad de cortarte la respiración para contarte una historia, simplemente logra que te involucres como un espectador de lujo. Una narración casi poética en la que la tensión queda impresa en los gestos y las palabras de sus protagonistas. 



sábado, 28 de diciembre de 2013

LAS MUCHACHAS DE SANFREDIANO. Vasco Pratolini



Nada más coger el libro entre mis manos hubo algo que me impulsó a saber algo más de un escritor del que desconocía prácticamente todo. No sabía ni quién era y su nombre no me sonaba en absoluto, así que me dediqué a leer (cosa que procuro no hacer antes de empezar a leer para no intoxicarme) la completa biografía que aporta el propio libro.
Y claro, lo primero que descubro es que, entre otras cosas, era el guionista de "Rocco y sus hermanos" de Luchino Visconti (el cartel de la película ocupó durante muchos años un lugar preeminente en mi habitación). A partir de ahí, no sé si influenciado por su relación con el cine italiano de los años cincuenta, no pude por menos que leer toda la novela como si estuviese viéndola a través del objetivo de una cámara.
Pratolini pasó a darme, en la intimidad de la lectura, una dosis completa del neorrealismo italiano. Y en cada párrafo, cada línea, no podía escapar de esas imágenes que formaban parte de una época de la historia del cine europeo.
Ya desde la primera página, repito que no podía apartar de mi mente las imágenes, en especial las femeninas, que la gran pantalla me había ofrecido y que gracias a Pratolini volvía a recuperar como si fuesen nuevas y reales. Desde la descripción de Sanfrediano, a la orilla izquierda del Arno, hasta cada una de las seis mujeres protagonistas, iban recreándose en mi mente en un blanco y negro tan característico que casi me parecía oír de fondo el ruido del proyector.
No sé si esa sensación cinematográfica me acompañó mucho tiempo, pero el caso es que la lectura se convirtió en un verdadero disfrute, descubriendo en cada línea esos estereotipos que caracterizaban el cine de la época. escuchaba los sonidos del barrio, los piropos y juegos de palabras que los protagonistas se lanzaban, llegando a ser incluso uno más dentro del barrio de Sanfrediano.
Una novela fresca, de lectura ágil, en la que la mayor parte del tiempo la boca se arqueaba hacia arriba al borde de dibujar una sonrisa, disfrutando de cada descripción, de cada diálogo como si las letras hubiesen traspasado el propio libro y una pantalla se presentase ante mi.
Sí, claro que si alguien hubiese escrito hoy esta novela muchos sectores habrían hecho sonar todas las alarma y más de una ruptura de vestidura habríamos visto en directo. Pero gracias a la narración de Pratolini que logra situarnos en esa posguerra europea, en el barrio florentino que da título al libro, vemos los rostros de Tosca, Mafalda, Gina, Bice, Silvana y Loretta y, lo que es más importante, sus expresiones y contoneos, su voluptuosidad y gracia, pero sin olvidar su desparpajo, sus arrestos y esos aires italianos que el cine tan bien ha sabido retratar.
Ah! Claro y también a Aldo Sernesi, ese "Bob" con un perfecto parecido a Robert Taylor. Ese donjuán que logra que las seis caigan rendidas a sus pies. Eso sí, el desenlace es mejor que lo descubra cada cual leyendo un libro que se saborea con deleitación en cada uno de sus catorce capítulos. Recomiendo que no se lea el índice para que no se adultere la lectura.
Por cierto, hay que resaltar la edición conseguida por Editorial Impedimenta que logra que el libro sea un objeto bello, atractivo, que invite a tocarlo y, lo que es más importante, a leerlo y conocer qué atesora en sus páginas.