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martes, 25 de agosto de 2020

LA HORA DE LOS HIPÓCRITAS. Petros Márkaris

 


Si me paro un poco a pensar, no sé que me gusta más de Petros Márkaris: su forma de narrar o la creación de un personaje como Kostas Jaritos. Sin duda alguna ambos van unidos, o lo que es lo mismo, forman parte de una misma premisa que me hace realizar una segunda pregunta: qué me gusta más de Kostas Jaritos, las investigaciones en que se ve envuelto o la crónica de Atenas en particular y de Grecia en general.

Y es que acompañar a Jaritos en cualquiera de sus "aventuras- investigaciones" es realizar un viaje por una de las ciudades más fantásticas y características del Mediterráneo. La capital de Grecia no solo es el centro de sus operaciones, es el latir constante de un pueblo que, por muchas similitudes, a los españoles se nos antoja muy similar al nuestro. Con el comisario hemos sentido, y de qué manera, los avatares sufridos en su país durante la crisis del 2008, las consecuencias que tuvo en todos los escalafones de la sociedad y cómo los griegos, cada uno a su manera, fueron superando los obstáculos que les iban apareciendo en el día a día. De hecho seguir la saga en orden de aparición, sobre todo desde aquel año fatídico, nos ha permitido comprobar la evolución y ha servido para contestar a muchas de las preguntas que la crisis trajo consigo de forma mucho más sencilla que lo han tratado de hacer los economistas. No resulta extraño, en este sentido, que algunos de sus títulos, en especial la llamada trilogía de la crisis: Con el agua al cuello (2011), Liquidación final (2012) y Pan, educación y libertad (2013); sirvieran a muchos profesores de economía para explicar a sus alumnos qué supuso la mencionada crisis de 2008. No hay que olvidar tampoco una posible cuarta parte con Hasta aquí hemos llegado (2015).

Con Kostas Jaritos siempre tenemos dos historias dentro de la misma novela, ambas íntima e inseparablemente unidas, la familiar y la profesional. Con la primera nos hace partícipes de la vida dentro de su casa, con su familia y sus amigos, de manera que somos uno más en todo tipo de reuniones, banquetes (la parte gastronómica que encabeza su mujer Adriani es tan suculenta como cualquiera de sus investigaciones), decisiones y la visión particular que cada uno tiene de la vida. Una familia mediterránea donde todos tienen cabida y, lo que es más importante, voz y voto, pues desde los actos más simples hasta los comentarios más intrincados afectan al desarrollo de los acontecimientos. Por supuesto que la parte profesional, en la que el comisario nos muestra su valía y la de sus hombres y, lo que es más importante, cómo late el corazón de Atenas, pues gracias a sus idas y venidas, a sus paseos a pie y en coche, queda perfilada la geografía urbana y humana de la ciudad.

De nuevo los crímenes serán la manera que el comisario tiene de ver y enfrentarse a la realidad. Una realidad ajena a las estadísticas y los puntos de vista que desde Europa se tiene del país Heleno. Y de la misma forma que nos hace uno más en el núcleo familiar y de amistad, de hecho vemos como Jaritos acaba de ser abuelo, seguimos con él, paso a paso, el desarrollo de la investigación en que se ve inmerso, el asesinato de un empresario hotelero. La acompañaremos en todo momento, desde la visita al lugar del crimen, o mejor de los lugares, hasta los interrogatorios a testigos, las reuniones con sus superiores y colaboradores; de tal manera que en más de una ocasión cometeremos la osadía de querer indicar quién o quienes pueden tener algo que ver con ellos. Y es que Márkaris tiene la capacidad de introducirnos en el juego en todo momento, de no sentirnos una pieza inoperante, al contrario, somos indispensables para que la narración, y con ella los acontecimientos, se sucedan en el orden correcto.

Y todo lo logra de manera sosegada, sin carnaza ni sangre por todos lados. Sí, claro que hay muertos, pero no se dedica a explicar con detalle, salvo lo estrictamente necesario, cómo estos aparecen. Con pocas palabras, en apariencia sencilla y, sobre todo, apoyado en un soberbio dominio de los diálogos (hay que agradecer al traductor, Ersi Marina Samará Spiliotopulu, su sobresaliente trabajo) el autor crea una novela que atrapa desde sus primeras páginas. Llena de humor y con un ritmo ascendente -capaz también de crear momentos de sosiego y calma cuando esta es necesaria-, su lectura se hace casi irrefrenable, de tal manera que el lector tiene la misma prisa que los protagonistas en descubrir al culpable de los crímenes



domingo, 5 de julio de 2020

EL MAL DE CORCIRA. Lorenzo Silva



Cada libro de Lorenzo Silva que recibo me produce una fuente de alegría que solo pueden entender quienes queden atrapados por la manera de comunicar de un escritor. Lo mismo da que se trate de un ensayo o de una novela, de un libro de viaje o un cómic. Eso sí, para que voy a ocultarlo, si se trata de una novela, y encima protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, solo quiero que el mundo se detenga para poder sumergirme en su lectura.
Sí, sabía que el libro tenía que salir en abril y que la pandemia, como con muchos otros títulos, lo había retenido, pero lo que no esperaba era el volumen que iba a tener: ¡540 páginas! Y encima en tapa dura. La excitación al sacarlo de la caja solo es comparable con el placer de comenzar su lectura, de volver a encontrarme con una historia que, seguro, me iba a permitir participar en ella.
Para mi sorpresa descubro que de inmediato, desde la primera página la acción comienza de manera trepidante, con un acontecimiento que te hace apretar los dientes. Y pronto, como solo Lorenzo Silva es capaz de dibujar, los hechos devienen de manera totalmente diferente. No solo estamos ante el desarrollo de las pesquisas en busca de desentrañar un crimen, sino que estas se multiplican de manera incierta.
Para colmo el autor por fin nos acerca al pasado de Bevilacqua, a esos primeros pasos como Guardia Civil en el País Vasco en los años álgidos del terrorismo de ETA. Por medio de elipsis temporales el autor nos irá llevando a medida que avanza el libro del pasado al presente, de una narración de los acontecimientos sucedidos en la lucha contra ETA a la investigación que trata de aclarar el asesinato a golpes de un excondenado  por terrorismo en una playa de Formentera.
Veinticinco años, diez novelas, más libros de relatos, han tenido que pasar para conocer el pasado de Bevilacqua, para tener entre manos las novela más ambiciosa y extensa, en la que logra, como siempre, mostrar a la perfección el ambiente y los escenarios en que transcurre la novela, en el que da vida a un buen número de personajes que nos acercan a unos momentos concretos de nuestra historia más reciente y a tratar de señalar unas heridas que, poco a poco, pueden curarse. Lorenzo Silva, como nos tiene acostumbrados, no solo hecha mano del manual del buen narrador, sino que gracias a una completa documentación y el acercamiento a las personas que en ambos bandos vivieron los acontecimientos, es capaz de trasladarnos escenas, hechos y sentimientos. Aunque, no hay que olvidar que estamos ante una novela y siempre, por mucho que nos acerque a la verdad, esta está tratada de manera subjetiva.
Una novela impresionante, que no necesita imágenes impactantes (ni siquiera cuando narra atentados o acciones de la Guardia Civil se ensaña con la violencia que generaron) para lograr una historia llena de interés, que nos abre la mente, el pensamiento y los sentimientos del subteniente Bevilacqua y en la que volvemos a ver a la sargento Chamorro, a la cabo Salgado, a Arnau, Pereira... Pero también a otros y otras Guardias Civiles que cobran una importancia fundamental en las distintas investigaciones.
Por cierto, es de señalar el perfecto retrato que hace el autor de la importancia de las Guardias Civiles en la resolución de los casos, tanto en el pasado como en el futuro.
Ver otras obras del autor en este blog:  Los cuerpos extraños, La marca del meridiano.

lunes, 15 de junio de 2020

LA NENA. Carmen Mola



No suelo mirar la imagen de los escritores que  llevan los libros en las solapas. De hecho, salvo los más reconocidos, a nivel internacional, de pocos tengo su fotografía almacenada en mi memoria; pero claro, cuando la escritora, o el escritor, es española y, desde el primer momento sabemos que es un seudónimo, es normal que la curiosidad se amplíe con comentarios de quienes se han sentido atrapados en las novelas protagonizadas por Elena Blanco.
A nadie se le escapa, a estas alturas, que la aparición de Carmen Mola fue un soplo de aire fresco en el panorama de la la literatura española, e incluso europea (comparable con Lemaitre y de Dazieri, con los que comparte  algo más que género literario). Un soplo que poco a poco se convirtió en viento y ahora en vendaval, cientos y cientos de seguidores se sumaban cada semana a un fenómeno que no ha parado de aumentar a medida que aparecían nuevos libros. Por supuesto que La novia gitana tuvo una aparición fulgurante, los lectores y los libreros estábamos encantados tanto por la manera de narrar y la fuerza de los personajes, como por la trama que construía la enigmática escritora. El hecho  de que desde el primer momento se supiese que era un nombre falso le permitió obtener una publicidad complementaria, pero una vez superada la etapa inicial, a pesar de que todos seguimos hablando de quién está detrás de él, lo único que pedimos es que los miembros de la Brigada de Análisis de Casos sigan prestando su servicio a la sociedad.
Elena Blanco, Ángel Zárate, Chesca, Buendía, Mariajo y Orduño hicieron las delicias de los amantes del género, formando un equipo tan llamativo como reconocible. Cada uno de ellos se hacía necesario en todo el momento por su importancia en las investigaciones, pero también por la personalidad de cada uno.
La Red Púrpura supuso la confirmación esperada, semana a semana se sumaban más y más seguidores a una saga que se anunciaba su tercera entrega.
La Nena se ha hecho esperar, más si cabe por los acontecimientos de los últimos meses, y pocos hemos podido aguantar su lectura para llegar a casa, todos teníamos que descubrir la dirección de los acontecimientos una vez cerrados los hechos del libro precedente.
Aún con esa especie de desconfianza que se genera en los lectores la tercera entrega de una saga (hay un convencimiento general de que la tercera parte suele superar a la segunda y que esta no solía estar a la altura de la primera), máxime cuando aún no se han borrado los ecos del final de La Red Púrpura, pero queda demostrado que Carmen Mola no ha estirado la historia hasta el extremo, que no ha querido aprovecharse, que todo continúa porque es como tiene que suceder.
La Nena, como sus predecesoras, engancha y atrapa hasta límites insospechados, la tensión que aparece en sus páginas obligan a que el ritmo de la lectura se compagine con el de los latidos del corazón ante lo que está a punto de suceder. Y es que Carmen Mola logra transmitir el eco de los sonidos, la amargura de los sabores y la acidez de los olores, pues logra que el lector perciba, en todo momento, las sensaciones físicas que viven los protagonistas. Por supuesto que hay imágenes de una crudeza impactante, de esas que casi obligan a apartar la vista del libro, pero apenas son rápidas pinceladas de los hechos, pues en ningún momento se recrea el ellas. Eso sí, pasados unos días, cuando aún permanecen ciertas imágenes, el lector tiene la sensación de que el narrador ha dedicado más espacio y más detalles que los que realmente ha utilizado.
No, Carmen Mola no deja indiferente a nadie, por el universo que ha construido, por los personajes que lo pueblan y, por encima de todo, por lograr un ambiente que hace que en la lectura de sus libros se ejerciten la mayor parte de los músculos del cuerpo. Y es que somete a la misma tensión al lector que quienes recorren como protagonistas las páginas de sus libros.

viernes, 5 de junio de 2020

CON EL AGUA AL CUELLO. Donna Leon



Al menos durante los últimos siete años Donna Leon me ha acompañado durante mis viajes. Fuera donde fuese parte de mi mente me volvía a llevar a Venecia de la mano del comisario Guido Bruneetti. La figura del comisario, sus compañeros y familia, las tramas certeras y reconocibles, sin necesidad de grandes crímenes ni escenas sangrientas, la particularidad de la ciudad italiana y el humor e inteligencia de los diálogos y descripciones han sido siempre el inicio de una nueva aventura apenas el avión despegaba.
Salvo quizá los tres últimos años, no seguía un orden preciso en la lectura de los libros, al contrario, escogía uno al azar y se convertía en esa compañía excelente, en ese entretenimiento perfecto para que los momentos más monótonos del viaje se hiciesen cómodos y distraídos.
Bunetti me ha atrapado de tal manera que no solo me creo capaz de reconocer buena parte de los edificios y canales de Venecia sin poner en ella nunca los pies, sino que me hago a la idea de la forma de ser y actuar de sus habitantes.
Es cierto que repasando mentalmente los distintos títulos recuerdo algunos a los que me costó un poco más acceder, como si la historia flojease un poco. Pero incluso estos los recuerdo con una sonrisa, con el recorrido vital del protagonista y la especial manera que posee de ver la vida y de relacionarse con los demás, en especial con su familia. Una cena en casa del comisario, con Paola de anfitriona, sería una delicia para los amantes de la literatura, la historia y las buenas conversaciones. Puede que Raffi y Chiara, los hijos de ambos, aportaran juventud y frescura, pero no los echaría de menos, aunque sí en este libro en el que apenas aparecen mencionados.
Donna Leon vuelve a meternos en una historia actual (me gustaría que los editores no nos aclarasen en la portada el tema que se aventura en la lectura cuando ya esta está avanzada), que sucede en Italia como bien podría suceder en nuestro país, que nos acerca a lo oscuro del alma humana, a su manera de obtener beneficio económico sin importar las consecuencias.
Como en las últimas novelas la investigación comienza de manera circunstancial, casi como por accidente, pero la perseverancia y destreza de Brunetti nos permiten pasar un muy buen rato. Y es que no hay que olvidar que junto a la actualidad de la historia que narra Donna Leon, de la importancia de sus personajes y de unos diálogos inteligentes y certeros, sus novelas son sumamente entretenidas, de una lectura ágil y sugerente. El humor asoma por todos los lados, ya sea por la  personal filosofía de Brunetti, por el trato de este con todos los actores secundarios de la novela, o por los ritos gastronómicos que aparecen a diario.
La autora no necesita grandes titulares para crear una novela notable, apenas unas pinceladas, una llamada de teléfono y una visita, son la antesala de una investigación detallada y minuciosa, en la que nos convertimos en observadores privilegiados. Brunetti nos hace partícipes de su humanidad, de la gestión que hace en todo momento de nuestro tiempo, de la importancia de hacer cada cosa en su momento y de no dejarse engañar por los falsos cantos de sirena.
Una novela que vuelve a mostrar, sin tapujos, la latente corrupción de Venecia, extensible al resto de Italia, de los problemas que impiden que un progreso mayor de la nación, pero también la forma característica de los habitantes que suelen diferenciarse repetidamente de los del resto de país.
¿Y Brunetti qué? sigue creciendo y aunque está claro que es una de las figuras más importantes de la literatura policíaca actual, no deja se sorprender en cada una de sus apariciones.
Ver otras novelas en este blog: Muerte entre líneas, El huevo de oro y La tentación del perdón.

domingo, 24 de mayo de 2020

PROGENIE. Susana Martín Gijón




El inicio de cada temporada viene marcada por títulos y autores sugerentes en los que las editoriales ponen buena parte de sus esperanzas de cara al final de cada campaña, generalmente Navidad y las distintas Ferias del Libro. 
Susana Martín Gijón era la apuesta de Alfaguara en su colección Negra, una colección que ha ido dando grandes títulos que siguen presentes en las librerías y despertando la atención de nuevos lectores. Y aunque no suele ser fácil sobrevivir en un mes de enero, -quien más o quien menos tiene, en el periodo de regalos como es Navidad, un buen número de libros acumulados- poco a poco, sin hacer mucho ruido, Progenie ha ido demostrando que es un buen ejemplo del género negro tan en auge en nuestro país.
Martín Gijón no es nueva en él, ya hizo las delicias de los lectores con una trilogía notable (Más que cuerposDesde la eternidad Vino y pólvora) y el descubrimiento de un personaje inolvidable como es la oficial de policía Annika Kaunda, no me quiero olvidar del periodista Bruno Scorza.
Con Progenie Susana Martín Gijón no solo ficha por una de las grandes editoriales de nuestro país, sino que refuerza su maestría a la hora de crear personajes como Camino Vargas, jefa accidental del Grupo de Homicidios de Sevilla (espero que sea la antesala de más investigaciones) y el resto de su grupo, empezando por el gigantesco Pascual Molina y siguiendo por Lupe, Fito y Teresa. Unos personajes que harán las delicias de los amantes de la novela policíaca, la autora ha sabido manejar la personalidad e impulso de cada uno de ellos, transmitiendo la imagen de todos sin excepción. Por supuesto que Camino y Pascual serán los principales artífices del seguimiento de la trama, en especial la primera, pero todos los demás, incluso el superior a quien sustituye Camino, son imprescindibles para que la dinámica de la novela confluya adecuadamente.
Martín Gijón nos traslada a Sevilla, a una ciudad que se palpa y siente con apenas unas sencillas descripciones, sobre todo de aquellos barrios en los que transcurre la novela. No es ajena a los problemas que azotan a la ciudad andaluza, extensible a cualquier otra ciudad española, haciendo de la lectura algo reconocible, actual y vital.
Con capítulos cortos y una narración lineal, Progenie es una novela de fácil lectura. La tensión e intriga comienza prácticamente desde la primera página y no abandona hasta la última, el lector se verá atrapado por los acontecimientos y el ritmo frenético, por el seguimiento de la investigación y la propia personalidad de los protagonistas. Y, por si todo esto fuese poco, Susana Martín Gijón sabe salpicar la trama con unas pizcas de humor que en vez de desvirtuar la historia, acentúa, aún más si cabe, el interés de quien está viviendo la trama como mero espectador. De hecho no son raras las sonrisas ni los intentos de advertencia a los protagonistas para que sus pesquisas cambien de dirección. De manera acertada o errada, se verá al finalizar la lectura.

domingo, 17 de mayo de 2020

EL REY. Sandrone Dazieri



Me encanta la novela policíaca, aquella protagonizada por fuerzas de la ley. Cualquiera que observe un poco este blog se percatará de ello, aunque debo decir, antes que nada, que aunque encuentro muchas sorpresas y títulos que me llaman poderosamente la atención, es en este género en el que me he vuelto, con el paso de los años, más exigente.
Sí, es cierto que para mí un libro de intriga es fundamental entre varias lecturas y de muchos tengo que hacer un esfuerzo para recordar su trama. Por eso cuando descubro autores nuevos (al menos para mí), cuando cierro el libro y siento que la novela es notable, que el final no desmerece el resto del libro (lo siento, pero hay muy buenos narradores, en todos los estilos, pero más en este, que construyen historias de manera sobresaliente, pero el final apenas sí llega al aprobado), me siento tan eufórico que debo esperar, cuanto menos, unas semanas para comprobar el impacto real de su lectura.
Cuando descubrí a Sandrone Dazieri andaba un tiempo conformándome con los escritores ya clásicos, a pesar de pertenecer a nuestro época: Andrea Camilleri, Petros Markaris, Lorenzo Silva, Donna Leon, y algunos más que suelen salvarme tiempos de desengaño en la lectura; no había forma de encontrar autores que me llamasen de verdad la atención. Sí, claro que a lo largo de los años uno ha ido descubriendo escritores con un valor muy por encima de la media, autores que me han marcado como lector y como librero, y a poco que lo intente, siempre hablando de novela de intriga y policíaca, seguro que me aparecen varias decenas, pero muchos de ellos no logran engancharme lo suficiente como para que les siga leyendo libro tras libro.
A principios del verano de 2015 apareció en las librerías No está solo, la primera de las entregas de la subcomisaria de la Brigada Móvil de la Policía de Roma, Colomba Caselli. Y descubrí, de inmediato que la forma de narrar de Dazieri era algo especial, algo que se alejaba de la novela negra y se introducía en la novela visual de intriga, como si lo que tuviésemos entre manos estuviese más cerca del cine que de la literatura.
Junto a Dante Torre formaban una pareja impactante, en los que no era ajeno el aspecto psicológico y la importancia del pasado, ese pasado que no conocíamos, pero que a base de ligeras pinceladas íbamos reconstruyendo. Con El Ángel, la segunda entrega, el ritmo se volvía más frenético y era imposible, como sucedía con la anterior parte, apartar un segundo la vista del libro. era dejarlo y, sin apenas unos segundos de respiro, volver a cogerlo para saber qué sucedía a continuación.
Me atrapó de tal manera la historia que, al aparecer El Rey, el final de la trilogía, me entró ese pánico a presuponer que la tercera parte no estuviese a la altura (son demasiadas las veces que esto ha sucedido con otras sagas), que las expectativas hiciesen naufragar la lectura. Así que han tenido que pasar más de cuatro meses para tomar la decisión de leerla.
Y sí, el ritmo vuelve a ser igual de frenético, las imágenes muy visuales y los personajes, principales y secundarios, tan enigmáticos como atractivos. Y, perdonen la comparación, todos vuelven a recordarme a John McClane, el personaje interpretado por Bruce Willis en "La jungla de cristal", pues son capaces de sufrir y soportar decenas de tormentos, heridas y accidentes que, aunque mientras estás leyendo se acomodan a la propia historia, si te paras a pensar resulta , al menos, impactante.
Como suceden con los libros anteriores pasan muchas, muchas cosas, hasta tal punto que en más de una ocasión te ves obligado a parar y recapitular, con el miedo de que algo se te escape, algo que sea fundamental para entender el final de la historia. Pero si algo tiene Dazieri, a parte de lograr un ritmo trepidante y una concatenación de sucesos, es que logra que todo está perfectamente tejido, sin lagunas, logrando que el lector "vea" en todo momento lo que ha sucedido, lo que está sucediendo y lo puede o no suceder.
Eso sí, recomiendo a quien quiera aventurarse en el mundo de Colomba y Dante que empiece por el principio, es posible que los tres libros se puedan leer por separado, pero de saltarse alguna de las partes, se abrirán muchos interrogantes que ni las más completa imaginación logrará contestar.
Una trilogía compleja, que atesora mil vericuetos que, a medida que avanza la lectura se van enredando más y más, pero que el autor sabe desentrañar con la cordura y la precisión necesaria para que no resulte impostada.

sábado, 9 de mayo de 2020

TERRA ALTA. Javier Cercas



No suelo hacer mucho caso a los Premios Planeta, no sé si por desconfianza, o simplemente porque la obtención del Premio y la publicidad que ello conlleva me facilita la tarea de dedicar mi tiempo de lectura a otros libros que tenga que presentar a mis lectores.
De hecho en los últimos, digamos, quince años (posiblemente sean muchos más), únicamente me llamaron la atención, y por lo tanto su lectura, Riña de gatos y La marca del meridiano, de Eduardo Mendoza y Lorenzo Silva respectivamente. Claro está el papel destacado de sus autores a la hora de elegir su lectura: uno, por que es Mendoza... y otro, por que es Silva, y Bevilacqua y Chamorro, por encima de todo. 
Aunque, a fe de ser sincero, y repasando otros Premios Planeta de este siglo, hay más de uno que, pasada la inicial fiebre de la entrega de su galardón (y su suculenta cifra), me acompañaron en el tiempo de lectura.
Con Javier Cercas ocurría como con los dos antes mencionados, era el nombre del escritor, y sus libros antes escritos, lo que me atraía y predisponía a mis sentidos para poner todo de su parte en la lectura y, por encima de todo, borrar los prejuicios que suponía ser premiado.
Terra Alta rompe con la anterior narrativa de Cercas, aunque al poco que se profundizar en la lectura se descubren aspectos que la recuerdan. Desde el espacio físico en que se desarrolla la trama, la novela El monarca de las sombras finalizaba en esa región de Tarragona, hasta la reflexión histórica y moral que ambas narrativas comparten.
Sí, Terra Alta es una novela policíaca, donde el protagonista en un miembro de las fuerzas de seguridad, un Mosso d'Escuadra, de lectura ágil y llena de intriga, donde los giros continuos logran atrapar al lector y descubrir otras historias que se van gestando a medida que avanza la novela.
Historias que se van superponiendo, en realidad hay tres relatos distintos dentro de la narración, tres juegos que involucran tanto a Melchor Marín como al lector que revive los acontecimientos presentes y pasados. Pues a la trama principal, la búsqueda de los culpables del asesinado de los Adell, se suma la memoria del pasado del protagonista y el juego comparativo y reflexivo de la novela de Víctor Hugo, Los miserables.
La complicidad del relato metaliterario, la precisión e importancia del espacio físico en que suceden los acontecimientos principales, así como la propia historia de este y, por lo tanto, la particularidad que le confiere; y, por encima de todo, la atmósfera narrada que por momentos impide reconocer lo real de lo ficticio, consiguen crear una novela con varias lecturas, pero en las que sobresalen la importancia del pasado en el presente y su trascendencia en los actos de las personas. Y claro está, el eterno dilema entre la venganza y la justicia.
De este mismo autor: Las leyes de la frontera en este blog.

sábado, 2 de mayo de 2020

LA DESHONRA DE SARAH IKKER. Yasmina Khadra



Recordar ahora cuál fue el primer libro de Yasmina Khadra me resulta harto difícil, por no decir imposible, pero desde aquel primero se sumaron muchos más, y cada nuevo texto lo recibo como una lectura con la que sé voy a disfrutar. Aunque algunas de sus novelas esperan en la estantería hasta ser leídas, como ocurre desde hace un año con Dios no vive en La Habana, otras son leídas apenas llegan a mis manos. Libros como A qué esperan los monos... y La ecuación de la vida se pueden recuperar en este blog.
Tampoco sé si cuando descubrí a Yasmina Khadra lo hice pensando en una escritora o ya sabía que bajo el seudónimo se escondía la figura de Mohamed Moulessehoul, oficial del ejército argelino, pero siempre he sido consciente que su literatura ha servido para criticar la situación de su país, Argelia, primero y otros muchos después.
En esta ocasión sin abandonar el Magreb, el escritor nos lleva a la ciudad marroquí de Tánger y vuelve a señalar, con el acierto y la precisión que le caracteriza, los problemas que sacuden a la sociedad en que transcurre la historia: corrupción, nepotismo, sociedad clasista, machismo y un acusado clientelismo.
A través de unos personajes perfectamente perfilados y definidos Khadra nos introduce en un Tánger diferente, que evoluciona, como sus personajes, a medida que avanza la historia. La naturaleza de cada uno de ellos, la manera de moverse, su lenguaje, e incluso su actitud permite que el lector descubra algo más de lo narrado, que la historia cambia a la vez que lo hace la propia vida.
Escrita en tercera persona la novela nos presenta al teniente Driss Ikker, de origen humilde, que ha ido escalando posiciones a nivel social y laboral gracias, sobre todo, a su matrimonio con la hija de un alto mando de la policía marroquí. La violación de la esposa en el domicilio y la necesidad de limpiar su "honor", le obligará a recorrer la parte más oscura del ser humano.
Pero quizá lo que más autentifica la narrativa del escritor argelino sea la fuerza de sus diálogos, la ausencia de explicaciones superfluas y la invitación a que sea el lector el que rellene los muchos huecos dejados en la historia. No explica todo, al contrario, señala la dirección en que hay que mirar y descubrir entonces que sucede, o puede suceder.
Y como siempre el autor escribe con la pasión necesaria para que la historia sea creíble en todo momento, para que, a pesar de la diferencia de cultura y sociedad, los lectores seamos conscientes del entorno en que esta sucede. Escribe sin esconder nada, con una claridad asombrosa, mostrando sin tapujos lo más oscuro del hombre y la sociedad en que vive. Sobre todo cuando dinero y poder  se confunden con impunidad, con que todo está permitido, y hace que los actos de los hombres sean de una manera y no la contraria.
Una historia de amor, de lealtades, de convicciones, que no esconde nada, pero que permite que la imaginación vuele por espacios diferentes a los narrados, a ver más allá y demostrando que la buena literatura es aquella que no está escrita, pero que esconden las palabras narradas.

miércoles, 15 de abril de 2020

EL ÚLTIMO BARCO. Domingo Villar



No sé cuántos meses ha pasado El último barco en mi mesilla -ni en la pila de libros sin leer, ni en la estantería, ni siquiera sobre la mesa de trabajo, en la mesilla-, donde dos o tres libros me acompañan los últimos minutos del día. Meses sin decidirme a empezar a leer, a volver a sentir la compañía de Leo Caldas. A pesar de llevar diez años esperándolo, cierto respeto, o miedo a defraudar a un escritor que me ganó con solo dos libros escritos.
Sí, miedo a leer el libro con unos ojos distintos a los que tenía cuando conocí a Domingo Villar a través de La playa de los ahogados, a que el tiempo transcurrido haya cambiado al lector que hay en mí y no sea capaz de tener las mismas sensaciones de entonces.
Y es que si algo me dejó la lectura de aquella novela, y la posterior Ojos de agua, es que me encantaría compartir mesa y mantel con su protagonista. Disfrutar de una tertulia relajada y serena sentados en el Eligio o en cualquier taberna que se precie. Sí, ya sé que es poco serio y creíble pensar en compartir mesa con un personaje de ficción, pero eso solo lo pueden pensar quienes no son capaces de sumergirse en una historia como la que nos cuenta Domingo Villar (Por supuesto que a él también le hago partícipe del deseo de comer juntos), de acompañar al inspector Caldas por las calles de Vigo y alrededores, por sus playas, tabernas y puertos.
Más de setecientas páginas, se dicen pronto, en las que no sobra nada. Faltan, eso sí, asesinatos, bandas criminales, acción trepidante, intriga internacional. Pero es que no son necesarios. Domingo Villar construye una historia que atrapa, en la que entras como uno más, como un miembro al que se tiene en cuenta en todo momento y que puede mostrar siempre su opinión.
Y es que estamos ante una verdadera novela policíaca en el verdadero sentido de la palabra. Pues son el ya mencionado Caldas y el agente Rafael Estévez -imprescindible y cuya presencia refresca y asienta la historia-, no solo los protagonistas de la novela, sino quienes nos abren la puerta para que entren todos los demás y nos enseñen los espacios en que transcurre.
Leo Caldas recupera ese espíritu investigador clásico que no deja ninguna pista sin atender, por insignificante que parezca, que se equivoca, pero que sigue indagando ante cualquier indicio que se le presenta. Tenaz, astuto, ordenado y sagaz, invita al lector a participar en una investigación en toda regla, atando los cabos y echando mano de todos los compañeros, sean o no policías, que pueden ayudar a resolver la trama. Todos los personajes son importantes, por eso cada uno de ellos tiene su espacio y su atención, sin necesidad de muchos detalles el lector es capaz de percibir, incluso de hacer un retrato robot, de cada uno de ellos.
Una novela cristalina y ordenada, con una estructuración que roza la perfección y en la que los diálogos, inteligentes y acertados, son de lo más importante, hasta tal punto que en ellos se encuentran más detalles que en las propias descripciones. Magnífica y genial.