QUÉ LEO HOY:

QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...

domingo, 15 de febrero de 2015

NOTICIAS FELICES EN AVIONES DE PAPEL. Juan Marsé



Juan Marsé es uno de esos escritores que parecer estar tocados con la varita mágica de la credibilidad. Cualquier texto por él firmado tiene la garantía suficiente como para ser leído casi con la certeza de estar ante una lectura con mayúsculas. Con él no basta su trayectoria, sobresaliente y deslumbrante, para saber que vamos a encontrar esa parcela literaria que nos haga disfrutar como lectores.
Es cierto que las 88 páginas que componen este libro harán que en muchas ocasiones pensemos en él como una novela breve, pero tanto su narrativa, su formato, como su diseño hacen que lo sintamos como una novela que no permanecerá al margen en la trayectoria de su autor, olvidándonos de inmediato de su tamaño.
Marsé vuelve a crear su novela alrededor de la figura de un joven de 15 años, de un adolescente dispuesto a descubrir y aprender todo lo que el mundo le tiene dispuesto. Esa etapa de formación que identificamos de inmediato y en la que no nos cuesta nada sucumbir por formar parte de ella.
Sí, hablamos de la Barcelona de los años 80, de esa ciudad casi mítica que ya parece nada tener en común con la actual. Y será esa ciudad, sus calles y edificios, las gentes que la poblaban la que se mantiene tan viva en la memoria colectiva la que se presenta ante nosotros lectores y hacen innecesarias mayores descripciones que las realzadas. Juan Marsé no ve necesidad en mostrar más de lo necesario, parece prescindir de lo superfluo para centrarse en la historia de los personajes, en Bruno y la señora Pauli, pero también en el padre, la madre y los "amigos" de aquel.
La prosa precisa de Marsé logra narrar con facilidad lo que parece difícil, mostrar con total serenidad una historia común que encierra distintas historias nada comunes. Juega con el lector a través de esas pequeñas vidas que van completando una trama que esconde en su seno algo más que las relaciones personales entre los protagonistas.
Claro que el autor juega con la memoria como parte esencial de su narrativa, pero en este caso abandona la memoria de la burguesía para fijar su atención en la que se encuentra a pie de calle, dibujando escenas magníficas con los tonos más esenciales. Y lo hace consiguiendo que el lector se sienta, en todo momento, cómodo, que no fije sus ojos en escenarios ajenos y dolorosos, sino que se sienta ese observador privilegiado que sigue los pasos de los personajes una vez que la voz del narrador ha abandonado el libro.
Además Noticias felices en aviones de papel es uno de esos libros que llaman la atención tanto por su diseño como por su formato. Con la exquisitez de la ilustradora María Hergueta, quien gracias a unas líneas claras y concisas ofrece unas imágenes llenas de frescura y notables dosis de fantasía que poco a poco envolverán el libro. Un libro realmente bello que engrandece cualquier biblioteca personal.

lunes, 26 de enero de 2015

LA AUTOPISTA DEL SUR. Julio Cortázar



Resulta paradójico sudar la gota gorda en un atasco mientras en la calle las temperaturas apenas alcanzan los cero grados. Pero esa es una de las características de la buena literatura, que es capaz de trasladarte completamente mientras estás leyendo. Y es que Julio Cortázar es de esos narradores que consiguen que seas uno más de los personajes de su historia.
La recuperación de relatos que está llevando a cabo la Editorial Nórdica es tan encomiable que solo suscitan palabras de agradecimiento, sobre todo entre aquellos lectores que gracias a ella redescubrimos continuamente a autores a los que hace mucho tiempo tenemos atados en las estanterías de nuestras bibliotecas. ¡Cómo leer este relato y no acudir de inmediato al libro del que forma parte Todos los fuegos el fuego para vivir nuevas vidas en otros tantos relatos!
Con esa prosa tan original e innovadora, con esa maestría de construir un relato, logra, con una historia que parece de antemano intrascendente, crear un universo propio, un escenario mucho más amplio que lo que parece suceder en las apenas setenta páginas del relato. Cortázar consigue que un simple embotellamiento en la autopista entre Fointainebleau y París se convierta en una historia con mayúsculas, una historia en la que los personajes se escapan de las páginas del libro a pesar de que apenas unas breves palabras se ocupan de su descripción.
Sí, claro que se trata de un cuento, más que un relato, pero un cuento en el que suceden, o al menos así lo parece, muchas más cosas de las que se narran. Incluso ese calor, esas altas temperaturas con que se inicia, darán paso a otras que obligarán a los protagonistas a buscar refugio en los vehículos, en los "autos" de distintas marcas, y a recurrir a las escasas prendas que en un mes de agosto llevan en el coche. Escenas que se van dibujando, como fotogramas, según nos cuenta el narrador que en tercera persona nos lleva de un coche a otro, de unos conductores y acompañantes a otros, mostrándonos historias personales que agrandamos más allá de las notas que aparecen en el texto.
Cortázar crea una sociedad en miniatura, una comunidad en la que todos cobran un protagonismo casi imprescindible y en la que cada detalle es importante para que el siguiente también lo sea. Y hay magia, esa magia que solo el autor sabe transmitir, dotando de importancia a hechos que en otro relato casi serían insustanciales.
Un relato breve pero intenso, en el que el lector se convierte en un espectador de lujo que debe buscar con rapidez el nuevo "auto" al que dedica sus explicaciones el narrador, en el que las páginas se pasan con avidez para descubrir en que acaba la "aventura a la que se ven sometidos los protagonistas.

Otras obras del autor:
La otra orilla (1945), Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Los premios (1960),  Historias de cronopios y de famas (1962), Rayuela (1963), Todos los fuegos el fuego (1966), La  vuelta al día en ochenta mundos (1967), 62 modelos para amar (1968), Libro de Manuel (1973), Octaedro (1976), Alguien anda por ahí (1977), Un tal Lucas (1979), Queremos tanto a Glenda (1980), Deshoras (1982), Divertimento (1986), El examen (1986), Diario de Andrés Fava (1986)


domingo, 11 de enero de 2015

A QUÉ ESPERAN LOS MONOS... Yasmina Khadra



Cualquier anuncio de una nueva novela de Yasmina Khadra suelo recibirlo con la alegría de una agradable lectura, aunque con la incógnita de si esta seguirá estando a la altura de las anteriores. No puedo evitar sentir ese miedo a que se rompa el encanto de aquellos autores que siempre me han ofrecido una buena obra, por eso no suele resultar extraño que sus nuevos trabajos pasen meses apilados esperando el momento oportuno para ser leídos.
La espera esta vez no ha sido larga, había algo en la novela que me atraía con un magnetismo especial, no sé si el título o la sensación de volver a leer una novela de intriga con tintes policíacos. Sí, desde las primeras páginas uno se siente sumergido en una historia llena de misterio, de esas que atrapan y se van desgranando con lentitud, exiguiéndote una paciencia que consigue que la lectura se acompase con imágenes claras y concisas del entorno en que suceden los acontecimientos. Pero hay algo que la hace diferente, que te demuestra que Yasmina Khadra (pseudónimo de Mohamed Moulessehoul) escribe de forma diferente, que sus libros siempre aportan algo más que un simple entretenimiento.
A qué esperan los monos... como prácticamente todas sus novelas anteriores tiene mucho de denuncia. Sí, claro que es una novela de ficción y tan bien escrita que el lector queda atrapado desde el inicio, pero antes que señalarla como novela negra, género al que parece pertenecer, sería más fácil enclavarla dentro del género de la novela política ya que a lo largo de sus páginas el autor dedica sus esfuerzos en denunciar la corrupción existente en Argelia. Una corrupción que parece atrapar todo el sistema del país norteafricano y que abarca los ámbitos más variopintos como el económico, el político, e incluso el religioso.
Con la precisión que le caracteriza Khadra convierte cada página en un fresco en el que aparece dibujada una parte de la sociedad argelina, construyendo una historia tan real que hay momentos en los que parece estés leyendo una noticia veraz, hasta tal punto que pasas la página esperando descubrir una entrevista que aclare lo que hasta el momento ha sucedido. Logra, además, crear la tensión suficiente para que toda tu atención se centre en lo que en ese momento se está narrando, aunque sin poder evitar que cientos de imágenes aparezcan en tu mente intentando completar el puzzle cuyas piezas van apareciendo tras cada palabra.
Una novela inquietante, de lectura ágil y con sorprendentes giros que ponen a prueba la pericia del lector para atar los cabos a la misma velocidad con que son narrados. Una lectura para mirar a ambos lados y comprobar que todo está como tú lo imaginabas antes de ponerte a leer.

Otras obras de Yasmina Khadra:
Morituri (1997), Los corderos del señor (1998), Doble blanco (1998), El otoño de las quimeras (1998), Lo que sueñan los lobos (1999), El escritor (2001), Las golondrinas de Kabul (2002), Trilogía de Argel (2002), La prima K (2003), La parte del muerto (2004), El atentado (2005), Las sirenas de Bagdad (2006), Lo que el día le debe a la noche (2008), La ecuación de la vida (2012), Los ángeles mueren por nuestras heridas (2013).

lunes, 29 de diciembre de 2014

VIAJO SOLA. Samuel Bjork



La narrativa negra nórdica desembarcó hace unos años en nuestro país con un buen número de autores y novelas que han logrado catalogarla como un subgénero dentro de la narrativa policíaca. Steig Larsson, Jussi Alder-Olsen, Camila Läckberg, Johan Theorin, Jo Nesbo, Asa Larsson, Mari Jungstedt, Arnaldur Indridason y un buen número ocuparon durante al menos un par de años las preferencias de muchos lectores del género. Aunque descubrí alguno como Alder-Olsen -sigo pensando que Henning Mankell, siempre que esté en sus manos Wallander, está muy por encima de los demás-, muchos de los más reconocidos me dejaron indiferente en muchas de sus novelas.
Así que cuando el pasado mes de octubre llegó a las librerías españolas la novela de un autor desconocido en nuestro país, no lo coloqué entre mis preferencias. Sobre todo por que a la enorme carga publicitaria que me hacía desconfiar, se unía el últimamente recurrente tema del secuestro de niñas. Me conformé con echar un vistazo a la información que la editorial destinaba a su lanzamiento.
Pero claro, como nunca digo "de este agua no beberé", hace quince días me pareció la mejor lectura para un viaje en autobús, una compañía cómoda y entretenida que me hiciese más distendido el recorrido.
Dicho y hecho, apenas comencé a leer me sentí atrapado por la novela, por la manera de narrar de Samuel Bjork, perdonen que no sea capaz de escribir la o al lenguaje noruego atravesada por una barra, por unos personajes que descubrían mucho más de lo que acontecía en la novela y por una trama perfecta, inteligente y sugerente.
No voy a decir que estuve esperando el viaje de regreso para rematar la lectura, pero casi, y es que tanto Holger Munch como Mia Krugüer, los protagonistas de la novela, me hicieron sentir cómplice de sus pesquisas, de sus diálogos y de sus similitudes y diferencias. Hasta tal punto que he llegado a sentir pánico cuando las cosas no sucedían como se esperaba, cuando ciertos lances de la trama se escapaban a lo lo que parecía iba a ocurrir. Por no olvidar al importante número de secundarios a los que acertadas pinceladas me permitían dibujar y ponerles cara y voz dentro de mi imaginación.
Y es que Samuel Bjork ha sabido, en todo momento, construir unos sucesos tan visuales que apenas cierra los ojos el lector parece imaginar todo lo que está aconteciendo, incluso lo que va a suceder a continuación, como si todo se estuviese observado en una gran pantalla y nada quedara fuera del encuadre.
Aunque lo mejor, lo que más destacaría sería la trama orquestada a la perfección. Una trama que además de atrapar te va invitando a ir más allá, a recorrer otros caminos además de los que muestra la pareja de policías protagonistas. Sabes durante la lectura que hay algo que se te escapa, que tiene que existir algo más que la simple correlación de los sucesos, pero quieres seguir leyendo con moderación para que nada se escape. Y todo está tejido a la perfección, no hay una puntada sin hilo, ni historias superfluas que lo único que consiguen es aumentar el número de páginas, ni falsos posibles culpables que intentan despistarte.
Logra, además, transmitir la tensión, los momentos en los que el termómetro sube hasta lo inimaginable con un cambio brusco en la manera de narrar, en lograr que cuando los protagonistas estén al filo de la navaja el lector sienta el peligro, el agobio, la sensación de falta de aire que consigue que el pecho sienta cada latido, cada segundo como si fuera el más importante.
Por si todo fuera poco no se conforma con rematar la historia de manera convincente, sin coincidencias e "inspiraciones" increíbles a la que tanto nos está acostumbrando la mayor parte de los escritores de novela de intriga actuales, sino que el último cuarto del libro es memorable, conjugando las historias que se han ido sumando a lo largo de la novela de manera casi magistral y dejando un sabor de boca tan bueno que tienes deseos de pregonar que por fin has encontrado una novela del género negro que cumple a la perfección todos los requisitos.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL FINAL DE SANCHO PANZA Y OTRAS SUERTES. Andrés Trapiello



No voy a decir que soy un apasionado del Quijote, conozco a varios que sí lo son y sus conocimientos sobre la obra de Cervantes en nada se parecen a los míos. Pero sí que me gusta su lectura de vez en cuando, leer el libro como lo que es, una novela de aventuras. Y hacerlo, además, sin seguir un orden concreto, simplemente abrir al azar un capítulo y comenzar su lectura como si esta fuese independiente. De hecho suelo marcar con una señal cada vez que leo un capítulo para comprobar cuántas veces lo he leído, así algunos tienen seis marcas mientras otros apenas indican dos lecturas.
La idea no es mía, no recuerdo bien quién me la enseñó hace muchos años, pero la he ejercido durante muchas noches de insomnio y debo reconocer que tiene un efecto perfecto, hasta tal punto que se ha convertido en esa lectura de la que no te cansas por muchas veces que acudas a ella.
Así que cuando Andrés Trapiello osó aventurarse en relatar los sucesos que acaecieron tras el fin de la novela, recogí el guante con la duda de si era o no buena idea intentar narrar lo que sucedía tras la muerte del Ingenioso Hidalgo. Para mi sorpresa todo olía a Cervantes, prosa, ritmo, actores, escenarios me volvían a mostrar las historias ya vividas, pero había algo más, ahora se se engrandecían algunos de los sucesos que ya conocía con nuevos y variados puntos de vista. Trapiello había conseguido revivir a los principales personajes sin apartarse nada del espíritu de su creador, con nuevas y singulares revelaciones sobre lo que acontece con los principales personajes una vez muerto Don Quijote.
Y ahora, cuando ya se habían quedado dormidos los ecos de aquella lectura, no así los creados por Cervantes que aún acompañan algunas noches, Trapiello nos regala otra nueva aventura en la que el recuerdo antiguo se convierte en una nueva ensoñación y una nueva aventura.
Pues son aventuras y divertimento lo que nos ofrece El final de Sancho Panza y otras suertes. Aventura por que seguimos el sendero que nos marca el escudero Sancho Panza, la sobrina Antonia, el ama Quiteria y el bachiller Sansón Carrasco. Y divertimento por que Sancho no cejará en el empeño de sacarnos una sonrisa, y si cabe alguna carcajada, de llenar de humor una lectura ágil y tan perfectamente encajada que demuestra bien a las claras la calidad literaria de Trapiello.
Sí, se vuelven a contar sucesos en los que Don Quijote fue el protagonista, acontecimientos conocidos o imaginados, ciertos o no, pero de los que en todo momentos somos conscientes que forman parte de la propia vida de Don Quijote. Pero hay algo más, a la prosa clásica, cervantina, que nos traslada a la lectura original, se le ha añadido la precisión de la modernidad, los guiños y juegos de quienes nos sentimos conocedores de un pasado, de una aventuras que se fortalecen ahora gracias a la memoria de quienes las vivieron y quienes las leímos.
Una novela adictiva, natural, en la que entramos con el pie derecho desde la primera frase y continuamos con el disfrute de ser nosotros mismos parte de la propia aventura, de una historia que parece no va a acabar nunca, por mucho el título nos quiera demostrar lo contrario. Trapiello lo ha vuelto a hacer, ha logrado que nos sintamos de nuevo compañeros de Sancho y su singular compañía.

viernes, 12 de diciembre de 2014

EL MONSTRUO DE HAWKLINE. Richard Brautigan



De Richard Brautigan apenas sabía algo más que el título de su obra más emblemática La pesca de la trucha en América (aunque la editorial Blackie Books ha publicado En azúcar de sandía y Un general confederado de Big Sur) y un rápido vistazo de su manera de escribir.
Pero claro, me encuentro con un título demasiado sugerente como para que pasara inadvertido. No tanto las primeras palabras del título como sí de "un western gótico" que, de inmediato, descubrí que pertenecían al título original. Para colmo el primer párrafo dejaba entrever que no el interior estaba a la altura:
"Estaban agazapados con su rifles en el piñal, observando cómo un hombre enseñaba a montar a caballo a su hijo. Era verano de 1902 en Hawai.", fue todo uno.
¿Un western gótico? ¿En Hawai? No pude evitar sentir ese conquilleo que aparece muy de vez en cuando y que suele augurar lecturas diferentes y señaladas,  libros que suelen contar algo más que una historia al uso.
Richard Brautigan construye un libro en pequeñas dosis, breves capítulos que nos van llevando de la mano por la trayectoria de Cameron y Greer, dos pistoleros que desde la primera página logran que nos pongamos de su parte. Dosis perfectas, ajustadas, como si cada palabra, cada párrafo fuesen necesarios, como si cada capítulo se hiciese imprescindible al unirlo al anterior y al posterior, como si cada uno se correspondiese con una inspiración o una espiración.
No hay duda que hay mucho de surrealismo, de situaciones descabelladas, hasta tal punto que raro será el capítulo, por mu breve que sea que no despierte por igual sorpresa y sonrisas. Brautigan logra la complicidad del lector con un humor que antes que buscar el golpe cómico o la risa fácil consigue crear un ambiente en el este sea tan imprescindible como lo son los distintos personajes.
Aunque sin duda alguna, el mayor logro de la novela radica en los silencios, en aquello que el escritor no ha escrito, en lo que el lector no ha leído y es que en la historia pasan muchas más cosas de las que se cuentan, hay imágenes sin explicaciones que se dibujan con una claridad que engrandece, aún más si cabe, la novela.
Y claro, todo lo consigue Brautigan con una prosa sencilla y un lenguaje nada complejo, con presentaciones y descripciones escuetas, dejando que sea el lector el que complete muchos de los escenarios y las situaciones. Una lectura ágil y sugerente que atrapa de principio a fin y que permite disfrutar de la lectura mientras se es partícipe de una aventura descabellada y entretenida.

jueves, 4 de diciembre de 2014

CUENTOS DEL RAMAL DEL NORTE. Raúl Rubio Escudero



Aunque soy muy desconfiado con las promociones y estoy más que escamado con la publicidad, suelo tener muy en cuenta a los lectores con criterio cuando estos me hablan de sus lecturas. Así que en cuanto Gonzalo me recomendó que empezase el libro de Raúl Rubio por el tercero de los relatos que lo componen, no dudé en hacerle caso. Sobre todo cuando nunca he tenido claro el criterio que llevan los autores o los editores (que en este caso es los mismo) a la hora de ordenar los relatos.
Pero como decía comencé a leer Cuentos del Ramal del Norte por el tercero de los relatos: "Matías Antolín". Y no solo logró engancharme, sino que cuando terminé de leer los dos primeros volví a releer, casi sin darme cuenta, los otros cinco relatos.
Raúl Rubio no solo escribe bien, manejando el lenguaje con esa precisión que parece ha perdido importancia, sino que permite que los profanos sobre el Canal de Castilla tengamos la sensación de formar parte de él, como si la distancia física y temporal de los hechos y lugares que se narran no existiese. El autor sabe ajustar con acierto las descripciones de escenarios y personajes, dotando a estos de una fuerza tal que no dejan de acompañarnos en las lecturas siguientes. Julián, Salvador, Manuel De la Gándara, Carlos Lemaur, el propio Vicente Antolín y un buen número más de personajes recorren las páginas del libro con el espíritu de una novela, hasta tal punto que cuando la cierras tienes más sensación de haber leído una novela que un libro de relatos. Que los hechos sucedan en tiempos diferentes y que los personajes sean otros carecen de importancia, pasan tan desapercibidos que solo dándole más de una vuelta te percatas de que no todo pertenece a la misma historia, ¿o sí? lo mismo da.
El autor nos introduce en la propia dinámica del Canal, de sus barcas y esclusas, invitándonos a formar parte de una historia que es nuestra desde el momento que leemos más de una página. Ya no hay vuelta atrás, no hay descanso cuando el relato finaliza, hay que seguir leyendo y viviendo, o mejor sobreviviendo en las duras aguas del Canal.
Raúl es preciso, como dije anteriormente, pero es algo más, ya que en sus palabras se esconde la misma esencia del Canal y, lo que es más importante, de quienes construyeron y vivieron en él, logrando que dicha esencia hable por sus palabras y gestos, permitiendo que al cerrar los ojos los espacios físicos se configuren con una facilidad pasmosa, como si en nuestra propia memoria anidasen dormidos los recuerdos del pasado.
Todo ello con la naturalidad que hace de la narración un verdadero disfrute, sin mayor pretensión que contar una historia, con lo que logra que esta se aparezca ante el lector sin altibajos, sin brusquedades violentas que adulteren la lectura. En todo momento el libro consigue transmitirnos el latir del Canal.
Un libro para saborear, para disfrutar de la lectura, para dejarse llevar y sentir una visión muy diferente de la Castilla a la que estamos acostumbrados a vivir. Un libro que consigue que al leer su última página nos invada una paz inexplicable, la sensación de formar parte de una historia sencilla y dura, pero llena de humanidad. Un libro que sin más pretensión que contar una o varias historias y que ha logrado que la memoria colectiva se de la mano en forma de muy buena literatura.