QUÉ LEO HOY:

QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...

miércoles, 28 de agosto de 2013

NADIE QUIERA SABER. Alicia Giménez Bartlett



No recuerdo qué novela de la serie protagonizada por Petra Delicado llegó primero a mis manos, aunque seguro que si hago un pequeño esfuerzo, que no estoy dispuesto a hacer ahora, doy con la historia y el título. Pero sí recuerdo la primera vez que me encontré cara a cara con Alicia Giménez Bartlett, una primera vez en la que hubo sorpresa, ironía, humor y, porqué no decirlo, cierto misterio e intriga. Ingredientes que no pueden faltar en sus novelas. Sin olvidar, claro está, una camaradería de quienes compartimos esa pasión por el mundo de la literatura.
Así que si sus personajes, la mencionada inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, ya me tenían ganado gracias a dos o tres de sus "aventuras", fue la propia autora la que logró ganarme para su causa y la de su literatura que, como bien se ha podido comprobar, tiene muchos más registros, igualmente notables e importantes.
Como suele ocurrir en los libros del género cuando son varios los títulos en los que los personajes nos muestran sus andanzas, conocemos tanto su vida profesional como la privada, sus miedos, deseos, sueños y ensoñaciones, de tal manera que no podemos evitar dotarles de un espíritu que seguro no aprecia quien se inicia en la saga por primera vez (que nadie malinterprete la palabra saga, aquí todo el sentido es, por supuesto, positivo). Es, no obstante, un libro adecuado para todo tipo de lector, y no sucede nada por comenzar con él a vivir las peripecias de una de las parejas más sobresalientes del panorama policíaco de la literatura actual.
Seguro que hay puristas que señalan la conveniencia de leer en orden los libros de la serie para no perder detalle de la forma de ser y actuar de Petra y Fermín, por mi parte reconozco que al menos los cuatro o cinco primeros (con éste son nueve ya) me los leí según fueron cayendo en mis manos, sin importarme nada orden alguno.
No sé si es por la narración en primera persona de la propia inspectora, o la forma de ser y enfrentarse ante su trabajo de la pareja (ambos son tan complementarios que casi parece una osadía nombrar a una sin hacerlo con el otro). Lo que sí tengo claro es que Alicia Giménez Bartlett logra crear una novela en la que el lector se ve implicado desde la primera línea, una novela que atrae y te incita a volver a ella con la mayor premura posible, consiguiendo que su lectura sea rápida, ágil y llena de interrogantes.
Nadie puede dudar que son los protagonistas quienes logran que me implique en la historia, que desee seguir a su lado mientras intentan desentrañar el crimen, en esta ocasión sucedido cinco años antes, compartiendo con ellos disputas dialécticas, cañas, discusiones y risas. Llegando a imaginar pensamientos de ambos que no aparecen reflejados en la novela.
Igualmente importante es la trama, la perfecta recreación de los diferentes ambientes en los que transitan los protagonistas, los diálogos (con los que de muestra la autora su calidad literaria y la inteligencia de sus planteamientos) y las situaciones en que se ven envueltos. Giménez Bartlett logra construir una historia en la que lo policial y lo privado se dan la mano para construir a la perfección la manera de vivir de los protagonistas, en especial de Petra Delicado, a quien seguimos (no hay que olvidar que es quien hace de narradora) en todo momento.
Por si todo esto fuese poco, en esta ocasión Roma comparte escenarios con la Barcelona en que suelen moverse los policías. Lo que engrandece la novela y la hace más creativa y compleja, haciendo que la lectura sea más agradecida.

viernes, 23 de agosto de 2013

ENTRE LIMONES. Chris Srewart



Cuando allá por el año 2007 todo el mundo hablaba (y muy bien) de un libro publicado un año antes y escrito por un inglés que había decidido vivir en Andalucía, mi amigo Ian Gibson me hizo llegar, curiosamente editado por la misma editorial Almuzara, su novela Viento del sur en la que un inglés de Cornualles buscaba el sur por los parajes más dispares de la misma región española.
Como era de esperar, leí este último y dejé el primero para más adelante. Han ido pasando los años y debo destacar que siempre ha estado presente, tanto en las estanterías como en los comentarios de aquellos que emitían una leve sonrisa al nombrarlo. Fueron varias las ocasiones en que lo tuve en mis manos dispuesto a leerlo pero unas veces por unas cosas (por ejemplo terminar un libro de viajes y querer cambiar de registro) y otras veces por otras (descubrir que Chris Stewart había dejado el puesto de batería en Génesis que ocupó Phil Collins) el libro seguía intacto.
Y este mes, ¡por fin! llegó el momento de disfrutar de Entre Limones.  
Lo primero que debo resaltar es que no es un libro de viajes, ni mucho menos-no sé si fue una idea que yo me construí escuchando a quienes hablaban de él, o el hecho de que hablase de las memorias de un inglés en Andalucía me predispuso a pensar así-, son las memorias de quien sin pensárselo dos veces emprendió una aventura que, desde fuera, tuvo que parecer descabellada.
Lo segundo, en esta nueva edición ha desaparecido el subtítulo "Un optimista en Andalucía", lo cual es de agradecer, aunque tergiverse el título original, por que así el libro es mucho más sorprendente (al menos yo no me acordaba de ello hasta que me percaté que en casa iban a convivir las dos ediciones). 
En tercero, que ya desde la primera línea Chris nos abre las puertas a una experiencia fabulosa, valiente e inconsciente. Una experiencia de la que nos hace partícipes como si en todo momento conviviésemos con él, su mujer y todos aquellos que van asomándose sin necesidad de pedir permiso.
Entre Limones es un libro hermoso, tierno y divertido. No estoy de acuerdo con quienes lo describen como un libro de humor, aunque sí tiene, y mucho, humor, ironía y descripciones magníficas que nos permiten situarnos en todo momento. Es simplemente un libro fresco, un libro que nos pone de buen humor y nos permite ensoñar sin tener que dejarlo.
Chris Stewart no solo nos ofrece sus memorias por la Alpujarra granadina, sino que lo hace de una manera sobresaliente, con una narración ágil y sumamente elocuente. Sus grandes dosis de observación  le permiten describir con gran detalle, pero sin caer en la exageración, cada uno de los momentos, de los lugares y los encuentros con que tuvo que vérselas una vez asentado en "El Valero".
El autor logra mostrarnos la forma de vivir del entorno, la suya propia y la de sus vecinos, la manera de hablar e incluso de pensar. Y todo ello desde un punto de vista positivo, optimista, que logra que en más de una ocasión arqueemos las cejas en señal de asombro por cómo es capaz de enfrentarse a los "desafíos" que se le van presentando.
Una lectura agradecida, vital y, porque no, perfecta para cualquier momento y situación. Un entretenimiento que a pocos, lo siento por ellos, pasará inadvertida. 

martes, 20 de agosto de 2013

CHAUEN, COLORES Y SABORES. Rosa Ortega Canadell



Cuando me regalaron este libro, y sin mirar siquiera la portada, me dijeron como única referencia que me iba a gustar. Por el nombre de su autora conocía, por la misma persona que me entregaba el libro, su poemario Geometría de la soledad y poco más, salvo que era, o había sido, profesora de historia y había ejercido en Soria algunos años.
La portada, el título y el subtítulo lo decían todo, pretendían llevarme a la zona de Marruecos que no conozco. Sí, lo he visitado en varias ocasiones, pero siempre he evitado, no sé si consciente o inconscientemente, el norte, la región que más influencia ha recibido de España. De hecho estas líneas las he escrito en Marrakech, después de pasear sin rumbo por sus calles, de observar a sus habitantes y recorrer sus zocos después de dos años sin hacerlo.
El caso es que la autora, sin mayor pretensión que dar rienda suelta a la memoria y descubrir qué se mantiene en ella de sus recuerdos de infancia. Y el hecho es que lo que consigue, el título es acertado donde los haya, aunque cabría añadir los olores que también logran transmitir sus páginas.
Los colores y los sabores que inundan la memoria de Rosa Ortega quedan plasmados con maestría, dejando que sean las palabras las que dejen fluir los sentimientos, los acontecimientos más significativos de una infancia ya lejana. Y es que la autora no se conforma con describir Chauen, sus rincones, sus habitantes, sus colores... No, nos ofrece pinceladas de su propia esencia, de ese espíritu que no ha logrado apagar el paso del tiempo, la importancia del paso de las estaciones y la relevancia de cada una de ellas en la vida cotidiana.
El libro no es, lo que se agradece, un libro de memorias al uso, es un cuaderno que nos traslada a la época colonial, que  nos dibuja perfectamente el día a día de españoles y marroquíes, la mezcla de dos culturas en cada uno de los acontecimientos que se desarrollaban, por muy insignificantes que estos fueran.
Rosa Ortega nos describe más de treinta recetas de cocina en las que queda patente dicha mezcla, no solo porque ambas gastronomías poseen suficientes alicientes como para ser tenidas en cuenta, sino porque en la narración se descubre la fusión existente entre ambas.
En poco más de 140 páginas el lector conocerá cómo era la vida en las colonias, cómo se desarrollaba la existencia de una familia normal, la alimentación, el trabajo, la cultura, los estudios, las vacaciones y un sinfín de cosas más de una manera sencilla e ilustrativa.

lunes, 12 de agosto de 2013

EL ENREDO DE LA BOLSA Y LA VIDA. Eduardo Mendoza



Hay días en los que se necesita una lectura estimulante, fresca, ágil y divertida. Una lectura que enganche y entretenga desde la primera frase y que penetre en ti de tal manera que sientas la necesidad de dejar todas las demás cosas para vivir la aventura que se dibuja en el libro.
Y aunque en muchas ocasiones nos cuesta encontrar esa novela que cumpla todos estos requisitos más vale la pena recuperar aquellos que se quedaron aparcados en algún momento (reconozco que voy guardando una serie de títulos para prestarles la atención que se merecen estando de vacaciones, cuando es más difícil que me interrumpan la lectura a la que me siento unido). 
Con Eduardo Mendoza tenía claro que la apuesta era segura, que la cuarta entrega de su "detective" sin nombre me iba a subyugar como ya lo habían hecho El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras. Que las aventuras, y desventuras, del ex-convicto, peluquero, investigador y un montón de cosas más, iba a lograr atraerme a su particular Barcelona, a esos escenarios tan cinematográficos envueltos en esa atmósfera de surrealismo que solo el autor sabe crear.
Por supuesto que no hay discurso nuevo, ni falta que hace, que todas las piezas que Mendoza ha ido creando siguen encajando de la misma manera, caótica, esperpéntica y críticamente, pero encajando, logrando que apenas sí podamos apartar la vista del libro para llevar a cabo las acciones más elementales para poder subsistir. Leyendo a Mendoza, y en especial las aventuras de este personaje (quien no lo conozca no debe perder un segundo en hacerlo), uno corre el peligro de sentirse como uno de los protagonistas de la película "El impero de los sentidos" de Nagisa Oshima, salvo que en vez de perder la noción del tiempo por culpa del amor, aquí se pierde por comprobar en qué acaban las correrías de nuestro protagonista y de todos aquellos que le rodean.
La maestría con que Mendoza maneja el ritmo de la narración, el dominio del personaje y los giros y juegos que este lleva a cabo en su labor de narrador no deja indiferente a nadie, sea o no ésta la primera de las novelas que se lean. La manera de expresarse y las situaciones en que se ven envueltos los diferentes personajes hacen las delicias del lector de tal manera que las sonrisas pasan a carcajadas con una facilidad que puede dejar a más de uno en evidencia al no poder esconderse ante una de las múltiples situaciones hilarantes que ocupan la novela.
Junto a la ironía que acompaña la mayor parte de las descripciones, hay mucha crítica a la situación en que se encuentra hoy Barcelona, ampliable al marco nacional y europeo, muchas puyas a personajes y actuaciones que hay conseguido sumirnos en la situación actual.
Pero sobre todo es un divertimento, con notables dosis de intriga para que acompañemos a los personajes a través de un caos que antes que cegar al lector, le va implicando más y más a medida que la novela avanza. 
Una novela ingeniosa, ocurrente y sumamente divertida, que logra que pateemos la ciudad en compañía de los seres más llamativos de la sociedad barcelonesa (incluyendo a algunos de notable posición).



martes, 30 de julio de 2013

LA CONFESIÓN DE UNA JOVEN Y OTROS CUENTOS DE NOCHE Y CRIMEN. Marcel Proust



No, no lo puedo ocultar, a pesar de mi amor por la lectura y por el intento de, al menos, cinco veces, no he logrado leerme ninguno de los volúmenes de A la busca del tiempo perdido de Marcel Proust.
A lo largo de muchos años y tras escuchar que grandes nombres de la literatura castellana hablaban de la obra de Proust como esencial en su trayectoria vital y literaria, repetía la promesa de que ese año no iba a pasar de leer el primer tomo (del que tengo al menos dos ediciones). Pero en vano, aquellas promesas repetidas e incumplidas, al menos en cuatro veranos, me persiguen y señalan como si en mis intentos no hubiese puesto toda la voluntad posible.
Y claro, cuando llega a mis manos la reedición de este pequeño libro de relatos, se me produce una especie de revelación que me indica que esta vez sí, esta vez voy a leer a Proust, aunque nada tenga que ver con su gran obra.
La primera impresión es que en el relato corto el escritor francés es más directo, no necesita crear esos giros que hacen que su prosa se haga lenta (al menos eso me ocurría a mi hasta ahora), más densa, como si los acontecimientos pasasen en cámara lenta y fuese necesario observar todos los detalles y desde todos los puntos de vista.
Proust es brillante, preciso, capaz de que el lector no solo observe la escena que se desarrolla, sino que  escuche a la narradora, en el primero de los relatos y que da título al libro, como si esta estuviese leyendo para él en exclusiva.
Seguro que hay mucho de autobiográfico en los diferentes personajes del libro, se repite la falta de voluntad, las dudas y complejos alrededor del amor y ese demostrar en todo momento, en cada página las miserias que acompañan al ser humano.
Cinco relatos que tienen en común el crimen como fuerza motora, en distintas y variadas vertientes, incluso de manera rebuscada. Cinco relatos que salen del libro para convertirse en realidad, para testimoniar la manera que tiene de narrar uno de los mejores escritores de todos los tiempos, y que por sí solos tienen la calidad suficiente como para señalar a un escritor sobresaliente.
Un perfecto disfrute para los sentidos, pues emociona, intriga y deja sin aliento. Hasta tal punto que una vez finalizado el último de los relatos: Sentimientos filiales de un parricida, el libro vuelve a abrirse por la página 23 (las anteriores están dedicadas a un prólogo de Mauro Armiño que recomiendo para ponerse en situación) para volver a vivir las cinco historias de nuevo, esta vez con más pausa y detenimiento.

miércoles, 24 de julio de 2013

AVELINO HERNÁNDEZ



Ayer, 22 de julio, hace diez años, Avelino Hernández fallecía en Mallorca. Comprometido con la cultura, el mundo rural, la naturaleza, cultivó como pocos la amistad, prueba de ello es que siguen siendo muchos los que acuden a las presentaciones de las múltiples reediciones de sus libros. Autor de más de cuarenta títulos, narrador y contador de historias, han servido para acercarnos al mundo rural de la segunda mitad del siglo XX y rescatar del posible olvido tradiciones y términos casi en desuso.
Con una notable capacidad para comunicar, con un espíritu afable y de una bonhomía sobresaliente, logró que los más pequeños se interesasen por sus historias, bien a través de los libros bien como oyentes de las múltiples historias que siempre le acompañaban. Una vez había un pueblo, Silvestrito y El Valle del Infierno acercaban, y siguen haciéndolo hoy en día, al universo de la Castilla rural, a un entorno en el que la despoblación se ha cebado y con ella la pérdida de maneras de vivir y sentir la propia existencia.
Con un lenguaje claro, preciso, con las frases justas, Avelino lograba que los niños acudiesen a sus libros casi con avidez y no dudaran, una vez leídos estos, en acudir a sus padres y abuelos para saber más de esos pueblos que les habían acompañado en su infancia y juventud. Gracias a él muchos, hoy ya hombres y mujeres maduros, descubrieron formas de trabajar, utensilios y términos que los pueblos agrícolas atesoraban y que los avances técnicos se han encargado de apartar del lenguaje cotidiano.
Se me escapó mi perro Canuto, la boina asesina del contador de cuentos, 1943, Eva y Tania, Conspiración en el Parque del retiro, Y Juan salió a luchar contra el telediarioCarol, que veraneaba junto al mar, Aquel niño y aquel viejo y Amigos, son solo algunos de los títulos con los que los jóvenes lectores descubrían el amor, el respeto y un buen número de valores sin apenas darse cuenta.
Aunque, sin duda alguna, uno de los más destacados logros de Avelino Hernández sea el de lograr que esta literatura, la denominada infantil y juvenil, penetrara con enorme facilidad entre los adultos, que disfrutasen como los propios niños y que leyesen sus libros con el mismo interés con que lo hacían estos.
Numerosos han sido también los libros de viajes, aquellos que nos acercaban a los lugares que él mejor conocía: Soria, donde la Vieja castilla acaba, La sierra del Alba, Crónicas del Poniente Castellano, Viaje a Serrada, Myo Cid en tierras de Soria, Itinerarios por Madrid, Invitación a Soria y muchos más entre los que cabría destacar varias guías sobre Soria y provincia. Libros en los que el autor se convierte en un compañero que no se conforma con señalar los puntos de interés, sino que trasmite la historia, las leyendas y la propia esencia del lugar que describe, haciendo que quienes en él habitan sean los verdaderos protagonistas.
No hay que olvidar que gracias a sus viajes nacieron libros que nos acercaban a pueblos en peligro. La historia de San Kildán y El día en que lloró Walt Whitman dan buena prueba de ello. Libros para todas las edades ya que cada cual logra verlos de manera particular.
Una casa en la orilla de un río, Los hijos de Jonás y La señora Lubomirska regresa a Polonia colocaron a Avelino entre los grandes narradores del inicio de este milenio. Con una prosa fuerte, directa y llena de energía, el autor construye historias con mayúsculas y deja sin habla a quienes acceden a su lectura.
Catálogos de arte, estudios sobre desarrollo rural, prólogos, libros en colaboración con otros escritores, completan esa biblioteca fascinante y que hoy está tan presente como lo era hace unos cuantos años. Muchos más libros se han ido editando desde su fallecimiento, muchos de ellos inéditos, y que siguen demostrando que su manera de contar está viva. 


viernes, 19 de julio de 2013

ROSA CANDIDA. Audur Ava Ólafsdóttir



Lo primero a lo que me tuve que acostumbrar es a cambiar cándida por candida, lo que demostraba mis nulos conocimientos de botánica, e intentar nombrar a la autora de forma pausada para evitar que la lengua se me trabara.
Es cierto que si alguien hubiera tratado de explicarme de qué trata la novela, de hacer una sinopsis exacta de su contenido, es más que probable que nunca hubiese leído el libro. No, no resulta fácil que su temática me resultase atractiva, y eso que la editorial la promocionó de manera adecuada, usando los adjetivos precisos para dejar caer la belleza que parecía escondían sus páginas.
El caso es que una vez comienza su lectura estás perdido, casi sin darte cuenta acompañas a Arnjótur en un viaje en el que tú, como lector, te sientes implicado y en el que logras compartir tus propios sentimientos.
Es cierto, no lo voy a negar, que en más de una ocasión frunces el ceño ante un protagonista que parece tenerlo todo, es demasiado inteligente, demasiado sensible, sumamente práctico y generoso. Vamos, que lo tiene todo, lo cual te hace despistarte, durante unos segundos, de la lectura. Despiste que dura poco, muy poco, pues la prosa fluida y ágil de la autora te seduce de tal manera que esos pensamientos no impiden disfrutar  de la lectura.
Los setenta y siete pequeños capítulos en que se divide el libro aportan una frescura a sus páginas que hace que apenas separes los ojos del texto. Todo pasa a un segundo plano y te ves acompañando al protagonista por diversos medios de locomoción en los que no pierdes detalle. 
Y es que la autora logra describir perfectamente todo lo que se presenta ante Arnljótur con las palabras justas, con los detalles necesarios para conseguir que nos situemos en todo momento e identifiquemos a cada uno de los personajes que van apareciendo. Algunos de estos traspasan el libro y parece los conociéramos desde siempre.
Una novela clara, precisa y de una belleza deslumbrante que no necesita de más artificio que la propia narrativa para ilustrar a cualquier tipo de lector.