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domingo, 10 de marzo de 2013

LAS POSEÍDAS. Betina González



No sé exactamente cómo decirlo, pero un premio que tenga como miembros del jurado a Juan Marsé, Almudena Grandes, Fernando Aramburu, Juan Gabriel Vásquez y Beatriz de Moura, no solo me merece el mejor de los respetos, sino que me incita, y mucho, a leer qué es lo que ha llamado la atención de estos escritores.
Así que por fuerza la lectura de Las poseídas corría el peligro de generar demasiadas expectativas y  convertirse en un libro tedioso que hiciese que en mi cabeza volviese a parecer la machacona frase de "no escarmientas".
Es cierto que en la primera página suenan las alarmas al comprobar en los diálogos (no me había molestado en leer la contraportada, cosa que aconsejo para evitar construir malentendidos) que las protagonistas hablaban el castellano usado en Argentina. Que nadie me malinterprete, no tengo nada en contra de ello, al contrario, me parece mucho más musical y sonoro que el usado en buena parte de la Península, pero estarán conmigo que si es difícil a veces seguirlo de oído (pónganse a ver la película "El secreto de sus ojos" y comprobarán lo que cuesta adaptarse), mucho más lo es al leer, sobre todo porque nuestra cabeza se despista al comprobar que las tildes están en otro sitio.
Pero todo ello se disipa una vez culminado el primer diálogo, el segundo no llega hasta la página 54 y ya estamos metidos en situación, y comienza la descripción, en primera persona de la protagonista:  López.
No existen en nuestro idioma muchas novelas actuales para adultos que hablen de adolescentes, como si el pasar dicha etapa de la vida nos hubiese inmunizado para siempre. Es cierto que en algunas los protagonistas sí lo son en algún momento, pero no toda la novela. Las poseídas es una novela de adolescentes, una novela de iniciación, incluso de rebeldía.
Las jóvenes protagonistas, que lo son y basta echar un vistazo a la portada para comprobarlo, dibujan su incorformismo de diversas maneras, y aunque su actitud desafiante y el despertar sexual parecen dirigir la novela, será  el comprobar el horror de la dictadura que ellos no vivieron el  verdadero punto de partida de su pérdida de inocencia. Ni siquiera el hablar de un colegio católico femenino de la década de los ochenta en Argentina difumina el shock que parece azotar a toda una generación.
Con una escritura envolvente y original, la autora no solo pone de manifiesto el dominio de la narración, sino que es capaz de escribir una historia que absorbe a todo tipo de lectores. Es, además, una perfecta combinación de géneros, con  una prosa limpia y clara, incluso cuando son las propias adolescentes las que hablan.
Una historia realista, con los peligros que ello conlleva, construida de manera notable y de la que parece no puedas despegarte, pues  las protagonistas y los hechos narrados atrapan de igual manera.
Por cierto, el premio otorgado por el jurado mencionado al principio es el Tusquets de Novela.

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