QUÉ LEO HOY:

QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...

miércoles, 20 de junio de 2018

FILEK. EL ESTAFADOR QUE ENGAÑÓ A FRANCO. Ignacio Martínez de Pisón


Ignacio Martínez de Pisón es uno de los narradores más destacados del panorama literario nacional, con una trayectoria que otros muchos, quizá con más nombre, seguro que envidian. Ha contado con el aplauso de la crítica (Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio Ciutat de Barcelona, entre otros) y con el beneplácito de miles de lectores que esperan con impaciencia cada una de sus obras. Carreteras secundarias, Dientes de leche, El día de mañana, La buena reputación y Derecho natural siguen presentes en los estantes de las librerías como un autor al que no son ajenos lectores de diferentes referencias literarias.
Su buen hacer narrativo, demasiado clásico según algún que otro crítico, pero embriagador para quienes lo descubrimos hace más de veinte años y seguimos con atención y entrega cada nuevo trabajo, consigue que se coloque de inmediato entre los libros a leer con determinación.
Pero si además lo que nos presenta es la historia de un personaje enigmático y desconocido, pero con el subtítulo de "el estafador que engañó a Franco", poco más podemos hacer que coger el libro y comenzar su lectura. No he leído la biografía sobre el dictador de Paul Preston Franco, caudillo de España, así que desconocía por completo a Albert von Filek, protagonista de una historia, cuanto menos, singular.
Quizá lo que más sorprenda en un inicio, no tanto a quienes conocen Enterrar a los muertos, es percatarnos de que no estamos ante una novela, sino ante un ensayo biográfico o, como lo define el propio autor: un libro sin ficción. Y es que Martínez de Pisón, gracias a una exhaustiva investigación en archivos y hemerotecas reconstruye en este libro la historia de nuestro protagonista.
Un protagonista que recala en nuestro país después de una serie de encuentros con la ley en el resto de Europa y que representa al típico pícaro que logra engatusar uno tras otro a inocentes incautos que quedan atrapados con sus mentiras. Bastardo de la aristocracia austriaca, es capaz de convencer a diestro y siniestro de poseer la fórmula para obtener combustible que sustituya a la gasolina a partir de agua y extractos de plantas fáciles de conseguir en nuestro país. Gracias a los contactos suficientes llegará a entablar relación con la élite del gobierno franquista, hasta tal punto que no solo logrará que se creen leyes a su favor, sino que el mismísimo Franco pusiese sus ojos y sus esperanzas en su descubrimiento.
El autor ha evitado, en todo momento, la invención y se ha centrado en los hechos demostrables, señalando siempre cuándo carece de datos suficientes como para rellenar la historia: loable tarea que se antoja compleja en un narrador acostumbrado a la ficción.
Como si de un trabajo periodístico se tratara, Martínez de Pisón logra, de una manera ágil y amena, que el lector se sienta cómodo en todo momento, que la lectura del texto se lleve sin descanso y que en ningún momento la narración decaiga. 

viernes, 1 de junio de 2018

LA TENTACIÓN DEL PERDÓN. Donna Leon


Cada caso del comisario Brunetti es como volver a ver a la familia tras un largo periodo invernal. Hasta tal punto que al finalizar su lectura he notado la ausencia de Raffi y Chiara, los hijos del comisario, y la poca presencia de Paola, su mujer. Es cierto que la historia no los hace necesarios, pero me he acostumbrado tanto a sus diálogos y a sus apariciones durante los momento de "descanso del guerrero", que era inevitable tenerlos presentes durante muchos momentos, en especial en aquellos en los que Brunetti se siente más desbordado por los acontecimientos. Incluso otro personaje imprescindible como es Vianello, la mano derecha del comisario, tiene menos presencia que en las anteriores entregas. Será la también comisaria Claudia Griffoni la que ocupe buena parte del espacio perdido y quien se hará imprescindible para el desarrollo de la historia.
Donna Leon vuelve a trasladarnos a la Venecia actual en la que se conjugan el agobio del turismo masivo y la corrupción generalizada que azota a toda Italia. Y lo hace con sencillez, con la naturalidad con la que las soportan los protagonistas; así que es fácil hacerse una idea de los problemas que tienen que aguantar los ciudadanos en general y los miembros de la policía en particular.
Gracias a Brunetti recorremos sus canales y sus calles, ese día a día que se aleja, y mucho, de las guías turísticas. Los palacios habitables, las casas, los bares, los restaurantes y los edificios públicos son escenarios habituales por los que transitan los personajes. Y como siempre, no vamos a encontrar crímenes sangrientos ni grandes grupos delictivos, sino sucesos corrientes en los que se ven involucradas las fuerzas del orden.
Con una escritura ágil y sin artificios la escritora sitúa al lector en la historia con una naturalidad impactante, hasta tal punto que se ve inmerso en plena trama casi sin percatarse. Aún no se ha despejado ninguna incógnita, ni siquiera está clara la situación que investiga Brunetti y, sin embargo, ya conocemos los pasos dados por los protagonistas en los últimos días, como si los hubiésemos seguido en secreto. Y es que Donna Leon ha logrado que todos sus personajes, da los mismo que aparezcan por primera vez o sean acompañen varias de sus novelas. tienen una fuerza especial, una intensidad vital que parece escaparse de las páginas del libro.
En La tentación del perdón logra, además, mantener la tensión narrativa durante toda la lectura, aunque, para qué negarlo, poco importa el resultado de las investigaciones, sino cómo estas se llevan a cabo. Eso sí, queremos que la justicia, encarnada en la figura del comisario, triunfe siempre, a pesar de que este no esté tan seguro de ello y que los años le hayan creado un poso de incertidumbre hacia la propia sociedad que defiende.
Una novela entretenida, que mantiene al lector sujeto en todo momento a la narración sin que esta pierda intensidad y que seguro atrapará tanto a seguidores de la serie como aquellos lectores que accedan a esta por primera vez.
Para ver más entradas de la autora en este blog: Muerte entre líneas  y El huevo de oro.

miércoles, 23 de mayo de 2018

LA MUJER DEL PELO ROJO. Orhan Pamuk




Orhan Pamuk es, junto con Gabriel García Márquez, Mark Twain y Avelino Hernández, uno de mis escritores preferidos. Así que cada nueva novela suya que llega a mis manos es cogida con verdadero deleite, hasta tal punto que soy consciente de qué poco me importa el tema del que trate y sí la manera en cómo lo hace.
No voy a negar que primero me atrapó Turquía y luego su escritor, que acudí a él y sus textos en la búsqueda de una mayor información o conocimiento de su esencia. Y tampoco que encontré en sus palabras aquello que difícilmente podía obtener con ensayos ajenos al propio país otomano. De hecho gracias a declaraciones suyas, además de lo que dicen sus libros, he descubierto las luces y sombras de Turquía.
No recuerdo bien si mi primera lectura fue El libro negro o Me llamo Rojo, pero sí que una sucedió a la otra y poco a poco todos sus libros han ido sumándose a las estanterías de mi biblioteca tras leerlas todas con la precisión y el disfrute que cada una de ellas requería en su momento (junto a ellas hay también alguna en su idioma original, el turco, que, por motivos obvios, no han sido leídas, pero si observadas a la par que su traducción al castellano). Incluso alguna de ellas, cosa muy poco frecuente, mantienen notas personales a pie de página y subrayados de párrafos que aún después de varios años siguen llamándome la atención.
La mujer del pelo rojo tiene mucho de simbolismo, es verdad, y la continua reflexión sobre el destino y la fatalidad que a este suele estar emparejada en la literatura clásica (tanto la griega como la persa) puede, en algún momento de la lectura, lastrar la agilidad que muchos lectores demandan. Pero también que demuestra el dominio que el escritor tiene sobre la narración, la creación de unos personajes, en especial Cem, el protagonista principal, y el retrato de un país como Turquía.
Pamuk juega con los tiempos y con los acontecimientos que se van produciendo; de hecho, estos estarán presentes a lo largo de toda la lectura. Atrapa al lector en una primera parte entrañable en la que Cem narra los acontecimientos de su adolescencia y lo hace de manera sencilla, sin grandes aspavientos, como si todo se contagiase de las altas temperaturas veraniegas. Describe, con una precisión envidiable, la evolución personal del protagonista en el paso de la adolescencia a la etapa adulta, permitiendo que con sus pensamientos y sus acciones muestre los vaivenes de esa etapa de la vida. La relación entre el joven aprendiz y Mahmut Usta, su maestro pocero indica, bien a las claras, una de las principales inquietudes de Pamuk, la posición de su país entre Oriente y Occidente, el puente que significa entre Europa y Asia. La visión de uno y otro en sus conversaciones, su propia relación y los juegos narrativos de los momentos de descanso, son la antesala de los pensamientos y búsquedas de protagonista ya en su etapa adulta y triunfadora, al menos en el mundo de los negocios.
Con una prosa tan elegante como fluida Pamuk nos cuenta una historia (hay muchas que se entrelazan a medida que se suman los personajes), que muestra la evolución de los últimos cuarenta años de Turquía, pero también la actualidad de los mitos milenarios, la fuerza del amor y la trascendencia de cada uno de nuestros actos.
Una buena novela para acceder al universo literario de Orhan Pamuk, que hará las delicias tanto de quienes hayan seguido su trayectoria como de aquellos que se adentren por primera vez en su narrativa.

lunes, 23 de abril de 2018

Día del Libro


Para los que amamos los libros y la lectura hoy es nuestro día. Un día de celebración en el que recuperar historias, aventuras, viajes y memorias de quienes se han atrevido a trasladar sus inquietudes al papel. Pero sobre todo el día en que debemos celebrar la dicha de vivir la libertad que produce un buen libro.
A pesar de los varapalos, que tanto en nuestro país como en otros de nuestro ámbito literario, de la tan mencionada crisis económica, del cierre de numerosas librerías y del abandono al que, con demasiada frecuencia, se somete a la cultura, el mundo editorial en castellano goza de muy buena salud. Cada semana encontramos un buen número de textos que nos llaman a voces para que recalemos en sus páginas y hagamos nuestras las vivencias que en ellos se esconden. Pero también aparecen tesoros que se encuentran semiocultos entre las estanterías y las mesas de las librerías y las bibliotecas. Hay que perder el miedo, y las excusas, para acudir de vez en cuando (la frecuencia demuestra el interés que tenemos en el cultivo de nuestra propia esencia) y rebuscar, tocar, sentir las historias que se ocultan levemente y que solo están esperando nuestro rescate y posterior disfrute.
Sí, todas las personas nos hemos contagiado de la prisa por vivir, del reto que supone ocupar todos los minutos que no nos roba el sueño, por eso con demasiada frecuencia no nos paramos a disfrutar de esos momentos que nos pertenecen y que deberíamos elegir nosotros mismos, al menos aquellos que gozamos de la libertad suficiente para hacerlo. Y no hay mejor manera que hacerlo con un libro de nuestra elección, un libro que nos atrape, nos cambie el humor, nos acelere y, por qué no, nos llegue a encender, lo mismo da el sentido que adquiera la llama.
Se han dicho muchas, muchas cosas, sobre el libro -más en estos días en que los correos electrónicos y los wasaps emiten consignas literarias-, sobre sus aportes y beneficios, sobre lo que puede suponer, y de hecho supone, la lectura de cada libro, de los momentos que aporta y de la regeneración de sustancias beneficiosas en nuestro organismo. Pero hay algo que a nadie se le debe escapar, la lectura debe ser un ejercicio personal y satisfactorio, un placer solitario que nos aparte de modas e indicaciones vacías, cada cual debe elegir lo que en cada instante desea leer, con qué disfrutar y que aventuras, o desventuras, desea vivir.
Todo libro está escrito para un lector o lectora concreto, incluso para una situación concreta, que sea el  nuestro solo lo podemos elegir cada uno de nosotros, aunque siempre es bien recibida una apreciación, un consejo, un recuerdo (hay que tener siempre presentes a nuestros libreros) y no tener miedo, nunca, a dejar, al menos durante un tiempo, aquellas lecturas que no nos aporten nada, que nos aburran hasta producir en nuestra lectura un sufrimiento que no merecemos. Puede que exista otro momento, así que más vale apartarlas y probar más tarde, hay demasiados libros por leer que no merece la pena perder el tiempo en aquellos que no estén escritos para nosotros.
Eso sí, cada vez que encontremos el que nos merecemos, debemos agarrarlo con fuerza y disfrutar de cada página, de cada frase, de cada palabra y volver a él todas las veces que sea necesario, sin olvidar que existen, muy cerca de nosotros, muchos más preparados para ofrecernos las mismas sensaciones.
¡Feliz Día del Libro!

miércoles, 18 de abril de 2018

VIENTOS DE CUARESMA. Leonardo Padura


Hace pocas fechas aparecía por fin la última de las novelas de Leonardo Padura La transparencia del tiempo. Así que era la compañía perfecta para un viaje a La Habana, pero al ser novedad, su peso y tamaño no lo presentaban como la mejor de las compañías. Había pues que buscar alguno de sus anteriores trabajos y qué mejor que hacerlo con la segunda entrega del todavía teniente investigador Mario Conde (la primera había sido Pasado Perfecto), Vientos de cuaresma.
Con ella no solo volví a sumergirme en una novela policíaca con reminiscencias a Hammett, Chandler, Sciascia y Vázquez Montalbán, sino que de inmediato tuve ante mí la ciudad de La Habana. Con su hermosura y decrepitud, con su pasado y su presente y, por encima de todo, la nostalgia de cada uno de sus rincones.
Y es que Mario Conde recupera las más destacadas características de la novela negra, desde su propio personaje: desinhibido, vividor, desordenado, con las adicciones políticamente incorrectas que suponen el alcohol, el tabaco y, como no, el sexo. Hasta los escenarios por lo que se mueve y los personajes que poco a poco se van asomando y que adquieren un protagonismo que sirve siempre para que el propio Conde crezca a medida que se suman las páginas.
Amistad, música  (también el ron  el tabaco y las  mujeres ), y con la dosis de intriga necesaria para atrapar al lector ávido de historias interesantes y bien contadas, componen un trabajo bien hilvanado, con la presencia justa de cada uno de sus componentes. Sin olvidar, claro está, el apartado gastronómico que acerca al lector a la exquisitez de los platos, sin olvidar en ningún momento, la escasez y falta de suministro de algunos ingredientes, así como el racionamiento en la isla.
Padura no solo te acerca a La Habana Vieja, a sus personajes y sus circunstancias, sino que te introduce en el día a día de una ciudad con vida que se resiste a perder parte de su esencia. Su manejo del lenguaje, del ritmo narrativo y de cada uno de los personajes, hasta los que parecen menos representativos, le permitió crear una historia de grandes dimensiones, aunque su tamaño parezca decirnos lo contrario.
Conde, el Flaco Carlos, Josefina, Manolo, Karina y cada uno de los múltiples actores de Vientos de cuaresma son la antesala de lo que ha sido,  en parte es, Cuba, de sus ansias y sus desvaríos, de su pasado y su presente. No hay que olvidar que han pasado más de quince años desde su publicación, pero aún así es fácil descubrir que comparten el mismo aroma y la misma musicalidad, por no hablar del aire cálido del sur que sopla durante la primavera cubana y que, como todas las variaciones climáticas, afectan a los habitantes que las padecen.
Una novela de un escritor con mayúsculas (Premio Café Gijón 1995,  Premio Dashiell Hammett 2005, Premio Raymond Chandler 2009, Premio Nacional de Cuba 2012 y Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, entre otros) que no solo construye novelas, como Vientos de cuaresma, llenas de intriga y vitalidad, sino que perfecciona el arte de la escritura de tal manera que en ellas se descubren los más destacados componentes de la literatura en castellano.

viernes, 30 de marzo de 2018

LOS DIECISÉIS ÁRBOLES DEL SOMME. Lars Mytting



Lars Mytting logró en 2016, con “El libro de la madera”, demostrar que era un escritor y ensayista sobresaliente. De la nada construyó un libro que ha llegado en nuestro país a cotas inimaginables, teniendo en cuenta su escasa publicidad, convirtiéndose a lo largo del pasado año en uno de los libros más destacados de no ficción. No resulta pues extraño que su última novela LOS DIECISÉIS ÁRBOLES DEL SOMME  despertara el interés de cientos de lectores y que las buenas críticas se vayan sumando a la par que el aplauso de los lectores (obtuvo el Premio de los Libreros de Noruega). No solo estamos ante una novela brillante, escrita con una notable sensibilidad y maestría narrativa, sino que nos envuelve de tal manera que es más que probable que a partir de su lectura muchas cosas puedan verse de otra manera. Intensa y llena de encanto, la novela atrapa y nos sumerge en un universo del que no se desea salir, hasta tal punto que quizá lo más desagradable de su lectura sea abandonarla una vez finalizada esta.
Mytting consigue, con destacada maestría, acercarnos a la naturaleza y la tierra, hacernos conscientes de aquellas cosas que nos vinculan con ellas. Sí, de nuevo encontramos la fuerza de los árboles, de esa tierra que nos atrapa y nos mantiene vivos y que es capaz de cicatrizar cualquiera de nuestras múltiples heridas.
Pero quizá lo más significativo en la prosa del escritor noruego, además de recrear con notable soltura el escenario natural en que se mueve el personaje principal, es el manejo de la trama, de los tiempos en que se recrea la historia. Y lo hace aportándonos, en pequeñas, muy pequeñas dosis, lo justo para sigamos indagando en la lectura en el ardiente deseo de saber algo más, de llenar los vacíos que el propio protagonista intenta completar.
Una novela de historia y naturaleza, de búsqueda personal y familiar, de acercamiento al espacio que ocupa la memoria de los que se fueron. Hay pérdida sí, pero como el inicio de una historia de la que apenas se conocen los primeros enunciados.
Mytting nos abre la puerta a un mundo lleno de enigmas y lo hace de una manera sencilla, sin sobresaltos, en la que el lector va a ir tomando partido como un espectador que no puede evitar situarse en uno u otro lado del escenario.

domingo, 18 de marzo de 2018

DETECTIVE ÍNTIMO. Carlo Frabetti


Decididamente hay portadas cuyo diseño hace muy poco favor a la novela, a no ser que su intención sea pretender vender, de manera equivocada, a un público que no buscaría nunca el libro. No hay duda que Detective íntimo es una de ellas, de hecho si no fuera por el nombre de su autor, es más que probable que nunca hubiese pretendido leerlo.
Y si a la portada acompaña un título extraño, a nadie se le escapa que la palabra íntimo invoca más a la literatura pseudoerótica que en los últimos años ha proliferado como las setas en un otoño lluvioso, cuesta mucho explicar su elección.
Pero gracias a sus libros juveniles La magia más poderosaUlrico y la llave de oroEl palacio de las cien puertas de lecturas para todas las edades, junto a aquellos que acercaban a los más jóvenes al mundo de las ciencias: Malditas matemáticas, Alicia en el país de los númerosCalvina Nunca más, Carlo Frabetti ocupa un espacio destacado entre los autores del género infantil y juvenil.
Eso sí, desde el primer momento, casi desde la primera página, el lector se percata de que se encuentra ante algo diferente, ante una historia narrada de manera distinta, en un juego del que no se puede escapar hasta que la lectura ha puesto fin a las poco más de doscientas sesenta páginas.
Carlo Frabetti, italiano asentado en nuestro país y escritor en castellano, maneja en todo momento el ritmo de la novela, dominando sobremanera el diálogo, hasta tal punto que el lector parece participar de este desde varios puntos de vista. A esto, no hay duda, ayuda la perfecta construcción de los personajes a los que, con breves pinceladas, dibuja desde los gestos que los caracterizan hasta el estado psicológico que les traslada hasta el despacho del Detective íntimo.
Estamos ante un libro que desborda inteligencia, desde la elaboración del personaje principal, hasta que no asimilamos completamente que es íntimo y no privado (su trabajo como detective) parece que las demás cuestiones pasan a segundo plano. aunque, eso sí, volverán a aparecer cuando menos no lo esperamos. Pero como decía, Detective íntimo es un libro inteligente, desde el uso del lenguaje, la construcción de la trama y su desarrollo, hasta el juego al que invita tanto a lector como a los diferentes personajes que se van asomando por las páginas del libro.
Un libro que se deja saborear, cuya lectura hay que frenar para que esta se produzca en una sola sesión (es un libro que se puede leer de una sentada, pero entonces se desperdician la mayor parte de sus valores), y hay que leer con tranquilidad, disfrutando de su humor, de sus referencias literarias y filosóficas y prestando toda la atención a cada uno de los instantes que, con precisión, relata su protagonista.