QUÉ LEO HOY:

QUÉ LEO HOY: Sugerencias, debate, crítica, opinión...

martes, 25 de agosto de 2020

LA HORA DE LOS HIPÓCRITAS. Petros Márkaris

 


Si me paro un poco a pensar, no sé que me gusta más de Petros Márkaris: su forma de narrar o la creación de un personaje como Kostas Jaritos. Sin duda alguna ambos van unidos, o lo que es lo mismo, forman parte de una misma premisa que me hace realizar una segunda pregunta: qué me gusta más de Kostas Jaritos, las investigaciones en que se ve envuelto o la crónica de Atenas en particular y de Grecia en general.

Y es que acompañar a Jaritos en cualquiera de sus "aventuras- investigaciones" es realizar un viaje por una de las ciudades más fantásticas y características del Mediterráneo. La capital de Grecia no solo es el centro de sus operaciones, es el latir constante de un pueblo que, por muchas similitudes, a los españoles se nos antoja muy similar al nuestro. Con el comisario hemos sentido, y de qué manera, los avatares sufridos en su país durante la crisis del 2008, las consecuencias que tuvo en todos los escalafones de la sociedad y cómo los griegos, cada uno a su manera, fueron superando los obstáculos que les iban apareciendo en el día a día. De hecho seguir la saga en orden de aparición, sobre todo desde aquel año fatídico, nos ha permitido comprobar la evolución y ha servido para contestar a muchas de las preguntas que la crisis trajo consigo de forma mucho más sencilla que lo han tratado de hacer los economistas. No resulta extraño, en este sentido, que algunos de sus títulos, en especial la llamada trilogía de la crisis: Con el agua al cuello (2011), Liquidación final (2012) y Pan, educación y libertad (2013); sirvieran a muchos profesores de economía para explicar a sus alumnos qué supuso la mencionada crisis de 2008. No hay que olvidar tampoco una posible cuarta parte con Hasta aquí hemos llegado (2015).

Con Kostas Jaritos siempre tenemos dos historias dentro de la misma novela, ambas íntima e inseparablemente unidas, la familiar y la profesional. Con la primera nos hace partícipes de la vida dentro de su casa, con su familia y sus amigos, de manera que somos uno más en todo tipo de reuniones, banquetes (la parte gastronómica que encabeza su mujer Adriani es tan suculenta como cualquiera de sus investigaciones), decisiones y la visión particular que cada uno tiene de la vida. Una familia mediterránea donde todos tienen cabida y, lo que es más importante, voz y voto, pues desde los actos más simples hasta los comentarios más intrincados afectan al desarrollo de los acontecimientos. Por supuesto que la parte profesional, en la que el comisario nos muestra su valía y la de sus hombres y, lo que es más importante, cómo late el corazón de Atenas, pues gracias a sus idas y venidas, a sus paseos a pie y en coche, queda perfilada la geografía urbana y humana de la ciudad.

De nuevo los crímenes serán la manera que el comisario tiene de ver y enfrentarse a la realidad. Una realidad ajena a las estadísticas y los puntos de vista que desde Europa se tiene del país Heleno. Y de la misma forma que nos hace uno más en el núcleo familiar y de amistad, de hecho vemos como Jaritos acaba de ser abuelo, seguimos con él, paso a paso, el desarrollo de la investigación en que se ve inmerso, el asesinato de un empresario hotelero. La acompañaremos en todo momento, desde la visita al lugar del crimen, o mejor de los lugares, hasta los interrogatorios a testigos, las reuniones con sus superiores y colaboradores; de tal manera que en más de una ocasión cometeremos la osadía de querer indicar quién o quienes pueden tener algo que ver con ellos. Y es que Márkaris tiene la capacidad de introducirnos en el juego en todo momento, de no sentirnos una pieza inoperante, al contrario, somos indispensables para que la narración, y con ella los acontecimientos, se sucedan en el orden correcto.

Y todo lo logra de manera sosegada, sin carnaza ni sangre por todos lados. Sí, claro que hay muertos, pero no se dedica a explicar con detalle, salvo lo estrictamente necesario, cómo estos aparecen. Con pocas palabras, en apariencia sencilla y, sobre todo, apoyado en un soberbio dominio de los diálogos (hay que agradecer al traductor, Ersi Marina Samará Spiliotopulu, su sobresaliente trabajo) el autor crea una novela que atrapa desde sus primeras páginas. Llena de humor y con un ritmo ascendente -capaz también de crear momentos de sosiego y calma cuando esta es necesaria-, su lectura se hace casi irrefrenable, de tal manera que el lector tiene la misma prisa que los protagonistas en descubrir al culpable de los crímenes



martes, 11 de agosto de 2020

EL KOALA ASESINO. RELATOS HUMORÍSTICOS DE LA AUSTRALIA PROFUNDA. Kenneth Cook




Cada vez que encuentro un libro con pretensiones de humorístico no puedo por menos que echarle un vistazo y comprobar si dichas pretensiones se corresponden con la realidad. Con demasiada frecuencia descubro que no sé qué entienden por humor los editores para atreverse a usar esa palabra en alguna de las partes visibles del libro. Incluso en más de una ocasión la palabra "delirante" debería haber sido cambiada por "insufrible" o "deprimente", pero está claro que no todos sentimos los libros y su lectura de la misma forma.
No voy a negar que Australia queda para mi muy lejos, y salvo algún documental, un par de películas (algunas vistas en la juventud y que ahora no aguanto ni cinco minutos) y referencias de algunos de mis paisanos que buscaron en las antípodas el lugar donde crear una nueva vida, apenas tengo más referencias que los tópicos que he ido creando a su alrededor. Sí, Marcus Zusak, el autor de La ladrona de libros, es australiano, pero la historia sucede en nuestro continente; lo mismo que buena parte de las novelas de Colllen McCullough, en especial la saga Señores de Roma. Aunque de la escritora australiana es fácil recordar, al menos por su versión televisiva, la obra El pájaro canta hasta morir (El pájaro espino), que sí se sitúa en tierras australianas.
Por supuesto que el título El koala asesino ya de por sí despierta cierta curiosidad, o al menos así me lo pareció a mí. Aunque el subtítulo de relatos humorísticos de la Australia profunda me hacían desconfiar. Comencé la lectura con más reparos de lo acostumbrado, aunque la imagen de portada, del koala con cara de pocos amigos y la singularidad de todo lo que representaba me obligaba a imaginar, cuanto menos, una lectura diferente.
Lo primero que hay que tener en cuenta es quién es, o mejor dicho, quién era Kenneth Cook. Un periodista y presentador de televisión, escritor y guionista, pero, por encima de todo un aventurero que recorrió Australia de cabo a rabo. Fruto de esos viajes, de la búsqueda de nuevos retos y espacios desconocidos son los quince relatos que conforman este libro. Un libro cuyo nexo común es el encuentro con los más variopintos animales, muchos de ellos exclusivos del continente australiano, y la destreza, o falta de ella, para salir indemne de ellos.
Llenos de ingenio y con un humor desbordante el autor nos traslada a los rincones más dispares de Australia y nos hace primero sorprendernos por su intrepidez y audacia (hay quien lo definiría como inconsciencia), y luego por la comicidad de los hechos que narra.Y es que Kenneth Cook es todo lo más alejado a un aventurero que nos podemos imaginar: con sobrepeso, torpeza excesiva, amante de la cerveza y demás líquidos alcohólicos, con una ausencia llamativa de moreno, vago desde su infancia y un verdadero imán para los problemas. Así que con esas características ¿qué le podía salir mal en su encuentro con cocodrilos hambrientos, serpientes venenosas, cerdos furiosos, camellos enloquecidos y gatos alocados? Todo o nada, según se mire, pues siempre, de la manera más increíble e inimaginable, logra salir con vida, que no indemne.
Sin duda alguna lo mejor que desprende este libro de relatos es que, además de las sonrisas que despierta,  cuando el relato leído parece insuperable, el siguiente logra sorprendernos más y lograr que dicha sonrisa se trasmute en risa, cuando no en carcajadas.
Un libro ocurrente, divertido y entretenido, que atrapa en todos sus relatos y que logra que cada uno se convierta en una verdadera historia por separado. Por supuesto que tras la lectura te quedan pocas ganas de conocer al protagonista, pero sí de seguir leyendo sus disparatadas aventuras. Esto es fácil gracias a sus otros dos libros de relatos El lagarto astronauta y El canguro alcohólico.

viernes, 31 de julio de 2020

RIÑA DE GATOS. MADRID 1936. Eduardo Mendoza



Qué mejor manera de celebrar este atípico Día del Libro en pleno mes de julio que recuperar una espléndida lectura diez años después y saborearla de una manera mucho más sosegada y pausada. 
Siempre tengo presente que un libro con el que he disfrutado debe tener, al menos en la mente, una segunda lectura, no buscando una revisión del momento que supuso la primera, sino con la idea de que hubo detalles que se pudieron escapar cuando aquella se realizó de manera casi convulsiva. No voy a negar que Riña de gatos supuso para mí un cúmulo de sensaciones y, por lo tanto, una situación que no se da con demasiada frecuencia: haber disfrutado con el autor momentos inolvidables. Tener la suerte de compartir el acto de presentación de la novela, Premio Planeta en 2010, y la posterior complicidad de un autor por el que sentía una profunda admiración, descubrir su talla como persona y, sobre todo, el cariño que nos demostró a los dos libreros, Pilar y yo, dejando lo protocolario para admitirnos en una conversación en la que demostraba no solo sus amplios conocimientos, sino también su humildad.
Cómo no coger con frenesí el libro en la soledad del hotel, cuando aún no se habían apagado los ecos de la velada, y sumergirme en el mundo sensorial que el autor dibujaba alrededor del Madrid de marzo de 1936. Y descubrir al mejor Mendoza, a su sarcasmo e ironía, al desparpajo a la hora de hacer de narrador de unos acontecimientos llenos de humor, de sorpresas, equívocos e historia.
Sentir la excentricidad de unos personajes barojianos, de unas calles y un ambiente que deja entrever los graves acontecimientos que iban a producirse unos meses más tarde. Pero también disfrutar de una historia, ser partícipe de unos acontecimientos llenos de acción y enredo, descubrir cómo mi mente, a medida que se sumaban las páginas, dibujaba con enorme claridad lo que el propio narrador me iba contando casi como en un susurro.
Pasar de la admiración a la sonrisa, del asombro a la carcajada, de los juegos literarios de nombres y situaciones a la búsqueda del siguiente paso de los protagonistas. Acompañar a Anthony por las calles de aquel Madrid, de sus actores y tratar de advertirle, de avisarle como si fuese un confidente, de las consecuencias de unos actos cada vez más sorprendentes, pero siempre creíbles.
Mendoza construye una novela llena de ingenio, con giros y sorpresas en cada página, una comedia llena de vida y que permite, por momentos, mostrar buena parte del artesonado de una ciudad en un momento fácilmente reconocible. Hay mucho de costumbrismo y narrativa popular, el autor logra dar vida a personajes de distinta índole, dotando a cada uno de una importancia tal que todos parecen, amén de imprescindibles, tan reales como excéntricos.
Pero sin duda alguna el mayor logro del autor es, además de construir una historia tan perfectamente perfilada como rematada, alejarse de cualquier atisbo de aleccionamiento; el narrador realiza su función con pulcritud, logrando en todo momento la acertada recreación de un Madrid que va a sentir en sus propias calles el terror de una guerra.
José Antonio Primo de Rivera, Sánchez Mazas, Fernández de la Cuesta, Franco, Molo o Queipo de Llano asomarán con mayor o menor prestancia en las páginas de un libro que nos acerca al costumbrismo de la narrativa popular. Un mundo hecho narrativa, lleno de enredos, a caballo entre la novela policíaca y la de espías, una tragicomedia que no deja indiferente al lector y que, durante muchas de sus páginas formará parte de la misma como un espectador de lujo.

domingo, 5 de julio de 2020

EL MAL DE CORCIRA. Lorenzo Silva



Cada libro de Lorenzo Silva que recibo me produce una fuente de alegría que solo pueden entender quienes queden atrapados por la manera de comunicar de un escritor. Lo mismo da que se trate de un ensayo o de una novela, de un libro de viaje o un cómic. Eso sí, para que voy a ocultarlo, si se trata de una novela, y encima protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, solo quiero que el mundo se detenga para poder sumergirme en su lectura.
Sí, sabía que el libro tenía que salir en abril y que la pandemia, como con muchos otros títulos, lo había retenido, pero lo que no esperaba era el volumen que iba a tener: ¡540 páginas! Y encima en tapa dura. La excitación al sacarlo de la caja solo es comparable con el placer de comenzar su lectura, de volver a encontrarme con una historia que, seguro, me iba a permitir participar en ella.
Para mi sorpresa descubro que de inmediato, desde la primera página la acción comienza de manera trepidante, con un acontecimiento que te hace apretar los dientes. Y pronto, como solo Lorenzo Silva es capaz de dibujar, los hechos devienen de manera totalmente diferente. No solo estamos ante el desarrollo de las pesquisas en busca de desentrañar un crimen, sino que estas se multiplican de manera incierta.
Para colmo el autor por fin nos acerca al pasado de Bevilacqua, a esos primeros pasos como Guardia Civil en el País Vasco en los años álgidos del terrorismo de ETA. Por medio de elipsis temporales el autor nos irá llevando a medida que avanza el libro del pasado al presente, de una narración de los acontecimientos sucedidos en la lucha contra ETA a la investigación que trata de aclarar el asesinato a golpes de un excondenado  por terrorismo en una playa de Formentera.
Veinticinco años, diez novelas, más libros de relatos, han tenido que pasar para conocer el pasado de Bevilacqua, para tener entre manos las novela más ambiciosa y extensa, en la que logra, como siempre, mostrar a la perfección el ambiente y los escenarios en que transcurre la novela, en el que da vida a un buen número de personajes que nos acercan a unos momentos concretos de nuestra historia más reciente y a tratar de señalar unas heridas que, poco a poco, pueden curarse. Lorenzo Silva, como nos tiene acostumbrados, no solo hecha mano del manual del buen narrador, sino que gracias a una completa documentación y el acercamiento a las personas que en ambos bandos vivieron los acontecimientos, es capaz de trasladarnos escenas, hechos y sentimientos. Aunque, no hay que olvidar que estamos ante una novela y siempre, por mucho que nos acerque a la verdad, esta está tratada de manera subjetiva.
Una novela impresionante, que no necesita imágenes impactantes (ni siquiera cuando narra atentados o acciones de la Guardia Civil se ensaña con la violencia que generaron) para lograr una historia llena de interés, que nos abre la mente, el pensamiento y los sentimientos del subteniente Bevilacqua y en la que volvemos a ver a la sargento Chamorro, a la cabo Salgado, a Arnau, Pereira... Pero también a otros y otras Guardias Civiles que cobran una importancia fundamental en las distintas investigaciones.
Por cierto, es de señalar el perfecto retrato que hace el autor de la importancia de las Guardias Civiles en la resolución de los casos, tanto en el pasado como en el futuro.
Ver otras obras del autor en este blog:  Los cuerpos extraños, La marca del meridiano.

viernes, 26 de junio de 2020

UN HIPSTER EN LA ESPAÑA VACÍA. Daniel Gascón



Cada vez me resulta más complicado encontrar títulos que logren despertarme algo más que una sonrisa. Es cierto que muchos de mis autores favoritos lo son por contar entre sus virtudes el perfecto manejo del juego irónico y suelen obligarme a estar más atento y, por que no decirlo, a sentirme cómplice con situaciones que se van gestando a lo largo de sus publicaciones.
Por eso suelen atraerme los libros que muestran la posibilidad de un humor tan necesario en todo momento, pero posiblemente más en estos extraños tiempos que nos ha tocado vivir. Por supuesto que muchos no logra llegar a la orilla de sus pretensiones y a las pocas páginas las ocurrencias y las situaciones divertidas dejan de serlo por repetitivas o falta de ingenio. O puede suceder que a fuerza de repetir muchos tópicos el interés se pierda por el deseo de algo más que un entretenimiento vano.
Con el libro de Daniel Gascón tenía cierto miedo a que sucediese esto último, y -por si alguien se deja influenciar por las primeras páginas- pareció hacerse realidad al principio donde, es cierto, salían a relucir trillados tópicos del choque entre el mundo urbano y el rural, o al menos el modo de enfrentarse a lo cotidiano de quien quiere adaptar el pueblo a su visión urbana. Incluso la mayor parte de los sucesos no eran nuevos, como si estuviesen sacados de otros libros o series de televisión.
Por suerte se entreveía algo entre los golpes y las ocurrencias, había algo en los personajes, en las descripciones y en los diálogos que permitían no perder la esperanza y ver como continuaba el libro (hablamos de las primeras páginas, las de un diario en el que se materializaban únicamente las formas de ver del mundo unipersonal del protagonista). Y de repente, cuando son nuevas las voces que muestran los acontecimientos, cuando la narrativa varía en su forma de mostrarse al lector, cuando comienzan a "pasar cosas", cuando el universo de La Cañada y de sus habitantes comienza a adquirir un nuevo tono.
Un nuevo tono que no pierde el humor, ni siquiera el disparate, pero ambos se unen para que sea la ironía la que dibuje un espacio concreto que poco a poco se va universalizando, dejando de contener una crítica hacia una visión del mundo y su realidad, a una multiplicidad de visiones, señalando los aciertos y errores de cada una, permitiendo que se asomen aquellos que no suelen aparecer salvo por estadísticas manipuladas.
Daniel Gascón no solo demuestra que conoce la dualidad campo- ciudad, urbano- rural, sino que es capaz de poner enfrente las distintas maneras de poder observar los mismos acontecimientos. Es cierto que la manera que utiliza para expresarlo puede correr el riesgo de que el verdadero interés quede semioculto, pero también que quien llegue a Un hipster en la España vacía lo va a hacer con un amplio recorrido y buscando un entretenimiento, sí, pero también algo más.
Risas, debates, visiones, miedos, aciertos y realidades en una novela que, aunque se puede leer de una sentada, es conveniente seguir el ritmo que marcan las pausas impuestas por el propio autor.

lunes, 15 de junio de 2020

LA NENA. Carmen Mola



No suelo mirar la imagen de los escritores que  llevan los libros en las solapas. De hecho, salvo los más reconocidos, a nivel internacional, de pocos tengo su fotografía almacenada en mi memoria; pero claro, cuando la escritora, o el escritor, es española y, desde el primer momento sabemos que es un seudónimo, es normal que la curiosidad se amplíe con comentarios de quienes se han sentido atrapados en las novelas protagonizadas por Elena Blanco.
A nadie se le escapa, a estas alturas, que la aparición de Carmen Mola fue un soplo de aire fresco en el panorama de la la literatura española, e incluso europea (comparable con Lemaitre y de Dazieri, con los que comparte  algo más que género literario). Un soplo que poco a poco se convirtió en viento y ahora en vendaval, cientos y cientos de seguidores se sumaban cada semana a un fenómeno que no ha parado de aumentar a medida que aparecían nuevos libros. Por supuesto que La novia gitana tuvo una aparición fulgurante, los lectores y los libreros estábamos encantados tanto por la manera de narrar y la fuerza de los personajes, como por la trama que construía la enigmática escritora. El hecho  de que desde el primer momento se supiese que era un nombre falso le permitió obtener una publicidad complementaria, pero una vez superada la etapa inicial, a pesar de que todos seguimos hablando de quién está detrás de él, lo único que pedimos es que los miembros de la Brigada de Análisis de Casos sigan prestando su servicio a la sociedad.
Elena Blanco, Ángel Zárate, Chesca, Buendía, Mariajo y Orduño hicieron las delicias de los amantes del género, formando un equipo tan llamativo como reconocible. Cada uno de ellos se hacía necesario en todo el momento por su importancia en las investigaciones, pero también por la personalidad de cada uno.
La Red Púrpura supuso la confirmación esperada, semana a semana se sumaban más y más seguidores a una saga que se anunciaba su tercera entrega.
La Nena se ha hecho esperar, más si cabe por los acontecimientos de los últimos meses, y pocos hemos podido aguantar su lectura para llegar a casa, todos teníamos que descubrir la dirección de los acontecimientos una vez cerrados los hechos del libro precedente.
Aún con esa especie de desconfianza que se genera en los lectores la tercera entrega de una saga (hay un convencimiento general de que la tercera parte suele superar a la segunda y que esta no solía estar a la altura de la primera), máxime cuando aún no se han borrado los ecos del final de La Red Púrpura, pero queda demostrado que Carmen Mola no ha estirado la historia hasta el extremo, que no ha querido aprovecharse, que todo continúa porque es como tiene que suceder.
La Nena, como sus predecesoras, engancha y atrapa hasta límites insospechados, la tensión que aparece en sus páginas obligan a que el ritmo de la lectura se compagine con el de los latidos del corazón ante lo que está a punto de suceder. Y es que Carmen Mola logra transmitir el eco de los sonidos, la amargura de los sabores y la acidez de los olores, pues logra que el lector perciba, en todo momento, las sensaciones físicas que viven los protagonistas. Por supuesto que hay imágenes de una crudeza impactante, de esas que casi obligan a apartar la vista del libro, pero apenas son rápidas pinceladas de los hechos, pues en ningún momento se recrea el ellas. Eso sí, pasados unos días, cuando aún permanecen ciertas imágenes, el lector tiene la sensación de que el narrador ha dedicado más espacio y más detalles que los que realmente ha utilizado.
No, Carmen Mola no deja indiferente a nadie, por el universo que ha construido, por los personajes que lo pueblan y, por encima de todo, por lograr un ambiente que hace que en la lectura de sus libros se ejerciten la mayor parte de los músculos del cuerpo. Y es que somete a la misma tensión al lector que quienes recorren como protagonistas las páginas de sus libros.

sábado, 13 de junio de 2020

EL RETORNO. Tahar Ben Jelloun



Una de las cosas buenas que tuvo el confinamiento inicial, el primer mes, para aquellos que amamos la lectura y no sentimos el azote de la enfermedad en nuestras casas, fue el disponer de tiempo suficiente para recuperar aquellos libros que se quedaron congelados en las estanterías. Aquellos libros que han tenido que esperar su momento atrapados entre el flujo constante de las novedades editoriales y la relectura de los clásicos.
Entre esos libros "olvidados", aunque siempre presentes, estaba El retorno de Tahar Ben Jelloun, autor de obras tan impactantes como El libro de arena y La noche sagrada que me acercaron a algunos de los problemas de la sociedad en el mundo árabe. Sus numerosas novelas y el impacto entre los lectores han hecho de él el escritor francófono más traducido del mundo (ganó el Premio Goncourt en 1987 con La noche sagrada).
El retorno es la historia del desarraigo, de quien tras una vida en Francia, en el momento en que le llega la jubilación, añora como nunca el Marruecos que le vio nacer y crecer. Mohamed es un buen musulmán, que cumple las normas básicas del islam (sigue teniendo presentes las palabras de su padre cuando era niño: "Escucha, hijo, puedes saltarte las oraciones. Lo esencial del islam es ser limpio, respetar a tus padres y profesores y no mentir, no robar, ..."), respeta a todos y no hace daño a nadie, en especial a los débiles y los pobres.
Por eso no entiende porqué sus hijos se han alejado de sus costumbres, se declaran franceses y tienen en Marruecos únicamente el espacio en que pasaban sus vacaciones de verano siendo niños.
Con una prosa sencilla y serena Ben Jelloun nos ofrece un relato intimista que nos acerca a la cultura, la religión y la tradición del país del Magreb. Por supuesto que en todo momento hay un tono crítico que posiciona al lector en la disyuntiva de acercarse al protagonista o al autor. Y es que en todo momento existe una doble sensación de realidad, la que uno tienen formada, se acerque o aleje a la del autor, y la que recibe a través de las palabras de Mohamed (a pesar de llevar toda una vida en Francia jamás ha solicitado la nacionalidad francesa y se mantiene como un emigrante marroquí).
El retorno nos habla de emigración, de racismo, de religión y ruptura, pero también lo hace de identidad, de creencias y de fe, de vida, al fin y al cabo. Y lo hace de tal manera que es difícil desprenderse del aroma que despiden sus palabras, de ese tono confidencial con que nos va transmitiendo los pensamientos de Mohamed. A todo ello ayuda, no hay duda, la diferencia de discursos según la persona que los narre: en primera persona a la hora de mostrar los recuerdos y la nostalgia y en tercera cuando la narración se vuelve objetiva.
A lo largo de las páginas se hacen presentes los aspectos más íntimos de la existencia, preguntas sin respuesta y miedos se que se van dibujando con soltura y dinamismo, pero sin olvidar la distancia que separa a la sociedad de Marruecos de la europea (no hay que olvidar que el propio Ben Jelloun, nacido en Fez en 1944, siempre ha dicho que hay dos cosas que no soporta de su país de origen, la falta de serenidad y la corrupción). El autor señala la situación de las mujeres en el mundo árabe marroquí, la importancia de la religión y la tradición y la importancia de la casa y la familia; pero también de aquellos que se aprovechan del Estado, de quienes no encuentran equilibrio entre el pasado y el presente y de quienes reniegan de sus orígenes.
A lo largo de poco más de ciento noventa páginas Ben Jelloun nos muestra el problema del desarraigo, pero también la magia y la poesía de Marruecos.

viernes, 5 de junio de 2020

CON EL AGUA AL CUELLO. Donna Leon



Al menos durante los últimos siete años Donna Leon me ha acompañado durante mis viajes. Fuera donde fuese parte de mi mente me volvía a llevar a Venecia de la mano del comisario Guido Bruneetti. La figura del comisario, sus compañeros y familia, las tramas certeras y reconocibles, sin necesidad de grandes crímenes ni escenas sangrientas, la particularidad de la ciudad italiana y el humor e inteligencia de los diálogos y descripciones han sido siempre el inicio de una nueva aventura apenas el avión despegaba.
Salvo quizá los tres últimos años, no seguía un orden preciso en la lectura de los libros, al contrario, escogía uno al azar y se convertía en esa compañía excelente, en ese entretenimiento perfecto para que los momentos más monótonos del viaje se hiciesen cómodos y distraídos.
Bunetti me ha atrapado de tal manera que no solo me creo capaz de reconocer buena parte de los edificios y canales de Venecia sin poner en ella nunca los pies, sino que me hago a la idea de la forma de ser y actuar de sus habitantes.
Es cierto que repasando mentalmente los distintos títulos recuerdo algunos a los que me costó un poco más acceder, como si la historia flojease un poco. Pero incluso estos los recuerdo con una sonrisa, con el recorrido vital del protagonista y la especial manera que posee de ver la vida y de relacionarse con los demás, en especial con su familia. Una cena en casa del comisario, con Paola de anfitriona, sería una delicia para los amantes de la literatura, la historia y las buenas conversaciones. Puede que Raffi y Chiara, los hijos de ambos, aportaran juventud y frescura, pero no los echaría de menos, aunque sí en este libro en el que apenas aparecen mencionados.
Donna Leon vuelve a meternos en una historia actual (me gustaría que los editores no nos aclarasen en la portada el tema que se aventura en la lectura cuando ya esta está avanzada), que sucede en Italia como bien podría suceder en nuestro país, que nos acerca a lo oscuro del alma humana, a su manera de obtener beneficio económico sin importar las consecuencias.
Como en las últimas novelas la investigación comienza de manera circunstancial, casi como por accidente, pero la perseverancia y destreza de Brunetti nos permiten pasar un muy buen rato. Y es que no hay que olvidar que junto a la actualidad de la historia que narra Donna Leon, de la importancia de sus personajes y de unos diálogos inteligentes y certeros, sus novelas son sumamente entretenidas, de una lectura ágil y sugerente. El humor asoma por todos los lados, ya sea por la  personal filosofía de Brunetti, por el trato de este con todos los actores secundarios de la novela, o por los ritos gastronómicos que aparecen a diario.
La autora no necesita grandes titulares para crear una novela notable, apenas unas pinceladas, una llamada de teléfono y una visita, son la antesala de una investigación detallada y minuciosa, en la que nos convertimos en observadores privilegiados. Brunetti nos hace partícipes de su humanidad, de la gestión que hace en todo momento de nuestro tiempo, de la importancia de hacer cada cosa en su momento y de no dejarse engañar por los falsos cantos de sirena.
Una novela que vuelve a mostrar, sin tapujos, la latente corrupción de Venecia, extensible al resto de Italia, de los problemas que impiden que un progreso mayor de la nación, pero también la forma característica de los habitantes que suelen diferenciarse repetidamente de los del resto de país.
¿Y Brunetti qué? sigue creciendo y aunque está claro que es una de las figuras más importantes de la literatura policíaca actual, no deja se sorprender en cada una de sus apariciones.
Ver otras novelas en este blog: Muerte entre líneas, El huevo de oro y La tentación del perdón.

domingo, 31 de mayo de 2020

SAN, EL LIBRO DE LOS MILAGROS. Manuel Astur



Acercarte a un escritor desconocido suele llevar emparejado un riesgo, por experiencia merece la pena, sobre todo cuando el acercamiento es intuitivo y no atraído por una campaña publicitaria de la que no eres consciente. Por mi profesión conocía la existencia de Manuel Astur por su primera novela Quince días para acabar el mundo, a la que no pude evitar echar un vistazo, pero faltó ese impulso que sí me ha dado "el libro de los milagros".
Desde la primera página descubrimos que el mundo de Manuel Astur es diferente, que te va exigir algo más que la mera concentración de los libros que cuesta entender, te va a exigir abrir tu mente, librarte de ideas preconcebidas y someterte al mandato de las palabras: "Somos las primeras palabras. Somos los que fuimos y los recién llegados. Somos la fiesta y la jornada de trabajo y somos el aburrimiento".
Así, con esas palabras empieza un texto arrebatador, fluido, vibrante, pero que no para de dar vueltas, de dibujar caminos que se bifurcan a cada recodo y que recuerdan que la literatura es maravillosa.
Y esto es  porque el autor construye un relato arriesgado, arriesgado y agresivo, del que el lector se siente confuso y atrapado. Primero porque a pesar de saber de qué va el libro, serían necesarias muchas páginas para explicar todo su desarrollo, para comentar algo sobre él sin darte cuenta de que hay muchas más cosas que se han obviado. Y segundo por que Manuel Astur escribe muy bien, sabe combinar con una maestría insospechada los diferentes registros de la narración, convirtiendo el texto en una suerte de lectura apasionada.
Sí, el protagonista es Marcelino, Lino para el lector, y lleva tras de sí la carga de un universo familiar y personal nada desdeñable, una carga que se ve acrecentada por la situación del entorno rural que bien refleja el autor. Pero hay más, muchas cosas más. Desde la pluralidad de los narradores que hacen tan ardua como bella la lectura, hasta los saltos temporales que antes que frenar el interés por seguir leyendo, acrecienta el deseo de conocer y participar en esa especie de juego narrativo en que se convierte la novela.
Y hay, por encima de todo, mucho de mítico, de tragedia, de leyendas y creencias rurales. Pero visto esto no como algo negativo, sino todo lo contrario, como el rescoldo de la riqueza que atesoran los pueblos para mantener su propia esencia, la de sus tradiciones, miedos y formas de vida. Porque también hay mucho de costumbrismo, de esa visión antropológica que nos muestra, a través de un pequeño agujero un mundo que nos es a la vez cercano y ajeno.
De tal forma que en muchas ocasiones más que leer parece que se está escuchando, a modo de susurro, diferentes cuentos al amor de una lumbre. El lector se convierte en el testigo privilegiado de una cultura del saber y el vivir, de la brutalidad de un entorno y unas formas de vida que parecen ajenas y, sin embargo, están justo a nuestro lado.
Manuel Astur necesita apenas ciento setenta páginas para construir una vida, un drama rural, un canto a la naturaleza (Reserva Natural del Neva), un universo propio y dar la sensación de que el lector lo tenía atesorado en su memoria como si lo narrado formase parte de uno mismo.
Una novela eterna, mágica, donde la realidad parece leyenda y donde lo mítico se hace tan presente como la vida. Pasado y presente se dan la mano en la construcción de una parte de nosotros mismos.




jueves, 28 de mayo de 2020

LA MUERTE VISITA AL DENTISTA. Agatha Christie



Leer a Agatha Christie de vez en cuando es uno de esos placeres para los que parece no pasar el tiempo. Sí, son novelas ingenuas, sencillas, con un dinámica semejante y puede que en principio un poco obsoletas, pero lo siento, en esos momentos en que me cuesta concentrarme en la lectura, en los que parece que da lo mismo el libro que se coja que no se avanza: Agatha Christie es el perfecto remedio.
Que sí, que Miss Marple y Hércules Poirot parecen sacados de un viejo baúl y pertenecen a otros tiempos, pero eso deja de verse así en el momento que comienza la primera página. Reconozco que, aunque me saque de mis casillas en más de una ocasión, prefiero a Miss Marple antes que el investigador belga. No sé, lo sigo sintiendo demasiado remilgado y estirado, aunque puede que el cine y la televisión hayan contribuido en exceso, pero aún así no reniego de sus pesquisas y si toca leer un libro en el que es protagonista: ¡pues adelante!
Cualquier persona de mi generación recuerda aquella colección de color blanco de la Editorial Molino que seguro aún están en la mayoría de las casas de nuestros padres, libros que tenían más de una lectura y que nos descubrían en nuestra adolescencia espacios diferentes a los libros propiamente juveniles. Ahora, gracias a Espasa y a Booket podemos disfrutar de las mismas historias en distinto formato.
Y claro, si uno lo primero que tiene que posponer una vez iniciado el Estado de Alarma es el dentista... no debe extrañar, con lo poco que nos gusta ir a verle a su "oficina", que sea La muerte visita al dentista la novela escogida para la ocasión..
Por supuesto que Poirot sigue como siempre: "superior en muchos aspectos a los demás mortales". Excéntrico, insufrible, ampuloso, pesado y egocéntrico (palabras de la propia Agatha Christie), pero también refinado, elegante y sumamente inteligente, que utilizaba sus "pequeñas células grises" para resolver los misterios en los que se ve envuelto. En esta ocasión por algo muy particular, el dentista que horas antes le había atendido aparecía muerto por arma de fuego en su consulta. Todo apunta a un posible suicidio, pero Poirot no solo no está convencido, sino que antes de suceder nada todos los demás pacientes le habían parecido sospechosos.
Si hay algo que me sucede en la casi totalidad de las novelas de Agatha Christie es que siempre creo descubrir el culpable, y siempre acierto por que, salvo el investigador y algún que otro personaje que se repite a lo largo de as aventuras (el mayordomo George y el Inspector Japp son dos buenos ejemplos), todos los personajes me parecen los culpables en potencia. Según van apareciendo los personajes se crea a su alrededor una aureola de sospechoso que únicamente le abandona cuando aparece el siguiente y así casi hasta el final, de manera que todos parecen culpables.
Una lectura ágil, divertida y entretenida, en la que tratamos de prestar atención hasta el más mínimo detalle, aún sabiendo que el final nos sorprenderá pensáramos lo que pensáramos. Y con la particularidad que cuando la vuelva a leer pasados unos años me volverán a asaltar las mismas dudas y zozobras. Así pues, La muerte visita al dentista es un entretenimiento asegurado que no ha perdido un ápice su capacidad envolvente y el logro de crear la tensión necesaria para querer descubrir el final de la investigación.

domingo, 24 de mayo de 2020

PROGENIE. Susana Martín Gijón




El inicio de cada temporada viene marcada por títulos y autores sugerentes en los que las editoriales ponen buena parte de sus esperanzas de cara al final de cada campaña, generalmente Navidad y las distintas Ferias del Libro. 
Susana Martín Gijón era la apuesta de Alfaguara en su colección Negra, una colección que ha ido dando grandes títulos que siguen presentes en las librerías y despertando la atención de nuevos lectores. Y aunque no suele ser fácil sobrevivir en un mes de enero, -quien más o quien menos tiene, en el periodo de regalos como es Navidad, un buen número de libros acumulados- poco a poco, sin hacer mucho ruido, Progenie ha ido demostrando que es un buen ejemplo del género negro tan en auge en nuestro país.
Martín Gijón no es nueva en él, ya hizo las delicias de los lectores con una trilogía notable (Más que cuerposDesde la eternidad Vino y pólvora) y el descubrimiento de un personaje inolvidable como es la oficial de policía Annika Kaunda, no me quiero olvidar del periodista Bruno Scorza.
Con Progenie Susana Martín Gijón no solo ficha por una de las grandes editoriales de nuestro país, sino que refuerza su maestría a la hora de crear personajes como Camino Vargas, jefa accidental del Grupo de Homicidios de Sevilla (espero que sea la antesala de más investigaciones) y el resto de su grupo, empezando por el gigantesco Pascual Molina y siguiendo por Lupe, Fito y Teresa. Unos personajes que harán las delicias de los amantes de la novela policíaca, la autora ha sabido manejar la personalidad e impulso de cada uno de ellos, transmitiendo la imagen de todos sin excepción. Por supuesto que Camino y Pascual serán los principales artífices del seguimiento de la trama, en especial la primera, pero todos los demás, incluso el superior a quien sustituye Camino, son imprescindibles para que la dinámica de la novela confluya adecuadamente.
Martín Gijón nos traslada a Sevilla, a una ciudad que se palpa y siente con apenas unas sencillas descripciones, sobre todo de aquellos barrios en los que transcurre la novela. No es ajena a los problemas que azotan a la ciudad andaluza, extensible a cualquier otra ciudad española, haciendo de la lectura algo reconocible, actual y vital.
Con capítulos cortos y una narración lineal, Progenie es una novela de fácil lectura. La tensión e intriga comienza prácticamente desde la primera página y no abandona hasta la última, el lector se verá atrapado por los acontecimientos y el ritmo frenético, por el seguimiento de la investigación y la propia personalidad de los protagonistas. Y, por si todo esto fuese poco, Susana Martín Gijón sabe salpicar la trama con unas pizcas de humor que en vez de desvirtuar la historia, acentúa, aún más si cabe, el interés de quien está viviendo la trama como mero espectador. De hecho no son raras las sonrisas ni los intentos de advertencia a los protagonistas para que sus pesquisas cambien de dirección. De manera acertada o errada, se verá al finalizar la lectura.

miércoles, 20 de mayo de 2020

EN TIEMPOS DE CONTAGIO. Paolo Giordano



Hay libros, generalmente de pequeño formato, que cobran una notable importancia tanto por el momento en que aparecen como por quién los escribe. Libros que nos acercan a una situación concreta y con los que sus autores intentan aportar ese granito de arena que es su opinión. Una opinión que nace en un momento generalmente convulso y en el que el autor se decide a tomar partido para que sea su voz la que exprese su pensamiento y el de aquellos con los que se comunica.
En 2010 apareció ¡Indignaos! de Stephane Hessel, el excombatiente de la resistencia francesa, ex-diplomático y uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos exhortaba a los jóvenes a indignarse en contra del poder financiero que estaba deshumanizando el mundo y llevándolo a unos extremos intolerables. Siete años después fue el escritor barcelonés Eduardo Mendoza quien publicó Que está pasando en Cataluña, con la necesidad de mostrar su versión de los acontecimientos de 2017 que enfrentaron al gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña y el Estado, la visión de quien estaba en medio de la disputa y señalaba aspectos que desde fuera apenas atisbábamos.
Paolo Giordano, que sorprendió a lectores y crítica en 2008 con La soledad de los números primos, ofrece ahora su particular punto de vista de los acontecimientos de estos últimos meses: "La epidemia de Covid-19 va camino de convertirse en la emergencia sanitaria más importante de nuestra época". Así comienza un relato que comienza a finales de febrero y, paso a paso nos enfrenta a nuestra propia experiencia, a nuestros miedos y pensamientos, a mostrarnos como lo que comenzó como un virus, de la noche a la mañana se convirtió en pandemia.
Experiencia, física, matemáticas y cultura se dan la mano para explicar sensaciones, imágenes y vivencias de lo sucedido en Italia, pero que a medida que pasan las páginas se traslada a la experiencia del lector.
Dudas, y preguntas (al principio sin respuesta) se van sucediendo casi a tiempo real y prácticamente todo se hace tan reconocible como nuestras propias vivencias. La última comida con amigos, las salidas, las lejanas noticias de China y luego, con demasiada velocidad el avance de los acontecimientos en Europa, Italia. Imágenes y pensamientos reconocibles: "No tengo miedo de caer enfermo ¿y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio puede cambiar."
Y es que el libro, de poco más de setenta páginas se convierte en una repetición de sentencias, pensamientos y frases que recogen el estado general de todos aquellos que hemos padecido la situación en nuestras casas, del encierro y aislamiento a que nos hemos visto sometidos casi sin percatarnos de nada.
Números e imágenes que hasta hacía poco eran lejanos, se convirtieron en algo cercano, cotidiano y doloroso y que Giordano señala en veintisiete pequeños textos que nos refrescan lo sucedido como una advertencia a tener en cuenta.
De todas las palabras y frases que el autor desgrana en el libro, incita e invita a la reflexión individual y comunitaria para que todo lo pasado sirva para algo, me tengo que quedar con una que aún, después de varios días después de la lectura del libro, se repite en mi cabeza y que, como muchas otras, no sé por qué dejé señaladas en el texto: "En tiempos de contagio, la ciencia nos ha defraudado: buscábamos certezas y solo hemos encontrado opiniones."

domingo, 17 de mayo de 2020

EL REY. Sandrone Dazieri



Me encanta la novela policíaca, aquella protagonizada por fuerzas de la ley. Cualquiera que observe un poco este blog se percatará de ello, aunque debo decir, antes que nada, que aunque encuentro muchas sorpresas y títulos que me llaman poderosamente la atención, es en este género en el que me he vuelto, con el paso de los años, más exigente.
Sí, es cierto que para mí un libro de intriga es fundamental entre varias lecturas y de muchos tengo que hacer un esfuerzo para recordar su trama. Por eso cuando descubro autores nuevos (al menos para mí), cuando cierro el libro y siento que la novela es notable, que el final no desmerece el resto del libro (lo siento, pero hay muy buenos narradores, en todos los estilos, pero más en este, que construyen historias de manera sobresaliente, pero el final apenas sí llega al aprobado), me siento tan eufórico que debo esperar, cuanto menos, unas semanas para comprobar el impacto real de su lectura.
Cuando descubrí a Sandrone Dazieri andaba un tiempo conformándome con los escritores ya clásicos, a pesar de pertenecer a nuestro época: Andrea Camilleri, Petros Markaris, Lorenzo Silva, Donna Leon, y algunos más que suelen salvarme tiempos de desengaño en la lectura; no había forma de encontrar autores que me llamasen de verdad la atención. Sí, claro que a lo largo de los años uno ha ido descubriendo escritores con un valor muy por encima de la media, autores que me han marcado como lector y como librero, y a poco que lo intente, siempre hablando de novela de intriga y policíaca, seguro que me aparecen varias decenas, pero muchos de ellos no logran engancharme lo suficiente como para que les siga leyendo libro tras libro.
A principios del verano de 2015 apareció en las librerías No está solo, la primera de las entregas de la subcomisaria de la Brigada Móvil de la Policía de Roma, Colomba Caselli. Y descubrí, de inmediato que la forma de narrar de Dazieri era algo especial, algo que se alejaba de la novela negra y se introducía en la novela visual de intriga, como si lo que tuviésemos entre manos estuviese más cerca del cine que de la literatura.
Junto a Dante Torre formaban una pareja impactante, en los que no era ajeno el aspecto psicológico y la importancia del pasado, ese pasado que no conocíamos, pero que a base de ligeras pinceladas íbamos reconstruyendo. Con El Ángel, la segunda entrega, el ritmo se volvía más frenético y era imposible, como sucedía con la anterior parte, apartar un segundo la vista del libro. era dejarlo y, sin apenas unos segundos de respiro, volver a cogerlo para saber qué sucedía a continuación.
Me atrapó de tal manera la historia que, al aparecer El Rey, el final de la trilogía, me entró ese pánico a presuponer que la tercera parte no estuviese a la altura (son demasiadas las veces que esto ha sucedido con otras sagas), que las expectativas hiciesen naufragar la lectura. Así que han tenido que pasar más de cuatro meses para tomar la decisión de leerla.
Y sí, el ritmo vuelve a ser igual de frenético, las imágenes muy visuales y los personajes, principales y secundarios, tan enigmáticos como atractivos. Y, perdonen la comparación, todos vuelven a recordarme a John McClane, el personaje interpretado por Bruce Willis en "La jungla de cristal", pues son capaces de sufrir y soportar decenas de tormentos, heridas y accidentes que, aunque mientras estás leyendo se acomodan a la propia historia, si te paras a pensar resulta , al menos, impactante.
Como suceden con los libros anteriores pasan muchas, muchas cosas, hasta tal punto que en más de una ocasión te ves obligado a parar y recapitular, con el miedo de que algo se te escape, algo que sea fundamental para entender el final de la historia. Pero si algo tiene Dazieri, a parte de lograr un ritmo trepidante y una concatenación de sucesos, es que logra que todo está perfectamente tejido, sin lagunas, logrando que el lector "vea" en todo momento lo que ha sucedido, lo que está sucediendo y lo puede o no suceder.
Eso sí, recomiendo a quien quiera aventurarse en el mundo de Colomba y Dante que empiece por el principio, es posible que los tres libros se puedan leer por separado, pero de saltarse alguna de las partes, se abrirán muchos interrogantes que ni las más completa imaginación logrará contestar.
Una trilogía compleja, que atesora mil vericuetos que, a medida que avanza la lectura se van enredando más y más, pero que el autor sabe desentrañar con la cordura y la precisión necesaria para que no resulte impostada.

viernes, 15 de mayo de 2020

MIS ÚLTIMOS 10 MINUTOS Y 38 SEGUNDOS EN ESTE EXTRAÑO MUNDO. Elif Shafak



No soy un experto en literatura turca, pero el atractivo que tiene la ciudad de Estambul, hace que esté atento a novedades que tengan que ver con el país otomano. Cada día son más los autores y títulos que nos acercan a la Turquía actual, tanto en ficción como en narrativa. Y muchos son también los autores cuyas raíces les permiten conocer a la perfección la cultura, la sociedad y la religión turca, pero con la distancia suficiente como para poder ahondar en los problemas particulares que poseen.
Sí, Elif Shafak es francesa con padres de origen turco, pero no será la primera vez, y me aventuro que tampoco la última,  que la ciudad del Bósforo sea el escenario de una de sus novelas. De hecho su narrativa muestra una crítica a la sociedad turca que ya le ha llevado incluso a los tribunales "por insultar al pueblo turco", tal y como sucedió con La bastarda de Estambul en la que reconocía el genocidio armenio, contradiciendo la versión oficial del gobierno turco que sigue negándolo.
En esta ocasión, jugando con el tiempo en que el cerebro se mantiene activo tras la muerte del cuerpo (así, al menos, se nos explica en el libro), Elif Shafak da voz a los sin voz. Serán la protagonista y sus cinco amigos quienes representen a los seres que han sido abandonados por sus familias y la sociedad por ser distintos, por encontrarse al margen de ellos. Halan, mujer transexual; Humeyra, fugitiva; Jamila, emigrante ilegal somalí; Zaynab, con enanismo; y Sinan, con una doble vida difícil de justificar. Y, por supuesto Tequila Leila, la principal protagonista, una prostituta de Estambul y cuyo cadáver yace en la basura.
Serán los últimos instantes de su vida, o mejor dicho de su conciencia, en los que quedará reflejada su vida. Recuerdos llenos de lirismo, sensoriales, en los que se puede sentir lo más exótico de un país a caballo entre Asia y Europa. Tradiciones, supersticiones, religión y gastronomía llevan al lector a un extraño universo en el que se mezclan, de manera sobresaliente, esos recuerdos y la realidad de una mente que va apagándose a ritmo de reloj.
Elif Shafak nos transmite el relato personal, íntimo, de Leila, dibujando una síntesis de su vida, de su visión de esta y de todo lo que componía su memoria.
Si en esa primera parte será la familia el eje alrededor del cual gira la narración, será la amistad, los cinco amigos antes mencionados, la que centre el relato. Un relato que se convertirá en el latir interno de la ciudad, de Estambul, pero también de una sociedad y de los individuos que la componen. Será esa individualidad, la que identifica a unas personas "distintas", la que trasladará la importancia que para ellas tiene la amistad.
Posee un ritmo firme, seguro y con el atrevimiento necesario para reflejar no solo los acontecimientos de la historia narrada, sino para hacerlo de una manera especial, para que el lector se posicione y sienta el valor de quienes defienden la amistad con honestidad.

sábado, 9 de mayo de 2020

TERRA ALTA. Javier Cercas



No suelo hacer mucho caso a los Premios Planeta, no sé si por desconfianza, o simplemente porque la obtención del Premio y la publicidad que ello conlleva me facilita la tarea de dedicar mi tiempo de lectura a otros libros que tenga que presentar a mis lectores.
De hecho en los últimos, digamos, quince años (posiblemente sean muchos más), únicamente me llamaron la atención, y por lo tanto su lectura, Riña de gatos y La marca del meridiano, de Eduardo Mendoza y Lorenzo Silva respectivamente. Claro está el papel destacado de sus autores a la hora de elegir su lectura: uno, por que es Mendoza... y otro, por que es Silva, y Bevilacqua y Chamorro, por encima de todo. 
Aunque, a fe de ser sincero, y repasando otros Premios Planeta de este siglo, hay más de uno que, pasada la inicial fiebre de la entrega de su galardón (y su suculenta cifra), me acompañaron en el tiempo de lectura.
Con Javier Cercas ocurría como con los dos antes mencionados, era el nombre del escritor, y sus libros antes escritos, lo que me atraía y predisponía a mis sentidos para poner todo de su parte en la lectura y, por encima de todo, borrar los prejuicios que suponía ser premiado.
Terra Alta rompe con la anterior narrativa de Cercas, aunque al poco que se profundizar en la lectura se descubren aspectos que la recuerdan. Desde el espacio físico en que se desarrolla la trama, la novela El monarca de las sombras finalizaba en esa región de Tarragona, hasta la reflexión histórica y moral que ambas narrativas comparten.
Sí, Terra Alta es una novela policíaca, donde el protagonista en un miembro de las fuerzas de seguridad, un Mosso d'Escuadra, de lectura ágil y llena de intriga, donde los giros continuos logran atrapar al lector y descubrir otras historias que se van gestando a medida que avanza la novela.
Historias que se van superponiendo, en realidad hay tres relatos distintos dentro de la narración, tres juegos que involucran tanto a Melchor Marín como al lector que revive los acontecimientos presentes y pasados. Pues a la trama principal, la búsqueda de los culpables del asesinado de los Adell, se suma la memoria del pasado del protagonista y el juego comparativo y reflexivo de la novela de Víctor Hugo, Los miserables.
La complicidad del relato metaliterario, la precisión e importancia del espacio físico en que suceden los acontecimientos principales, así como la propia historia de este y, por lo tanto, la particularidad que le confiere; y, por encima de todo, la atmósfera narrada que por momentos impide reconocer lo real de lo ficticio, consiguen crear una novela con varias lecturas, pero en las que sobresalen la importancia del pasado en el presente y su trascendencia en los actos de las personas. Y claro está, el eterno dilema entre la venganza y la justicia.
De este mismo autor: Las leyes de la frontera en este blog.

lunes, 4 de mayo de 2020

UN PLAN SANGRIENTO. EL CASO DE RODERICK MACRAE. Graeme Macrae Burnet


Hay veces que mis lectores se extrañan de que un libro que ellos consideran notable, e incluso sobresaliente, no me lo haya leído. Sí, es cierto que los libreros no somos capaces  de leernos todos los libros que hay en el mercado, ni siquiera lo que tenemos en las estanterías de nuestra librería. Pero también es cierto que las señales y recomendaciones que nos hacen nuestros lectores rara vez caen en saco roto y más pronto que tarde el libro en cuestión ocupa nuestro tiempo de lectura.
Por supuesto que algunos de esos libros debieron coger al lector en cuestión en algún momento de debilidad, porque de otra forma y conociéndole, no es entendible su defensa a ultranza, pero también que un buen número de ellos se convierten en un gran descubrimiento que nos acompañará a lo largo de nuestra vida. De hecho, cierro los ojos, y se me ocurren muchos libros que gracias a esas recomendaciones siguen presentes en la librería después de muchos años y ganando adeptos semana tras semana.
Con Un plan sangriento ocurrió lo descrito, uno de mis mejores lectores (perdónenme el posesivo, pero la unión entre el librero y el lector es algo reseñable en estos tiempos en los que la relación personal está en suspenso) dejó en libro frente a mí y me dijo que sí, que tenía que leerme el libro, que no me iba a dejar indiferente (habíamos comentado no muchos días antes la buena pinta que tenía).
El caso es que lo aparté, dispuesto leerlo de inmediato, mas como sucede a menudo, quedo solapado por otros títulos, aunque sin abandonar el espacio dedicado a las lecturas próximas. Y debo reconocer que, una vez iniciada su lectura, quedé prendado de la historia de Roderick y de los demás habitantes  de Culdui, en el corazón de la Escocia más profunda.
Graeme Macrae Burnet utiliza la fórmula del documento encontrado para crear una historia heredada. Aunque es común, es de resaltar los moldes que rompe, las circunstancias y las peculiaridades que posee, desde la herencia genética entre el escritor y el autor del texto, hasta el motivo por el que es escrito, sin olvidar la particularidad de estar escrito de manera notable a pesar de ser el hijo de un aparcero. Todo ello perfectamente explicado, como autentificando cada una de las partes que componen el libro.
De complicada etiquetación, no me entra en la cabeza situarlo dentro de la novela negra o género similar. Sí, claro que tiene unas importantes dosis de intriga que te hacen, además, querer seguir leyendo para comprobar en qué acaba el libro, pero el mérito de Macrae Burnet es, primero lograr que nos situemos en la Escocia del siglo XIX, más en concreto en 1869, y luego que prestemos atención al desarrollo judicial del proceso.
Con una amplia documentación etnográfica y social, el autor logra trasmitir la situación de la Aldea de Culdui, en Ross- shire, el sometimiento a las tierras y al señor su propietario, las supersticiones, la religión, la situación humana y un ambiente opresivo y gris que logra atenazar más al lector que a sus protagonistas.
Serán estos, los personajes, los que transmitan el estado en que se encuentran, su lucha por la supervivencia, por arrancar a la tierra el sustento necesario: la dureza de una vida que, incluso a los habitantes de otras regiones de Escocia, se percibe opresiva. El relato de Roderick Macrae es, cuanto menos,  una novela en si misma, que nos permite observar, a través de sus palabras, y paso tras paso, los avatares de su familia en particular y de su comunidad en general.
Una novela grandiosa, que crece a medida que avanzan sus páginas, elaborada de manera minuciosa, prestando atención hasta el mínimo detalle. Si cada una de sus partes tiene una gran importancia, es cuando todas se entretejen cuando crean una historia con mayúsculas, una narración en la que no es necesario cerrar los ojos para sentirla, basta dejarse llevar por las palabras para sentir cada uno de los espacios, de los acontecimientos y de los silencios a que invita a lo largo de sus más de trescientas cincuenta páginas.

sábado, 2 de mayo de 2020

LA DESHONRA DE SARAH IKKER. Yasmina Khadra



Recordar ahora cuál fue el primer libro de Yasmina Khadra me resulta harto difícil, por no decir imposible, pero desde aquel primero se sumaron muchos más, y cada nuevo texto lo recibo como una lectura con la que sé voy a disfrutar. Aunque algunas de sus novelas esperan en la estantería hasta ser leídas, como ocurre desde hace un año con Dios no vive en La Habana, otras son leídas apenas llegan a mis manos. Libros como A qué esperan los monos... y La ecuación de la vida se pueden recuperar en este blog.
Tampoco sé si cuando descubrí a Yasmina Khadra lo hice pensando en una escritora o ya sabía que bajo el seudónimo se escondía la figura de Mohamed Moulessehoul, oficial del ejército argelino, pero siempre he sido consciente que su literatura ha servido para criticar la situación de su país, Argelia, primero y otros muchos después.
En esta ocasión sin abandonar el Magreb, el escritor nos lleva a la ciudad marroquí de Tánger y vuelve a señalar, con el acierto y la precisión que le caracteriza, los problemas que sacuden a la sociedad en que transcurre la historia: corrupción, nepotismo, sociedad clasista, machismo y un acusado clientelismo.
A través de unos personajes perfectamente perfilados y definidos Khadra nos introduce en un Tánger diferente, que evoluciona, como sus personajes, a medida que avanza la historia. La naturaleza de cada uno de ellos, la manera de moverse, su lenguaje, e incluso su actitud permite que el lector descubra algo más de lo narrado, que la historia cambia a la vez que lo hace la propia vida.
Escrita en tercera persona la novela nos presenta al teniente Driss Ikker, de origen humilde, que ha ido escalando posiciones a nivel social y laboral gracias, sobre todo, a su matrimonio con la hija de un alto mando de la policía marroquí. La violación de la esposa en el domicilio y la necesidad de limpiar su "honor", le obligará a recorrer la parte más oscura del ser humano.
Pero quizá lo que más autentifica la narrativa del escritor argelino sea la fuerza de sus diálogos, la ausencia de explicaciones superfluas y la invitación a que sea el lector el que rellene los muchos huecos dejados en la historia. No explica todo, al contrario, señala la dirección en que hay que mirar y descubrir entonces que sucede, o puede suceder.
Y como siempre el autor escribe con la pasión necesaria para que la historia sea creíble en todo momento, para que, a pesar de la diferencia de cultura y sociedad, los lectores seamos conscientes del entorno en que esta sucede. Escribe sin esconder nada, con una claridad asombrosa, mostrando sin tapujos lo más oscuro del hombre y la sociedad en que vive. Sobre todo cuando dinero y poder  se confunden con impunidad, con que todo está permitido, y hace que los actos de los hombres sean de una manera y no la contraria.
Una historia de amor, de lealtades, de convicciones, que no esconde nada, pero que permite que la imaginación vuele por espacios diferentes a los narrados, a ver más allá y demostrando que la buena literatura es aquella que no está escrita, pero que esconden las palabras narradas.

miércoles, 29 de abril de 2020

LOS COMBATIENTES. Cristina Morales



Descubrí a Cristina Morales gracias a muchos lectores que me recomendaban con insistencia su Lectura fácil. Bien por el aval del Premio Herralde, por las buenas sensaciones que el libro despertaba, o por la atracción que este provocó entre los lectores, no tardó en sobresalir entre los miles de volúmenes con que nos azotan a los libreros primero, y a los amantes de los libros después. Muchas fueron las voces que encumbraron a su autora como el símbolo de una generación, o al menos como la defensa de unos ideales concretos, pero muchas más, curtidas en mil lecturas, encontraron, por fin, una narradora distinta, radical y valiente.
Su libro encontró un espacio, o dos, o tres, en las librerías, hasta tal punto que se convirtió en esa alegría que muy de vez en cuando encontramos los libreros. Por si fuera poco, el reconocimiento de lectores y libreros se amplió con el Premio de la Crítica del años siguiente.
Así que cuando Anagrama recupera su primera novela muchos buscamos si no el origen, sí el pasado de una escritora diferente. Publicada en 2013 y ganadora del Premio Injuve 2012, Los combatientes es un libro que rompe al lector, incendiario, que revuelve y remueve, que provoca pasiones y recuerdos, momentos y movimientos. Un libro diferente, fresco e inteligente, con una narrativa tan original como peligrosa para muchas conciencias, activa y crítica.
Cristina Morales construye una novela llena de trampas, que incita a echar la vista atrás repetidamente, tanto en la lectura del libro como en el pasado del lector, para recuperar espacios, imágenes y frases con un ideario significativo para quien las recibe.
Con un notable dominio del lenguaje la autora logra que el lector dude continuamente tanto de las palabras escritas, como de las imaginadas. La forma de construir la narración acrecienta, aún más si cabe, esa posible confusión, pues no se sabe si tenemos entre manos un libro de ficción, un ensayo o, incluso, la representación de una obra de teatro.
La actitud crítica ante la política, la precariedad laboral, la economía, la violencia machista, la incoherencia de la izquierda, entre otros, que refleja el libro no es solo "postureo", sino que se posiciona en todo momento, implorando al compromiso, el inconformismo y la rebeldía, el placer de conocimiento... El libro como crítica, pero también como provocación y definición de una manera propia de enfrentarse a lo que señala como injusticia.

domingo, 26 de abril de 2020

ESTUDIO EN NEGRO. José Carlos Somoza



Hacia mucho tiempo que ninguno de los libros de José Carlos Somoza habían pasado del montón de las "posibles lecturas" a "hoy comienzo la lectura", creo que fue La dama número 13 la última de sus historias que llenó mis noches, y mis pesadillas, de insomnio.
Cada obra que llegaba a mis manos me alertaba de esa posible lectura, pero ahí se quedaba, en el infructuoso deseo de que me atrapara. No desechaba su lectura, pero siempre quedaba relegada como si no quisiese enturbiar las buenas sensaciones que me había dejado su manera de narrar e implicar a lector.
Y esta vez sí, no sé explicar bien porqué, Estudio en negro superó la fase de indecisión y comencé su lectura con el miedo y el respeto de aquellas novelas de ambiente victoriano que se habían quedado en el limbo de las reseñables. O simplemente que se habían quedado eclipsadas por las de los grandes maestros, como competir con Charles Dickens, William Thakeray, Thomas Hardy, Anthony Trollope, Robert Louis Stevenson, Joseph Sheridan Le Fanu o Arthur Conan Doyle. Así que es muy difícil no emitir comparaciones, juicios de valor e imágenes impresas en la propia memoria, a la hora de acometer una lectura que te traslade a la Inglaterra del siglo XIX.
Sobre todo cuando uno comprueba, repito que no me gusta nada mirar la contraportada para que esta me influya -positiva o negativamente- en mi lectura, que uno de los protagonistas va a ser, nada más y nada menos, que un joven y aún inexperto doctor llamado Arthur Conan Doyle.
Con una más que llamativa prudencia comienzo una lectura que se antoja incierta, pero hay algo que, de inmediato logra que toda mi atención se centre en la historia que tengo entre manos, Atrás quedan todos los prejuicios, los temores, y me dejo embaucar por las palabras de la narradora, la enfermera Anne Mccarey. Palabras llenas de dudas, de congoja, pero con expresiones que me sitúan, de inmediato en ese Londres de la última década del siglo XIX primero y de Portsmouth después. Narrado en forma de crónica, el lector sera un espectador privilegiado de lo que la protagonista va viendo y sintiendo, sus dudas, miedos y recuerdos nos permiten observar con detalle cualquiera de los escenarios en que sucede la trama. No hacen falta descripciones farragosas, apenas unas pinceladas nos permiten descubrir lugares y personajes. Estos últimos, con apenas unos pocos detalles y su manera de actuar y hablar serian fácilmente identificables en una rueda de reconocimiento.
Una novela de misterio, pero que nos acerca a aspectos muy representativos de la época victoriana, desde el teatro, el hipnotismo, la teoría del magnetismo animal (mesmerismo) y al método deductivo de investigación que será fundamental en un personaje como Sherlock Holmes.
Además, hay en la novela algo oscuro, una neblina permanente que atrapa, que obliga al lector a seguir leyendo, a buscar respuestas a unas preguntas siquiera construidas. Algo distinto al misterio que envuelve a los personajes y su entorno. El autor crea esa atmósfera que oprime, que parece cortar el aliento, pero que a su vez no te permite apartarte del libro.
José Carlos Somoza no se conformará con construir una novela llena de misterio e intriga, donde el lector tendrá por momentos la sensación de estar siendo manipulado por acontecimientos y personajes, sino que se sumerge en la propia literatura para abordar el mundo del teatro inglés del siglo XIX y la importancia y trascendencia de un escritor, y su personaje, como es Arthur Conan Doyle

jueves, 23 de abril de 2020

DÍA DEL LIBRO 2020


Hoy es el día grande para los amantes de los libros, la fiesta por excelencia para quienes hemos encontrado en la lectura algo más que un simple entretenimiento. El Día del Libro se convierte en esa expresión personal de nuestros gustos y nuestros deseos, la necesidad de compartir nuestro disfrute con otros, de que los demás saboreen, al menos durante unos instantes, la saludable compañía de un libro.
Pero hoy es un Día del Libro atípico, inimaginable apenas un par de meses, en el que nos es imposible salir de casa y compartir la felicidad de ver títulos y autores en nuestras calles, de comprobar que somos muchos los que sentimos la dicha de vivir una vida que no es la nuestra, de sentir la alegría y la tristeza que no me pertenece, de viajar sin equipaje por mundos desconocidos. 
Pero aún así, hoy es un día especial, incluso he escuchado hace unos minutos por la radio que la lectura ha sido uno de los acompañamientos más importantes durante este confinamiento, incluso entre aquellas personas que no se consideran lectores habituales, pero reconocen que han encontrado, de nuevo, en los libros esa vida que ahora les estaba vedada.
Recomendaciones, consejos, frases y felicitaciones corren hoy por nuestras redes de comunicación como nunca lo habían hecho, necesitamos expresar lo que el Libro es y significa, necesitamos seguir leyendo, buscando entre las palabras el significado de aquello que no conocemos, pero que tampoco necesitamos conocer. Queremos leer para seguir sintiéndonos vivos, para descubrir, al menos durante unos momentos, aquellos caminos inciertos, inquietantes, pero que nos seducen y nos hacen más soñadores, mas inquietos, más humanos.
Un Día especial, hoy más que nunca, en el que los libros que nos apetecen, los que añoramos y los que parece están escritos para cada uno de nosotros, se desperezan y quieren que los tengamos entre nuestras manos. Pero también es el Día para recuperar aquellos que nos dijeron algo, releer las historias que vivimos y, sobre todo, echar la vista a nuestro alrededor y descubrir aquellos que se quedaron a medio vivir porque no eran entonces su momento. ¿Y si es ahora?
¡Feliz Día del Libro!

miércoles, 22 de abril de 2020

EL CLUB DE LOS GOURMETS. Junichiro Tanizaki



Junichiro Tanizaki es, desde hace muchos años, un escritor japonés que me tiene subyugado. Aunque reconozco que aún están a la espera de futuras lecturas varias de sus obras, otras se han ido sucediendo con notable satisfacción (ver La Llave en este blog), demostrándome como lector todo lo que atesora uno de los escritores japoneses más importantes del siglo XX. 
Para aquellos que les asuste la narrativa japonesa, la lentitud, la reflexión y el detallado reflejo del comportamiento humano que a veces, al lector occidental, nos  parece ralentiza en exceso la lectura van a encontrar, máxime en El club de los gourmets, en Tanizaki algo muy diferente. Una sátira irreverente, agridulce y, a pesar de los años transcurridos, publicado en 1919, muy actual.
En este cuento Tanizaki deja patente lo delicado de su pluma, la sencillez del inicio, que aunque con notables luces y sombras incita al lector en penetrar en un mundo que rápidamente se torna decadente, hasta que el relato se convierte en un espacio onírico, cercano al realismo mágico y en el que al lector-espectador le costará descubrir, al menos en una lectura rápida, qué es y qué no real.
Acompañado por las soberbias ilustraciones de Yoko Nakajima, el texto nos acerca a la búsqueda del placer a través de la gastronomía, con descripciones sugerentes llenas de metáforas que obligan al lector occidental a entrar en el doble juego de leer con detenimiento y saborear los platos que van apareciendo. 
El club de los gourmets, al contrario de lo que pasa con los cinco excéntricos miembros del mismo, invita a la lectura calma, con amplios descansos cada dos páginas, a saborear cada cambio sustancial de plato. Un relato lleno de aromas, de juegos de luces, de crítica, humor, desgarro e incomprensión, pero también de magia, de placer, de perfección y de irrealidad.



sábado, 18 de abril de 2020

EL ÚLTIMO TAHÚR. Rodrigo Sopeña y Juande Pozuelo



No me considero un experto en cómics y, como ahora se cataloga, novela gráfica, pero no voy a ocultar que su lectura me ha acompañado durante toda la vida, desde los tebeos clásicos de Ibáñez, Jan, Benejam, Escobar, Gago, Moray Ambrós, Vázquez, Karpa, Rojas y un etcétera muy largo, hasta los Roca, Migoya, Santos, Pons actuales; sin olvidar todos aquellos que llenaban con sus trabajos las revistas Totem, Blue Jeans, Creepy, el Víbora o Makoki, entre otras. Y personajes que aún me acompañan en relecturas que llenan los momentos de insomnio: Tintín, Astérix y Obélix, Blueberry, el Corsario de Hierro...
Entre los muchos que pasan por mis manos semanalmente, como libros de cualquier otro género, hay muchos que se ajustan a mis gustos y expectativas, otros desconocidos, pero que me llaman la atención y, algunos más, de cuya existencia me alertan amigos, lectores. editoriales e informaciones de los diferentes medios de comunicación.
El último tahúr me llegó por este último canal, concretamente por una emisora de radio (gracias Carles), y la temática, trayectoria y comentarios sobre él, me hicieron, no solo prestarle atención, sino buscarlo inmediatamente y lograr, cosa que sucedió en apenas dos días, tenerlo en mi poder.
Es cierto que a pesar de ese impulso, frené mis deseos y esperé más de una semana en poner los ojos, y demás sentidos, en el libro, con la tranquilidad y el sosiego de quien quiere saborear desde la primera palabra del guión, hasta la última imagen (esta ya sin letra impresa alguna).
Si giro mi cabeza 180 grados tengo ante mí toda una colección de uno de mis personajes preferidos del mundo del cómic: Blueberry. Siempre he tenido, será por la influencia del cine de mi infancia y adolescencia, una predilección por el Oeste (no muy lejos está la recopilación de las aventuras del Sheriff King). Pero aunque El último tahúr nos lleva al Oeste americano de finales del XIX y principios del XX, poco tiene que ver con la estética y la narrativa de aquellos.
Si algo me llamó la atención de aquella entrevista radiofónica era el personaje que protagonizaba el libro: S. W. Erdnase (por supuesto no es el nombre auténtico del tahúr), quien en 1902 registró en la ciudad de Chicago el manual de referencia para la cartomagia. Manual que detallaba todas las trampas posibles con la baraja. De hecho el subtítulo del cómic reza así: "La fabulosa leyenda del hombre que desveló todos los trucos del mundo".
Con el estupendo guión de Rodrigo Sopeña y las precisas imágenes de Juande Pozuelo el libro es un verdadero cómic de aventuras, con un trabajo editorial sobresaliente, de acorde a una estética que no deja indiferente a nadie que se acerque a sus páginas.  Y es que el notable ritmo de la historia, la limpieza de los dibujos, dotan a la historia de una dinámica perfecta para disfrutar de cada una de sus páginas.
Sin olvidar, claro está, que el perfecto trabajo de los autores se completa con la perfección de los detalles, con la completa documentación que se aprecia, más si cabe, en los contenidos extraordinarios del final.
El lector, además de disfrutar de una buena historia, como he dicho bien contada e ilustrada, podrá disfrutar de una serie de personajes reales que acentúan los avatares de Andrews, el protagonista. Los Dalton, John Wesley Hardin, Harry Houdini o los Keaton, entre otros, asomarán por las páginas de una verdadera novela gráfica.

viernes, 17 de abril de 2020

UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR. Luis Sepúlveda



   Leer las noticias estos días de confinamiento tienen el peligro de sentir el dolor por las cifras que se barajan, por los números que parecen hacernos inmunes ante la pérdida de vidas humanas y la tragedia que eso significa. Y cuando los números dan paso a los nombres no podemos por menos que recordar lo que han significado para nosotros.
Descubrí a Luis Sepúlveda gracias a que mi madre dejó, creo que a propósito, Un viejo que leía novelas de amor sobre mi mesilla, con la sana intención de curarme mi falta de atención hacia los escritores sudamericanos que no se apellidasen García Márquez.
Y no solo lo consiguió, sino que me abrió la puerta a un escritor fantástico, con una fuerza narrativa tan propia como subyugante, tan divertida como sugerente y tan limpia que uno no puede dejar de dar gracias por poder leerlos. Cuando luego descubrí que en algunos institutos era lectura obligatoria, como también lo era en otros Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, recuperé la fe en los profesores de literatura (reconozco que yo los tuve muy buenos).
Si hay algo que admiro de los escritores, de algunos escritores, es que sean capaces de escribir novelas, en el amplio sentido de la palabra, sin tener que estirar y estirar la historia, de contar de manera muy sencilla las cosas; de conseguir con breves pinceladas que los lectores seamos capaces de reconocer los lugares y personajes que hacen la historia.
Luis Sepúlveda ha conseguido eso y mucho más, pues ha logrado también que nos divirtamos con la novela, que tomemos conciencia de muchas cosas y, lo que es más importante, nos posicionemos en qué lugar queremos ocupar.
Así que no he podido por menos hoy que echar mano en la estantería de la vida de Antonio José Bolívar Proaño. He conocido como fue su mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, al doctor Rubicundo Loachamín, a los indios shuar (mal llamados jíbaros) y otros vivos y muertos que completan una historia sugerente, verde amazónica, tierna y divertida, muy divertida. La lectura, relectura de Un viejo que leía novelas de amor  es ágil  y un deleite para los sentidos, un verdadero cúmulo de sensaciones que te obligan a leer despacio, saboreando cada frase, admirando la manera en que Luis Sepúlveda es capaz de comunicar, de lograr trasladarte a El Idilio y sus cercanías, su selva, sus ríos, su vida, sus gentes...
Y debo reconocer que la pena se ha trasmutado en placer por vivir de nuevo esta historia, de viajar, sentir la humedad, el calor, la vida.
GRACIAS LUIS.

miércoles, 15 de abril de 2020

EL ÚLTIMO BARCO. Domingo Villar



No sé cuántos meses ha pasado El último barco en mi mesilla -ni en la pila de libros sin leer, ni en la estantería, ni siquiera sobre la mesa de trabajo, en la mesilla-, donde dos o tres libros me acompañan los últimos minutos del día. Meses sin decidirme a empezar a leer, a volver a sentir la compañía de Leo Caldas. A pesar de llevar diez años esperándolo, cierto respeto, o miedo a defraudar a un escritor que me ganó con solo dos libros escritos.
Sí, miedo a leer el libro con unos ojos distintos a los que tenía cuando conocí a Domingo Villar a través de La playa de los ahogados, a que el tiempo transcurrido haya cambiado al lector que hay en mí y no sea capaz de tener las mismas sensaciones de entonces.
Y es que si algo me dejó la lectura de aquella novela, y la posterior Ojos de agua, es que me encantaría compartir mesa y mantel con su protagonista. Disfrutar de una tertulia relajada y serena sentados en el Eligio o en cualquier taberna que se precie. Sí, ya sé que es poco serio y creíble pensar en compartir mesa con un personaje de ficción, pero eso solo lo pueden pensar quienes no son capaces de sumergirse en una historia como la que nos cuenta Domingo Villar (Por supuesto que a él también le hago partícipe del deseo de comer juntos), de acompañar al inspector Caldas por las calles de Vigo y alrededores, por sus playas, tabernas y puertos.
Más de setecientas páginas, se dicen pronto, en las que no sobra nada. Faltan, eso sí, asesinatos, bandas criminales, acción trepidante, intriga internacional. Pero es que no son necesarios. Domingo Villar construye una historia que atrapa, en la que entras como uno más, como un miembro al que se tiene en cuenta en todo momento y que puede mostrar siempre su opinión.
Y es que estamos ante una verdadera novela policíaca en el verdadero sentido de la palabra. Pues son el ya mencionado Caldas y el agente Rafael Estévez -imprescindible y cuya presencia refresca y asienta la historia-, no solo los protagonistas de la novela, sino quienes nos abren la puerta para que entren todos los demás y nos enseñen los espacios en que transcurre.
Leo Caldas recupera ese espíritu investigador clásico que no deja ninguna pista sin atender, por insignificante que parezca, que se equivoca, pero que sigue indagando ante cualquier indicio que se le presenta. Tenaz, astuto, ordenado y sagaz, invita al lector a participar en una investigación en toda regla, atando los cabos y echando mano de todos los compañeros, sean o no policías, que pueden ayudar a resolver la trama. Todos los personajes son importantes, por eso cada uno de ellos tiene su espacio y su atención, sin necesidad de muchos detalles el lector es capaz de percibir, incluso de hacer un retrato robot, de cada uno de ellos.
Una novela cristalina y ordenada, con una estructuración que roza la perfección y en la que los diálogos, inteligentes y acertados, son de lo más importante, hasta tal punto que en ellos se encuentran más detalles que en las propias descripciones. Magnífica y genial.