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miércoles, 8 de abril de 2020

1793. Niklas Natt Och Dag



     Por regla general, cuando coges un libro, tienes cierta idea de lo que te puedes encontrar entre sus páginas. Incluso aquellos cuya lectura es fruto de un impulso; comienzas a leerlos sin saber porqué, únicamente hay algo de ellos que te llama la atención. Por suerte la mayor parte de las veces esa intuición es acertada y la lectura suele ser satisfactoria e incluso sorprendente.
Pero hay otros que aunque vienen precedidos de cierta aureola -no suelo hacer mucho caso de ello, pues me suelen defraudar, salvo que esta provenga de otros lectores o libreros que considero fiables-, llegan a tus manos sin más interés que ver qué es, o cómo está escrito. 
Bueno, lo primero que tengo en cuenta muchas veces es el sello editorial y, para qué negarlo, de Salamandra me fío. No sé si porque he acertado en las lecturas o porque el equipo editorial trabaja muy bien (quiero pensar que es esto último). Pero lo cierto es que han sido numerosos los escritores que he conocido a través de la editorial. De manera rápida se me ocurren: Sándor Márai, Philippe Claudel, Andrea Camilleri, Khaled Hosseini, Laurent Gaudé, Zadie Smith y J.K. Rowling. Por no hablar de uno de los mejores libros de la historia de la literatura: El Principito.
Pero vamos al libro que nos ocupa, un libro cuya presentación en sociedad estaba condensada en dos frases demasiado pretenciosas: "La novela que ha revolucionado el thriller histórico y triunfa en toda europa". Algo que, en principio, me hacía desconfiar, pues a parte de existir mucha diferencia entre el gusto lector de los distintos países, el triunfo es muy relativo, ya que la mayor parte de las veces la contabilidad de los libros vendidos no se preocupa de la última pieza de la cadena, el lector, sino de las compras a las editoriales por las librerías. Pero estaba claro que algo me había llamado la atención, no sabría decir si el Estocolmo de finales del siglo XVIII o las ganas de conocer un nuevo escritor.
El caso es que comencé la lectura sin ningún tipo de predisposición ni influencia. Y cuando me quise dar cuenta había terminado la primera de las cuatro partes que componen la novela. Y tuve que tomar aliento, mirar que la realidad a mi alrededor era muy diferente a la que se mostraba en el libro, recuerdo incluso que tuve que abrir la ventana y sentir el fresco de la noche para respirar bien y airearme. 128 páginas sin descanso, cerrando de vez en cuando el libro para apartar ciertas imágenes, y atrapado completamente por una historia oscura, con escenas brutales con la sensación de sentirme impregnado de la enfermedad y podredumbre de la ciudad en que se desarrolla.
De repente, en ese segunda parte, todo parece cambiar, como si el autor pretendiese dar un descanso. Aunque en seguida las cosas vuelven a sumergir al lector en el mismo ambiente, aunque desde otro, otros si sumamos la tercera parte, de punto de vista.
Niklas Natt Och Dag dibuja un fresco perfecto de la situación de Suecia en una época convulsa, cuando los ecos de la Revolución Francesa se perciben como un peligro entre las clases dirigentes, mientras que el pueblo, sumido en la pobreza y el hambre, solo tiene una misión: subsistir. La vida  en la calle, la suciedad, la crueldad, la muerte se dan la mano en todo momento para crear un ambiente opresivo, donde la enfermedad, el alcoholismo y la muerte son el pan de cada día. Y lo vemos a través de los ojos de los protagonistas principales: el abogado Cecil Winge, cartesiano y enfermo de tifus, y Mickel Cardell, veterano de guerra y vigilante; pero también  de Blix y Anna Stina que nos muestran universos totalmente distintos pero que permiten perfilar los diferentes ambientes que componen en día a día de Estocolmo en 1793.
Las tabernas, los cementerios, los orfelinatos, las cárceles de mujeres, los prostíbulos de lujo, la calle y un sinfín de espacios distintos dibujan una novela violenta, con escenas brutales y crueles y un atmósfera asfixiante en la que gracias al aura de misterio alrededor de la trama principal el lector disfrutará de cada página, de cada descripción, de cada palabra...


domingo, 22 de marzo de 2020

LA ESTRATEGIA DEL COCODRILO. Katrine Engberg


   No estoy acostumbrado a recibir regalos en forma de libros, y menos que estos hayan sido adquiridos en mi librería, así que cuando esto se produce saboreo sus páginas en honor de quien me los ha regalado, sabiendo es importante.
Lo primero que debo señalar es que a pesar de la amplia selección de novela nórdica que ha llegado a nuestras librerías en los últimos años (a Dinamarca se le incluye dentro de este baremo) no recuerdo haber leído a escritores daneses en los últimos años salvo Sissel-Jo Gazan. Ni anteriormente, pues salvo Sven Hassel-mantenía las nacionalidades alemana y española, además de la danesa-, cuyos libros sobre la Segunda Guerra Mundial poblaban las bibliotecas, y las casas, hace cuarenta años y, por supuesto, Hans Christian Andersen, pocos son, al menos de manera consciente, los libros de autores daneses que han llegado a mis manos.
La estrategia del cocodrilo pertenece a la colección Maeva Noir, por lo tanto no hay que pensar mucho para percatarse del género al que pertenece la novela, lo que, junto con las cuatro primeras páginas que componen el prólogo, resulta muy sugerente para el lector que busca unos momentos entretenidos. No voy a negar que antes de nada debo apartar los prejuicios que tengo -salvo contadas excepciones y que fácilmente se pueden comprobar en este blog- con los escritores y escritoras de novela negra escandinavos. No porque no me gusten sus tramas y sus desarrollos, ni siquiera por el problema que a veces suponen los nombres propios y los topónimos, sino por esa especie de moralina que intentan mostrar los autores, por esa necesidad de abordar, a veces con excesivas demostraciones de la realidad, los problemas que padecen en sus diferentes sociedades.
Sí, es cierto que en La estrategia del cocodrilo también se abordan una serie de problemas que provocan los embarazos no deseados en los más jóvenes, pero también que la autora no trata de evangelizar ni llenar de ejemplos, sino que forma parte de la propia trama del libro. Incluso la problemática personal que parece suelen llevar siempre consigo las fuerzas de seguridad de los países escandinavos son, en esta ocasión, apenas insinuadas en las figuras de los inspectores Jeppe y Anette, en especial el primero que aún no se ha recuperado de una dolorosa separación.
Katrine Engberg, de quien no creo se haya publicado más obras en España, construye una muy buena novela, enganchando al lector con unos acontecimientos sencillos, pero inquietantes, mostrando unas cartas que incitan a sentarte en la mesa y jugar. Deja los subterfugios para más tarde, cuando los acontecimientos se van complicando, pero sin abandonar en ningún momento la sinceridad. Como lector odio que las casualidades resuelvan las intrigas, que las coincidencias inexplicables aclaren las dudas de los protagonistas, que la insignificancia de una palabra solucionen el embrollo en el que se ha metido el escritor; no me gusta, nada, que el narrador juegue conmigo como si mi edad fuese muy inferior a la suya, al contrario, disfruto cuando el escritor me invita a ser partícipe del juego, cuando visualizo todo los que está aconteciendo en la novela. No pretendo alterar nada de lo que en ella está sucediendo, al contrario, me gusta poder advertir, insinuar, equivocarme, aparcar por unos instantes el libro e imaginar que puede suceder después.
Y todos estos deseos son los que Katrine Engberg me permite conseguir en su novela, pues atrapa sin brusquedad, te va metiendo en la historia poco a poco, sin importarte en ningún momento no ser capaz de recordar el nombre de los barrios, las calles y las plazas de Copenhague. Y, lo que es más importante, te mantiene en vilo durante toda la lectura, sin cansancio ni altibajos, impidiéndote dejar, apenas unos minutos, las páginas del libro. No he tenido la conciencia de estar enganchado a él, pero tenía la extraña necesidad de conocer cómo iban a descubrirse los distintos acontecimientos que, como debe ser normal, no voy a mencionar.
Gracias Maite por el regalo de esta lectura.

viernes, 30 de marzo de 2018

LOS DIECISÉIS ÁRBOLES DEL SOMME. Lars Mytting



Lars Mytting logró en 2016, con “El libro de la madera”, demostrar que era un escritor y ensayista sobresaliente. De la nada construyó un libro que ha llegado en nuestro país a cotas inimaginables, teniendo en cuenta su escasa publicidad, convirtiéndose a lo largo del pasado año en uno de los libros más destacados de no ficción. No resulta pues extraño que su última novela LOS DIECISÉIS ÁRBOLES DEL SOMME  despertara el interés de cientos de lectores y que las buenas críticas se vayan sumando a la par que el aplauso de los lectores (obtuvo el Premio de los Libreros de Noruega). No solo estamos ante una novela brillante, escrita con una notable sensibilidad y maestría narrativa, sino que nos envuelve de tal manera que es más que probable que a partir de su lectura muchas cosas puedan verse de otra manera. Intensa y llena de encanto, la novela atrapa y nos sumerge en un universo del que no se desea salir, hasta tal punto que quizá lo más desagradable de su lectura sea abandonarla una vez finalizada esta.
Mytting consigue, con destacada maestría, acercarnos a la naturaleza y la tierra, hacernos conscientes de aquellas cosas que nos vinculan con ellas. Sí, de nuevo encontramos la fuerza de los árboles, de esa tierra que nos atrapa y nos mantiene vivos y que es capaz de cicatrizar cualquiera de nuestras múltiples heridas.
Pero quizá lo más significativo en la prosa del escritor noruego, además de recrear con notable soltura el escenario natural en que se mueve el personaje principal, es el manejo de la trama, de los tiempos en que se recrea la historia. Y lo hace aportándonos, en pequeñas, muy pequeñas dosis, lo justo para sigamos indagando en la lectura en el ardiente deseo de saber algo más, de llenar los vacíos que el propio protagonista intenta completar.
Una novela de historia y naturaleza, de búsqueda personal y familiar, de acercamiento al espacio que ocupa la memoria de los que se fueron. Hay pérdida sí, pero como el inicio de una historia de la que apenas se conocen los primeros enunciados.
Mytting nos abre la puerta a un mundo lleno de enigmas y lo hace de una manera sencilla, sin sobresaltos, en la que el lector va a ir tomando partido como un espectador que no puede evitar situarse en uno u otro lado del escenario.

viernes, 1 de mayo de 2015

EL EFECTO MARCUS. Jussi Adler-Olsen



Que disfruto con la saga del Departamento Q lo dice el hecho de haber leído todas las entregas y, además, en el orden en que fueron publicadas. Desde la aparición de La mujer que arañaba las paredes hasta esta quinta entrega las peripecias del inspector Carl Morck y sus ayudantes Assad y Rose me han hecho disfrutar de tal manera que, desde el momento que he tenido noticias de la aparición de otra de las novelas no he visto la hora de tenerla en mis manos, aparcando las lectura que tenía entre manos para sumergirme en el nuevo caso.
Los chicos que cayeron en la trampa, El mensaje que llegó en una botella y Expediente 64, junto con la primera y esta última entrega, completan una serie de lecturas totalmente adictivas, en las que de principio a fin te sientes involucrado y parece que acompañes a los protagonistas en cada una de sus páginas.
No voy a negar que esta última novela me ha resultado más extraña, lo que no quiere decir nada en su contra, ni mucho menos, teniendo en cuenta la cantidad de acontecimientos que suceden hasta que nuestros personajes principales, el trío de policías que conforman el Departamento Q, aparecen. La novela avanza a buen ritmo y parece que la historia nada tiene que ver con Morck y los suyos. Pero resulta raro tener en tus manos la novela y no comprobar, casi desde el inicio que está pasando por la cabeza del protagonista, sobre todo cuando tras la anterior aventura algo, que por supuesto me niego a contar, había sucedido.
A pesar de esto, que posiblemente solo aparece en la mente de quien tiene muy presentes las entregas anteriores, ya desde las primeras páginas la historia, o mejor dicho, las historias te absorben de inmediato y no cuesta nada vislumbrar los escenarios que se van dibujando, ya sea en las selvas de África Central o en las calles de Copenhague.
No hay duda que Jussi Adler-Olsen se ha convertido en algo más que un creador de novelas policíacas de misterio y un narrador de éxito tanto dentro como fuera de su país, gracias a los temas escogidos se ha convertido en un referente en hacer autocrítica sobre la propia sociedad danesa, hasta tal punto que no resulta extraña la reflexión y la posible traslación de situaciones a cualquier otro país europeo. En esta ocasión no solo nos acerca al mundo de la corrupción política y el robo de fondos destinados al tercer mundo, sino que nos sumerge en el mundo de la inmigración ilegal y de las bandas de jóvenes que son usados para delinquir en Copenhague.
La perfecta recreación de la sociedad danesa (de los errores y aciertos que en ella se producen a diario) y sus escanarios, la fuerza con que aparecen reflejados cada uno de los personajes (en especial, claro está los tres miembros del departamento Q y del joven Marcus que da nombre al título) y la vertiginosidad de la trama, crean una novela que deja sin aliento, que atrapa de una manera casi enfermiza. Hasta tal punto que en algunas de las persecuciones tienes que frenar tus ansias de gritar y alertar al acosado.
Una novela policíaca con mayúsculas, con malos (y malísimos) y buenos, con intriga y suspense, con la psicología necesaria para ver humanidad y arrepentimiento en lo más oscuro de la sociedad, con secuencias que harán la delicia de quien quiera llevarlas al cine. Una novela que invita a leer y olvidarse de todo lo que sucede alrededor. Jussi Adler-Olsen logra superar cualquiera de sus anteriores novelas, cosa que en las primeras páginas se antoja imposible, creando caminos que el propio lector, o la vida futura de los protagonistas, deberá recorrer y analizar, dejando que se produzca una interesante batalla entre la imaginación y el deseo de lo no contado.  

lunes, 29 de diciembre de 2014

VIAJO SOLA. Samuel Bjork



La narrativa negra nórdica desembarcó hace unos años en nuestro país con un buen número de autores y novelas que han logrado catalogarla como un subgénero dentro de la narrativa policíaca. Steig Larsson, Jussi Alder-Olsen, Camila Läckberg, Johan Theorin, Jo Nesbo, Asa Larsson, Mari Jungstedt, Arnaldur Indridason y un buen número ocuparon durante al menos un par de años las preferencias de muchos lectores del género. Aunque descubrí alguno como Alder-Olsen -sigo pensando que Henning Mankell, siempre que esté en sus manos Wallander, está muy por encima de los demás-, muchos de los más reconocidos me dejaron indiferente en muchas de sus novelas.
Así que cuando el pasado mes de octubre llegó a las librerías españolas la novela de un autor desconocido en nuestro país, no lo coloqué entre mis preferencias. Sobre todo por que a la enorme carga publicitaria que me hacía desconfiar, se unía el últimamente recurrente tema del secuestro de niñas. Me conformé con echar un vistazo a la información que la editorial destinaba a su lanzamiento.
Pero claro, como nunca digo "de este agua no beberé", hace quince días me pareció la mejor lectura para un viaje en autobús, una compañía cómoda y entretenida que me hiciese más distendido el recorrido.
Dicho y hecho, apenas comencé a leer me sentí atrapado por la novela, por la manera de narrar de Samuel Bjork, perdonen que no sea capaz de escribir la o al lenguaje noruego atravesada por una barra, por unos personajes que descubrían mucho más de lo que acontecía en la novela y por una trama perfecta, inteligente y sugerente.
No voy a decir que estuve esperando el viaje de regreso para rematar la lectura, pero casi, y es que tanto Holger Munch como Mia Krugüer, los protagonistas de la novela, me hicieron sentir cómplice de sus pesquisas, de sus diálogos y de sus similitudes y diferencias. Hasta tal punto que he llegado a sentir pánico cuando las cosas no sucedían como se esperaba, cuando ciertos lances de la trama se escapaban a lo lo que parecía iba a ocurrir. Por no olvidar al importante número de secundarios a los que acertadas pinceladas me permitían dibujar y ponerles cara y voz dentro de mi imaginación.
Y es que Samuel Bjork ha sabido, en todo momento, construir unos sucesos tan visuales que apenas cierra los ojos el lector parece imaginar todo lo que está aconteciendo, incluso lo que va a suceder a continuación, como si todo se estuviese observado en una gran pantalla y nada quedara fuera del encuadre.
Aunque lo mejor, lo que más destacaría sería la trama orquestada a la perfección. Una trama que además de atrapar te va invitando a ir más allá, a recorrer otros caminos además de los que muestra la pareja de policías protagonistas. Sabes durante la lectura que hay algo que se te escapa, que tiene que existir algo más que la simple correlación de los sucesos, pero quieres seguir leyendo con moderación para que nada se escape. Y todo está tejido a la perfección, no hay una puntada sin hilo, ni historias superfluas que lo único que consiguen es aumentar el número de páginas, ni falsos posibles culpables que intentan despistarte.
Logra, además, transmitir la tensión, los momentos en los que el termómetro sube hasta lo inimaginable con un cambio brusco en la manera de narrar, en lograr que cuando los protagonistas estén al filo de la navaja el lector sienta el peligro, el agobio, la sensación de falta de aire que consigue que el pecho sienta cada latido, cada segundo como si fuera el más importante.
Por si todo fuera poco no se conforma con rematar la historia de manera convincente, sin coincidencias e "inspiraciones" increíbles a la que tanto nos está acostumbrando la mayor parte de los escritores de novela de intriga actuales, sino que el último cuarto del libro es memorable, conjugando las historias que se han ido sumando a lo largo de la novela de manera casi magistral y dejando un sabor de boca tan bueno que tienes deseos de pregonar que por fin has encontrado una novela del género negro que cumple a la perfección todos los requisitos.

domingo, 29 de junio de 2014

UN HOMBRE LLAMADO OVE. Fredrick Backman



Las novelas de humor son, junto con las policíacas, las que más satisfacciones me suelen producir. No quiere decir esto que me valga cualquier cosa, que me conforme con una novela en la que unos cuantos "gags" me atrapen y logren que la catologe positivamente. Al contrario, suelo exigir que me entretengan de principio a fin, que logren sacarme la sonrisa a medida que avance la lectura, que identifique las situaciones y, por encima de todo, a los personajes, que deben resultarme sobre todo creíbles.
A pesar de lo mucho que se ha hablado de la novela policíaca escandinava, quizá los nombres más conocidos sean los que menos me han gustado, pero empiezan a llegarnos -seguro que producto del éxito de estos- escritores de novelas de humor sobresalientes. Aunque Jonas Jonasson (El abuelo que saltó por la ventana y se largó) se ha convertido en los últimos años en todo un referente y cuya comparación está abriendo muchas puertas, debo confesar que es Arto Paasilinna el más grande exponente de ese humor del norte todavía por conocer en nuestro país. Delicioso suicidio en grupo, La dulce envenenadora y El mejor amigo del oso son ejemplos perfectos de novelas divertidas, ingeniosas e inteligentes capaces de romper fronteras y de llegar a todo tipo de lectores.
Fredrik Backman ha construido una novela redonda, llena de dosis de humor suficiente como para que la sonrisa, que no abandona el rostro a pesar de los momentos dramáticos que tan bien dibuja, de paso a la carcajada en más de una ocasión. Una novela y un personaje fácilmente identificables, es más que probable que todo lector, al menos así me ha ocurrido a mi, ponga rostro tanto al protagonista principal como a esos secundarios que engrandecen la novela a medida que sus apariciones cobran fuerza. Incluso los escenarios son reconocibles en todo momento aunque les demos un marco mucho más cercano y personal.
Ove es ese vecino cascarrabias que todos tenemos cerca, puntilloso y perenne, que aparece en las situaciones más comprometidas, para nosotros por supuesto, y que logra con enorme frecuencia sacarnos de nuestras casillas. Pero es también ese vecino dispuesto a ayudar, so sí, sin dejar en ningún momento de refunfuñar, de señalar con irritación todo aquello que no está bien.
Una novela de lectura ágil y ocurrente, en la que nada sucede por que sí, y en la que por medio de pequeños retazos vamos completando la biografía del personaje principal y de su esposa (poco importa que está no tenga más voz que la de su memoria). Una novela inteligente y que exige también un esfuerzo para evitar que los más pequeños matices pasen inadvertidos, esos matices que hacen que la novela crezca y sea algo más que un simple entretenimiento.
Sería injusto no mencionar la manera con que el autor logra adentrarnos en un mundo donde las emociones se solapan con frecuencia, donde los sentimientos consiguen que la risa de paso a toda una amalgama de emociones contrapuestas de difícil explicación. Ove se convertirá en un compañero irresistible, que es cierto logrará hacernos reír, pero a veces nos desesperará, para lograr emocionarnos y hacer que traguemos saliva para evitar que los ojos se humedezcan.

jueves, 17 de octubre de 2013

EL ÚLTIMO LAPÓN. Olivier Truc



No sucumbí a la avalancha de autores nórdicos de  novela policíaca. Y eso que llevo muchos años enganchado a Henning Mankell y su inspector Kurt Wallander -y unos cuantos menos a Jussi Alder y su Departamento Q con Carl Mock a la cabeza-,y no han faltado en el último lustro autores y libros que casi nos hicieron concebir la idea de que en el norte todo se vive en clave de novela negra.
Pero a pesar de leer numerosos de sus libros, incluso de recuperar lecturas de quienes casi habían pasado inadvertidos ante los lectores españoles, pocos han logrado que sucumbiese a su literatura. 
Stieg Larsson (debo ser de los pocos a los que sus libros se me hicieron eternos), Assa Larsson (la segunda de sus novelas editada en España era tan similar a la primera que uno se sentía, cuanto menos, confuso), Arne Dahl (inquietante y duro), Arnaldur Indridason (sobrio y con unos personajes memorables, Erlendur Sveinsson), Jo Nesbo (atrapa y no te suelta) y muchos más siguen presentes en las librerías. 
Sin duda alguna lo mejor es que tras unos años de agobio aparecen ahora novelas notables de un género que tiene muchos seguidores. Un género que se amplia continuamente pues, como sucede con El último lapón hay algo más que intriga, se convierte en un método de denuncia ante una situación a todas luces injusta.
Sí, claro que es una característica de muchas de las novelas de intriga, especialmente las procedentes de los países nórdicos, pero al contrario de lo que sucede en otras (la denuncia hace que a veces se pierda el hilo y se convierta en una especie de anotación al margen que se aleja, a medida que avanza el libro, de la trama principal). Olivier Truc nos lleva de la mano por la Laponia central, un lugar idílico que no lo es tanto. Y lo hace de la mejor manera posible, de la mano de Klemet Nango y Nina Nansa dos "policías de renos". Sí, como lo oís, dos policías pertenecientes al cuerpo que trata de establecen el orden entre los ganaderos de renos. 
El autor nos muestra el pueblo Sami en toda su esencia, hasta tal punto que de la novela se podría extraer un tratado etnológico sobre ese pueblo. No solo conocemos sus costumbres, sus ritos, su experiencia vital, sino que comprobamos con qué problemas se deben enfrentar en la actualidad.
Una novela sencilla en origen, de fácil lectura en todo momento, pero que va creando en el lector una implicación que hace que no se pueda evitar conocer algo más sobre la cultura del pueblo lapón. Con una trama notable que nos obliga a seguir leyendo y descubrir quien o quienes son los culpables del tambor sagrado, aquel con el que los chamanes se comunicaban con los muertos, y de crimen del... Bueno, lo mejor es leer el libro y no esperar a que yo trate de contarlo.
Por cierto, cada uno de los personajes, además de los dos "policías", merece toda la atención del lector y un reconocimiento al escritor culpable de su creación.

miércoles, 6 de marzo de 2013

PURGA. Sofi Oksanen




Hay historias que enamoran, historias que entretienen e historias que duelen. Purga es una de estas últimas, una novela que muestra el dolor, el miedo, el rencor, pero también la fuerza y la lucha del ser humano, más en concreto de las mujeres de este libro. Porque son dos mujeres las protagonistas, Zara, rusa de poco más de veinte años, y Aliide, estonia por la que han pasado decenas y decenas de inviernos.
Gracias a estas dos mujeres, y los dramas que encierran, nos sumergimos en la propia historia de la Europa del Este, en especial de Estonia. Por medio de breves capítulos la autora nos irá alternando la historia del presente y el pasado de una región donde las mujeres han sido, y siguen siendo, las grandes derrotadas.
Aún así, Zara y Aliide son dos supervivientes, se aferran a una esperanza que les mantiene vivas y alertas. A través de ellas, de sus diálogos, de sus encuentros y desencuentros logramos que todos nuestros sentidos se activen: vemos la luz a través de las rendijas, oímos los gritos, olemos a cebolla...
Purga atrapa y te hace partícipe de cada uno de los movimientos de las protagonistas, compartes sus palabras y su memoria. Te quedas sin respiración y tratas de esconderte cerrando el libro, pero tras unos segundos hay algo que te incita a volver a abrirlo, a seguir en la escena y empaparte de lo que cuentas ambas mujeres. De lo que dicen, y de lo que callan, pues Sofi Oksanen logra transmitirte aquellas cosas que no se dicen, que seas capaz de rellenar tú mismo los silencios y los vacíos.
Una novela sobrecogedora e impactante, que te deja sin aliento, pero que a la vez te engancha de tal manera que no puedes evitar seguir leyendo con avidez. Y que además tiene tantas lecturas como personas acceden a ella (lo he podido comprobar en el Club de Lectura que coordino).
 No resultan  extraños los galardones obtenidos: Premio de Literatura del Consejo Nórdico, Premio Femina de literatura extranjera en Francia y Premio a la Mejor Novela Europea del Año 2010.